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Páginas de historia/El crucero de "La Argentina"

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Nota: Se respeta la ortografía original de la época

El Crucero de "La Argentina"
1817-1819


I

La historia del corso argentino deade 1815 hasta 1821 es una brillante y animada odisea marítima (1) llena de episodios dramáticos, de figuras heroicas, de bazañas memorables y de aventuras extraordinarias, que pueden suministrar ricos inateriales para escribir un libro tan interesante como nuevo.

Durante esos cuatro años la bandera argentina, enarbolada por nuestros atrevidos corsarios, flameó triunfante en casi todos los mares del orbe: en el Océano Pacífico, en el Atlántico del sur y del norte, en las ,Antillas, en los mares de la India y en el Mediterráneo. El cañón de las naves patentadas por la república resoná á la vez en América, en Asia, en Europa y en Oceanía, batiendo los bajeles de guerra del enomigo, aprosando sus bu(1) Bl corso argentino fué declarado por decreto de 18 de noviembre de 1816, y abolido en 15 de mayo de 1821; pero desde 1815 estuvo en práctica este género de hostiltdad, como se deduce del preámbulo del primer decreta: ques mercantes, arruinando el comercio español en todo el globo, posesionándose de aus puertos fortificados muchas veces, y dominándolo todo por la actividad, la audacia y la energía (2).

Taylor dominó con la bandera argentina el golfo de Méjico y el mar de las Antillas, destruyendo el comercio español en la Habana (3).

. Chayter llevó esa misma bandera hasta las cos tas de la Península española, hostilizando vigorosamente el comercio de Cádiz en presencia de sue propias escuadras, con las que no rehusó medirse (4).

Brown, en calidad de simple aventurero, mantuvo con, gloria su enseña de comodoro argentino (2) Desde 1916 reconocía esto samo el gobierno espaMol en el real decreto de 8 de febrero de 1815, publicado en la Gaceta de Madrid de 13 de febrero del mismo ano, que dice entre otras cosas: Son ya muy graves y Matados Los perjuicios y daños que causan al estado en general y todos mis vasallos en particular los buques armados por los insurgentes ó rebeldes de mis dominios de América en todos aquellos mares, Interceptando la navegación y al comercio, Impidiendo el trato trecuente y estrecho que conviene á unos y otros, Introduolendo armas y municiones en los puntos en que continúa el fuego de la rebelión desobede clendo á mi sobarana voluntad, Tal situación y tan erecido mal interesan mucho mi soberana atención, para aplicarle todos los remedios que sean posibles & Imaginable. En carts reservada del ministro Lardizabal (armante del anterior decreto), y que fun interceptada en Cartagena, decis con fecha 26 de abril de 1815: Nuestra estado miserable no permite anviar más que un navío una fragatas. Véande el ntanero 58 de la Prensa Argentina en 1815, y el namero 78 de la Gaceta de Buenos Aires del mismo año.

(3. Memorial de Chayter (M. 9.)—Nothelas del coronel Seguf.— Véace el número 22 de la Crónica Argentina de 18,16. Archivo de la junta de Buenos Aires (M. 8.) (4) Menorial citado—Informe de la comisión de pa elones de la tunta de Buenos Aires en 1825 (M. S.) <—29al frente de las fortificaciones del Callao y Guayaquil (B).

Todos estos cruceros y muchos otros tan desconocidos como importantes son dignos de figurar en las páginas de la historia nacional; pero tal vez ninguno de ellos presenta el interés del crucero de la fragata La Argentina, al mando del capitán D. Hipólito Bouchard, más conocido entre nosotros con el nombre del capitán Buchardo.

Los maree de, la India y el Pacífico fueron su teatro de acción, dominando en ellos la Polinesia, la Malasia y las costas de California y Centro 'América; destruyendo el comercio español en Filipinas, y después de recios combates, largos trabajos y ,proezas dignos de memoria, dando la vuelta al mundo desde las costas argentinas doblando el Cabo de Buena Esperanza, hasta las de Chile, atravesando los mares de la Oceanía.

Los célebres marinos ingleses II awkina,, Drake, Candish, Dampier y Anson, que haciendo el oficio da corsarios por cuenta de la Gran Bretaña, cra zaron esos mismos mares y hostilizaron csas mis mas costas, no realizaron en ellos hazañas much más grandes, ni consiguieron para su patria ma yores ventajas que las que realizó y produjo el obscuro crucero de La Argentina. Aquellos grandes navegadores y guerreroa reperesentabau, ein embargo, el poder moral de la primera potencia marítima, ante cuya bandera temblaba el mundo; y contaron en sus expediciones con mayores me dios de acción contra un enemigo relativamente más débil. Asimismo, la Inglaterra, tan rica de (6) Memorandum dol admirante Brown, publicado 1 Revista del Plata de 1864—Detenas del almirante Brown ante el ojo de guerra par el caraned Rolán (M. S.) 4 glorias marítimas, les ha consagrado por esos he chos páginas inmortales, inscribiendo su nombre en el catálogo de sus héroes (6). Nosotros apenas conocemos por tradición el nombre del intrépido capitán Buchardo, el primero y el último que hizo dar triunfalmente la vuelta al mundo á nuestr bandera, y el único que hasta hoy haya llevado tan lejos nuestras armas, haciendo pronunciar el nombre de la República Argentina en los más remotos mares por la ardiente boen do sus cuñones!

Estas consideraciones nos han estímulado á escribir estos breves recuerdos marítimos, de una rigurosa exactitud histórica, fundados en los documentos siguientes:

1° Diarios de navegación del comandante Bouchard, cuyo resumen se encuentra en sus partes oficiales publicados en 1819 en un folleto que hizo imprimir su armador.

2° Memoria" manuscrita del capitán José María Piris, comandante de la infantería de La Argentina en su crucero, cuyo original poseemos en nuestro archivo (MS ).

3 Correspondencia oficial del diputado de las Provincias Unidas del Río de la Plata en Chile (gencral Guido), durante el año 1819 en que terminó el crucero, la cual se encuentra íntegra en el archivo diplomático del gobierno (MS ).

4° Noticia sobre el coronel Espora, escrita por un amigo suyo (D. Agustin Wright), publicada con motivo de— su muerte.

(6) V. The Famous voyage of sir Francis Drake iata the south sea. Lond. 1800.—A voyage in the years 174) to 175, by Georges Anson. Lond. 1749.—Dampier's voyage—Neptuno Heroes of the Sea Kings of England, Lont 1353—La Col. de Burney y otras <— 41 Memorándum del almirante Brown por in que respecta al primer corso del Pacífico, 1815 y 1816.

6° Memorial de Ohayter por lo que respecta á él, y referencias & Taylor (M. S.) 7° Viajes del capitán Lafond' por lo que respecta á algunas incidencias en la Oceanía.

Sº Documentos del archivo general de Buenos Aires sobre armamento de corsarios (MS ).

9° Las obras, periódicos de la época y documentos sueltos, tanto impresos como manuscritos, que se citan en su lugar; así como las noticias verbales comunicadas por algunos testigos presenciales y contemporáneos.

II

La Argentina, cuyo estrecho pucnte fué el teatro de los sucesos que vamos á narrar, había pertenecido á la marina española on calidad de transporte, con el nombre de Consecuencia, á que no fué fiel bajo su primitiva bandera.

El modo como pasó á poder de los patriotas, y se enarboló en ella el pabellón argentino, está ligado al nombre del héroe de estos recuerdos.

En 1815 el capitán Buchardo zarpó del puerto de Buenos Aires al mando de la corbeta Halcón, armada en guerra, con destino al mar Pacífico, acompañada de tro buque equipado por los cmigrados chilenos. Las instrucciones del directorio ordenaban & Buchardo ponerse con estos dos buques & las órdenes del comodoro Brown, luego que éste apareciese en aquellas aguas (7) con la expedición que debía establecer el memorable oncero, que tanto ha contribuído á hacer más popular su nombre, realzando las cualidades de su genio emprendedor y aventurero.

La guarnición del Halcón era casi en su totalidad compuesta de argentinos y chilenos voluntarios. Los primeros habían sido reclutados en los tercios cívicos de Buenos Aires (8), y los segundos pertenecían á los emigrados que á consecuencia de la derrota de Rancagua habían pasado la cordillera el año anterior. El jefe de armas del buque era el entoncea capitán D. Ramón Freyre, tan célebre después en la historia de su patria (9).

La flotilla de Brown ee componía de la corbeta Hércules, que le había sido adjudicada en premio de sus gloriosos servicios, y del bergantín del estado Trinidad armados y tripulados ambos por el gobierno de las Provincias Unidas. Al doblar el cabo de Ilornos, la Hércules, sorprendida por una tempestad frente á la isla Madre de Dios, tuvo quo refugiarso en el estrecho de Magallanes, siendo arrojada sobre las rocas y salvando del naufragio con rumbo abierto (10).

(7) Memorandum da Brown. Revista Independiente de La en 1854.Independencia de Chiles por Barros Arana y Reconquista Españolas por Amunategul.—Comunicasión de Walker Davies Chitty, capitán de la Hércules, al director supremo dá les Provincias Unidas, en que hace desde Londres la relación del crucero (M. 9.) (S) Informe del oficial de patriclos D. Juan Lafay, que hizo parte de la expedición, fecha 7 de noviembre de 1816.

(M. S.) (9) Biografía del general Freyres por Barros Arag..

Ostracismo de los Carrera por Vicuta Marenna—aindapendebela de Chiles por Barros Arana. Reconquista s paftolas por Amunátegul.

(10) Comunicación do Cbittv. vá citada. M. 8.) buque que acompañaba al Halcón naufrago á la altura del Cabo, sucumbiendo el ardiente tribuno chileno Uribe, que, no obstante su carácter sacerdotal, había tomado su mando.

Al fin de tantos contratiempos los buques de la expedición se reunieron en la árida isla de Mocha, famosa en los anales de la navegación por haber sido en los siglos XVI , XVII y XVIII el punto de reunión y de descanso de los holandeses, ingleses, franceses y filibusteros, que hicieron del mar Pacífico el teatro de sua hazañas y depredaciones.

Puestos de acuerdo Brown y Buchardo, los dos jefes del corso se dividierou como dos soberanoa el imperio del mar Pacífico. Brown se dirigió & Juan Fernández con intento de dar libertad á loa prisioneros patriotas que allí existían, y Buchardo, cruzando las costas de Chile y del Perú, estableció el bloqueo del Callao. Fué en esta ocasión cuando, al frente de las fortificaciones de este puerto, ee apresó y tomó al abordaje la fragata Consecuencia que venía de España con un rico cargamento, trayendo su bordo al gobernador de Guayaquil nombrado por el rey (10 1/2).

