da y extendida con igualdad y proporción, la que podía haber mantenido fresca más veranos que los que espero vivir, si no la hubieran corrompido los pestilentes aires de mis locuras y malas costumbres.
Pues para que sea verdad cuanto se vea en esta historia que hoy tiene tantos testigos como vivientes—, pondré en este pedazo de mi vida la verdadera facha, antes de proseguir con las revelaciones de mis sucesos, acasos y aventuras. Pintaréme como aparezco hoy, para que el que lea rebaje, añada y discurra cómo estaria a los veinte años de mi edad. Yo tengo dos varas y siete dedos de persona; los miembros que la abultan y componen tienen una simetría sin reprehensión; la piel del rostro está llena, aunque ya me van asomando hacia los lagrimales de los ojos algunas patas de gallo; no hay en él colorido enfadoso, pecas ni otros manchones desmayados.
El cabello —a pesar de mis cuarenta y seis añostodavia es rubio; alguna cana suele salir a acusarme lo viejo, pero yo las procuro echar fuera. Los ojos son azules, pequeños y retirados hacia el colodrillo. Las cejas y la barba, bien rebutidas (1) de un pelambre alazán, algo más pajizo que el bermejo de la cabeza. La nariz es el solecismo más reprehensible que tengo en mi rostro, porque es muy candalosa y abierta de faldones: remata sobre la mandibula superior en figura de coroza (2), apaga (1) Rebutidas: «rellenas, embutidasa..
(2) Coroza: ceapirote o cucurucho de papel engrudado que se ponía en la cabeza por castigo; subia en diminución, poco más o menos, de una vara; pintadas en él diferentes figuras referentes al delitos..