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Páginas de historia/Pío IX en el Río de la Plata

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Nota: Se respeta la ortografía original de la época

Pío IX en el Río de La Plata


I

A las 8 de la noche del 27 de noviembre de 182 eruzaba la línea equinoccial un bergantin francésdo que eran armadores los hermanos Pedro y Jos Plomer que iban á su bordo. En su popa se lof el tieruo nombre de Heloísa iluminado por los fosforescencias de los mares del trópico, que bien podría simbolizar la llama inextinguible de este heThe penitente el amor.

Venían de pasajeros eu cete buque, con destino á la Amérien del Sur, seis sacerdotes catálicos, uno de los cuales estaba destinado á llenar el mundo con su nombre, presentando en el curso de su larga carrera dos faces históricas como Jano.

Era este el coude Juan María Mastai Ferreti, que vestido con la modesta soraua de canóniga, acompañaba á monseñor Juan Muzi, primer vierrio apostólico de la corte de Roma en el Nuevo Mundo.

Esta misión políticorreligiosa tenía por objeto reconocer indirectamente la independencia sudamericana, que el Papa Pío VII había condenab antes en su encíclica á los obispos, americanos (enero de 1816), casi at misbro tiempo que fa Provincias Unidas del Río de la Plata la declaraban á In faz de las naciones (julio de 1816), poaiendo á Dios por testigo de la santidad de su causa.

A instancias del entonces canónigo José Ignacio Cienfuegos (agente del gobierno do Chilo), ol misano Papa Pío VII habíe nombrado esta misión postólica, confirmada por su sucesor León XII , ue también debía condenar nás tarde la revoInción americana (1824 y 1825) en otras dos encíclicas, que un historiador chileno ha comentado + estos últimos tiempos con gran copia de luces.

Era el secretario de esta legación el P. Jos Sallusti, escritor pedante y nutor de un libro sobre lla, que ha llegado á ser famoso por sus desatinos históricos y geográficos.

Los otros dos pasajeros eclesiásticos eran un fraile de la orden de Observantes menores de Buenos Aires, llamado F. Luis Pacheco, catedráieo de la universidad de Córdoba del Tucumán, y el P. dominico de Chile Raimundo Arce, que regresaban de Roma á la tierra de su nacimientodespués de haber besado la chinela del Santo Padre.

Estos dos padres y el canónigo Cienfuegos cran los únicos que, según los ritos tradicionales de los marinos do alta mar, habían recibido el agua del hautismo tropical; todos los demás eran consideralos como infieles, sometidos á la ley del antiguo lión del Océano.

El canonigo Mastai Ferréfi se dispensó del bauismo tropical pagando á Neptuno el tributo de un escudo romano, acuñado con la efigie de Su Santidad.

Y así fué cómo el que debía llamarse más tarde Pío IX peneto en la América del Sur bajo los auspicios del paganismo, según lo cuente su propio listoriografo católico.

II

El gobierdo absoluto de la iglesia católica, di vorciado de la ciencia, había negado la redonde:

de la tierra, declarado herética la teoría holiocéntrica de Copérnico, y condeundo á Galileo contuimpío por haberla sostenido.

Así, más tarde, eu pugua con el progreso de la libertad humana, debía negar y eundenar la revu:

Jución y la independencin sudamericana, come contrarias á la tradición de los reyes absolutos y de la obediencia pasiva elevada a la categoria de loguna política.

Colón, al sostener la causa de la existencia del Nuevo Mundo ante un concilio de teólogos en Sa Jamanea, demostraudo matemáticam:site la existencia de los antípodas, hubo de ser declarado heterodoxo en 1486, en presencia de un texto de la Biblia comentado por San Agustin é ilustrado por Lactancio.

"Los cielos están extendidos como una piel, está dicho en los salmos; y los comentadores agregan que á la manera del pabellón de una tienda de pas tores, según la imagen de San Pablo". Tal fue el argumento con que los sabios teólogos de Salamanca refutaron la existencia del Nuevo Mundo.

Los enviados de aquellos mismos que, fiabfen condenado á Copérnico 'y a Galileo, negando las leyes armónicas de la creación, estaban en el lu misferio austral, y podían dar fe de su existenci y ver que era bueno, como dijo el Criador después del sexto día de trabajo.