La Consecuencia, armada inmediatamente, pasó á formar parte de la escuadrilla republicana, y con ella y los otros tros buques salidos de Buenos Aires, reforzada con algunos botes armados, el almirante Brown y el capitán Budhardo atacaron por dos ocasiones consecutivas las baterías y la flotilla de cañoneras del Callao, realizando prodigios de valor, que aun cuando no fueron coronados por (10) Relación de Abascalp. Memoria para la bladora de las armas españolas en el Perda por Gareta Cambe —Revista Independiente y citeda—Memorándum de Brown, Reconquieta Españoles (de Chile) por los Amouátegui, 1851, que es la relación más detallada.

el éxito, causaron bastantes pérdidas y grande asombro en el enemigo (11).

Desde este momento empezó á establecerso una rivalidad sorda entre Brown. y Buchardo; pero debo decirse en su honor, que, aunquo uno decía del otro que debía ser colgado de una verga, en los momentos de peligro obraban con decisión contra el enemigo común, haciendo honor á la bandera que los cubría (12).

Así, divididos por el encono, aunque unidos por el interés del corso y la decisión por la causa americana, concertaron un ataque sobre la ciudad de Guayaquil, á cuyo puerto se dirigieron. Alli, mientras el almirante Brown penetró atrevidamente á la ría con un solo buque, batiéndose con las baterías de la ciudad, la guarnición del Halcón efectuó un desembarco, apoderándose por asalto y á la bayoneta de la fortaleza de la Punta de Piedras que guarda la entrada, la que estaba artillada con 12 piezas de á 24 y 28 (12 1/2). El voluntario del tercio de Patricios de Buenos Aires Carlos Martínez, natural de esta ciudad, fué ei primero que escaló la muralla, haciéndose dueño de la bandera que flotaba en lo alto de ella (13).

Malogrado el ataque por parte de Brown, y (11) Relación del gobierno al marqués de la Concordia (virrey Abascals).—Brown, Camba, Barros Arans, Re!ms, as Ohitey, etc.

(12) Revista Independiente—emorárdum, ote. Diario pcaterior de Buchardo.

(12) Este es el número y calibre que lo asigna Ro160 r su ya citada defensa. Lafaya en su informe dice:

Le fortaleza de Punta Piedras, montada de 16 plazas do grueso callbre.> (MSS .) (13) Onclo del coronel de las Tercios de Patricios, don Rla José Ploo, reclamando la bandera como propiedad del cuerpo. (M. S. do 28 de enero de 1817.) tomado éste prisionero con toda su tripulación, después de temerarias hazañas que rayan en lo novelesco, el capitán Buchardo, con el resto de la Botilla, consiguió rescatarlo, intentando un nuevo ataque sobre la ciudad, al que se sigui6 nn tratado que, rostituyendo la libertad al comodoro y demás prisioneros, dejó bien puesto el honor de la bandera argentina con gran utilidad pecuniaria para Jos armadores del corso.

Después de este notablo hecho de armas ostal abiertamente la división entre Brown y Buchardo.

Estos dos héroes aventureros, que no obstante juzgarso recíprocamente dignos do la horca, se admiraban como guerreros, se apoyaban en el peligro y se auxiliaban en los contrastes, convinieron por fin en separarse de común acuerdo, repartiéndose el botín del corso, que era una de las causas de la división. Así se efectuó en una de las islas de Galápagos, tocando en 'suerte á Brown el Halcón, que Juandaba Buchardo, y á éste ln fragata Consecuencia, apresada por él al frente del Callao (14).

Buchardo izó su bandera en la Consecuencia, y nombrando jefe de armas do ella al capitán Freire, so dirigió con eus antiguos voluntarios á Buenos Aires, á donde llegó á mediados de 1810.

Cambiado el nombre de Consecuencia en el do La Argentina, se hizo su armador el Dr. D. Vicente Anastasio Echevarría, que, no satisfecho con la actividad del foro y de la vida revolucionaria en que era actor, quisa correr, por vía do apoderado, como ol bachiller Enciso con Ojeda, las peligrosas aventuras de la mar, embarcando valientemente en la fragata, con la bandera y los (14) Obras ya citadas.—Memorándum.—Corr. de Chitty.

«—48 cañones de la patria (15), una gran parte do su fortuna, y encomendando su honor y su guarda nl capitán Buchardo, en quién su sagacidad adivinó un héroe avonturero (10).

Al finalizar el mes de junio de 1817 se hallaba Ia Argentina en disposición de ir á establecer un crucero en los mares del Asia, donde nunca había flameado la bandera argentina. La fragata era de porte de 677 toneladas, tenía sus dos baterías, era de buen andar y de construcción sólida, á propóeito para una navegación de largo curso. Su ar nimento consistía en 42, cañones de á 8 y 12, divididos en batería alta y baja, de los cuales cuatro cañones montados en bodega, siendo dos de éstos de desembarco (17).

Montaban la fragata como 200 hombrea, en gran parto argentinos, aunque había marinos de todas las nacionalidades de Europa y América.

La infantería, reclutada toda ella en Buenos (15) El artículo 4 del decreto de 1816, sobre el corso, decla: «Se proporcionarán de las almacenes del estado los (adobes, fusiles, nolvora, municiones, que faltasen a los amadores. En el archivo de Buenos Aires existe is Telación del armamento y municiones con que fué auxiliada La Argentins á pedido de Echevarría: de ella y de la patente de corso (M. 9.) bemos tomado el tonelaje, of callbro y el número de los cafiones.

(10) Relación del Dr. Dobevarría en 1819, en que dice:

Cuando me resolvi darle el mando de la fragata, estaba rauy al alcance de su aptitud, y cuando, antes de salir del río llegaron & mis ofdos especies contrariae al juicio que yo me habfa formado sobre ese particular, no me causaron atro efecto que penetrarme dol concepto de que la envidia y la araledicencís están siempre de acuerdo para hostilisez al mérito.s (27) Noticias comunicadas por el coronel Seguf y por el grumete de La Argentina, D. Julián Manrique, posteriormente oficial de la guardie nacional de Buenos Aires, que se cmbares de edad de 15 años en la Argentina.

Airee, en número do 136 hombres, la mandaba el capitán D. José María Piris, natural de Montevideo.

D. Tomás Espora, que después ha inmortalizado su nombre en las guerras marítimas de la República Argentina, de la cual era digno hijo, formaba parte de aquella expedición en calidad de aspirante, á la edad de 19 años escasos (19).

El teniente Nathan Somers, animoso marino inglés que había reclutado una parte de la tripulación inglesa, era el capitán de bandera.

El primer teniente, William Shipsi, era un bravo y experimentado oficial que había servido en la marina inglesa.

Los oficiales Daniel Oliver, Pedro Cornet, John van Burgen, Luis Greyasac, Juan Harris, Miguel Borges, Carlos Douglas y Jorge Miller, completaban el estado mayor; acompañando á Buchardo en calidad de pilotines los dos hermanos de su esposa, Agustín y Cayetano Merlo, cuya familia ha dado nombre á uno de nuestros nacientes pueblos (19).

En la víspera de la partida, y al toque de silencio, estalló á bordo de la fragata una sublevación encabezada por los marinos de distintas nacionalidades, estimulados por los licores. Fué sofocada por la infantería argentina, dirigida por el teniente Somera, trabándose en la batería del entrepuente una sangrienta refricga, de la que resultaron dos muertos y cuatro heridos. Los muertos fireron arrojados al agua y los heridos transbordados á la fraguta de guerra inglesa, la Andrómaca, que á la sazón so hallaba en el puerto (20).

(78) Biografia de Espora por D. Agustin Wright.

(19) Relaciones de los viajes de La Argentina, 1819.

(20) Noticias de Manrique—Doc. del archivo de Bueno Aires, de tocha 20 de junio de 1817. (MS .) En la madrugada del día siguiente, 27 de junio de 1817, La Argentina enarboló su baudera (21), salpicada por estreno con la sangre de sus propios defensores. Inmediatamente se disparó el cañonazo de leva, la fragata desplegó majestuosamente sua velas, y al grito de iviva la patria!, que repitió toda la tripulación desde lo alto de las vergas hasta el fondo del entrepuento, zarpó de balizas exteriores. De allí se dirigió al surgidero de la Ensenada de Barragán, donde se detuvo algunos días (22), y el 9 de julio siguió viaje para las islas de Madagascar, en procura de los navíos de la compañía de Filipinas. Precisamente en ese día se celebraba en la república el primer aniversario de la declaratoria de la independencia argentina, en cuyo nombre y en cuyo interés había sido armada aquella nave, que iba á notificarla á las más remotas playas del mundo, y á pueblos que jamás habían oído pronunciar su nombre (23).

Veinte días después, navegando la fragata en la alta mar del trópico de Cáncer con rumbo al seir tentrión, una luz rojiza iluminó súbitamcute el entrepuente en medio de la noche. El buque se incendiaba. Toda la tripulación acudió presurosa á apagar el fuego, que al fin fué dominado, no sin gran trabajo y algunos estragos.

(21) Nota de Buchardo del 10 de febrero de 1819.

(22) Memoria (manuscrita) del capitán Pirls.

(23) En el preámbulo del decreto de 18 de noviembre de 1919, dice: dio resuelto dar la extensión conveniente a Jas hostilidades en la mar, y hacer más expectables lo perjuicios que el roy Fernando VII en su decreto de 8 de febrero del año corriente, confiesa haberse inferido contra sus vasallos por esta clase de guerra (el corso), sostenionfoia vigorosamente mientras que la España no reconozca la incendcnet proclamada por el congreso soberano del estado.

Así empezó este crucero fumoso, entre la sungro de una sublevación y el fuego de un incendio, que uada feliz auguraba para lo futuro, y que debía agregar uno de sus más brillantes y novelescos episodios á los fastos navales de la República Ar gentina.

III

El capitán Buchardo, á cuya dirección iba fiada La Argentina y su fortuna, reunía en sí, física v moralmente, las cualidades y los defectos de un héroe aventurero.

Al emprender su viajó, en 1817, hallábase en todo el vigor de la juventud, pues sólo contaba entonces poco más de 33 años (24). De estatura lovada, formas atléticas y sólidamente constituído, podía desafiar impunemente la fatiga. De 1.ez morena, cabello obscuro y recio, y ojos negros, rasgados, penetrantes y duros, todo revelaba en él un temperamento ardiente. Una expresión de energía, más bien fría que serena, que como la quietud del mar, hacía presentir las borrascas de una naturaleza que se contenía, era el carácter. distintivo de su fisonomía regular y simpática. Marchaba siempre crguido, con su cabeza abultada echada lincia atrás, raostrando en sus ademanes resueltor la voluntad deliberada de un hombre de acción y el aplomo del hombre de mando. Vigilante, sobrio, habitualmente bondadoso, de una imaginación fogosa y vagabunda, á la par que de una prudencia fría, abrigando en su alma el entusiasmo por su patria adoptiva y el anhelo de la riqueza, era el (24) Foja de servicios (M. S.). Este documente, armado por el coronel D. Juan Ramón Rozas, lleva la fecha de 17 de mare de 1814, y eu él se le anotan 29 años.

