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Página:Vida de Diego de Torres Villarroel - Tomo I (1920).pdf/65

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gentes que traté en las ridiculas aventuras de quimico, soldado, santero y maestro de danza, el crecimiento de los años y la mayor edad de la razón, me pasiaron un poco el orgullo, de modo que ya tomaba algún asco a las desenvolturas y libertades que había aprendido en la escuela de mi ociosidad y en las maestrías de mis amigotes. Ya conocía yo que iban faltando de mi celebro muchas de aquellas cavilaciones y delirios que me aguijoneaban a los disparates y los despropósitos. Desamparado, pues, mi seso de algunas turbaciones, y libre del mal ejemplo de mis compatriotas—que ya faltaban de Salamanca, empecé una vida más segura, y menos rodeada de enredos, bufonadas y desvergüenzas.

No fui bueno; pero a ratos disimulaba mis malicias.

No dejé de ser muchacho; pero ya era un mozo más tolerable y menos aborrecido de las gentes de buena crianza. Era atento y cortesano, exquisitamente, con los mayores y los iguales; y, con esta diligencia y la de mi serenidad, fui ganando el cariño de los que antes me aborrecian con razón y con extremo.

Con estas disposiciones volví de Portugal a mi patria; las aventuras que fueron sucediendo a mi vida las verá el que leyere u oyere el tercer trozo que se sigue.

VIDA DE T. VILLARROEL