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Página:Voltaire - Historia del imperio de Rusia bajo Pedro el Grande - Tomo I (1921).pdf/123

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grande y de útil para su país fué la causa misma de esta revolución. Viejos boyardos a quienes eran caras las antiguas costumbres, sacerdotes a quienes las nuevas parecían sacrílegas, comenzaron los desórdenes. El antiguo partido de la princesa Sofía despertó. Una de sus hermanas—se dice—, encerrada con ella en el mismo monasterio, sirvió no poco para excitar los ánimos; se mostraba por todos lados cuánto había que temer de que viniesen extranjeros a instruir a la nación (1). En fin, ¿quién lo creería?, el permiso que el zar había concedido para vender tabaco en su Imperio, a pesar del clero, fué uno de los grandes motivos de la sedición. La superstición, que en toda la tierra es una plaga tan funesta y tan cara a los pueblos, pasó del pueblo ruso a los strelitz, desparramados por las fronteras de la Lituania; se reunieron, marcharon hacia Moscú con el proyecto de poner a Sofía en el trono y de impedir el regreso de un zar que había violado las costumbres osando instruirse entre los extranjeros. El cuerpo mandado por Shein y por Gordon, mejor disciplinado que ellos, los derrotó a quince leguas de Moscú; pero esta superioridad de un general extranjero sobre la antigua milicia, en la que muchos reinos de Moscú estaban alistados, irritó también a la nación. Septiembre 1698.—Para sofocar estos desórde— nes, el zar parte secretamente de Viena, pasa (1) Manuscritos de Le Fort.