Ir al contenido

Página:Voltaire - Historia del imperio de Rusia bajo Pedro el Grande - Tomo I (1921).pdf/22

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página no ha sido corregida
20
 

sin cesar, nombres absolutamente diferentes, puede muy bien presumirse que ninguno de estos pueblos es una colonia del otro. Los finlandeses llaman al oso karu, y los laponeses, muriet; el Sol, en finlandés, se llama auringa; en lengua lapona, beve. No hay ninguna analogía. Los habitantes de Finlandia y de la Laponia sueca han adorado en otro tiempo un ídolo que llamaban Iumalac; y desde la época de Gustavo Adolfo, al que deben el nombre de luteranos, llaman a Jesucristo el hijo de Iumalac. Los lapones moscovitas pertenecen hoy a la Iglesia griega; pero los que vagan por las montañas septentrionales del cabo Norte se contentan con adorar a un dios bajo algunas formas groseras, antigua costumbre de todos los pueblos nómadas. Esta especie de hombres, poco numerosa, pose muy pocas ideas, y son muy felices por no tener más; pues en ese caso tendrían nuevas necesidades que no podrían satisfacer; viven contentos y sin enfermedades, no bebiendo apenas más que agua en un clima del mayor frío, y llegan a una extrema vejez. La costumbre que se les imputaba de rogar a los extranjeros que hiciesen a sus mujeres y a sus hijas el honor de unirse con ellas viene probablemente del sentimiento de la superioridad que reconocen en esos extranjeros y el deseo de que pudiesen servir para corregir los defectos de su raza. Esta era una costumbre establecida en los pueblos virtuosos de Lacedemo— nia. Un marido rogaba a un joven bien formado