Ir al contenido

Páginas de historia/Carta-prefacio de la primera edición

De Wikisource, la biblioteca libre.
Nota: Se respeta la ortografía original de la época

Carta-prefacio de la primera edición


A Domingo F. Sarmiento.

Buenos Aires, marzo 1° de 1864 Recuerdo que en una de los más bellos capítulos de sus Impresiones de Viaje me llamó usted "poeta por vocación".

Hoy, al tiempo de publicar mis poesías, se me ocurro retribuir aquella fineza colocando esta carta al frente de su primera edición. En el mixmo capítulo en que me hacía el agradable cumplimiento que he citado, decía usted, hablando del sitio de Montevideo, de que yo era soldado en aqueIla época: "En medio de este caos de intereses, "respirando la atmósfera cargada de humo, y en"cerradas en un horizonte qué á cada punto tiene "aparejadas tormentas que de una bicra & otra "pueden descargar sobre sus cabezas, las musas "argentinas, cualquiera que sea la ribera donde "les sea permitido ontregarso á sus sueños, lo divinizan todo, hasta la desesperación y el desencanto. Me parece que una causa profunda "hace al pueblo español por todas partes poeta: inteligencias caídas, como aquellos nobles de otro IC

"tiempo descendidos á la plobe, con organizaciones "é instintos desenvueltos; mentes elevadas y ocio"sas que ac remueven y agitan en au nada, rové.

"lando su clovada condición por entre los harapos "que las cubren. El español, inhábil para el co"mercio, que explotan á sus ojos, naves, hombres "y caudales de otras naciones, negado para la in"dustria, la maquinaria y las artes; destituído de "tuces para hacer andar las ciencias, ó mantener"las siquiera; rechazado por la vida moderna par "que no está preparado; el español se encierra en "sí mismo y hace versos; monólogo subline á ve:

"ces, estéril siempre, que le hace sentirse ser inteligente y capax, si pudiera, de acción y de vickipor las transformaciones que hace experimentar a la naturaleza que engalana en su gabinete, como lo haría el norteamericano con el hacha de los campos, aquel poeta práctico que hace unu "pastoral de un desierto inculto, é inventa pueblos "y maravillas de la civilización, cuando del bosque "asoma su cabeza á la margen del río aun no "ocupado. Ye os disculpo, poetas argentinos!

"Vuestras ondechas protestarán por mucho tiempo "contra la suerte de vuestra patria, Haced versos y poblad el río de seres fantásticos, ya que las "naves no vienen á turbar el terso espejo de sus "aguas. Y mientras otros fecundan la tierra, y "cruzau á vuestros ojos cou sus naves cargadas "el almo río, cantad vosotros como la eigarra; "contad sílabas, micutras los recién venidos cuon"an patacones; pintad las bellezas del río que "otros navegan, describid las florestas y campiñas.

"los sotos y bosquecillos de vuestra patria; inicu"tras el teodolito y el grafómetro, prosaicos en "demasía, describen á su modo, y para otros fines, "loa accidentes del terreno. ¡Qué de riquezas de "inteligencia y cuánta fecundidad de imaginación "perdidas! ¡Cuántos progresos para la industria, y qué saltos daría la ciencia si esta fuerza de "voluntad, si aquel trabajo de horas de contracción "intensa en que el espíritu del poeta está exaltado "hasta hacerle chispear los ojos, clavado en su "asiento, encendido su carebro y agitándose todas "sus fibras, se empleara en encontrar una aplica"ción de las fuerzas físicas para producir un re"sultado útill" La diatriba es un poco fuerte, y aunque algo merecida, hace tiempo que le guardo cierto rencor por la parte que me toca como soldado raso en la falange de poetas del Río de la Plata, que ha divinizado hasta la desesperación y el desencanto.

Monólogo estéril, mentes decaídas, hombres incapaces para la neción, inhábiles para el trabajo, derrochadores de la inteligencia; tales son los caliticativos que prodiga á la poesía y á los poetas, deplorando que la fuerza creadora aplicada á ensanchar los límites del mundo inmaterial no se hubiese aplicado exclusivamente á hacer alguna nueva conquista sobre el mundo material. Para confusión de sus detractores y para honor de la poesía, ha tenido que valerse de su propio lenguaje al atacarla, como esos caudilos de la montonera, que al mismo tiempo que procuraban desacreditar la táctica europea, se servían para contrarrestarla de sus propias maniobras mal aprendidas y poor enseñadasla veo que si le diesen á organizar el mundo, desterraría, como Platón, á los poetas de su república, sin embargo de que usted, lo mismo que aquel grande hombre, tiene más de poeta que de filósofo, y sólo le falte para complementar su inte ligencia privilegiada, iluminar la parte tenebroas de su mente con la luz resplandeciente do la poesía.

Tal es el objeto que me propongo en esta carta, y creo que lo conseguiré, haciendo resonar en el fondo de su conciencia aquella voz misteriosa que grito á San Pablo, perseguidor de los cristianos:

"Saulo, ¿por qué me porsigues?" Habiendo usted estudiarlo filosofía sin maestro, como yo, debe haber leído á Herder, Bouterweck, Richter, Jouffroy, Schlegel, Burke, Winckelmanuy tantos otros, y por consecuencia debe saber lo que es estética, palabra derivada del griego, que, ei hemos de dar crédito á los que comprenden este idioma, significa sensación, sentido, facultad de sentir; y por medio de la cual se designa la parte de aquella ciencia que explica y analiza la teoría de lo bello, de lo agradable y lo sublime. Asuntes éste, que ha inspirado á Kaut uno de sus libros más serios y bien pensados, libro que obligó á los espíritus más austeres á dar carta de ciudadaníaen los dominios filosóficos á la ciencia de la esté tica, que ya Baumgarten había bautizado con el nombre alambicado de "Filosofía de las Gracias y de las Musas".

Sabiendo todo esto, debe saber también que la estetica divide el imperio de las artes en dos: artes de espacio y artes de tiempo, es decir, actes que se vén ó que se palpan, y artes que se oyen ó se sien.ten. A las primeras corresponden la pintura, la escultura y la arquitectura; á las segundas, la música y la poesía, división con la cual yo no estoy del todo confornie, por las razones que paso. á exponer.

Yo considero la pocaía como un arte sintético.

6. lo que es lo mismo, un arte que obra sobre la imaginación y sobre los sentidos á la vez, por la <—:292 lobke combinación de las formas materiales é inmateriales del espacio y del tiempo. Así ha obserrado Sismondi con mucha propiedad que "la poesía es una feliz combinación do dos de las más bellas artes: música por los sonidos y pintura por las imágenes". Esto se comprueba con la observación hecha por todos los críticos, de que los más grandes poetas son precisamente aquellos cuyas ideas poéticas son susceptibles de representarse por medio de la pintura, como se ve leyendo con atención las obras del Dante ó de Milton; habiendo el primero inspirado á Miguel Angel los famosos frescos, cuyos dibujos ornados por la mano del Giotto, habrá podido ver en la biblioteca del Vaticano; y habiendo sido propuesto el segundo como modelo á los pintores por uno de los grandes prosadores de nuestra época, por Guizot. D'Apére, un espíritu no menos serio, ni menos profundo, ha dicho á este respecto: "La grande escultura griega, tal como se muestra en la Niobe de Florencia o en las estatuas del Partenón, es la poesía homérica traducida en mármol. El Dante dibuja sus figuras á la manera enérgica, atrevida y grandiosa de Miguel Angel; y el fresco del Juicio final es un canto del Dante".

No puede negarse que la línca, el colorido y la palabra, tienen sus límites, y que á la pintura y á la escultura les está vedado lo que es permitido á la poesía, pero esto no destruye la regla general le que, para excitar la admiración, la pintura neecsita ser poética, así como la poesía necesita ser pintoresca. La razón de esto es muy clara: la idea que escapa á la pintura, es decir, la idea que no es pintoresca, que no puede traducirse por una imagen, ó que no tiene cierto moviuiento dramático, se presenta confusamente á la imaginación. En esto se diferencia la poesía de la filosofía, que es una pura abstracción.

Toda esta disertación muetafísica—qne va á hacorme pasar la plaza de pedante no tiene más objeto que crearme un punto de apoyo para repetir to que se ha dicho tantas veces, que "algo le falta al hombre que es insensible á, los encantos de la música ó de la pintura" y que, por consecuencia, le falta todo al que no es susceptible de comprender todas las bellezas de la poesía, que condensa á la vez la idea, la imagen y la armonía.

Y á propósito, ya que hablamos de música, ¿sabe usted quién fué el inventor de la lira? Según dice Apoliodoro (aun cuando los descubrimientos de Cumpollión parecen desmentirlo, pues sólo se ha descubierto el arpa en los monumentos egipcios), su inventor fué Hermes Trimegisto, secretario de Osiria, quien, habiendo cucontrado en las riberas del Nilo una tortuga muerta, cuyos nervios resecos por los rayos del sol se habían convertido en cuerdas sonoras, tomó de aquí la idea del instruneuto que hoy simboliza la poesía y al son del cual bailaba el hierofanta egipcio, expresando simbólicamente las revoluciones de los astros y el orden aparente del universo. A esta escuela musical perteneció Moisés, y ella dió origen al arpa hebraica, á los salmos de David, á los Cantares do Sulmón y á las Lamentaciones de Jeremías.

Algún tiempo después, iuveató Hiagnis la flauta frigia, que acompañó los primeros himnos que se cantaron en honor de Baco y de Pan. Estos dos instrumentos (poniendo, si se quiere, el arpa en vez de la lira) tomados de la naturaleza, compusieron la primera orquesta de los tiempos primiti Tos, y de la lira ó arpa egipcia y de la flauta frigia, ha nacido ese lenguaie mniversal que cuenta hoy más de ochenta sonidos, y que, según me lo aseguró un día el gran pianista Hertz, puede dar más de cion sonidos distintos en el piano; mientras que los idiomas más ricos de nuestros días no puc den dar ni la mitad.