S hombre á propósito para mandar aquella reunión de hombres mauconunados por los mismos intereBC s y pasiones, á los que él servía de centro y de vínculo, subordinándolos al doble objeto que él jefe debía tener en vista (25).

Era Buchardo natural de Saint—Tropez (Francia), y criado en un puerto do mar. Su primer ejercicio habían sido la navegación y el comercio.

Hallálase en Buenos Aires al estallar la revolución del 25 de mayo. El año 10 había forniado parte de la primera esouadrilla que armó el gobierno revolucionario á las órdenes de D. Juan B.

Azopardo. Mandando el bergantín 25 de Mayoque era el buque de más fuerza, se halló el año 11 en el combate naval frente á San Nicolás de los Arroyos, donde fué destruída completamente la flotilla patriota, quedando seriamente comprometida la reputación militar de Buchardo, pues su comportación en aquella ocasión estuvo muy lejos de hacer presentir un héroe (26). Buscando rehabilitación ú obedeciendo á los instintos de su genio' aventurero, quiso hacer la guerra en tierra firme, ya que en las aguas había sido tan poco feliz, y se alistó en 1812 en el famoso regimiento de Granaderos á caballo que organizaba San Martín. A sus órdenes se halló el año 13 en el combate de San Lorenzo, tocándole la fortuna do arrebatar de manos del enemigo la bandera española, que fué el trofeo de aquella jornada, aunque algunos le disputen esta gloria, que, sin embargo, se funda 125) Tu(ories del coronel Regut y del teniente Manrique.

(26) Parte del combate de Sau Nicoiás, publicado pc:

la Gacta de Buenos Aires de 1811.—1dem de Romaratepublicado en la Gaceta de Montevico dol mismo año—le10.al de D. Juan Bautista Azopardo. Foja de servicios (MSS .), en el testimonio del mismo general San Mar tín (27).

Habioudo reconquistado á caballo la fama que había perdido montando un buqué de guerra, el jinete volvió a convertirse en marino, y combinando el amor de la libertad con la guerra, el comerciu y las aventuras marítimas, se hizo armador y corsario, y en esta calidad lo hemos visto mandanlo la corbota Halcón en su crucero del Pacífico, siguiéndole ahora en su ntrovida expedición á los Dares de la India, que debía poucr á prueba su constancia, realzando sus notables cafidades de ruando, á la vez que dando ocupación á su imaginación fecunda y alimento á su carácter emprendedor y fogoso.

Cuarenta días después de la partida de la Ensenada de Barragáu navegaba La Argentina en el mar de las Indias, siguiendo la prolongación de las costas del Africa, y el 4 de septiembre dié fondo en el puerto de Tamatava, isla de Madagascar.

Para honor de la bandera argentina, su aparición en aquellas aguas fué señalada por un triunto de la libertad humana, en cuyo nombre había sido enarbolada por las Provincias Unidas, Hallabanse á la sazón en aquel puerto euatro buques ingleses y franceses ocupados en cargar esclavos comprados en la isla, y requerido por un comisario inglés para que impidiese aquel inhumano tráfico, el capitán Backardo, poniendo sus cañones al (27) Parte del contbate de San Lorenzo, publicado en ol númerc 44 de La Gaceta finisterial de 1813, donde se lou lo siguiente: Pongo en manos de V. E, una bandera que la rrancó con la vida al abanderado el valicate oficial don páilto Buchardos.—La tein de servicios io confirma (1. 8.J servicio de la humanidad esclavizada, y cunse enente con la inmortal declaración de la asamblea argentina el año XIII , impidió que se consummaso aquella iniquidad. Por el espacio de diez días se mantuvo en el puerto vigilando á los traficantes de carne humana, hasta que fué relevado en tan noble objeto por la corbeta Combay, de S. M. B., cuyo jefe le dió las gracias en nombre de la ciriJización (26).

Inaugurado así el crucero, se dirigió la fragata hacia las costas de Bengala, en procura siempre de las naves de la compañía de Filipinas; pero loa corsarios americanos habían hostilizado tan eficazmente al comercio y á la marina de la nuadre:

patria, que hacía más de tres años que no se veía una sola vela española en aquellas aguas, que en otro tiem había dominado.

En consecuencia, se dirigió á la isla de Java, pasando por el estrecho de Sonda, y en su travesí:

bajo aquellas ardientes latitudes, la enfermetal, el mayor enemigo del hombre en las largas navegaciones, atacó seriamente á la tripulación, al extremo de no pasar un día sin que se arrojase algún cadáver al agua, y de tener en el hospital cerca de cien enfermos á la vez. "La expedición llegó á tal conflicto, dice Buchardo en su diari que sólo la constancia y el honor pudicron superarlo" (29).

Luchando con tan serios inconvenientes, Heg la expedición á la isla de la Cabeza de Java cl día 7 de noviembre, donde fueron puestos en tierra todos los enfermos devorados por el escorbuto, (28) Relación de les viajes de La Argentina, 1819 (foHeta).

(29) Memorla manuscrita del capitán Pirls—Nota oncial de Luchards ..

alojándolos en tiendas de campaña. Al cabo ocho días de cuidados, viendo que los enfermos no mejoraban, el cirujano aconsejó, como último remedio, que fuesen enterrados vivos. En cons cuencia, se abrieron en la playa fosas de cuatro pies de profundidad, donde, colocados los enfermos, eran cubiertos do tierra hasta el pescuezo, repitiándose esta singular operación terapéutica por varias veces, hasta que sanaban ó morfan, pucs, según las candorosas palabras del reductor del diario, "los pasados del mal murieron a la hora de estar enterrados, y los demás mejorarou" (30).

Con más de cuarenta muertos y el resto en un estado de debilidad tal, que los artilleros no tenían fuerzas para manejar los cañones, dióse de nuevo á la vela la fragata, eu procura siempre de velas españolas, quo no aparecían en ningún punto del horizonte, siguiendo su derrotero por aquel vasto archipiélago, dominado entonces por los piratas malayos.

El 18 de noviembre dejó La Argentina la isla de Java y el 7 de diciembre se hallaba en medio del estrecho de Macassar, detenida por ias desespe rantes calmas del trópico. A las 12 de aquel día el vigía señaló cinco embarcaciones bajas que aparecían en el horizonte. Poco después se vió que erau cinco Proas, buques piratas de vela y remo, qu Hevaban sus doa proas armadas con cañones, de donde les viene su nombre. En medio de la calma avanzaban á fuerza de remo, especialmente la mayor de ellas que traía diez remos por bauda. Tomando sin duda á la fragata por un buque mercante, no tardó en dejar muy atrás á la flotilla pirata, abordándola por el costado de babor, fijan (80) Relación de los viajes de La Argentina.

uo una bandera negra en señal de duolo á muer La tripulación de La Argentina, aunque imposibilitada de hacer jugar su artillería, se había apercibido al combate al amago del peligro, y armada de fusilcs, sables, pistolas y picas de abordaje, rechazó con vigor el inopinado ataque de los piratas, que hasta aquel momento se habían mantenido emboscados bajo un tejido de paja que cubría la embarcación.

El teniente Somers, que tenía el coraje ardiente de la sangre, se lanzó espada en mano sobre la Proa, seguido por un destacamento de marinos armados de pistolas y machetés de abordaje, mientras la infantería hacía fuego desde la batería alta. En la refriega cuerpo á euerpo que se siguió, Fueron gravemento heridos siete hombres de La Argentina, entre ellos el contramaestre y los tenientes Soiners y Greyssac, que no por eso dejaron de combatir al frente de los suyos (31).

Pero oigamos la relación de Buchardo, que nadie describe mejor los combates que los mismos actores, dándoles el sangriento colorido de la verdad.

"A la bora y media de fuego y del golpe de las armas, dice Buchardo en su diario, el capitán de la Proa, viendo frustrados sus designios, se dió dos puñaladas y se arrojó al agua. Lo mismo hicieron otros cinco, y el resto de la tripulación se defendió muy poco tiempo después, desmayada sin duda por la desesperación de su jefe y de los que lo siguieron, no menos que por la multitud de muertos y heridos que tenían sobre cubierta, y cuyos gritos debían consternarlos" (32).

(51) Testimonio de Manrique. Relación de los viajes, etc.

Memoria de Pirls. (MS .) (32) Relación de los viajes de La Argentina, por.cbardo.

M 55 Posesionados los vencedores de la Proa, encontraron en ella cuarenta y dos hombres vivos y como otros tantos muertos y heridos. Los piratas prisioneros, animados de una ferocidad salvaje, intentaron substrarse á su suerte, aun después de rendidos, atentando contra sus vencedores ó siguiendo el ejemplo de su jefe; pero, amarrados todos ellos con cordeles, se entregaron á una sombría desesperacióún, clavando en el cielo los ardientes ojos que distinguen á la raza malaya, Inniediatamente reunió Bucharlo á su oficialidad en consejo de guerra, en el entrepuente, y considerando que hacía poco que los piratas habían tomado uu buque portugués, asesinando toda su gente, pronunció la sentencia de que los prisioneros debían ser tratados como tales piratas. ProBunciada la sentencia, bajó un oficial y dos carpinteros armados de hacha á la Proa. Extraídos de ella los prisioneros más jóvenes, hasta el número de veinticuatro, los palos fueron derribados, la batería alta hizo fuego, y la embarcación Be Emnergió á los gritos de j Alé! ¡Alá! que repetía en coro el resto de sn tripulación condenada al sacrificio (33).

Las otras cuatro proas que no se habían presta dentro del tiro de cañón, huyeron á todo remo y Bo perdieron luego en el horizonte.

Así es cómo aquella embarcación que había salido á cruzar los mares en busca de tesoros y buques españoles, se ensayaba en su crucero, aleanzando dos victorias benéficas para la humanidad primera sobre los traficantes de carne bumana que violaban las leyes de Dios, y luego, (33) Relación de Ina vlajes, etc. Memoria de Piris. Tea tarania de Manrique.

haciendo una terrible justicia en medio de la soledad de los mares, castigando á los que violaban las leyes de los hombres, IV .