Y como una prueba luminosa de este verdadprosentida por el genio y demostrada por la exporienein, nueros astros desconocidos por el Viejo Mundo brillaban sobre sus cabezas, y entre ollos la ardiente cruz del sur, adivinada por el Danteque rutilaba en la noche serena como la eterna corona del Nuevo Mundo, cmancipado de la tradi—cional entira de los poderes de origen divino.

III

El 27 de diciembre, a las tres de la tarde, el'marinero que estaba de vigía, gritó desde lo alto del mástil / tierra!

Era la tierra do la embocadura del Río de le Plata.

Según el R. P. Sallusti, el geógrafo de la expedición apostolica, "la primera tierra que vieron fué la de la isla de Lobos", y después "el Cabo de Santa María". En seguida pasaron á la inmediarión de tres islas, llamadas de Maldonado, del Pan de Azúcar y de las Animas, ¡á tan corta distancia, según el mismo padre, que pudieron observarlas á la simple vista!

Una furiosa tempestad del pampero, rechazó al Heloísa de las costas del Rio de la Plata, consiguiendo á duras penas entrar al puerto de Montevideo en la mañana del 1° de enero de 1824.

Después de una recalaila á la Enseuada de Ba rragán, la expedición apostólica llegó á las 2 de la tarde del 3 de enero al suspiradísimo puérto de Buenos Aires, según la expresión de su historiador.

El bergantín saludó la plaza con siete cañona zos, dando la tripulación ¡rivas! al vicario apostó lico y a Ja—América.

El gobierno de Buenos Aires mandó saludar al vicario apostólico en la mañana del siguiente día.invitándole á baiar á tierra anunciándole que el pueblo lo esperaba ansioso en la playa para saludarlo. Monseñor Muzi, que únicamente estaba acreditado como nuncio cerea del gobierno de Chile, que costcaba el viaje, se excusé de aceptar estos honores, y osperó que obschrecies para des embarcar.

Eran las 8 de la noche cuando la misión apos tólien pisó el suelo argentino. Todas las casas de la ribern estaban iluminadas, esperándolo. Unn gran muchedumbre de pueblo vinn á su encuentro, para besarle la mano y pedir la bendición al enviado del vicario de Jesucristo.

La comitiva se puso en naarela procedida por niñas y niños con farales en las manos, recitando el vicario el salmo: Benedic onima mea Domino, y contestando el pueblo: "Bendito sea el que viene en nombre del Señor".

La misión fuó alojada en la fouda de los Tres Reyes Magos, tenida entonces por un inglés, dond:

estaba preparada una mesa de treinta cubiertos.

El P. Sallusti compara esta cena con las de Tácul y Salomón, recordando los brindis que en ella su pronunciaron en honor de la América, entrelazando su relato con reminiscencias mitológicas y versos báquicos de Torneio IV

La permanencia de la misión apostólica en Bacnos Aires fué corta y poco agradable.

A . El nuncio, acompañado del coude Mastai Forresi y del canónigo Cienfuegos, visitó al ministr de gobierno, que lo era D. Bernardino Rivadaviaquien los recibió con frialdad al saber que no veníau acreditados cerca del país.

S El entusiasuno popular compensó esta fria reepción oficial, contándose entre los visitantes del muncio, al general D. José San Martín, que á la azón residin en Bucuos Aires, y se disponía a marchar al eterno ostracismo.

Ifallabuso el obispado cn sede vacante, y desempeñaba el cargo de provisor el Dr. D. Diego Es tanislao Zabaleta, quien autorizó al nuncio para administrar el sacramento de la Confirmación en la iglesia catedral. Un pueblo inmenso acudió á recibirlo, hambriento del pan espiritual después de largos años de ayuno, y casi interdicción eclesiásira.

El gobierno, justamente ofendido de que el vienrio no trajese credenciales para él, yn fuese á título de poder político, ya á título de hijo de la iglesia, doclaró que siendo el muncio apostólico un enviado diplomático, no podía permitirle el uso público de us funciones, mientras previamente no lo reconocies como gobierno independiente y regular. En consecuencia, le prohibió á monseñor Muzi administrar la Confirmación.