¿Cómo se explica este misterio? Es que la música, más filosófica que los filósofos, y menos des deñosa que los hombres de letras, ha recogido en su Aeno todas las modulaciones de todos los idiomas antiguos y modernos del norte y del mediodía, con las cuales se ha enriquecido, en la misma proporción en que se ha empobrecido el idioma hablado, por el radicalismo exagerado de hombres que, á título de espíritus serios y positivos, pretenden desalojar á la armonía poética del último atrincheramiento en que se defieude aún con heroísmo, rechazando los ataques violentos de los prosistas inconoclastas, cuyo bello ideal es un lenguaje sin símbolos y sin música, y para quienes la estructura del verso no es una forma tomada de la nataraleza misma, como la lira egipcia, (ó griega, scgún otros), sino una compinación foliz del capricho bumano "un ingenioso contrasentido", como decía Newton. Por eso el verso se lo presenta á usterl como la prisión del pensamiento; por eso ve en él un obstáculo más bien que un punto de apoyo; por eso, cu fiu, cree que una idea pierde on profundidad todo cuanto gana en sonoridad; y esto explicaya que no disculpa, su juicio desventajoso sobra la poesía.

Si usted hubiese hecho un estneio detenido sie las leyes de la versificación, si se hubiera propune to darse cuenta de la razón del yambo, del dáctilo, del troqueo y del espondeo, habría visto que todo su mecanismo reposa sobre la combinación silabas agudas y graves caracterizadas por as sos acentos; y que el movimiento del verso, su número y sus pausus, obedecen á reglas constantes que tienen su origen en la naturaleza de los idiomas, en la organización humana, siendo la rima y la cantidad de sílabas lo más secundario que hay en la estructura del verso. Así vemos que el francés, que es el único idioma moderno que no haya adoptado para su versificación la prosodia poética inventada por los provenzales de que hablaremos nás adelante.—es, en manos de sus más grandes poetas, un instrumento pobre é insonoro, por no contar con más recursos métricos que con los que le presta el número de sílabas y la repetición de la rima, lo que hace que los franceses hayan llegado hasta el grado de neger que exista una armonía poética fuera de estas dos condiciones materiales. Por eso la longua francesa es la lengua más prosaica del mundo, según lo han reconocido sus grandes hablistas, y cutre ellos Carlos Nodier y Michelet; lo cual explica por qué la Francia no haya producido un gran poeta, digno de rivalizar eot Homero, con Virgilio, con el Dante, con Byron, con Goethe, con Camoens ó con Calderón, aunque él genio lírico de Víctor Hugo haya convertido este instrumento sordo cn instrumento sonoro. Aquí se deumuestran hasta la evidencia la importancia de la forma métrica y la influencia que ella ha ejercido y ejerce en el desenvolvimiento del entendimiento humano y el desarrollo de las lenguas.

No extrañe que entre en estos detalles minuciosos sobre la cadencia poética en sus relaciones con la música y con la naturaleza burona, desde que ellos me sirven tan eficazmncte al objeto que me he propuesto en esta carta. Además, como lo ha dicho Sismondi, "la estructura del verso, esta parte en cierto modo mecánica de la poesfa, está ligada, por acordes misteriosos y socretos, o031 uuestras sensaciones, con nuestras emociones, con todo aquello que habla á nuestro corazón y á nuestra imaginación, y sería conocer muy mal el lenguaje divino de los poetas, considerarla solamente como una traba impuesta al pensamiento. Los ver.

ROS no conmueven nuestras almas, no cautivan nuestras pasionee, sino porque tienen algo de más intinio que la prosa, álgo que se apodera de todo nuestro ser, encontrando más directamente el camino del espíritu y de los sentidos, y— trayéndonos impresiones más completas que las que el lenguaje por sí solo y desprovisto de estos accesorios puede desportar." Y más adelante ngrega: "La rima es una especio de llamamiento al recuerdo y á la esperanza, ella despierta una sensación pasada y hace descar una nueva, realza la importancia de los sonidos, y da en cierto modlo una especio de colorido á las palabras".

Nada de extraño sería que los poetas elogiasen au lenguaje, pero cuando los más cninentes prosistas proclaman an excelencia, preciso es reconocer que hay en él algo de verdaderamente sublime, y que, por lo menos, no se le debe juzgar sin haberlo estudiado antes.

Si del lenguaje poético, considerado ou sus relaciones con la música y con la organización humana, la mente se eleva hasta la contemplación de la idea abstracta, y penetra en los dominios de la psicología, so verá que, siendo la poesía á la prosa lo que el drama lírico es al drama recitado, ella no es otra cosa que el lenguaje á toda orquesta, la palabra que se acompaña con la música del ritmet y de la rima, que es impregna de ella, que la asi mila á su aer, que funda en un todo compacto la idea y la aruouía al fuego inextinguible de la inspiración que arde ou la cabeza del posta. Así es cómo la poesía, ú la manera de una onda sonora, penetra eu lo más hondo de la imaginación y de la conciencia, apoderándose al mismo tiempo de los sentidos, despertando suavemente las emociones perezosas que dormitan, y hace sentir al hombre la unidad do su ser, formando en el fonda lel alma un acorde sublime, al dominar con su canto las emociones disonantes del corazón hnmano.

Suprímase la poesía; y las relaciones del hombre con la naturaleza quedan interrumpidas, micutras que nuestras facultades, funcionando aisladamente como en sueños, jamás producirán eso acorde sintético que es el resultado de la imagen, del so nido, del movimiento y de la abstracción; que son las cuatro grandes manifestaciones de la vida, los cuatro principios constitutivos de las bellas artes, los cuatro elementos de cuya combinación se fora todos los productos intelectuales, y que la poesía es la única que condensa y reduce á una sola fórmula.

La poesía es el puente misterioso que une al hombre físico con el hombre moral, y que pone en contacto todas sus facultades. Por cao decía SchiMler: "Para filosofar, basta la mitad del hombre, mientras que la otra mitad puede descansar; pero las musaa lo absorben todo." Para ser poeta, se necesita sentir y pensar á un mismo tiempo, y poner en ejercicio el poder de abstracción a la vez que la imaginación, porque lo que no conmuev y convence haciendo sentir, no merece el nombra de poesía. Las ciencias y las artes no tienen alas para volar más allá de las fronteras del mundo material, ni ojos para objetos que se hallen fuera.

del alcance del telescopio. La poesía, además de tener alas y de tener ojos para recorrer el universo y contemplar en él cuanto láy de grande y de bello, puede lanzarse á los espacios infinitos de la creación, penetrar en los dominios del mundo in material, poner al hombre en relación con Dios, y establecer entre el cielo y la tiera aquella cadena de oro, que, según los antiguos, ligaba á la criatura con su Criador.

Esto es la poesía, esto es el arte divino, del cual ha dicho usted que sólo tiene sacerdotes entre los hombres incapaces de acción, esto es lo que usted ha llamado "monólogo sublime á veces, estéril siempre".

Una república prosaica, tal cual usted parece desearla, tendría mucha semejanza con aquella pálida mansión de los héroes de la antigüedad que el Dante nos describe en su Infierno, imagen debilitada de la vida, en que las sombras vagan sin esperanzas de un bien mejor, llorando silenciosas la pérdida de una felicidad que nunca conocieron.

Sería un cuerpo sin alma; sería la bella estatua de Proactco sin el fuego sagrado que le dió vida y movimiento. Desheredados de la poesía, ¿qué voz simpática respondería á las armonías secretas del corazón? qué potencia sobrenatural nos elevaríe á la contemplación de lo infinito! ¡qué relámpago iluminaría con sus resplandores pasajeros las profundidades de nuestro ser? ¿por qué inedio se dirigirían los instintos, una vez quebrado el instrumento usual con que se forman y des arrollan el sentimiento y la inteligencia de lo bello?

Preguntas son éstas que pondríann en bárbaros aprietos al legislador en teoría de esa soñadu república platúnica.

No sé por qué me parece encontrar cierta analogía entre su idea y las asociaciones de las abejas, de las hormigas y de los castores. 1le aquí tres repúblicas que realizan el bello ideal de los posirivistas, y que llenan todas las condiciones pedidas por usted: repúblicas de matemáticos, de ingenieros, de químicos y de industriales, que pasan la vida cavando la tierra, edificando y destilando, "aplicando al trabajo todas las fuerzas físicas, sin malgastar sus fuerzas intelectuales en ornamentaciones inútiles, ni en monólogos sublimes, pero estériles"; iy deshojan las flores para arrojar sus perfumes en el gran alambique de la fábrica comunista! He aquí su bello ideal: el hombre menos la idea del progreso, menos la aspiración á lo infinito, menos la condición de la perfectibilidad; porque, descogáñese, sin la poesía bajo alguna de sus formas, el progreso, la abstracción y la Irfectibilidad. son imposibles. Así se ve que los castores, las hormigas y las abejas, fabrican sus casas, hacen sus provisiones, trazan sus exágonos y destilan la miel lo mismo hoy que al principio lel mundo, lo mismo mañana que hoy, sin dar un pasa adelante. Por qué? Porque les falta la poesía que satisface á la aspiración de lo mejor, de la ideal, que es el resorte poderoso de la perfectibilidad humana. Sa aspiración prosaien inc trae á la memoria en este momento los versos de un poeta español del siglo pasado:

Dura resolución desesperada Labrarse un molde en que vaciar la vida, sin que se altere de la estampa nada.

