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Página:Vida de Diego de Torres Villarroel - Tomo I (1920).pdf/90

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verdad de mi inocencia. Sali, por real decreto, libre y sin costas, añadiéndome, por piedad o por satisfacción, la honra de que fuese vicerrector de la Universidad todo el tiempo que faltaba hasta la nueva elección, por San Lucas. Asi la practiqué e hice todos los oficios pertenecientes al rectorado, con gusto de pocos, y especial cengoja y resentimiento de muchos. No quiero descubrir más los secretos de esta aventura, porque viven hoy infinitos interesados, a quienes puede producir algún enojo la dilatada relación de este suceso.

La candalosa conjuración que corrió contra mi después de este ruidoso caso, y las dificultades que puso a mis conveniencias la astucia revoltosa de los que ponderaban con demasiada fuerza los impetus de mi mocedad y los disculpables verdores de mi espiritu, me hicieron segunda vez insolente, libre y desvergonzado, en vez de darme conformidad, sufrimiento, temor y enmienda venturosa. Enojado con aspereza de las imprudentes correcciones, del odio mal fingido y de las perniciosas amenazas de aquellos repotentes varones, que se sueñan con facultades para atajar y destruir las venturas de los pretendientes, di en el mal propósito de burlarme de su respeto, de reirme de sus promesas y de abandonar sus esperanzas. Di, finalmente, en la extrema locura de fiar en mi, y aburrir a éstas y a toda especie de personas. Volvime loco rematado y festivo, pero nada perjudicial; porque nunca me acometió más furia que la mania de reirme y de zumbarme de la severidad que afectaban unos, de la presunción con