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Página:Voltaire - Historia del imperio de Rusia bajo Pedro el Grande - Tomo I (1921).pdf/104

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na y defendió la plaza con buen éxito. Este ejemplo muestra que el sentimiento humanitario que se observa hoy en Rusia es preferible a las antiguas crueldades y ata más al deber a los hombres que, con una educación afortunada, han adquirido sentimientos de honor. El rigor extremo era entonces necesario para el pueblo bajo; pero, al cambiar las costumbres, la emperatriz Isabel acabó con la clemencia la obra que su padre comenzó con las leyes. Esta indulgencia ha sido llevada todavía a un punto del que no hay ejemplo en la historia de ningún pueblo. Aquélla había prometido que durante su reinado nadie sería castigado con la muerte, y cumplió su promesa. Fué la primer soberana que respetó así la vida de los hombres. Los malhechores fueron condenados a las minas, a las obras públicas; sus castigos han resultado útiles al Estado, institución tan sabia como humana. En todas partes, además, no se sabía sino matar a un criminal con solemnidad, sin haber impedido nunca los críme— nes. El terror de la muerte hace menos impresión acaso sobre los criminales, la mayor parte holgazanes, que el temor de un castigo y de un trabajo penoso que renacen todos los días. Para volver al sitio de Azof, defendida de aquí en adelante por el mismo hombre que había dirigido los ataques, se intentó en vano un asalto, y después de haber perdido mucha gente se vieron obligados a levantar el sitio. La constancia en toda empresa constituía el