pies de V. Exc., ni desespero de que su discretisima compasión deje de admitir mis ansias reverentes; porque no los dedico como dones de sacrificante presuntuoso, sino como promesas de un infelice delincuente, que busca en el delicioso sagrado de vuestra excelencia, su patrocinio, su honor y sus seguridades.
Tiene este humildisimo cortejo el semblante de malhechor; mas no le faltan venturosas desgracias que le prometen toda la piedad de V. Exc. Es un resumen de culpas, infortunios, escándalos, castigos y desazones; pero yo no sacrifico a V. Exc. mis delitos, sino mis trabajos; no retiro a su sagrado mis locuras, sino mis aflicciones, y, finalmente, no pongo en el clementisimo altar de V. Exc. lo que he pecado, sino lo que he padecido. Por estas razones, y la de haberse fabricado en casa de V. Exc. este voto, en aquellas horas en que—con sentimiento de mi veneración me retiraba de sus pies, creo que no es indigno de las aceptaciones, y más cuando lo acompaña mi rendimiento, mi gratitud y mi fidelisima servidumbre.
Suplico a V. Exc., rendidamente, se digne de recibir la vida que gozo y la vida que escribo, pues sobre una y otra han puesto las honras de V. Exc. un dominio apetecible y una esclavitud inexcusable; de modo que no le ha quedado a mi elección, a mi afecto, ni a mi codicia, la libertad de pensar en otro dueño para patrono del desdichado culto de esta obrilla. V. Exc. lo es sólo de todas mis acciones, y en reconocimiento a sus graciosisimas piedades, ofrezco