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Página:Vida de Diego de Torres Villarroel - Tomo I (1920).pdf/114

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circunstancias; pero, pues, he determinado callar algunas, concluiré las que pertenecen a este asunto con más aceleración y más miseria. Faltó, pues, el examen de las facultades matemáticas en el claus tro pleno, para hacer cabal la función. Yo sé el mo tivo de este defecto, y sé también que es importante no decirlo. Votóse entre setenta y tres graduados, que tanto era el número de los doctores, y tuve en mi favor setenta y uno. Mi coopositor tuvo un voto, y el otro se encontró arrojado de la caja. Estaban las escuelas y las calles vecinas rodeadas de estudiantes gorrones (1), cargados de armas, y esperando con más impaciencia que los pretendientes la resolución de la Universidad; y luego que la declaró el secretario, dispararon muchas bocas de fuego, soltaron las campanas de las parroquias inmediatas, echaron muchos cohetes al aire y me acompañó hasta casa un tropel numeroso de gentes de todas esferas, repitiendo los vivas y los honrados alaridos sin cesar un punto. A la noche siguiente salió a caballo un escuadrón de estudiantes, hijos de Salamanca, iluminando con hachones de cera y otras luces un tarjetón en que iba escrito con letras de oro sobre campo azul mi nombre, mi apellido, mi patria y el nuevo titulo de catedrático. Pusieron luminarias los vecinos más miserables, y en los miradores de las monjas no faltaron las luces, los pañuelos ni la vocería. Alternaban músicas y vitores por (1) Estudiantes gorrones: «estudiante que en las Universidades anda de gorra, y de esa suerte se entremete a comer sin hacer gasto