Siete meses después de su salida, al empezar el año 1818, se hallaba La Argentina navegando en el mar de Cebeles. Después de refrescar sus vívores en el archipiélago que media entre Borneo y Mindanao, el 7 de encro puso la proa á Filipinas, lirigiéndose á la isla de Luzón, base y centro del poder colonial de la España en la Malasia..

El 31 de enero estableció Buchardo su crucero sobre la isla do Luzón, dominando desde luego el puerto y el estrecho de Manila, como dueño y señor de aquellas aguas, donde años antes el almirante Anson se había cubierto de gloria y oro mandando el Centurion (34).

La situación de La Argentina no dejaba por esto de ser muy peligrosa. Hallábanse en el puerto de Manila dos navíos de la compañía de Filipinas, el San Fernando y el Rosel, y una corbeta de guerra española, á lo que debe agregarse una flotilla de faluchos armados do dos cañones cada uno, que hacían el servicio de guardacostas. Todo esto, unido á los recursos militares que podía suministrar la capital de la colonia, hacía posible que los españoles intentase un ataque sobre el corsario argentino. Así dice Buchardo: "Hallándose los nemigos con fuerzas tan superiores, yo esperaba un ataque. Vivía con precaución, pero sin temor.

La resolución de los argentinos era decidida por el (34) V. viajes del almirante Anson, etc.

triunfo ó la muerte, á pesar de la poca gente que me había quedado" (35).

Los españoles no intentaron, sin embargo, ninguna hostilidad para levantar el bloqueo, y se limitaron á desarmar sus baques, asegurándolos dentro del puerto, bajo los fuegos de sus baterías, prohibiendo la salida de todo buque mercante.

El bloqueo fué mantenido por dos meses cousecutivos, hasta el 31 de marzo de 1818, apresando en este tiempo diez y seis buques mercantee con bandera española, cargados de productos coloniales, todos los cuales fueron immediatamente echados á pique á la vista del puerto de Manila.

Dominado el estrecho de Manila, y reducida In guarnición do Luzón á vivir de arroz y agua, resolviú Buchardo trasladar su crucero al norte de In isla, en el canal de los Galeones.

El 9 de abril, navegando la fragala en aquellas aguas, se avistó un bergantán con bandera española, procedente de las islas Marianas, y al parecer armado en gucrra. Era sólo un buque mercant::

con dos cañones y con gente armada á su bordo.

En el momento de avistarse los dos buques, reinaba una profunda calma. El bergantin en el actu en que vio la fragata, cuya fama se había extendido por todo el archipiélago, viró de bordo, y echando sus embarcaciones menores al agua, se hizo remolcar por ellas, procurando ganar el bajo fondo de la costa, donde no podía ser perseguido por el corsario. Gracias á esta maniobra pudo salvarse en el puerto de Santa Cruz, cuya población se armó para apoyarlo.

No por esto renunció Buchardo á la empresa de apoderarse de él.

(35) Bucharda, relación de los viajes de La Argentina.

Ilizo arimar tres botes con un pedrero y varios esmeriles cada uno de ellos, confiando el mando del primero al teniente vou Burgen, el. del segundo á Greyssac, y al valiente Somers el del terecro y la dirección de la operación. Somers, que moutaba el boto mojor armado, y tripulado por veiute hombres, se adelantó imprudentemente so hreel bergantin, y antes de poder ofenlerlo con su pequeña artillería, empezó á sufrir el fuego de sua cañones de superior calibre. No obstante esta desventaja, continuó avanzando hasta el costado del buque enemigo, dejando muy atrás el resto de la flotilla, enpeñándose en tomarlo al abordaje. Rechazados los asaltantes por el fuego de mosquetería y las picas de abordaje de los del berganiíu, en la confusión se cargaron sobre una de los costados del bote, que con el peso zozobró. Reducidos los marinos argentinos á defender su vida contra las olas, hallándose heridos una parte de ellos, fueron conardemente asesinados á lanznzos los que intentarou buscar su salvación al costado de sus enemigos.

Así pereció el toniente Somers y catorce de sus compañeros, consiguiendo salvarse á nado tan sólo cinco, que fueron recogidos por los otros botes.

Tno de los náufragos se hallaba atravesado de un lanzazo, y al poner el pic sobre el puente de la fragata, expiró cu brazos de sus compañeros de armas (36).

A vista de aquel espectáculo trágico, en presencia de la bárbara conducta de los del bergantín, y llorando la muerte de su valiente capitán de bándera, en quien perdía su brazo derecho, se encenlieron las nobles iras de Buchardo, que resolvió á todo trance apoderarse del buque encinigo.

(36) Memoria (MS .) de Piris,—Nota de Buchardo Eu consecuencia, se dirigió con tal propósito á un puerto distante seis leguas, donde, tomando una goletilla de poco calado, á propósito para navegar en aquellos bajos fondos, y armándola con una carronada de á doce y cuatro pedreros, puso á su bordo 35 hombres de tripulación, confiando su mando al teniente Greyssac, ó Crecay, como le llama él' en su diario de viaje.

Ea la madrugada del 10 de abril se separú la Foletilla del costado do la fragata, y en la tarde del mismo día penetrú resueltamente en el puerto de Santa Cruz, en cuya ribera se veían como 200 hombres armados, entre tropas y paisanos, que con un cañón de á 4 en batería, apoyaban al bergantín, No obstante estos preparativos, que hacían presenlir una resistencia vigorosa, el beragutin fué abandonado el amago del ataque, trabándose en el acto un cañonco con los de tierra, do que resultó la completa derrota de los del puerto, que huyeron dejando en el campo su artillería y algunos muertos y heridos. Después de este pequeño triunfoel bergantín, fuó sacado sin dificultad del puerto.

Armado ligeramente y puesto á su bordo una corta guarnición argentina con algunos marinos, fué destinado á reforzar el crucero. Pero esta presalejos de ser de alguna utilidad para el corso de La Argentina, debía ser causa de que se debilitase más aun, como se verá (37).

Habiéndose apresado al norte de Luzón una goleta con caudales y ricamente cargada por cuenta del roy de España, que se dirigía á la isla de los Batanes, y enviado á su bordo una guarnición de ocho marineros y un oficial, apenas se habían 127) Memoria (MS .) de Piris.—Rela:Jón de los viajes de La Argentina.

trasladado los prisioneros á la fragata, sopló una furiosa brisa del NE . que la separó de los demás buques.

Dos días se mantuvo á la vista la golota, et medio de un recio temporal, que impedía comunicarse á ambos buques: al tercero no se le volvió á Ter más. El cuarto día volvió á avistarse el bergantin tomado en Santa Cruz, que durante ocho días había luchado con las tempestades. Ambos buques navegaron en conserva hasta el ó de mayo, en cuyo día también se perdió de vista para siempre.

El 8 cutró la fragata al puerto de Sau lidefonso, para donde se había dado cita al bergantín. En vano lo esperó Buchardo por espacio de quinee días: ni el bergantíu ni la goleta volvierou á reunfrscle y así se perdió la presa más valiosa del crucero, el buque con que contaba aumentar su poder marítimo y una no pequeña parte de su guarnición, que en el estado en que se hallaba, lo dejaba sumamente debilitado.

A pesar de estos contratiempos, el ánimo del capitán Buchardo no desmayaba.

Noticioso de que hacía más de tres años que las comunicaciones entre Filipinas y Acapulco y San Blas so hallabau totalmente interrumpidas, pue:

á tal impotencia se hallaba reducida la marina española, que no podía proteger el comercio de sus mismas posesiones, resolvió abandonar el crucerc del archipiélago, dirigiéndose á Cantón, en donde debían hallarse algunos buques despachados por la compañía de Filipinas.

El 21 de mayo puso la proa on aquella dirección y luchando con recios temporales siguió hasta la latitud 40 y 41 norte. A esta altura empezaron á escasear los víveres y los enfermos convalerienfes volvieron & recacr, acrescuténdose la mortaliclad al punto de haber día de arrojar tres cadiveTs al agua.

En consecuencia, desistiendo de su viaje á las ostas de la China. resolvió dirigirse á las islas de Sandwich. Allí dobían tener lugar las más singulares aventuras de esta odisea, precursoras de otras hazañas extraordinarias que coronarian dignamente tan nobles y largas fatigas.

V El 17 de agosto de 1818 llegó La Argentina al archipiélago do Sandwich, que el comandante de la infantería argentina llama en su memoria do "San Duche".

Hacía treinta años que reinaba en aquellas islas el célebre Kameha—Meba, apellidado Podro el Grande de la Mar del Sur, á quien Vancouver había conocido á finos del siglo pasado (38). Esto soberano famoso, que reunía á las cualidades del guerrero la inteligencia del hombre de estado en una sociedad rudimentaria, había encontrado aquellas comarcas en el estado salvaje entregadas á prácticas bárbaras y sangrientas, y divididas y tirizadas por reyezuelos independientes. El, por medio de las armas y la persuasión, formé de todas las islas una sola nación, reformó su código religioso, suavizó sus costumbres, organizó su ejérci10, abrió las puertas á la civilización europea sin tas) *Viaje de descubrioiientos en el Océano PauTrico, tc., de 1790 a 1795, Londres 1788.—Vlaje de Katzbues.

—Puede verse el retrato de este cálebre reg, ejecutad por el dibants de la expedición rusa do Kotzbuc, en el evlaje pintire cos, de Dumont de D'Urville.

abjurar de sus crecmcias ni chocar con las ideas nacionales, y prudente á la par que enérgico, ac hizo roverenciar de los suyos, haciéndose respetar do los extranjeros que llegaban á sus playas (80).

Esto famoso soberauo fué el primero que reconoció ante ol mundo la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, como se verá más adelante.

18 dió fondo la fragata en la bahía do KaTakakowa, capital del reino, situada en la isla de Hawai, donde pereció el célebre capitán Cook, quo tuvo la gloria de volver á encontrar aquol archipiélago perdido para la civilización donde debía encontrar también su glorioen tuinba aquel genio benéfico de la Occanía.

Hallábase en aquel puerto un buque de guerra desmantelado, con 18 portas vacías y sus correspondientes cañones y demás pertrechos de guerra ontonados en la playa. Aqeel buque era la corbata Santa Rosa, más conocida con el nombre de Chacabuco, que después mantuvo con honor. Esta corbeta, armada en corso con la bandera argentina, y cuya tripulación se había sublevado no haeía mucho, cometiendo actos de piratería en las costes de Chile y el Perú, había sido vendida al rey del archipiélago, por dos pipas de ron y seiscientos quintales de sándalo, Kamcha—Mcha, en su propósito de robustecer su podor, había aproveeldo aquella oportunidad de aumentar su marina, permitiendo á una parto de los sublevados resichir en las siete islas que le obedecían, hubiondo las demás partido para Cantón, en un buque que fletaron para el efecto.