Los espartanos pretendieron también extirpar la poesía del corazón, y lograron fabricar un molde artificial para'dar una nueva forma á la aturaleza humana, y qué consiguieron? destruir el libre albedrío, arrebatar á la inteligencia el atributo más bello de la divinidad, despojar á la humanidad de sus amables virtudes, sin extirpar sin embargo esa poesía colectiva, i despecho del mismo pueblo que la rechazaha, que, como lo ha observado Tocquevilke, es el signo característico de la poesía democrática. La república de Esparta no es, por otra parte, sino un engondro de la imaginación poética de Licurgo, que concibió una asociación en su cabeza, la formuló en an poema que llamó leyes, y fanatizado por su idea, como Saint—Simon y Fourrier en nuestros días, dió su vida á trueque de ver realizada su teoría, hija más bien de la fantasía que de la observación de la naturaleza humana.

A pesar de tantas precauciones, la música y la poesía tenían un culto secreto con el corazón do aquellos austeros ciudadanos, dispuestos á morir por sus santas leyes; y la prueba de esto es que allí fué donde se añadió una cuerda más & la lira, lo que le valió un destierro perpetuo al inventor, bajo el pretexto de que tales armonías convidaban al pueblo á la nolicie. La lira se encargó de su venganza.

Años después, los de Esparta, en guerra con los Mesenianos, pidieron auxilio & Atenas. Esta repítblica les envió por contingente un pocta armado de una lira. El poeta se llamaba Tirteo. Sus himnos guerreros encendieron el entusiasmo en todos los corazones y templaron la fibra viril del pueblo abatido por la derrota, que voló con decisión á la batalla. Rotos los escuadrones de Esparta, los dispersos oyeron á su espalda la voz robusta de Tirteo, que se acompañaba con la lira cncordada por los espartanos, y volviendo caras, conquistaron de nuevo el lauro de la victoria, probando á sus ene.

migos que la poesía, lejos de convidar la molicie, sabo exaltar lo que hay de más noble y de máx sublime en el corazón humano. Por cato, el mismo Licurgo se vió obligado á confesar que el triunfo le Lacedemonia se debía á Tirtca. Los lacedemonios, salvados por la poesía, que en vano habían procurado proscribir, dicron á Tirteo ci título de ciudadáuo, y promulgaron una ley para que en adelauto sus poesías fuosen recitadas á los cjórcitos de la república, reuuidos en torno de la tienda de campaña de sus generales.

A usted, á quien voo muy propenso á seguir el ejemplo del éforo espartano, puesto que, según dicc, la poesía es hija de la impotencia y la poreza, bueno es predicarle con estos ejemplos elocuentes que echan por tierra todas sus teorías, que con la mayor seriedad llama cosas prácticas. Y ya que andamas viajando por la antigua Grecia, no abandonaremos este país eucautador, cuyos laureles nos quitan el sueño, sin haber hecho otra excursión por su historia. En una carta que nada tiene de geográfica, son permitidos estos parcos caprichosos, en que la imaginación gusta extraviarse por los senderos floridos que se abren ante sus pasos, aunque ignore á donde vau á parar.

La palabra poesía se deriva del gringo, y si hemos de dar crédito á los filólogos, significa crear, componer, fabricar, hacer, construir, en fin, es una verdadera palabra enciclopédica, que representa dignamente á la potencia creadora por excelencia, que a la manera del Criador sobre el barro, sopla sobre una idea invisible, le da forma y vida, y la inmortaliza por los siglos de los siglos, sin cl auxilio de la reproducción.

Marmontel pretende que allí donde esa palabra tuto su origen, fué donile nació la poesía. Ta his.302 toria desthiente esta hipótesis: la poesía nació con el hombre, y ol idioma rítmico fué el primero que vibró en su labio balbuciente, como el gorjeo es el primer sonido que sale de la garganta de las aves. Si el hombre no fuese perfectible, habría hablado eternamente on verso, como el pájaro, que por no ser susceptible de aprender á hablar, se ha quedado con su lenguaje primitivo, sin poder alcanzar hasta la prosa, que es, como lo observa Michelet, la última forma en que se concreta el pen—' saruiento humano. Y quién nos dice que porque el pájaro no pronuncie palabras como el hombre, no hay poesía en su canto? ¿Qué otra cosa es la poesía sino la queja tierna ó dolorida, la vibración armónica de cada organización, las emociones ó las ideas íntimas que se convierten en sonidos al pasar por los labios, como el viento al pasar por las arpas eólicas? En este punto catoy de acuerdo con Calderón, que dice que el pájaro es poeta, susceptible de pensar y de sentir, y por lo tanto de hacerse comprender en el lenguaje que le es peculiar. Cito los versos en que así lo da á entender, porque son admirables y dignos de un gran poeta:

Y con acento suave Se queja una simple ave, Y en amorosa prisión Así aliviaree pretende; Que al fin la queja se entiende Si se ignora la canción.

Pero, dejando aparte esta profunda cuestión fisioornitológica, de lo que no hay duda, es que el verso precedió á la prosa, y sus más antiguos inonumentos así lo atestiguan. Esto se prueba con la historia de los tiempos primitivos.

El Egipto, cuna de la civilización del mundo, donde estudiaron la música Moisés y Pitágoras, tuvo en su origen cantos para todos los trabajos, calculados para reglar el movimiento de los trabajadores por medio del ritmo, pues sus habitantes, como grandes observadores de la naturaleza, habían descubierto ya el fenómeno fisiológico que se ha explicado en nuestros días, de cómo la música y las canciones hacen sobrellevar por más largo tiempo la fatiga con menos cansancio del hombre.

Esto pueblo, que tenía sin duda el órgano de la Bimetría, y que sujetaba al ritmo hasta los trabajos de campo, las ceremonias religiosas y las revolu ciones de los astros, no puede haber hablado en sus primeros tiempos otro lenguaje que el métrico; y aunque ni los árabes ni los griegos hagan men ción de sus poetas, esto no prueba que su modo de hablar dejaso de ser cadencioso, como el de todos los pueblos primitivos, pues de esto á lo que propiamente se llama poesía, hay una gran dis— tancia.

Los primeros civilizadores de la Grecia fueron músicos y poetas. Los sacerdotes, los sabios, los médicos, los filósofos y los matemáticos, fueron los primeros poetas griegos.

Anfión, por el poder irresistible de lus armonías de eu lira, según cuenta la fábula, puso en movimiento las piedras y levantó los muros de la ciudad de Tebas.

Orfeo, que hizo parte de la expedición de los argonautas, cuyo viaje es tau cierto como el de Colón, domesticó las fieras con los blandos sonidos do su lira, según cuenta la misma fábula. Aun enando pueda ponerso en duda este milagro y el de Antión, ahí están sus Himnos de Iniciación para comprobar de que antes de que hubiese prosa, hubo un noeta. Ahí están para mayor abundamiento los tintos y las poesias índicos, anteriore á lns leven.

ú das y á los himnos de Orfeo.

Homero y Hesiodo, su contemporánco, que enoblecieron el dialecto jónico, rceumieron en sus poemas toda la civilización de un munido, concre taron todo in cielo histórico, y ensanchando los límites del corazón y de la inteligencia, pusieron al hombre en relación con todos los objetos de la naturaleza de que estaba rodeado.

Sólo ochocientos años después de Orfeo, y cua trocientos años después de Homero y Hesiodo, apareció por primera vez la prosa en Grecia, en el año 600 (antes de J. C.). Según algunos eruditos el honor de esta invención correspondería á un indio llamndo Ridpai; según otros, á un esclavo trigio llamado Lokman, que no falta quien diga que es el mismo Esopo. Plinio sostiene que la gloria de la prosa corresponde al filósofo Ferecics, y á Cadmo de Mileto la de la historia. Otros piensan, con Strabón, que debe darse la prioridad á Cadmo. Ambas opiniones encontradas convienen empero en un punto, y es, que tanto la prosa de Cadmo como la de Ferecides, su contemporánco, eran todavía una imitación del lenguaje poético, ronsistiendo toda su innovación en romper la nedida del verso.

Pitágoras, la cabeza más matemática que haya producido el mundo, sin excluir la de Pascal, continuó pensando en verso, y en verso continuó hablando á sus discípulos, que en aus Versos Dorados nos han transmitido las lecciones de aquel gran maestro y de su inmortal escuela.

Hasta la época de Platón no se acreditó la prosa entre los filósofos griegos.

Los latinos no conocieron la prosa sino 307 años después de la fundación de Roma, en que, con ino<—205tivo de una arenga pronunciada ante el Senado por Apio Cacus, para excitarlo a que no hiciese alianza con Pirro, se introdujo el uso de este lenguaje en la vida civil.

Los árabes no escribieron cu prosa hasta el siglo VI de nuestra era, es decir, bajo la dominación de Mahoma; y en Irlanda no se hizo uso de ella hasta el siglo XII .

Basta lo dicho para demostrar que la poesía prccedió á la prosa, y que ésta no es otra cosa ca realidad, que el verso roto y descompuesto, ajustado á otra cadencia más grave y menos vibrante.

Aquí tiene usted como al descomponer los versos y ensartarlos unos tras otros, no ha hecho otra cesa que plagiar á los primitivos prosadores, ropitiendo, sin sospecharlo, uno de los pasos más gigantescos que haya dado el lenguaje universal, cual es la transición del verso á la prosa.

Pero lo que en los antiguos ora un progreso, en usted ca un retroceso; y para demostrarle clatainente esto que parecerá una paradoja, necesito entrar en algunos detalles técnicos sobre la versificación.

En las edades primitivas era más fácil hacer Terso que prosa, porque ol lenguaje métrico era para el hombre lo que el canto para el pájaro, en razóu de que, fundándose los idiomas primitivos sobre sonidos imitativos, eran más sonoros, más armoniosos, más ricos en su pronunciación, y odas sus palabras, á la manera de esas tres notas musicales que de cualquier modo que se combinen producen una melodía, de cualquier modo que se uczclasen, siempro daban por resultado un verso.

