lisimas piedades. Los duques, los condes, los marqueses, los ministros y las más personas de la sublime, mediana y abatida esfera, me distinguen, me honran y me buscan, manifestando con sus solicitudes y expresiones el singular asiento que me dan en su estimación y su memoria. No he tocado puerta en la corte ni en otro pueblo que no me la hayan abierto con agasajo y alegría. El que imagine que este modo de explicar las memorables aficiones que debo a las buenas gentes, es ponderación o mentira absoluta de mi jactancia, véngalo a ver, y le cogerá el mismo espanto que a mi que le toco. Véngase conmigo el incrédulo pesaroso de mi estimación, y se ahitará de cortesias y buenos semblantes. Lo que más claramente descubre esta relación es una vanidad disculpable y un engreimiento bien acondicionado; porque sabiendo yo que no merece mi euna, mi empleo, mi riqueza ni mi ingenio más expresiones que las que se hacen por cristiandad y por costumbre, no deja de hacerme cosquillas en el amor proprio de que esta casta de general y venerable agasajo se endereza a mi persona, a mi humildad y a mi correspondencia. También creo que me habrá dado tal cual remoquete cortesano la extravagancia de mi estudio; pero otros hacen coplas y pronósticos, y los veo aborrecidos y olvidados. Confiesen mis émulos y envidiosos que Dios me lo presta, y que yo me ayudo con el respeto y buen modo con que procuro hacerme parcial (1) a todo género de gentes; que yo (1) Parcial: sociable, que trata afablemente con todos.
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