Noticioso Buchardo de este hecho, de que fué (29) Capitán Laferd, Mers du Sur, etc. Parts, 1844.

instruído por un buqoe neutral del que habia extraído nueve de los sublevados y que al cutrar á Karakakowa llevaba asegurados en la barra, tomá á pechos lavar aquella mancha de la bandera argentina, rescatando el buque y castigando á þe criminales. La empresa no era muy fácil teniendo que tratar con un soberano ten bábil y tan pode roso como Kameln—Meha, asesorado por varios 11orteamericanos quo lo rodeaban.

Sin perder tiempo se dirigió Buchardo á la residencia del rey, distante siete leguas al interior de la isla de Hawai, que lo recibió con gran ceremonia, vestido con su brillante uniforme de capitán de la marina inglesa, Un norteamericano que hacía el oficio de secretario de Kainaha—Moha, sirvió de intérprete para la conferencia.

Buchardo reclamó la Chacabuco como portanoncia de las Provincias Unidas, y los marineros que se hahhabau asilados en la isla como reos de la nación á que pertenecía aquel buque, para que según sus leyes fuesen juzgados y castigados ó absueltos.

El rey soetuvo su derecho de propiedad, agando que él había comprado aquel buque, y que loa anarineros le habían ocasionado grandes erogaciones. Al cabo de una larga discusión, en que el secretarlo norteamericano se puso de parte del buen Gerecho, contino el rey en entregar la corbeia con tal que le reembolsasen el valor del sándalo que había dado por ella, así como los marineros asilados, toda vez que se le indemnizaso de los gastos que la habían ocasionado. Sobre esta basa se firmó el 20 de agosto de 1818 ontre Kameha—Media por parte del reino de Sandwich y Buchardo en nombre de las Provincias Unidas del Río de la Plata, un tratado de "unión para la paz, la guerra y el comereio, reconociendo el rey la independencia argratima, obligándose á poner á disposición de su gos bierno todo buque que llegase á aquellas islas, como la Ohacabuco, á suministrar los anxilios que necesitasc la fragata" incluso algunos naturales para aumentar su tripulación, además de los mariroros asilados, que según noticias pasaban de setenta.

El capitán Budharrdo, congratulando al rey, le regaló ana rica espada, sus propias charreteras de comandante y su sombrero, presentándole, & nombro de las Provincias Unidas del Río de la Plata, un despecho de teniente coronel con un aniforme completo de su claso (40).

Así pues, el reino de Sandwich fué la primera potencia que reconoció la independencia del pue blo argentino.

Este triunfo diplomático del corsario, es una do las singularidades dol memorable crucero de La Argentina, eu que su comandante, en el espacio de dos años, desempeñó tan diversos papeles, libertando esclavos, castigando piratas, estableciendobloqueos, dirigiendo combates, negociando tratados, y como se le verá más adelante, asaltando fortificaciones, dominando ciudades, forzando puertos para ir á terminar su odisea jen una prisión!

Inmediatamente de entregar al rey el valor estipulado, so recibió Buchardo de la Chacabuco y se ocupó con actividad de ponerla en estado do servicio, á fin de que pudiese acompañarlo en su corso, cohando para el efecto mano del armamento de la Argentina. Al efecto comisionó á su srgundo teniente D. Pedro Cornet, confiándole al mismo tiempo el mando de la corbeta, quien en (40) YMS .) de Piris. — Rel. de Buchardo.Noticias de Manrtuue ocho días la dejó completamente lista para hacerse á la mar, enarbolando de nuevo en ella la bandera argentina, deshonrada por los sublevados en las aguas del Pacífico.

Buchardo, onpero, no se consideraba entiafecho mientras no castigase á los criminales. En esto sentido insistió tanto cerca del rey, que éstaviéndolo al frente de un poder naval que no le cra posible contrarrestar, y temeroso de alguna injusta agresión por su parte, le ineinió que siendo aquella isla escasa do víveres, se los haría proporcionar en la inmediata do Morotoi, donde le gerfan entregados los marineros asilados.

En consecuencia de esto, la fragata y la corbeta navegando en conserva se dirigieron a la isla indicada el ó de septiembre, llegando ú ella el día 8; entregándosele allí los víveres ofrecidos y diez y nuevo liambres de los sublevados, que según las palabras de Buchando, "le costaron más caros que si los hubiese comprado como esclavos".

De Morotoi dió la vela para la isla de Wahoo, donde le fué entregado el resto de los asilados en los dominios de Kameha—Meha, quedando asf fielmente cumplido el tratado que había ajustado con Bucbrardo.

Noticioso de que los cabezas del motín se habían refugiado en la isla de Atoy, que á la sazón era regida por un rey independiente, despachó cerca de edte soberano, en calidad de embajador, al coman dante de la infantería, don José María Piris, pues, como dice éste en su Memoria manuscri ta, "ern necesario que se mandase una embajada á aquel soberano, con las correspondientes creden ciales, para que no embaraza la toma ó entrega de los piratas, y acepté la comisión arrastrando los peligros más graves, estando veintitrés días en la práctica de los medios convenientes para la consecución del intento". Como se ve, todos los oficiales de La Argentina se habían convertido en hábiles diplomáticos á imitación del jefe del crucero.

El 1° de octubre fondearon los dos baques ar gentinos en el puerto de la isla de Atoy, dondo se hatlaba el capitán Piris, que les había precedido á bordo de una fragata norteamericana, cuyo cargamento hubo de causar la ruina de la expedición, como se verá después.

Allí encontró Buchardo aseguralos á los cinco cabezas del motín de la Chacabuco, y puestos á disposición de Piris en el fuerte artillado con piezas de á 24 que defendía la entrada del puerto, Inmediatamente se les sujetó á juicio, se reunió el consejo de guerra y por unaninidad fué condonado á muerte el más culpable de ellos, poniéndosele en capilla para ser fusilado al día si guiente.

En la noche el rey de la isla dió escape al reo.

Buchardo bajó á tierra á exigir su entrega, que le fué negada con altanería. Irritado Buchardo y resueito á obrar con energía, se despidió del roy diciéndole que él saría responsable de las resultas.

El rey le contestó con salvaje arrogancia: "Si la sultas se reducen á balazos, por cada tiro de su buque responderé con 24 de mi parte, pues para esto son los cañones que tengo".

Oigamos al mismo Buchardo en este trance.

"Comprometidos así la justicia y el honor del pabellón que tromnolaba en mi bitque, fué necosario apelar á la fuerza.

"Me reembarqué immediatamente, dispuse la batería de La Argentina, mandé eurojccer cincuenta balas, y di ordené la Santa Rosa ó Chacabuca para que se pusiese á combate, dando o costado á un ángulo del fuerte, y yo con el mío á otro, esperando la resolución del rey al vencimiento de las seis horas que le habín fijado en ini despedida.

"Sin embargo de su arrogante contestación, 61 entró en cuidados, mandó un jefe para que observase mis disposiciones, é instruído de ellas, me mandó un mensaje por medio de uma conna, asegurándome que á las ocho del día siguiente tendría el reo á mi disposición.

"Al acercarso la hora couveuida me aproximé ad fuerte, maniobrando do manera que se comprendiese que no eran vanas mis amenazas si no se cumplía la palabra dada. A la hora concertada me notició el rey que el reo estaba en el fuerte & mi disposición. Bajó á tierra inmediatamente con parte de la oficialidad de ambos buques. Luego que fué entregado el reo, se le leyeron sus declaraciones, y úl nada más ropuso, sino que todos cran cómplices como él. Se le dieron dos horas de término para que se reconciliase con ci Todopoderoso, y cumplidas, fué pasado por las armas a las 11 del ó de octubre.

"Concluída así una diligencia que contemplé de importancia, para refrenar tan punibles atontados, me hice á la vola, el 25 del propio mes d octubre, dirigiéndome á la costa de la Alta California, y el 22 de noviembre fondeamos en la balía de Monterrey, capital del golfo" (41).

Aquí se abre otra escena más vasta, y aquí veremos realizarse los hechos más memorables del crucero.

(41) nel de los visies do la Argention.

La expedición, compuesta de dos buques que reunidos podían hacer jugar 56 cañones, refor zada cor 60 hombres de la primitiva tripulacibu de la Chacabuco y 30 naturales de la isla cedidos por nuestro aliado Kamela—Meha, se hallaba en estado de acometer empresas más atrevidas.

Buchardo, siguiendo el ejemplo de su predecesor sir Francis Drake, que ha dejado su nombre esorito en la geografía de California, se decidió á ir á establecer su crucero sobre las costas de Méjico por la parte del Pacífico, con el ánimo de hoetili2ar vigorosamento sus poblaciones, destruyendo en sus puertos los restos del poder, naval de la España en América.

Con tal propósito dió la vela desde la isla de Morotoi (Sandwich) el 25 de octubre de 1818, dirigiéndose á las costas de la Alta California.

El 22 de noviembre fondeó la expedición á la.entrada de la bahía de San Carlos de Monterrey.

Al decidirso á iniciar sus operaciones por este punto, fué porque, siendo este pueblo la capital de la Nueva California, y teniendo á sus inmediaciones ricas mings (48), era probable que se eucontrasen en él algunos tesoros pertenecientes al rey de España, y en su puento algunas naves de guerra enemigas que hubiesen ido á refugiarse allí huyendo de la escuadra independiente mandada por el almirante Cochrane, terror entonces de aquellos mares. Otra circunstancia le decidió además á ello, y fué, que, según los informes que tenía, las baterías del puerto se hallaban desman.

(43) V. Humboldt. Ensayos sobre Nuova E—paña haladas, y la población sin medios eficacos de cofens. No era asf, sin embargo (44).

Se recordará que el capitán Piris se había trasladado á la isla Atoy en una fragata americana El cargamento de este buque consistía en una docana de piezas de grueso calibre, que llevaba con el objeto de negociar con ellas. En una comida que dió á sui bordo á la oficialidad de la expedición argentina, uno de los convidados dejó imprudentoamente trascender el plan que ocupaba & su comandante. Inmediatamente se había dado á la ve la la fragata americana, y dando la alarma en Monterrey, consiguió vender á buen precio la mercancía bélica.

El gobernador de Monterrey, impuesto del peligro, puso á la población sobre las armas, pidió refuerzos de tropas al interior, rehabilitó las baterías artillándolas con 18 piezas, y estableció á lo largo de la costa nuevas baterías provisionales para situar convenientemente la artillería volante le que podía disponer.