Eran también, si así puede decirse, más pintorescos, pues, como lo observa un crítico español, "log sonidos prolongados más bien que articulados, de 11 que están llenas las lenguas salvajes, parecen mis propios para conmover la imaginación pintando, que para hablar al entendimiento definiendo." En tales idiomas, todo el artificio del verso—si es que artificio había consistía en la medida de las partes y en los tiempos de la pronunciación. La inspiración era todo; el verbo no se había encerrado todavín—sogún la expresión de Nordieron el tubo de una pluma.

Como, entre los antiguos, la música y la poesía estaban identificadas, pues, según dicc Strabón.

"hablar y cantar era lo mismo en otro tiempo", el ritmo gobernaba á la inclodía. Cada sílaba tenía un sonido y una duración determinados, y la división de las sílabas eu largas y breves había asimilado completamente el ritmuo poético al ritmun musical. Así es que en Grecia el descubrimiento de un nuevo metro laba por resultado inmediato la invención de una nueva música, y las escuelas musicales que conocemos con los nombres de dórica, lidio, frigia, jónica y cólica, no estaban fundadas sino en la diversidad de metros, siendo los sonidos radicales exactamente los mismos. Cada verso estaba dividida en cierta número de compaRes, á que damos todavía el nombre de pies, y cuya pronunciación, alternada dentro de tiempo:

iguales, producía la cadencia acentuada que venía á herir el oído periódicamente, cualquiera qu:

fuese la diversidad de los sonidos. El movimiento alternado de las sílabas largas y breves, o viceversa, y la combinación armoniosa de los pies compases, cra lo que producía la diversidad de metros, la cual fue muy considerable entre los griegos y romanos. Debido sin duda á ese soutimiento de la armonía que se desarollaba con el hombre, y que dejaba libr la imaginación para remontar su vuelo, es que las edades primitivas uayan producido poctas tan sublimes como Homero y como Job, poetas que no serán igualados jamás, a menos que la humanidad vuelva á encontraz la rica prosodia de los primeros tiempos y la frescura de las primeras impresiones.

Hoy succdo todo lo contrario. Es más fácil hablar y pensar en prosa, que cantar en verso, habiéndose multiplicado las dificultades de la versificación, así por la complicación del nuevo sistona métrico, como por las abstracciones de que las lenguas modernas se han impreguado al absorher tautas ideas nuevas y complejas como han surgido de la mente humana. La rica prosodia de los idiomas onoratopéyicos la desaparecido en los idiomas modernos, y con ellos el ritmo y la cadencia de la versificación primitiva, falta que ha sido necesario suplir con la invención del actual sistema métrico, cuyos recursos armónicos coneisten u períodos musicales, marcados por consonantes asonantes, acentos y apoyaturas, arte completamente desconocido de los antiguos, porque esta ra totalmente inútil, desde que el ritmo suplía ventajosamente á la rima. Los provenzales fueron los primeros que se dieron cuenta de la dificultad de distinguir las silabas en largas y breves, como lo hacían los autiguos, y los que, á imitación de Jos árabes (á lo que parece), sacando partido de una lengua enérgicamente acentuada. combinaron hábilmente las acentuaciones haciéndolas alternar con lag sílabas no accutuadas, y añadiendo el ornamento de la rima, produjeron en su conjunto un zuovimiento análogo al del verso antiguo, aunque, por otra parte, cada silaba dejó de tener su valor musical, como sucedía anteriormente. Tal es la teoría de la cesira que divide el verso en dos purtes de un movimiento unifornic ó acompaaudo, dando al oído un ligero descanso que rompa la monotoníu, de lo que proviene que, versos de un misu número de sílabas, tifieran tan notablemento entro sí. La colocación respectiva de los acentos y apoyaturas decide del movimiento del verso: asi ea que hay varias clases de veraos endecasílabos, cada uno de los cuales representa en realidad un metro distinto, fenómeno prosódien que no todos los poetas españoles han observado, y que es á la métrica lo que el contrapunto á la música.

Tales son las leyes de la versificación moderna, á las cuales so han sometido las lenguas del mediodía de la Europa, á excepción de la francesa, como lo observé antes. En esta última el esfuerzo de la pronunciación está repartido igualmente entre todas las sílabas, sin que el acento marque el sonido capital de cada palabra, de lo que proviene el martilleo monótono de sus versos, martilleo que Vietor Iugo ha pretendido corregir por el corte del alejandrino, asimilándolo en cierto modo á la prosa, que es lo mismo que los españoles y entre ellos Moratín y Jovellanos—han hecho con el verso blanco.

El autor de La Literatura del Mediodía de Mu ropa desenvuelvée esta tooría prosódica: "En nuestra poesía moderna las sílabas no son consideradas por lo que respecta á su duración solamente, sino también en cuanto á sus acordes; y esas vocales, ya ligeras, ya sensibles ó sonoras, no pasan inadvertidas cuando la rima las hace esperar y determina su situación. ¿Qué sería de la poesín provenzal si no. buscásemos en ella más que el pensamiento, tal cual puede reflejarlo una pros?

Linguida? Había en ella algo más que el simple sentido de las palabras, cuando el trovador armonizaba su bello lenguaje con los sones melodiosos de su arpa; cuando la inspiración guerréra le suministraba rimas enérgicas, nerviosas y resonan tes; cuando expresaba la embriagucz del amor por medio do sonidos tristes y voluptuosos. La prosodia, del mismo modo quo la rima, se acordaba con las emociones de su alma, mucho mejor que el sentido de las palabras; la acentuación repetida y precipitada, que golpeaba cada segunda sílabu en los versos yámbicos, parecía corresponder a las pulsaciones de su corazón y al movimiento del ahma. Así fué cómo por medio de esta sensibilidad exquisita de las impresiones musicales, y de esta organización delicadísima, inventaron los trovadores un arte de que ellos mismos no podían dars cuenta, y coino, con el auxilio de una nueva armonía, lograron comunicar esa emoción del almuque todos los poetas han buscado, y que no pueden encontrar siuo siguiendo las huellas de esos inven tores de nuestra prosodia".

La rima y el acento: he aquí, pucs, los dos pilares en que se columpia suavemente el veraohe aquí las dos condiciones que lo caracterizan:

he aquí las dos líneas pronunciadas que lo separan del verso antiguo, y la causa de que sea tau difícil hablar y pensar en verso en nuestros días.

Esta dificultad es tal vez la causa de que el mundodespués de la aparición de la prosa, y después de la extinción de los idiomas muertos, haya produeido un número tan limitado de grandes poctastodos los cuales han quedado siempre muy abajo del original, incluso Virgilio, que es un reflejo de la poesía primitiva, hasta que el Dante, con una lengua nueva, ercó una poesía nueva. Pero estas nuevas dificultades impuestos al lenguaje poético, si por una parte han disminuído el número de los que pueden hablar en verso, por otra parte han servido eficazmente a su adelanto, dándole ese resorte poderoso que hace que el pensamiento se escape con más potencia á medida que más se reconcentra. La rina, que Madame Stael llama "el eco del pensamiento", ha contribuído no poco á templarla poesia, que de otro modo sería un lenguaje lánguido y descolorido; y así se observa, estudiando las obras de los buenos poetas, que huyen con cuidado de emplear consonantes vulgares para exprosar pensamientos sublimes, y que muchas veces la rebusca de un consonante original imprimac A la idea una novedad inesperada y abre á la imaginación nuevos horizontes que de otro modo la inteligencia no habría entrevisto.

Los que erean ver en esos accesorios de la poesia las ornamentaciones plasticas de un arte en decadeneia, se equivocan sobremanera; desde que, como se ve, csos accesorios de la poesía son partc integrante de ella, corno los nervios de la estrucura del cuerpo humano. La fuente de la poesía no se ha agotado aún, bien que los poetas de estos tiempos no vayan á beber la inspiración en las undas de Helicona, y la lira del clásico Apolo es u instrumento que está muy lejos de haber dad> todas sus armonías. Como lo observa D'Ampére:

"todo en este mundo tiene su colocación, y la poesía conservará ternamente la suya. Siempre habrá una necesidad de ideas, una aspiración hacia un mundo superior, que cada día será más difícil satisfacer, y á la cual no podrán jamás bastar ni las altas.abstracciones del pensamiento, ni los curiosos resultados de la ciencia, ni los descubrimientos de la historia.

Hay que pintar todavía los nuevos sentimientos que desenvuelve ol progreso de los siglos; y hasta las grandes ideas de la ciencia, las vistas elevadas do la filosofía, de la historia, tienen su poesía, y esta poesía está por crearse. Existe para la humanidad un océano de entusiasmo que está muy lejos de agotarse." Sería upa insensatez einpéñarse en romper eso instrumento, cuya escala no tiene término, cuyas notas son infinitas, y que todavía no ha recorrido una minima parto del diapasón de las pasiones.

Pero observo que el sendero florido que seguinmos nos ha llevado á la frontera del antiguo Eginto. Volvamos hacia atrás en busca de nuestra que rida Grecia, que todavía no ho agotado el tema, y en ella hemos de volver á encontrar al Egipto.

Hablábamos de Homero.

