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Página:Vida de Diego de Torres Villarroel - Tomo I (1920).pdf/87

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para ascender al altisimo ministerio, cuyas primeras escalas estoy pisando indignamente, ni tampoco me ha acometido el atrevimiento y la insolencia de meterme a desventurado oficial de misas. He tenido hasta hoy un seso altanero, importuno, desidioso y culpablemente desahogado. La vigilancia y la prudencia, que contemplo por precisa para conducirse en tan excelente dignidad, ni yo las tengo, ni me atreveré a solicitarlas sin tenerlas. Nació también a pereza del ascenso a las demás órdenes, de un pleito que me puso un tristisimo codicioso sobre la naturaleza de la congrua con que me habia ordenado; y por no lidiar con el susto y con el enoje de andar en los tribunales, siendo el susodicho de los procuradores y los escribanos, hice dejación gustosa de la renta. Encargóse del purgatorio el avariento litigante, y yo me quedé con el voto de castidad y el breviario, sin percibir un bodigo del altar. Por estos temores y el de no parar en sacerdote mendicante, tuve por menos peligroso quedarme estrellado entre la Epistola y el Evangelio, que atropellar hasta el sagrado sacerdocio para vivir después más escandalosamente, sin la moderación, el juicio, el recogimiento, decencia y severidad que deben tener los eclesiásticos. Mis enemigos y los maldicientes han cacareado otras causas: el que pudiere probarlas, hágalo mientras yo viva, y discurra y hable lo que quisiere, que por mi tiene licencia y perdón para inquirirlas y propalarlas, que, gracias a Dios, no soy espantadizo de injurias.

Antes de cumplir la edad prescrita por el Conci-