Así apercibidos al combate, esperaban los de Monterrey el ataque de los corsarios argentinos.

El plan de Bucbardo era hacerse preceder por la Chacabuco con bandera americana, entrando ól eu seguida durante la noche con la Argentina; y después de informado por el comandante de quella del estado de defensa del puerto y de los reovreos de que podia disponer para una resistencia, efectuar su desembarco y posesionarse de la población.

Tan prudente plan fué frustrado por varios accidentes.

Al entrar en la bahía sobrevino una gran calma.

(44) Noticias verbales de Mantin Eran las cinco de la tarde, y los buques de la exFerlirión distaban aún como dos leguas del punto donde debía verificarso el desembarco. Echando, sin embargo, al agua sus embarcaciones menores y haciéndose remolcar por ellas, consiguieron al canzar la boca del puerto.

Rechazada por las corrientes del puerto, la fragata tuvo que dar fondo en quince brazas de profundidad, y á distancia de dos millas de la población.

La corbeta, buque más ligero y de mejor corte, pudo penetrar en la noche al interior del puerto y echó sus anclas á tiro de pistola de la costa, á la sombra de un promontorio, cuya forma no pudo distinguirse en la obecuridad. Aquel promontorio cra el fuerte que defendía la bahía con dos batería en gradientes, con tiros fijantes sobre él.

En esta disposición, el capitán Buchardo dispuso que su primer teniente, D. Guillermo Shipre, quo había reemplazado al malogrado Somers, tomase 200 hombre de fusil y arma blanca de la guarnición de La Argentina, y que en sus botes so trasladase con ellos á la corbeta, ordenándole que inmediatamente efectuase el desembarco.

Esta operación fué fatigosa: la gente llegó á la corbeta con más disposiciones de descansar que de combatir, y el mismo Shipre, marino experimentado y valiente, se entregó á una ciega confianza y pasó la noche sin cuidarse mucho de lo que pudiese suceder.

Ya empezaba. á amauecer cuando un grumete se acercó respetuosamente á Shipre á hacerle presento que el día venía y que se hallaban bajo los fuegos de una batería. Shipre sobió á la cubierta y se cerciorú de que en efecto se hallaba bajo la boca amenazadora de 18 cañones. Ya no era tiempo do efectuar el deserubareo, ni de retirarse, y tuvo que decidirse por el combate.

Izan bandera argentina con grandes acla:

maciones, rompió el fuego la Chacabuco sobre el fuerte. Las dos baterías del fuerte, apoyadas por piezas volantes que cruzaban sus fuegos á ranguardia de ellas, contestaron con ventaja y viveza los tiros de la corbeta, sin perder una sola de sus balas. A los 15 minutos de combate la posición le le Chacabuco fué insostenible: acribillada de parte á parte, con su maniobra inutilizada y sombrado su puente de muertos y heridos, tuvo que rendirse bajo el fuego incesanto del enemigo. Así dice Buohardo, que presenciaba ol combate sin poder toniar parte en él á causa de la calma: "á los diez y siete tiros de la fortaleza ture el dolor do ver arriar la bandera de la patria".

Oigamos sus propias palabras en este momento de prueba:

"Los botes regresaron de la corbeta oon poco orden, trayendo el que más cinco honbres: así no tonía á bordo de la fragata 'sino 40 hombres, inclusos comandante y último muchacho. Toda la gente de la corbeta estaba on poder del enemigo, pero date no la había bajado a tierra, y ee coutentaba von cañonear el buque, para que desenvergase y aferraee velas como lo ejecutaba, sufriendo inientras tanto un vivo fuego, de modo que la corbeta fué pasada á balazos de un costado al otro. Mi situación en este instante fué riesgosa, pero procuré conservar sereno el espíritu" (45).

En aquel momento sopló una brisa que permitió á la fragata acercarse á tiro de cañón de la forta.

(45) Note de Buchardo en la Relación, etc.

leza poniendo la corbeta bajo la protección de sus fuegos.

En seguida despachó un parlamentario á tierra exigiendo se le permitiese sacarla de su fondeadoro, sin que fuese molestada.

El gobernador de Monterrey contestá de oficio que sólo permitiría sacar el buque mediante una fuerte suma que fijó por el rescate.

La respuesta del gobernador manifestaba poca decisión. Como el objeto de Buchardo ara únicamente ganar tiempo hasta la noche para poner en ejecución un nuevo plan que había concebido, todos sus esfuerzos se contrajeron á garantizar á la corbeta de un nuevo cañoneo, para lo que bastaba la posición que había tomado.

Tal era el estado de desamparo de las posesiones españolas durante la revolución americana, á consecuencia de la anulación de su marina, que en el puerto de Monterrey no existía en aquella época ni un bote por medio del cual pudiera comunicar con la corbeta rendida; así es que, aun cuando los encomigos cantaran victoria desde lo alto de sus muros, se veían en la imposibilidad de recoger sus frutos. Al llegar la noche se entregaron á la más ciega alegría, y mientras en la corbeta sólo se oían los lamentos de los heridos, se porcibían desde ella en ol fuerte la música y el bullicio de los festejos que celebraban la derrota de los argentinos.

A las nueve de la noche se acercó á la corbeta un bote de La Argentina, y sucesivamente todas kas embarcaciones menores disponibles, con ouyo auxilio se transbordó silenciosamente á la fragata tota la gente que había en la Chacabuco, dejando tan sólo los heridos para que sus quejidos no diesen el alerta al enemigo.

<—78En esta operación y en preparar un desembarco se pasó la noche. Al amanocer del día 24 de no viembre estaban listos para acometer la empress 200 hombres, armados de fusil 180 y el resto cOD

picas de abordaje.

La fuerza destinada al ataque era mandada on jefe por el mismo Buchando, y le acompañaban los oficiales Cornot, Telary, Olto, Hatton, Piris, Espora, Gomez, Whallao, los dos Merlo y el cirujano de la expedición, quedando el teniente Van Burgen al cargo de las embarcaciones que compoufan la flotilla de desembarco.

A las ocho de la mañana se efectuó el descembaroo & una legua de la fortaleza, y al subir un estrecho desfiladero, se le presentó una división de 300 á 400 hombres de caballería, que fué dieposada por los fuegos de la infanteríu argentina Pronto se mlló la división expedicionária á og paldas de las fortificaciones, que al amago del asalto fueron abandonadas por sus defensores, enarbolándose en ellas á las diez de la mañana la bandera argentina que saludaron desde la bahía com gritos de triunfo los buques del crucero.

En la fortaleza fueron tomadas vointe piezas de artillería, diez de á doce de la batería alta, ocho de la baja, y dos cañones de campaña (40).

Les tropas lispersas del enomigo se habían re concentrado en la población protegidas con algunas piezas volantes con que rechazaron el avance de los primeros grupos que se acercaron á olla:

pero, rogularizado el ataque, todo fuó rondido á fuego y lanza, sometiéndose todos á la autoridad del corsario argentino.

(46) Relación de Bucbardo—temoria de Piris—Noticia de Manrique, Durante los seis días que la bandera argentina permaneció enarbolada en los muros de Monterrey, el comandante Buchardo se ocupó en inutilizar la artillería rendida, haciendo reventar las piezas, arrasar la fortaleza hasta los cimientos, así como el cuartel y el presidio, haciendo volar los almacenes del rey, respetando tan sólo los templos y las oasas de los americanos.

De todos los trofeos de la victoria se reservaron dos piezas ligeras de bronce que, juntamente con una cantidad de barras de plata encontradas en un granero, fueron ombarcadas en la fragata.

El 29 del misino, reparada ya la corbeta que había quedado en estado de no poder flotar, abandonó Buchardo Monterrey, con el objeto de repetir la misma operación en todas las poblaciones de la costa mejicana. La misión de San Juan, ka de Santa Bárbara y otras poblaciones menos importantes, fueron sucesivamente ocupadas por sus fuerzas en el espacio do veinte días, incendiancio en ellas todas las pertenencias españolas, con excepción del templo y las casas americanus.

El 25 de enero de 1819 estableció el bloquen del puerto de San Blos, y sucesivamento el de Acapulco y Sonsonate. En este último punto oncontró un guarnición de 200 veteranos renida d?

Guatemala, que con la población en armas y algunos cañones en posición se le presentaron en la playa en ademán de hacer resistencia. Traslalándose Buchardo á la Chacabuco por ser buque de menor calado y de más fácil maniobra, penetró en el puerto y rompiendo el fuego sobre las fuerzas de tierra, las disporsó completamente, tomando sin resistencia un bergantin español qur allí había (47).

(17) Relación de los visies de La Argentina.

«—76Do este tundo pasó por aquellas costas como un huracán el crucero La Argentina, barriéndolo todo, así cu el agua como en la tierra y dermmando en ellas el espanto y la desolación.

Avm nos quada que referir sus últimas proezas y eua filtimos trabajos.

VII

Puesta la prou al sur, Bucherdo se propuso enguir hostilizando las costas de Centro América, dominadas entonces por las armas españolas, anonadando su comercio y apresando sus buques, lasto dejar sus puertos entregados á la soledad, como lo había practicado en los de Méjico.

Con esta resolución llegú el 2 de abril de 1810 frente al puerto del Realejo.

El Realejo es n seno do la costa de Nicaragua sobre el Pacífico. Una punta saliente lo resguarda por la parte del sur, estando defendida por el—frente (oeste) por una isla que rompe las olas del mar y que forma dos canales navegables por donde se penetra al puerto. Un río del mismo nombre, que se desprende de las montañas del iuterior, viene á precipitar sus aguas en aquel seno del mar. A su margen oriental está situarla la ciudad del mismo nombre y río, que es alli profundo, y es lo que propiamente se llama puerto, pudiendo contener hasta 200 buques anclados.

Por estas condiciones, por los ricos productos de las comarcas circunvecinas, y por los elementos de construcción naval de que abunda, este puerto era uno de los más importantes centros del poder marítimo y del comercio colonial de la España en el mar del sur, á donde acudían los buques de Acapuleo y l'auamá, siendo además el principal astilero del Pacífico. A estas ventajas de la naturaleza, y á esta importancia de que gozó desde tiempo atrás, debió el ser cruelmente hostilizado por las expediciones piráticas que durante el siglo XVII asolaron aquellas costas, razón por la cual la ciudad había sido rodeada de murallas. Una alta montaña, cuyo fuego volcánico esta perpetunmente encendido, le sirve de foro y señala su posición al navegante á muchas millas do distancia (48).

Esta explicación era necesaria para compren der las operaciones que van á segnir.

Por al capitán del bergatín apresado en Sonsnnato había sido informado Buchardo de que en el puerto del Realejo existían cuatro buques españoles, y resuelto á apoderarso de ellos á toda costa, tomó sus disposiciones para sorprenderlos.