Para usted, la epopeya do Homero es un monólogo estéril y sublime. Pues bien, eso monólogo estéril y sublime es el resuruen de la cosmogonía y de la filosofía sacerdotal del Egipto, cuna de la civilización del mundo. Así dice el erudito don Agustín Durán, que "Hesiodo y Homero, creadores de la epopeya griega, formaron sue poemas, redactando con sus fábulas todo el sistema político, filosófico y religioso que constituye el espíritu de los pueblos progresivos, bajo cuyos auspicios marcha aún la sociedadl europea." No es de extrañar que en vista de una obra tan vasta y tán sublime, muchos hayau dudado de la existencia de Homero entre ellos Vico, en su Scienza Nuova —acreditando la hipótesis de que la Iliada y la Odisea se componen de una serie de cantos populares, que transmitidos dé siglo en siglo por la tradición oral, que adicionados con nuevos cantos al pasar por la boca de cada generación, llegaron á formar esos dos libros inmortales, cuyo verdadero autor es todo el pueblo griego. Cuando hablemos del Romancero español se verá que la hipótesis no carece de fundamento racional, pero, por ahora; sca que Homero haya existido ó no, para el fin que me propongo es lo mismo, puesto que con este ejemplo le demuestro, hasta la última evidencia, que no sólo el lenguaje poético, sino la poesía más sublime, fué la primera manifestación de la inteligencia humana, el primer molde en que se vació el verbo hecho hombre para redinirnos del cautiverio de la ignorancia.

Si esto no le bastase para convencerse de la werdad de mi tesis, oiga á los genios investigadores que han compulsado los monumentos escritos de la antigüedad, y le dirán que el Veda enigmático los bracmanes, las tradiciones pérsicas de los ücbros, el Zend Avesta de Zoroastro, los libros de Osiris, el Korán, y el Edda de los escandinavos, fueron escritos "en un lenguaje métrico y sentencioso", así como el Génesis y los demás libros poéticos de la Biblia; y que los frigios y los licios, la extremidad occidental del globo, lo mismo que los túrdulos y turdetanos en el mediodía de la Europa—según lo dice Strabón y lo repite [Tumboldt—redactaron en verso sus leyes, á las itulus asignaban una antigüedad de seis mil años.

¿Cómo, pucs, habla con tan poco respeto de la poesía que hizo surgir la luz de la inteligencia, mundo moral de las ideas, del caos sin forma i color de las masas inertes de nuestro ser material?

¡Arrodillate, pecador, y pide la absolución de tu blasfemia, á los pics de esa madre misericordiosa, que se llama poesía, y de cuyo seno mana la leche y la miel con que alimentas tu alma!

Pero, no, antes de vestir la cáândida túnica de <—813Jos neófitos, volvamos á la Grecia, por la última vez, y estudiemos ol mágico poder de la poesía eu uno de sus más grandes pueblos y de sus más grandes hombres: Atenas y Solón.

Los atenienses, después de haber sido batidos por los de Megara—ciudad dórica—decretaron la pena de muerte contra todo el que hiciera una moción para retornar á Salamina. Algunos años des pués, un poeta hizo llorar al pueblo con el relato de las desgracias de Conia, y el poeta fué multado por el tribunal, imitando en esto la crueldad de Esparta al desterrar al que encordó la lira.

Solón, comprendiendo todo el partido que podíaaacarse do la poesía para imprimir al pueblo uzt movimiento eléctrico y sublime, haciéndose el insensato, infringió el decreto sobre Salanina, entonando en la plaza pública un canto guerreropor medio del cual el futuro legislador, cual otro Tirteo, logró encender el entusiasmo popular. El pueblo pidió á gritos el ataque de Salamina, y Solón, haciéndose general en jefe, y cambiando la lira por la espada, tomé á Salamina á la cabeza de quinientos hombres.

Al dejar para siempre las playas de la Grecia, yo le impongo por todo castigo, que coloque ese lauro militar sobre las sienes de la poesía, para que otra vez es mida un poco antes de calificar de estéril á la que tantos hechos gloriosos, tantas acciones generosas, tantas ideas sublimes y tantos sentimientos nobles, ha sabido producir.

No es éste y el do Tirtoo el único lauro guerrero que la poesía puede reivindicar para sí.

Dando un salto al través de los siglos, trashdémonos á la risueña Italia, que usted ha visitado eon religiosa respeto, según nos cuenta en aus Viajes.

.Si es que ha leído la historia del mediodía de la Europa, debe acordarse que el emperador Luis II , cautivo del duque de Benevento, debió su libertad á una canción compuesta por sus soldados.

Esta canción, que es el monumento más antiguo de la baja latinidad, reunió en torno de la bandera caída del monarca á sus antiguos soldados dispersos por toda la Italia, que, marchando vali teimente contra Adelghiso, duque de Benevento, lograron rescatar de su cautiverio al ilustre prisionero. Sin la poesía, la humanidad contaría esta acción generosa de menos en el catálogo de los grandes hechos que la honran y dignifican.

¿Quién ignora la influencia que la poesía tuvo en la batalla de Hasting? La historia nos cuenta que, próximos á chocarse toa ejércitos de Haroldo y de Guillermo el Conquistador, un caballero normando, dando espuelas a su caballo, entonó entre los dos ejércitos el célebre canto carlovingiano, que conoccinos desde aquella época con el título de Canción de Rolando, y que es la más hermosa epopeya de la Edad Media. El poeta, al presentar el ejemplo del paladín de RoncesvaIles, y evocar los gloriosos nombres de Carlo Maguo, de Oliverio y de Turpin, logró inflamar el entusiasmo de los normandos, excitándolos á vencer morir, y por eso vencieron, repitiendo en coro la Canción do Rolando. Dan testimonio do esto el poeta Wace, y los historiadores Guillermo de Malmesbury, Mateo de Paris, Ralph Tyden, Alberíco y Mulco de Westminster.

La influencia de la poesía no fué menos decisiva en la revolución de los Países Bajos. Es sabido que el alma de esa revolución fué el famoso Marnix de Sainte—Aldegonde, político, escritor, orador, teólogo, renombrado diplomático y uno de los célebres hombres de guerra de sus días. Pues bien, cuando el duque de Alba ocupó los Países Bajos, en 1669, degolló 18.000 hombres y proseribió 100.000. El príncipe de Orange, á la cabeza de 24.000 hombres, no pudo triunfar del terror, y fué vencido sin combatir. Es entonces cuando Marnix escribe en el destierro el canto nacional, que se ha perpetuado hasta nuestros días con el titulo de Wilhelmus Lcd (Canción de Guillermo). Coil esas estrofas en los labios se sublevó un pueblo en masa, se levantó el entusiasmo guerrero y religios, se triunfó del terror, y se inauguró una nación que combatió sin tregua cien años por su independencia, entonando el himno varonil, que, como dico Edgar Quinet, "es una meseniaua biblica, que dió su ritmo á la revolución, y por e cual los escritores del siglo XVI llamaron á Marmix nuevo Tirteo (Alterum quasi Tirteum.) Este gran poeta, profeta de la nación Neerlandesa, es el mismo de quien ha dicho el austero Bayle, qu cada verso de sus canciones valía por un libro:

el mismo que redactó la constitución de las Provincias Unidas y tradujo en verso la Biblia, que es la fuente de la lengua holandesa, siendo otra rara coincidencia que también sea un pocta el creador de un idioma, cuya raíz y genealogía es necesario buscar en la poesía. Dan testimonio de todo esto las crónicas y memorias de la época..

Pero para qué ir tan lejos? No hemos sido testigos del poder mágico de la Marsellesa en nuestros días? ¡Cuántas victorias, cuántos va lientce de menos contaría el pueblo francés, sin ese canto bélico que ha dado la vuelta al mundo!

. Hasta los tiranos y los conquistadores han reco nocido el poder irresistible de la poesía, persiguiendo con más encarnizamiento á los poetas que á los soldados en ars. Testigo de ello es Eduardo I, conquistador del país de Gales, el cual hizo legollar á todos. los bardos de la comarca para consolidar su conquista, porque tenía con razón que, mientras hubiese una arpa pulsada por ellos, mientras sus inspirados himnos resonasen en aquellas agrestes montañas, el recuerdo de la antigua libertad no moriría en sus habitantes, y que las armas serían impotentes para vencerla. Muertos Jos bardos, la conquista se consolidó. Esta es la catástrofe que Thomas Grey ha cantado en versay memorables.

No quiero abusar de mai superioridad en este punto, y guardándome otras muchas citas históricas que mantengo de reserva en mi cartera, me contentaré con recordarle otro ejemplo del mismo género. Quién sublevó el espíritu teutónico del nacionalismo germánico contra la intervención na poleúnica en Alemania? ¿Quién, sino la falange de poetas, á cuya cabeza se puso Koerner, el intrépido Tirteo del siglo XIX , que murió atrave sado de una bala al frento de su regimiento de vazadores entonando el himno marcial con que había reclutado sus soklados? ¡Niegue ahora el poder de la poesía!

Si, prescindiendo de la parte rítmica de la poesia, y no contando para nada los progresos que ha clio hacer á la civilización en el sentido de la filosofía y de la cosmogonía, pasamos igualmente por alto la influencia irresistible que ejerce sobre los móviles que impulsan al hombre al sacrificio eroso de la vida, y descendemos á considerar la poesin. como instrumento de adelantos filológicos, vamos á ver que, sin el auxilio de la poesía. loidionas unodernos serían los más bárbaros del imundo!

Ya e le demostrado que la prosa fué hija de la poesfa. Ahora voy á demostrarle que la prosa ha hecho progresos, alumbrada por la antorcha de la poesía, que ha sido para ella la columna de fuego que la ha conducido hasta la tierra de promisión.

Dejemos á un lado los idiomas de la antigüedad y las lenguas teutónicas, y estudiemos tan sólo los cuatro principales idiomas que fluyeron como cuatro raudales del seno del latín, en el momento en que de la descomposición del mundo romano surgían los elementos de una nueva civilización.

