Al mediodía de la provincia de Smolensko encontráis la provincia de Kiev, que es la pequeña Rusia, la Rusia roja, o Ukrania, atravesada por el Dniéper, que los griegos han llamado Borístenes. La diferencia entre estos dos nombres, uno duro de pronunciar, el otro melodioso, sirve para hacer ver, con otras cien pruebas, la rudeza de todos los antiguos pueblos del Norte y los encantos de la lengua griega. La capital Kiev, en otro tiempo Kisovia, fué edificada por los emperadores de Constantinopla, que hicieron de ella una colonia; se ven en ella todavía inscripciones griegas de mil doscientos años; es la única ciudadque tiene alguna antigüedad en estos países, donde los hombres han vivido tantos siglos sin construir paredes. Allí fué donde los grandes duques fijaron su residencia en el siglo XI, antes de que los tártaros dominasen a Rusia. Los ukranios, que se llaman cosacos, son un conjunto de antiguos roxolanos, sármatas y tártaros reunidos. Este país formaba parte de la antigua Escitia. Roma y Constantinopla, que han dominado tantas naciones, son países que están muy lejos de ser comparables en cuanto a fertilidad al de Ukrania. La Naturaleza se esfuerza allí en hacer bien a los hombres, pero los hombres no han secundado a la Naturaleza, viviendo de los frutos que produce una tierra tan inculta como fecunda, y viviendo todavía más de la rapiña; enamorados hasta el exceso de un bien preferible a todo, la libertad, y, sin embargo,
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