. Pero, como este intento no podía lograrse con ninguno de los buques de la expedición, se detuvo á cierta distancia de la entrada del puerto, cubriéndose con la costa del norte para no ser descubierto por el vigía; y echando al agua dos lanchas cañoneras armadas con piezas do á 4y dos botes de desembarco, tripuló estas embarcaciones con 50 hombres de pelea entre tropa y marineros, tomando en persona el mando de la flotilla.

En la noche del mismo 2 de abril se desprendió la flotilla del costado de los buques del crucero, y so dirigió al puerto. Uno de los botes se extravió en la obscuridad, y en vano lo esperó Buchardo 148) Dampier: Vlade alrededor del mundo—Dic. Hist.

Geog de América, por Alcedo—Bayi's: Central America, —Squir: Nicaragva, etc.—Colton's: General Atlas.

hasta la madrugada del día 6, pues no apareció.

Resuelto, sin cargo, á proseguir su empresa, s mantuvo oculto durante todo el dia, y no obstante s precauciones fué descubierto por el vigía del Reglejo, que puso en alarma el puerto y la ciudad.

Durante todo el día 3 no apareció tampoco el bote que faltaba. Llegada la noche, se decidió á atacar el puerto con solo las tres embarcaciones y los 88 hombres que las tripulaban.

Una de las lanchas cafioras en dirigida por Buchardo, que llevaba la vanguardia; la otra por el capitán Piris, que le seguía inmediatamente; corrando la retaguardia el bote. tripulado.

En esta disposición penetraron en el canal del Realejo, y å las 2 de la mañana del día 5 estuvieron sobre los buques del puerto, que los caperabear alarmados y on disposición de hacer una vigorosa resistenein.

Un bergantin, apoyado por un buque y una go leta, cerraban el canal. Estos tres buques estabarregularmente artillados, con bastante marinería y gente de fusil á su bordo.

A las 2.30 de la mañana se rompió por anuba:

partes el fuego de fusilería y de cañón. Las de boraciones de las armas de fuego alternaban con los resplandores intermitentes del Voloán Viejoque iluminaba aquel combate nocturno. A la racdia hora de fuego fueron resucitamente abordados el bergantín y el buque al grito de iviva la patria!

que era el grito de guerra de La Argentina. Ambos buques fueron rendidos, arrojándose al agua ó buyendo hacia tierra en los botes, casi todos sus defensores. Igual anerte turo la coleta que estaba más adentro, siendo apresado al mismo tiempo otro baque del mismo porte que se hallaba en el puerto.

Tsta victoria costó alguna sangre á los argentinos.

Cuatro buques ritamente cargados con afil y cacao, su artillería, algunas armas y 27 prisionevos, fueron los trofeos de esta jornada, que debió hacer recordará los habitantes de la ciudad del Realejo los numerosos ataques de que habían sido víctimas en el siglo XVII (49).

A la mañana siguiente, los dueños del bergantín y de uma goleta ofrecieron á Buchando por rescate la cantidad de 10.000 fuertes, Por toda contestación los mandó quemar ú su vista, reservando el bergatín para reforzar el crucero, y una de las goletas para ponerla á disposición del gobierno argentino.

Ocupábase en disponer las presas para re molcarlas fuera del canal, cuando recibió aviso del comandanto de la Chacabuco de que se avistaba un bergantini—goleta, que haeín algún tiempo venía siguiendo á la expedición, y que por varias ocasiones había esquirado el combate merced á la superioridad de su marcha..

Este buque había sido avistado por la primera vez á principios del próximo mes de marzo, frente á la bahía de San Blas. Habiendo ido sobre él la Chacabuco, por no poder seguirlo la fragata á causa del poco viento, ol berganti—golota disparó sobre aquélla unos siete ú ocho cañonazos, fijando la bandera española, que fueron contestados por la corbeta con otros tantos, no pudiendo darle caza por ser menos velera..

Tres días después volvió a aparecer á barlovento de los buques argentinos, pero así que los avisto viro do bordo, y se perdió en el horizonte co 1 (19) Relación de los viajes, etc.—Memoria de Piris.

<—79mo el buque fantasma del capitán Marriat (50).

Cuando llegó Buchardo al punto donde había dejado fondcados sus buques, encontró que La Ar:

gentina so había hecho á la mar persiguiendo otra embarcación que con bandera española había aparecido á la entrada del puerto. Sólo se hallaba allí la Chacabuco, con algunos pocos marineros, los naturales de Sandwich y algunos iudios de California, bisoños todos en la maniobra y el manejo de la artillerín.

En su parte de ó de abril de 1819 dice Buchar do con este motivo: "Este fné un momento le conflicto. La corbeta no estaba bien servida por la calidad de la mayor parto de la gente: la de proveoho estaba en el canal, al cuidado de las presas, y no sabia del paradero de la fragata; sin embargo, nos resolvimas á sostener el honor del pabellón" (51).

El bergutin—goleta era un buque de gueria, sólido, de superior marcha y de buen gobierno, que lovaba en su centro un cañón giratorio de á 24 y ocho piezas por oostado, y que parcela perfectaurante tripulado.

Fiado en estas cualidades, ó conociendo la poca gente que defendía la corbeta, se fué sobre ella, con la bandera copañola enarbolada, haciendo fucgo con su colisa y todo el costado de babor, que fus contestado por el buque argentino con su bandera fijada. Entonces maniobró para tomar í la Chacabuco por la popa, y merced á su gobiorno y á la mala calidad de la tripulación argentiua, lo consiguió al fin, poniéndose á tiro de pis tola, y en tal situación rompió el fuego de fusi (50) Relación de Buchardo y Memorias de Firls.

(51) Relación de Bochard loría, descargando de nuevo su costado de catribor que barrió el puente de la carbota de pops á proa, desmontando algunas piezas, matándole tres hombres, é hiriondo mortalmente á otros tres (52). En aquel momento amagó el abordaje, y dispuesto Buchardo á recibirlo convenientemente, vió con sozabro que el buque enemigo arriaba la bandera española, que había mantenido durante el combaie, y enarbolaba la bandera chilena.

"La admiración y el coraje, dice Buchardo, sucedieron al dolor de ver aquella sangre 'vertida tan bárbaramente. Yo habría hecho el debido escarmiento, pero no tenía bastante fuerza para cllo. Llamé al comandante del bergantín por quien supe apedillarse Coll, y que el buque era el Chile110, corsario contra los españolés. Las reconvenciones sobre su inicuo manejo se me atropellaron, y él no tuvo qué contestar más que con la confusión que lo causaban" (53).

El corsario chilono se alejó entonces á toda vela de la Chacabuco, y se perdió en el horizonte sin enviar á Buchardo el cirujano que le había pedido para curar á sus heridos, que pocos días después murieron.

Al día siguion to regresó La Argentina trayendo una presa á que había dado caza, y averiguade que pertenecía al buque chileno con el cual se había batido, fué puesta on libertad.

Este fué el último combate del penoso crucero de La Argentina.

(52; Noticias de Manrique—Rolación de Buchardsale micriss de Piris.

(58) Relación de Buchard VIII

El 9 de julio de 1819, á los dos años cabales de huber salido do la Ensenada de Barragán, echó el ancla La Argentina en el puerto de Valparaíso, habiéndole precedido las prosas convoyadas por ia (hacabuco (54).

La escuadra chilena mandada por el famoso lord Cochrane estaba fondeada en el puerto, y á su inmediación se veía la fragata Andrómaca, á cuyo bondo había trasladado los heridos de la sublevación en la rada de Buenos Aires la víspora de hacerse á la velu para dar la vuelta al mundo.

La coincidencia del día de arribo y del encuentro después de tan largo tiempo y tan larga navegación no dejaba de ser notable, y Buchardo tuvo na triste pensamiento al volverse á encontrar con aquel buque que traía á su memoria la sangrienta escena de la partida.

Notando que In Chacabuco y las demás presas que había venido convoyando se hallaban sin bandera y bajo los fuegos del castillo de tierra y de la escuadra chilena, no supo darse cucuta de lo que pasaba; pero muy luego tuvo la explicación del enigma.

Las presas habían sido secuestradas por orden del almirante Cochrane, aprisionado á su tripulación; y á La Argentina y á él lee estaba reservada la misma suerte, después de tan meritorios servicios y tan largos padecimientos y peligros.

El modo como se perpetró esta violencia está (54) La patente de corso de La Argentina solo la habiltaba para ejercerlo por espacio de coue meses, na prevlendo sin duda quo tba á realizar un viaje alrededor del mundo MS .).

—$2nrrado en la protesta que el misino Buchardo formuló en Valparaíso ante escribano público, y dice así: "Hipólito Buchardo, capitán de la fragata corsario Argentina, fondeada en esta rada, digo: Que después de concluído el crucero, salí del puerto del Realejo con tres presas hechas por mí, á eaber: la corbeta Santa Rosa de Chaonbueo, una goleta María Sofía y am buque San José (alias) Neptuno, ouyas presas anticiparon su entrada en esto puerto. A mi arribo fuí informado por sus oficiales hallarse desposeídos del mando y secuestrados por el señor vicealmirante de estas fuerzas navales, D. Tomás Cochrane; y que en esta circunstancia, hallándose á bondo de la fragata La Argentina, fué abordado en la noche por dos oficiales de mar de la escuadra con sus espadas deanulas en ademán de herir, ordenándole en nombre del almirante cedicse á la fuerza y entregase el buque á su disposición, y sin hacer la menor resistencia, ni él, ni otra persona de su tripulación, fueron todos transbordados al navio San Martín y entregada la fragata sin las formalidades correspondientes, ni más resguardo que un recibo. Y como este procedimiento perjudica no sólo los intereses que administro, sino también el crédito de la nación argentina, bajo cuyo pabellón ha hecho su corso, así como ini buena reputación en el crucero, desde ahora y para siempre protesto todos los daños y menoscabos que se mu irroguen, una, dos y tres veces, contra quién los haya causado" (55).

Tan violento proceder, empleado contra un bujue amado en guerra con la bandera de una (55) Toc, del Archivo—Reclamo del Dr. Echevarcle como armador. (MS . originales).

nación aliada, y en momentos en que lus armaa rgentinas que habían contribuído á dar su libertad & Chile, continuabau afianzando su independencia por empeños de su nismo gobierno y se nado, sólo podía explicarse por la arrogancia del almirante Cochrane, que abusando de la preponderancia que le daban sus extraordinarias hazañas, su fama universal y la necesidad que la causa americana tenía de sus servicios, solía contrariar con sus actos la misma política del gobierno chilen (56).