El italiano era un dialecto vulgar cuando el Dante se sirvió de él para escribir su Divina Coedia, que, á la par do la más grandiosa epopeya de los tiempos modernos, es la fuente del idioma más puro y más armonioso do. la raza latina. El Petrarca ornamentó, dió elasticidad y clasificó en cierto modo la lengua dignificada por el Dante, cambiando hasta cierto punto su esencia, como lo dice Sismondi, y legó á su patria un idioma digno de rivalizar con los do Grecia y Roma. Los poetas que se han sucedido dieron la última muno ú la obra iniciada por los padres de la poesía italiana.

Así, queda establecido que el idioma italiano es hijo de la poesía, y esta creación bastaría por sí sola para inmortalizar á su progenitor, y desmentir las imputaciones de esterilidad que se le ha11.

¡Cuál es el origen del francés moderno? Por supuesto que la fuente original es el latín que por espacio de cinco siglos estuvo depositando. en el fondo de las poblaciones los materiales de los nuevos idiomas que debían reemplazarlo, y quehasta hoy son conocidos con el nombre de lenguaja romance, y del cual dice Sismondi que "circuna tancias accidentales, más bien que diversidad de razas, han dado origen á la diferencia que se nota entre el portugués, el español, el provenzal, el francés y el italiano, cuyo fondo común es el latín". Las Galias, después de haber perdido au idioma indígena (el celta), el cual ha llegadu hasta nuestros días refugiado en la antigua Armórica, se ballaron en el espacio que media entr» el V y X siglos—divididas por los idiomas franko, theatesco ó tudeseo y el latín, y en una multiud de jergas y dialectos, que al fin se reconccutra:

en dos grandes fracciones: el román provenzal á lengua de Oc (sic) y el román—wallón, ó longun do Oil ó de Oui (sic).

Estos dos idiomas sc repartieron la Francia.

Al mediodía el provenzal, que pasó los Pirineos é invadió la Navarra, dando origen al catalán; y al norte, el román—wallón, que, modificado por los normandos, dió origen al francés actual, y fué el mismo que Guillermo el Conquistador llevó á Inglaterra, y que bajo el reinado de Hugo Capeto se hizo la lengua nacional.

El provenzal, que en el siglo X produjo millares le poetas, dando á la luz una literatura original que en nada se parece á la griega ni á la latina, fué por espacio de tres siglos la lengua de la poesía y del canto en Europa, así como hoy lo es el italiano. Hoy es una lengua muerta y sólo se conoce por los cantos de sus trovadores.

El ronrán—wallón, que también fué en su origen un dialecto poético, aunque más áspero y seco que el provenzal, produjo los troveros ó trouvéres, que no deben confundirse con los trovadores ó trouvadours, que son provenzales. Son los troveros los que primero compusieron los fabliau, y los lais de amor.

A ellos también debo la Europa los rotunuces aballerescos y las representaciones dramáticas; y gracias a la poesía, la lengua francesa, tan pobre od es, ha llegado á eer un idioma universal, el idioma de la prosa por excelencia, pasando de las manos de Corneille y de Racine á las de Pascal, que es quien tiene la gloria de haber fijado esta leugua complementada por Voltaire, Montesquieu, Buffon y Rousseau, y ornamentada por Lamartine y Victor Hugo.

El portugués dejó de ser jerga, y es hoy considerado como idioma, gracias á las Lusiadas de Caaloens, que al inmortalizar á su patria con sue antos, inmortalizó á la vez la lengua materna, ijândola en versos de bronce, para probar ú las edades venideras que el lenguaje que la poesía dopta por suyo, por vulgar y pobre que seu, se sublima, se complementa y se hace eterno con su solo contacto.

El español, que es el antiguo Romance, y que se llamó así para distinguirlo del romano ó latino, vino al mundo bajo los auspicios de la poesía, y por medio de ella se generalizó, se perfeccionó, y se perpetuó de generación en genera ción, hasta llegar á ser la lengua de Cervantes y de Solís. El monumento más antiguo del romance castellano, es el Poema del Cid, que eu este momento tengo ante mis ojos. Un poema fué, pues, el núcleo de la lengua castellana que hoy hablamos, y aunque no se conozcan las demás composieiozes anteriores al siglo XII , en que este poema fuó cowpnesto, debe suponerse que fuerou en verso, pues sólo por medio de la cadeneia motrica podrían transmitirse de generación en generación, sin corromperse, los libros fiados á la tradición oral, no habiéndose inventado todavía el uso del papel, siendo el pergamino carisimo, y habiendo cesado do venir el papirus de Egipto, con motivo de la invasión de los árabes.

Así, pues, la poesía desempeñó entonces el mismo oficio que hoy está encomendado á la imprenta.

Ella fué la que se encargó de grabar en la mente las producciones del idioma vulgar, dando á la memoria puntos naturales de apoyo en el corte aimétrico del verso y á la repetición periódica de la rima, de tal modo que, cuando una generación perdía un verso, la siguiente lo echaba al momento do menos.

Al Poema del Cid siguió la traducción del Fucro Juzgo y el código de Las Partidas, cuyo autor, el célebre don Alfonso el Sabio, fué, como Solón, poeta al mismo tiempo que legislador. Sus cántigas y sus coplas de arte mayor, verdaderas joyas poéticas, contribuyeron inmensamente á pulír el tosco lenguaje de aquella época de barbarie.

Después vino el Romancero, esa magnífica epopeya caballeresca, escrita por millares de autoros, en el curso de varios siglos, y cuya unidad de acción y de lenguaje ha venido á demostrar prácticamente que la Iliada de Homero pudo haber sido compuesta del mismo modo por la agregación sucesiva de los cantos de diversos autores y edades.

El Romancero es el arca santa del idioma castelano, es su verdadera gramática y su verdadero diccionario. Sin los cantos del Romancero, es decir, sin la poesía, la España hablaría catalán, árabe, gallego ó teothesco, y el mundo no poseería este idioma abundantó y sonoro, que, según Carlos V, parece hecho para hablar con Dios. Los progresos sucesivos del castellano fueren obra exclusiva de sus poetas, que lo pulieron y ornaron imprimiéndole esos giros clipticos, valientes atruvidos que lo caracterizan, que llevan en 3 et sello de la inspiración poética. Puedo decirse que Calderón y Lope de Vega han hecho más por el idioma castellano que toda la Academia Española desde su fundación.

¿Qué me dice ahora del monólogo estévil y sublime de esta musa, quo después de obrar tanto prodigios, vuelca su uria y derrama, de su seno cuatro idiomas inmortalizados por la poesíu, y que han sido, por espacio do cuatro siglos, los agentes poderosos de la civilización moderna?

Mucho podría decirse sobre la influencia de la poesía en el desarrollo do las lenguas vivas de origen teutónico, especialmente sobre el inglés, que debe á Shakespeare mucho de lo que vale; pero me limitar á apuntarle que el sólo Milton introdujo en el lenguaje vulgar más de soiscientas palabras nuevas; y que el alemán debc á sus poetas, especialmente á Lessing, á Goothe y á SchiEler, la asombrosa flexibilidad que lo hace tan propio para expresar las ideas más abstractas y vaporosas, dándolos forraa y color por un proceder completamente poético.

No extrañará, pues, que á despecho de la oposición de hombres como usted, la poesía haya conquistado una alta posición, y que, en cada día que pasa, extienda y afirme más su imperio sobre la imaginación y sobre las conciencias, invadiendo audamente los dominios psicológicos. En este:

sentido la poesía ha hecho y hace nás por la mejora y por el conocimiento intimo del hombre, que cuantos estudios filosóficos se han emprendido.

"El hombre y sus enfermedades invisibles, lo que es y lo que debe ser", tal es la interminable espiral en que asciende la poesía moderna, marchando eu torno de un eje sin encontrarse jamás sus extreuos. Así se ve que, por lo que respecta al hombre futimo, la poesía inicia, la filosofía explica y la prosa vulgariza, y que por esta triplo operación ilega á formar parte del fondo del gran tesoro del sentido común, lo que al principio so pre sentó como una brillante paradoja. Y en esta carrera precipitada do las idoas, mientras que la filosofía se entretiene en explicar, y la prosa en vulgarizar, la poesía sigue su marcha ascendonte hacia la región de luz, marcando con una columna de oro el gran paso dado por la humanidad, y dejando muy atrás á sus auxiliares en la inbor constante del progreso.

Desde este punto de vista, la poesía puede cousiderarse hoy como un método de enseñanza superior, que coadyuva eficazmente al progreso moral en el sentido de la Inglaterra y de los Estados Unidos, los pueblos más progresistas del mundo, y los dos que con más tenacidad y valentía han perseguido el ideal en el terreno del experimento.

Estas dos naciones trabajan hace mucho tiempo por mejorar la condición social por medio de la mejora parcial de los individuos, ú la inversa de los alemanes, que pretenden regenerar á la humanidad entera por medio de esos ensalmos universales, que se llaman sistemas filosóficos; y á la inversa también de los franceses, que hace sesenta años se agitan en el círculo vieioso do las revoluciones, buscando instituciones adecuadas al hombre, antes de haber formado los instintos del hombre, ó lo que es lo mismo, el hombre adecuado á las instituciones.

La cuestión capital en Inglaterra y en los Estados Unidos es la que se relaciona con las almas y las conciencias. Así, se les ve contraer todas ana facultades a la propagación de las sociedades morales que pejuran las costumbres, al desarrollo de la libertad de pensar, á la difusión de la instrucción primaria que mejora la condición del hombrederramando cou profusión por el universo todo la palabra poética del antiguo y nuevo testamento.

Por eso ha dicho un eseritor norteamericano:

Tenemos ya bastante ciencia popular; lo que falta á nuestros hijos son libros capaces, formar sus instintos." Este es el papel que desempeñan en la mejora del género humano los libros de poe sía, que, como ec ha dicho, son los que forman la conciencia de un niundo mejor. Si ellos nos faltan, con qué los reemplazaremos?

