Ir al contenido

Página:Vida de Diego de Torres Villarroel - Tomo I (1920).pdf/120

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página no ha sido corregida
120
 

a rebutirse los hipocondrios de impurezas crudas, de tristisimos humos y de negras afecciones. Subieron a ser males penosos todas estas indisposiciones desde el dia veinte de Enero del año de treinta y dos, que pasé a las inclementes injurias del aire y la nieve en el puerto de Guadarrama, en los montes que tiene el conde de Santisteban entre Las Navas y Valdemaqueda. Diré brevemente el suceso. Yo perdi el camino, y, al anochecer, rogué a un pastor, que venia de una de las casas de los guardas de aquel sisio, que me pusiese en la calzada real. Recibi erradas las señas, y después de haber dejado el carril, que seguia a la distancia que el pastor me dijo, entré en otra carretera bastantemente trillada y reducida. Caminábamos sumidos en el rebozo de la capa mi criado y yo, huyendo el azote del aire y la nieve, y a corto trecho de mi oigo un grito suyo, que dijo: «Señor, que me ha tragado la tierra.» Revolvime con prontitud para socorrerle, y, al tomar media vuelta sobre la derecha, se hundió mi caballo con un estruendo terrible y dió conmigo en tierra, lastimándome con curable estrago todo un muslo. Sali como pude, y, a pesar de las obscuridades de la noche, percibi que habia sacado mi caballo una pierna atravesada de unos clavos de hierro, introducidos en dos trancas horrorosas de madera, a quien llaman cepos los cazadores de los lobos. Acudí a mi criado y lo hallé tendido debajo de su animal, que estaba también cogido en otro cepo. Hice muchas diligencias para ver si podia quitarles las pesadas cormas, y, como en mi vida habia visto semejante artificio, no en-