Oyendo un infuudado reclamo hecho por el ca pitán Shiueff, de la fragata Andrúmaca de S. M.

B., sobre un buquo inglés visitado por Ruchardo dorante su crucero, y atendiendo a la queja de un súbdito británico que se decía dueño de la goleta Maria Sofía, aprosada en el Realejo, el almirante Cochrane, usurpando las atribuciones del gobierno y de los tribunales argentinos, y constituyéndoss en juez, había ordenado el secuestro de los buques y la prisión de Buchardo y su tripulación.

Dobe decirse también, por muy doloroso que sea ver deprimida la elevación moral de un héroc tan grande como Cochrane, que el verdadero móvil de aquel acto fué la fama del rico cargamento y de las barras de plata que La Argentina traía á bordo, que fué lo primero por que preguntaron los oficiales que se posesionaron de la fragata.

La arrogancia y el poco miramiento de la conchueta del almirante Cochrano respecto del gobierno de Chile, y su hambre de oro, de que dan testimonio sus Memorias (57), contrastan con la (GG ) Oficlos (Al. S.) de O'Higgins y del sanado ea Chile (Aroh, de Rel. Ext.) (57) V. Narrative of Services iu Chile, Pero, etc.Lond, 1859.

<—84moderación y el desinterés del general San Mar tín, dos veces vencedor al frente de un ejército poderoso, y á cuya espada estabus fiados los destinos de agulla república nacionte y la suerto de la América del Sur. Ia autipatía con que Cochrane miraba desde entontes á San Martín, en su empeño de arrebatarle el mando de la proyectadaexpedición al Perú, tal vez contribuyó en parte á que Cochrane cometiese esta violencia contra un buque de la marina argentina, cuya bandera enarbolaba su glorioso rival. Así, quizá, Buclardo vi no á ser la víctima entre dos colasos.

El entonces coronel D. Tomás Guido. diputado do las Provincias Unidas corea del gobierno de Chile, reclamó del hecho cu térininos convenientes, y al dar cuenta á su gobierno de las gestiones entabladas, le decía: "He tomado en este ásunto el interés debido al pabellón nacional y correspondiente á mi carácter oficial" (58).

El gobierno argentino, contestando á su agente en Santiago de Chile, le decía, con fecha 31 de agosto: "El Director Supremo me ordena recemicnde á V. S. el que interponiendo el carácter oficial que reviste, reclanc ante ose gobierno sobre tal hecho, con la energía é interés de un estad inlenenediente, en que existiondo tribunales á quienes compete el juzgamiento de las acusaciones que han dado mérito á las disposiciones del almirante de la escuadra de Chile, debe ventilarse y resolverse eu justicia conforme á la ley, un asunto ajeno enteramente á la autoridad de congobierno". (59).

(58) Oficla de D. Tomas Guido al gobierno argeutlus, de 23 de julio de 1839. (MS . del archivo de relaciones ex teriores).

(59) Doc. del archivo general (S.), A pesar de estas gestiones, cuatro meses des pués, aun continuuban embargatlas La Argentina y sus presas y arrestado el jefe del crucero. El gobierno de Chile se veía á eu vez entre la espada de Cochrane que guardaba los buques embargados y el muro del gobierno argentino en que se apoyaba el derecho do Buchardo..

El diputado Guido, reclamando de la lentitud y de la injusticia de los procederes seguidos, pro poufa un término conciliatorio entre estos extremos, diciendo con tal motivo al gobierno de Chile, con fecha 31 de octubre: "El niente coronel Bouchard reclama nuevamente mi interposición por la lentitud tel juicio sobre el esclarecimiento de su conducta y del dilatado arresto que sufre, ein que hasta ahora se le haya notificado la causa de su prisión, ni llamádoscle para declarar.

Sus buques serán tan eficientes para la defensa del Río de la Plata como lo ha sido La Argentina en su largo crucero contra los enemigos de la América. En verdad que la sola lectura de los diarios de La Argentina descubre servicios reenmondables á la causa común, los que en la balanza do los consejos do V. E., me atrevo á asegurar inclinarán su juicio de un modo favorable á Bouchard. Eu medio de estas consideraciones, si V. E. tuviese á bien que proponga un medio equitativo para prevenir las consecuencias que en va rios respectos deben recaer de la continuación del juicio, tendrú el honor de elevar mis proposiciones á V. E. en términos conciliatorios." (60).

El gobierno de Chile, aceptando la indicación, del diputado argentino, le pidió formulasc su pro(60) Note de Guida al gobierno de Chile (S.) del Arcu. de et.

posición, "por lo que pudiera (son las palabras del decreto) convenir á la política." (01).

El diputatlo, al formular su proposición conciliatoria, que consistía en mandar sobreseer en la rausa, entregar á Buchardo los buques bajo fianza, incluso la María Sofía reclamada, y en reservar á las partes su derecho para reclamar ante gobierno y los tribunales argentinos, lo hizo compañando un memorándum, en que, historiando los antecedentes de lo que él llama "desgraciao asunto", hace presente en términos severos, nunque comedidos, la arbitrariedad del procediimiento en la prisión de Buchardo, y la imposibilidad é inconveniencia de continuar su causa.

Jo aquí algunos de sus parágrafos: "Es fuera de luda que la mayor parte de la tripulación de la Argentina y sus presas se ha dispersado y tomalo partido en otros buques; que algunos de las ficialos han seguido igual suerte y que los acusalores no existen.—Este asunto, por su naturaleza, peña ya la expectación pública.—Semn cuales ueren los errores del comandante Buchardo en el cumplimiento de las instrucciones de un gobierno y la más o menos probabilidad de los hechos que se le imputan, V. E. couocerá que el prospecto de su causa con los desagradables incidentes que ocurrieron en el embargo de los buques, y después de manifestados por la prensa los servicios de Puchardo en su última campaña y la buena fe con que bajo el pabellón de mi nación arribó & Valparaíso como á un país nmigo y aliado, da argen á observaciones incoherentes al interés común en que creo á V. E. empeñado." (63).

(G1) Doc. del gobierno de Chile de 27 de octubre de 1519 (MS .).

(62) Decumentos del archivo de Rel., Est. (M9.).

Ia contestación del gobierno de Chile fué avocareo el asunto para resolver de acuerdo con la conveniencia polítion.

Pocos días después pronunció la comisión de presas reunida en el despacho del Director Supe mo de Chile, que la presidió en aquella ocasión, el sigaiente auto definitivo: (63).

"Santiago, 9 de octubre de 1819.—Póngase eu libertad al teniente coronel D. Hipólito Bouchardy devuélvasele la fragata Argentina y demás huques tomados en su corso, merándose del sup mo gobierno se servir disponer la satisfacción debida al pabellón de Chile por la resistencin que pareco haberse hecho al "registro ordenado" por el viccalmirante lord Cochrane.—GodoyArroyo—Vera." Así terminó el último incidente del crucero de La Argentina, con una salva diplomática al gobierno do las Provincias Unidas, y una media ealva al almirante Cochrane, haciendo constar sin embargo en las palabras empleadas para cohonestar su procedimiento, el verdadero móvil del embargo, pues el "registro ordenado" no podía tener por objeto averiguar delitos, sino descubrir riquezas!

Pero antes que esta solución amistosa y digun para ambos gobiernos fuese ajustada, el nudo di plomático había sitlo cortado por la espada del Ejéreito de los Andes.

La detención injustificada y violenta de los bu ques de Bucharda había encondido la rivalidad entre los marinos de Cochrano y los soldados argentinos que se hallaban en Valparaíso, al punto do no poder encontrarse un soldado y ua marine163) Documentos del Are, de Rel. Ext. (MS .).

To sin echar manos a los puñales, llegando al extremo de trabanes verdaderos conibates en las ca lles de la ciudad. Fatigado de estos desórdenes 5 participando tal vez de las pasiones tumultuosas de su tropa, el coronel Necoclea dispuso un día que un oficial con un piquete de granaderos á caballo tomase un bote y se fuese á posesionar do grado ó por la fuerza de la fragats, enarbolando en ella la bandera argentina arriada por el alumnirante de Chile. Así se bizo, y cuando Buchardo ee presentó en su buque con ol decreto del go bierno que se lo mandaba dovolver, encontró tremolando en él la bandera que por espació de dos años había mantenido en sus mástiles con tanto honor.

IX

Una campaña de dos años, dando la vuelta al mundo on medio de continuos trabajos y peligros, una navegación de diez á doce mil millas por los anás remotos marcs de la tierra; en que se domina una sublevación, se sofoca un incendio á bordo, so impide el tráfico de esclavos en Madagascar, sa derrota á los atas malayos en el estrecho de Macassar, se bloquea á Filipinas anonadando su comercio y su marina de guerra, se domina partede la Oceanía, imponiendo la ley á sus más grandes reyes por la diplomacia ó por la fuerza; en que se toma por asalto la capital de la Alta Califoraia, se derrama el espanto en las costas de Méjico, se hace otro tanto en Centro América, se establocen bloqueos sobre San Blas y Acapulco, se toma á viva fuerza el puerto del Realejo, apresándose en este intervalo más de 20 piezas de artillería, rescatando un bugie de guerra de la nación, y aprisiquando ó quemaudo como 25 buques encinigos, dando el último golpe mortal al comercio de la metropoli en sus posesiones coloniales y paeeando en triunfo por todo el orbe la bandera que e le había confiado, es ciertamente un crucero memorable y digno do ser historiado.

Su jefo, el intrépido Buchardo, alcanzó el premio de sus fatigas, retinándose con una regular fortuna, fruto de su expedición.

Así como había acompañado á San Martín en su primer combate sobre las márgenes del Paraná en 1813, precediéndole en 1815 en eu crucero al mar Pacífico, le accampañó con su buque en su memorable expedición al Perú en 1820, sicndo empleado después en la escuadra peruna (64) conto lo fué su discípulo Espora, tan célebre después en la guerra marítima entre la República Argentina y el Imperio del Brasil. El Perú fué desde entonces su patria adoptiva, y murió en Lima en 1843, sin volver á la tierra cuya historia ha ilustrado con uno de sus más interesantes y norelescos episodios.

¡Tal hombre y tales hechos merecían sar rememorados, sacándolos de la obscuridad en que yacían, cubiertos con el polvo que ahora empieza á ser sacudida por los legítimos herederos de las glorias de la Revolución Argentina!

(61) Expediente promovido por D. Vieente A. Echvarría en 1822, en que hace inculpaciones & Buchardo par baler faltado a su confianza aproplándoso el baquc, cobrauda por ou conta el Aate coma transporto, y enarbolandn posteriormente en andera Deruana. (MS . original).