Dejando á un lado la poesía, y pasando á los poetas, tengo que decirle cosas que le parccerán un poco paradójicas, y que sin embargo no son menos positivas ni nenos prácticas que las arteriores.

Los hombres prácticos, serios y positivos, tienen una manera muy singular de juzgar de la capacidad de los demás hombres, y le llamo singularpor no darle el nombre de absurda. Cuando un hombro sabe cuanto hay que saber en este mundo, ó al menos tanto cuanto puede aprender un houtbre, y además la poesía, dicen: Jes un poeta! Y con esto queda condenado. De manera que para que un hombre sea completo, es necesario que ignore la poesía, es decir, que desconozca al hombre moral; que no tenga el sentimiento de lo bello, quo carezca de las facultades perceptivas de la armonía, que no haya leído ni Honero, ni á Horacio, ni á Dante, ni á Schiller, ni á Shakespeare, ni á Lope de Vega, ni á Calderón, ni á Lamartine, ni á Goethe, ni á Victor Hugo; que no conozca la historia literaria de los pueblos antiguos ó modernos, que no le ande cobrando la imaginación, y que sea incapaz de crear seres de la nada en el silencio de la inspiración. Faltándole todos estos requisitos, es decir, siendo un ser incompleto, puede contar por seguro, cualquiera que responda á tales condiiones negativas, que será proclamado como hom bre positivo por el Aroupago de los hombres seriosl'ero, si sabo todo lo que ese hombre puede saber, nás la poesía, que supone otra multitud de conocimientos, puede contarse por seguro que sorá leclarado, sin apelación, espíritu superficial. Ea serio este modo de juzgar?

Napoleón decía del poeta Corneille que, á haber vivido en su tiempo, lo habría nombrado su primer ministro. Napoleón, que fué un gran poeta en acción, á la manera de Alejandro, era digno de comprender cuánta ciencia política había en el creador de esos grandes caracteres de la antigüelad, en cuya boca ha puesto palabras que han inmortalizado á su autor, y que prueban que quien tan profundamente conocín í los hombres, bien pudo atinar con el mejor modo de dirigirlos.

¡lla existido, cun rokación á su tiempo, un hombre más sabio que II omero, si hemos de juzgarlo por sus obras? Astrónomo, geógrafo, erudito, fil6sofo, político, habla de la guerra con la precisión de Xenofonte, describe los detalles culinarios como Careme en nuestros días, conoce perfectamente la mineralogía, y habla por la boca de Néstor y de 1llises con más buen sentido que nuestros titulados hombres de estado. Debido á esto, hace treinta siglos que preside í los destinos de la poesía, y que lomina en todas las bellas artes. Qué le falta á los ojos de los hombres serios para ser un hombro completo? No scr poeta, es decir, no haber escrito el libro más snblime que haya producido el ingeuio humano, y por el cual el mundo quemaría diez bibliotecas como la de Alejandría. Esta es serio! Y qué diremos de Shakespeare? ¿Quién ha penetrado más bondanrente que él en los arcanos del corazón humano? ¿Quién con más sabiduría y mia profundidad que él ha sabido crear esos tipos inmortales que personifican las pasiones de tal modo que á no haber surgito de su mente, el hombre no se conocería á sí mismo? Shakespeare, puede decirse que, no sólo nada de lo que tenía relación con el hombre lo era indiferente, sino que sabía todo caanto al hombre concernía. ¡Lústima que fuese poeta! dirá usted, y que en vez de escribir dramas, no haya compleado su fuerza de voluntad en buscar alguna aplicación útil de las fuerzas físicas, en vez de extasiarse en un monólogo estéril y sublizue! ¡Esto es sorio?

Podría seguir bosquejando otra porción de cusdros del mismo género, por medio de rápidos perfiles, pero la multiplicidad de ellos no probaría más que los nombres de Hourero, de Corneille y de Shakespeare, á quienes tendríamos que clasificar de hombres incompletos, si hubiésemos de juzgar con el criterio de los hombres positivos, que cuando les presentau un libro de poesía preguutan "y esto qué prueba?" Esos tres genios pruchan, por lo menos, el poder del hombre parn comprenderse á sí mismo, y no es poco probar, puos sin ellos no sabríamos de lo que somos capaces, ni le que somos moralmente. Las ciencias y las artes nos han revelado ó hecho presentir todo aquello que podemos percibir ó alcanzar por medio ke los sentidos, menos los límites del entendimiento que, como dice Leibnitz, es lo único que no entra por los sentidos. Lo primero está fuera del hombre, corresponde á una vida exterior que no es la snya. Lo segundo pertenece al hombre mismo, y, como lo dice Leroux, es la expresión de su propia vida, ó más bien, su propia vida que se realiza y so idealiza comunicándose á los demás, y esfornándose en eternizarse.

Puedo objotarse que por muy completo que sea un poeta, la preponderancia de la imaginación produce en sus facultades un desequilibrio que lo hace poco apto para los negocios prácticos de la vida. Esta es una vulgaridad desmentida por las hechos. Para poner de manifiesto lo contrario, bag tará decir que si algún día hubiese de escribirse el código del buen sentido práctico, es ú los libros de los poetas á donde irían á heberse sus principios.

El ser poeta no impidió á Solón ser el primer logislador de la antigüedad. El poeta Esopo reproscnta la moral del sentido común. Tito, no por hacer versos, dejó de ser un gran político y un gran guerrero. Salomón, a pesar de ser un gran pocta, es el tipo de la sabiduría gobernando. Cicerón, que era poeta hablando cu prosa, ha escrito hermosos versos que han llegado hasta nosotros.

Augusto, el político más sagaz de la antigüedad, hacía versos, y en versos lloró la muerte de Virgilio, para salvar de la destrucción á la Eneida. César y Bruto, la víctima y el matador, también hicieron versos, que depositaron en bibliotecas públicas:

poctas tan débiles como Cicerón, pero más felices que él, pocas personas supieron que los hacían.

Maquiavelo, que á haber vivido en este siglo, s reiría de Talleyrand y de Metternich, era poeta.

Cervantes, el buen sentido hablando, era poeta, y.Sancho Panza, el sentido común personificade, es una crcación esencialmente poética en contraste con la poesía.

Un político célebre, reconocido por uno de los primeros oradores del mundo, al lord Clutham, cmpezó por hacer versos, como puede verse en Villemain. Don Alfonso el Sabio, el hombro más práctico de su tiempo, fué también poeta. Poeta fué también el marqués de Villena, eminente hombre le estado de su época. El Dante bebió todus. BUB

inspiraciones del conocimiento práctice que tenfa le la vida y de los negocios públicos de su país.

L'Hôpital, "representante de la conciencia humana", como le llamó Sainte—Beuve, hacía versos, Halley, ol más grande astrónomo de la Grau Rretaña, amo y cultivó la poesía, y on hermosos versos, que brillan como astros al frente de los Prinsipios de Newton, celebró las sublimes ideas de su predecesor, bermanando el cálculo con la inspiración. Grocio, el severo publicista, es contado entre los poetas do su nacióu, y legó á Miltou el gormen de su iumortal poema. Milton, que ha escrito panfletos políticos, fué un hábil ministro de relaciones exteriores, antes de ser el autor del Paraíso perdido. El celebre Bolingbroko fué poeta, y de poetas se rodeó y aconsejó en la época en que la Inglaterra pesaba con todo su poder en la balanza de los destinos del mundo.

Montesquieu, que tenía todas las cualidades brillautes del poeta, y que se extasiaba en leer á Ovidio; Montesquieu, el que encontró las tablas per Jidas de los derechos del hombre, también ha erito poesías. Beaumarchais, el autor del Barboro de Sevilla, fué un hábil negociante y un diplomático eagaz. Pocos hombres han poseído en tan alto grado la ciencia dol mundo y el conocimiento del corazón humano como el poeta Moliére, cuyas obras valen por doscientos tratados de moral. Voltaire, el representante del buen sentido de la humanidad, fué nn poete, y como tal será estimado en el futuro, cuando muy pocos lean sus obras en prosa. Federico II , á pesar de ser un mal versi ficador, rindió también culto á las musas, y sus composiciones poéticas, escritas en la víspera de sus grandes batallas, han sido recogidas por la historia y adoptadas por la literatura. Canning, el hábil ministro que salvó la Inglaterra, fué un poeta. Beránger, otro representante del buen sentido universal, es uno de los primeros poetas populares. Madame Stael, una de las cabezas más fuertes de nuestros días, era una cabeza eminentemente poética. Rossi, el profundo economista, el político sesudo, uno de los primeros jurisconsultos del siglo, empezó su carrera literaria traduciendo en vorso italiano loe poemas de Byron, por lo que ha merecido los elogios del severa historiador Mignet.

El mismo Lamartine, á quien por en calidad de poeta se le han negado las facultades del hombra político, tuvo (con todas sus deficiencias) la idea de la república cuando todos vacilabán; pecificó la Europa con un manifiesto, y en tres meses Je gobierno hizo unás y so mostró más hábil que el hábil Luis Felipe auxiliado por Thiers y por Gnizot, en el espacio do diez y ocho años. Entre nosotros, Florencio Varela, el hombre de tacto polftico, el hombre de recto juicio y de tino práctico, era también poeta.

De manera que, si los poetas pueden reivindicar para sí la ciencia práctica y el buen sentido que por la vulgaridad se les niega, los hombres positivos, que se enorgullecen de su ignorancia poética, deben convenir, en vista de astos ejemplos, en que son incompetentes para juzgar aquello que no entienden, ó son capaces de sentir.

Alejandro, Tácito, Sócrates, Platón, Herodoto, Napoleón, Tito—Livio, Colón, Bolívar, han sido $29poetas & su manera, y si no escribicron poemas, fué porque dieron otra dirección á las fuerzas poéticae de que podían disponer. El primero las aplicó & les grandes conquistas civilizadoras; el segundo, las pinturas dramáticas que lo han inmortalizado. Sócrates y Platón prosintieron, por intuición poética, las sublimes verdades del progreso moral. Herodoto es el verdadero rival de Homero, y Tito—Livio eclipsa muchas veces á Virgilio.

Para comprender la idea poética que hizo á Colón descubrir el Nuevo Mundo, es necesario loer sa Diaro de Viaje, publicado por Navarrete, en el cual se ve al visionario, al espíritu ontusiasta, mirando con los ojos del alma la tierra prometida de que se reían los espíritus positivos. Ade nás, es bien sabido que Colón hizo realment!

versos, habiéndose salvado algunos de los que le inspiró la musa cristiana en su Libro de las Pro fecías.

Bolfvar, que carecía del genio metódico de la guerra y de las cualidades sólidas del político equilibrado, derramó toda la poesía que rebosaba on su alma, en brindis, proclamas, discursos, boletines y acciones grandiosas dignas de la epopeya, procurando en esto marchar tras la huella de Napoleón, poeta en acción, cuyo genio militar se dilataba en presencia de las pirámides, ó evocado los recuerdos de la antigua Roma, y que se dormía bajo su tienda militar leyendo á Corneille ó á Ossian, como Alejandro leyendo & Homero, derramaba lágrimes de dolor á la idea de que no tendría un poeta samejante que cantase sus hazañas.

¡Cuál es el reproche que los ingleses hacen s Roberto Peel, el primer hombre de estado de nuestros dise? Pues bien, le reprochan no haber sido porta. No so sonría: lea la biografía de Peel, escrita por D'laracli, el jefe del partido tory, y 90 convencerá de que hablo formalmente. Todos convienen en que este reproche es merecido. Roberto Peel ora un gran organizador, peró carecía de esa facultad poética que se llama creadora, sea que ella se aplique á la composición de un poena, ó á los negocios do la administración ó de la política.

Nada de lo que Peel ha hecho ha sido creado por él, y aun la misma reforma comercial que ba ilustrado su nombre, á la cual se opuso largo tiempofué, cono se sabe, idea original de Cobden, caudillo imaginativo de la Liga de Manchester. Sus reformas sobre la Irlanda le fueron sugeridas por O'Connell, el inspirado poeta de los meetings al aire libre, á cuya palabra poétien debe su redención un pueblo que lo aclama su libertador.. Si Peel hubiese poseído la potencia creadora, es decir, si hubieso podido merecer el nombre de posta que so le niega, habría. sido el más eminente hombre práctico de nuestros días. No lo fué porque faltó el segundo término, la potestad ereadora, que cs el patrimonio de los genios poéticos, sen que hagan ó no versos. Así, pues, en los negocios prácticos do la vida, las cualidades poéticas, lejos de ser un inconveniente, constituyen una ventaja real y positiva, siempre que la imaginación no predomine do tal modo, que sofoque todas las demás facultades del entendimiento.

Ahora estudiamos al poeta por el lado de la seriodad. Generalmente se le considera como un hombro frívolo, quo pasa su vida contando sílabas en vez de contar patacones, y que malgasta todo su talento en producir ficciones, en voz de llevar á cabo realidades. Distingamos. Hay dos especies de poetas: unos que se llaman objetivos y otros que Jlamaremas subjetiros. Los primeros son los que se asimilau todas las ideas poéticas de los domás, identificándolas con las suyas propias, y que sin agotar su propia substancia, las vuelven modificalas y digeridas como si exclusivamente les pertenecieran. Estas naturalezas artísticas poro frías no se gastan jamás y producen siempre, y á ellas corresponden, Voltaire, sin inspiración, y Chocta con numen, que debieron á esta circunstancia cl poder alcanzar una ancianidad serena. Los poetas por temperamento, para quienes la poesía es una vocación, son como las lámparas: alumbran gastando en sus poemas el aceite de la vida, y derraun en sus obras su propia substancia, apagándose muy temprano, camo Byron ó como Schiller.

Considerada desde este punto de vista, hay peras ocupaciones más serias qno las del poeta, que en cada sílaba, en enda verso, en cada ostrofa, gasta tal vez un tainute, una hora, un día de su existencia, vive en un solo homento lo que otros en un año. Todo cuanto el poeta describe ó pinta lo ha visto, lo ba sentido, como el Dante vió las penas del infierno, y existe desparramado en la creación, aunque los ojos del vulgo no puedan percibir su armonioso conjunto. Los tipos inmortales creados por Rafael no han existido ni existinán jamás; ison por este una inentira? ¡Oh, no!

ellos son la idealización de la realidad, ó, como so ha definido el ideal, "la expresión más alta de la verdad." Tal es la poesía; y el poeta, au inspirado intérprete, cuando, de pie sobre la trípode de!

genio fatídico, repite las palabras misteriosas que susurran en su alma, se asemeja á la sibila de la antigüedad, que sólo entonaba el canto profético on medio de dolorosas convulsiones.

En vista de todo esto, podremos decir que tanto la proen como la poesía son dos manifestaciones che la palabra, son las dos formas de que se reviste el pensamiento, y que, si la una es el fruto, la ora ca la flor; que sin flor no puede haber fruto, y que, por lo tanto, enredarse más en esta cuestión sería lo mismo que disputar sobre si tiene más inportancia la base que la cúspide de la pirámide ó cuál fué primero: el huevo ó la gallina. Por lo o, pongo aquí el punto final á mi disertación.

Ho terminado, y sin embargo apenas he desflorado el vasto campo de mi tesis. Podrían eseribirse sobre ella muchos volúmenes, gastaredo tantra plumas de diamante, cuantas yo he gastado de acero en esta carta. Dejo á otros esa agradable tarea. A mí me falta tiempo para ser literato, así como ne ha faltado para ser poeta, si es que hubiese podido serlo.

Hubo un tiempo en que fui poeta por vocación, como usted me ba llamado en sus Viajes; y cuando me acuerdo de esto, me digo á mí mismo, penet.mdo de una profunda melancolía: ¡Y yo también viri en Arcadia!

Las poesías que va á leer fueron eseritas casi todas ellas á la edad de veinte años. Entonces soñaba con la gloria poética, y los laureles de Hometo me quitaban el sueño. Pronto comprendí que ni podía aspirar á vivir en la memoria de más de una generación como poeta, ni nuestra sociedad estaba bastante madura para producir un poetá laureado. Sin embargo, ese poco de poesía qué Dios había depositado en mi alma, lo he derrama do á lo largo del camino de mi vida, consagrándolo unas voces á mi patria, otras á mis amigosotras á las afecciones puras y serenas del hogarporque el que cuenta por seguro que sus versos z llegarán á la posteridad, debe ser generoso.com au pequeño tesoro, Tal es el origen de las pocas coiuposiciones que he escrito después de los veinte años Hoy, hace tanto tiempo que no hago versos, que creo que me he olvidado de pulsar la lira, hablando en estiln metafórico de mal gusto. Por esa amo las páginas que siguen, las cuales reflejan algunos de esos dolores intenses y de esos momentos solemnes do la última revolución contra el tirano de nuestra patría, tiranía quc, para honor de nuestro culto, no ha contado un solo poeta entre sus filas.

La tiranía se levantó, imperó veinte nãos en nuestro país haciendo rodar cabezas, y cayó al fin postrada por sus propios exoesos, sin que un solo poeta lo quemara un grano do incienso, lo que prueba que la poesía ha sido considerada entre nosotros como un verdadero sacerdocio, mientras que la prosa se prostituía torpemente. Por este solo rasgo serían acreedores nuestros poetae á la corona cívica, aun cuando no fuesen dignos de coñir sus—sienes con el lauro literario de los grandes genios. En la antigun Roma, el despotismo de Augusto turo por auxiliares la musa de Horacio.de Virgilio y de Ovidio; y la bárbara tiranía de Nerón tuvo por aduladores á Séneca y á Lucan, notables poetas de la decadencia latina. Entre nosotroa, la tiranía do Rosas apenas la merecido algunas coplas vulgaros, porque la poesía que tiene el sentimiento de lo bello, huye de la fealda!

moral, á la par que se apasiona por la virtud y la justicia, que son un reflejo de la belleza ideal sobre la tierra. Por eso, los poetas del Río de la Plat han derramado en sus versos su amor á la libertad y su odio por la tiranía, guiados siempre por es sentimiento de lo bello, que hace comprender cuánto hay de sublime y de hermoso en la libertad y en la justicia.

Tougo otra razón trás para odíar á Hosas, y la publicación de estas Rimas es mi venganza. Odio á Rosas, no sólo porque ha sido el verdugo de los argentinos, sino porque, á causa de él, he tenido que vestir las armas, correr los campos, hacerme hombre político y lanzarme á la carrera tempesTuosa de lus revoluciones sin poder seguir mi vocación literaria.

Hoy anismo, en medio de las embriagantes agituciones de la vida pública, no puedo menos de arrojar una mirada retrospectiva sobre los días que han pasado, y contemplar con envidia la suerte de los que pueden gozar de horas serenas, entregados en brazos de la musa meditabunda.

Cuando esto me pasa, se me viene á la memoria un evento que en otro tiempo me hizo reir, y que hoy me hace suspirar, tal es la profunda verdad que encierra. Oiga el cuento, por fin de carta. Un pobre pastor, hablando consigo mismo, se decía:

Ah! isi yo fuera rey!...—Y bien, ¿qué ha rías preguntóle uno que le oía, sin él advertirlo.

—Qué harín? dijo el pastor, ¡cuidaría mis ovejas á caballo—Digo lo mismo. Si fuese rey, baría versos, por el gusto de hacer versos... á caballo. Y sin embargo, es probable que en el resto de mi vida no haga una docena de versos.