El Argos, que era el periódico oficial, dió cuenta de este incidente en términos casi burlescos, poniendo cn duda la autenticidad del carácter que so atribuía monseñor, á quien llan "ux D. Juan Muzi", y con tal motivo decía: "A pesar de haberrevestido en esta ciudad del ropaje sacerdotal, no ha presentado título alguno, ni aun siquiera que debiera autorizarlo para decir misa. A falta de títulos se dice que este scñor trae en su compaia como veinte toneladas de monacillos, bulas, liquias y otras bretañas y pontevies, y se da por falso enteramente el rumor que corrió al principio, de que traía misión de convertir á los hárbaros fronterizo 7 A pesar de estas contrariedadles, el canónigo Mastai Ferreti guardó siempre el más grato rocuerdo de Buenos Aires. Cuando más tarde subió al apogeo de la grandeza, reibía con paternal cariño á todos los hijos del Río de la Plata, preguntaba por las personas que lo habían hospedado v obsequindo, manifestando siempre su admiración por el general Sau. Martin, á quien había conocido cuando, cubierto de gloria, bajaba voluntariamente del apogeo de la grandeza y se condenaba ai ustracismo.

En cambio, el único recuerdo que del canóuigo Mastai Ferreri ha guardado el Río de la Plata, es una casa arruinada que se señala todavía en la Ville de Luján, donde, según la tradición, pasó algunos días de campo, descansando de las fatigas de su larga navegación, siendo evidente que al pio del altar cubierto de reliquias de Nuestra Señora e Luján, el futuro papa dijo un día la misa, diciendo & pobres campesinos de aquella localidad:

¡Dominus vobiscum! Dios eca con vosotros.

V La misión se dirigió á Chile por el camino terrestre, corriendo el peligro de caer en manos de ios indios, que entonces interceptaban los caminos Torrestres, degollando á los cristianos que los transitabanlos viajeros administraron la Confirmación en la fuardia de la Esquina, se bañaron en el río Tercero, visitaron la ciudad de Córdoba y pasaron por San Luis, de una de cuyas postas guardó el canónigo Mastai un eterno recuerdo, porque devorado por las vinelucas de un rancho donde se había alojado, prefirió pasur la noche al rase, tdido sobre un cauizo soportando la lluvia que cais á torrentes.

Según el geógrafo de la misión, desde San Luis vieron distintamente el cerro de Famativa!

Su entrada en Mendoza fué triunfal, en medio le un pueblo arrodillado que pedía la bendición.

En un folleto que se publicó en Roma, cu 1817, al tiempo de la exaltación de Pío IX , y que D. Du miugo F. Sarmiento la traducido y anotado, lescribe así: "Flotaban al aire desde las ventanas de las casas pequeñas banderas, arcos y guirinklus de flores, y gritos de júbilo festejaban la llegada de los apostólicos viajeros, esparciendo flores sobre su pasaje. Al fin de la calle, cuatro jóvenes hermesas y vestidas de blanco con chal rojo al cuello que descendía hasta el pecho y una faja de sadu á la cintura, conducían de una parte á otra de la allo un arco ricamente adornado de flores y cintas, bajo el cual, en medio de las más vivas aulamaciones, pasaron rápidamente como en triunfo las carrozas de Mastai y las otras, entrando de este modo cn la ciudad." Según el P. Sallusti, la ciudad de Mendoza, fu fundada por un D. Pedro Mendoza, ¡conquistador le esta provincia!

La sidencia en Mendoza fué una continuada fiesta, y los poetas mendocinos escribieron u honor de los viajeros varias composiciones en latit y castellano, dándoles una muestra de su religiosilad y cultura.

El 24 de febrero se despidieron de la ciudad d Mendoza, y pocos días después la carabana apo tólica se detenía en las ruinas de la Guardia Vieja con el objeto de atender á la salud quebruntad del canónigo Mastai Ferreti, atacado de convai sites, quien sólo tuvo por cama durante algunos lías, el suelo desundo, y por abrigo cuatro paredes de piedra sin techo.

En los primeros días de inarzo do 1824 los viajeros descendieron á los amenos valles de Chile, que su historiógrafo denomina "el delicioso jardin de América".

NI

La misión apostólica de que forumba parte el futuro papa, permaneció en Santiago de Chile más de ocho meses, desde el 7 de marzo hasta el 19 de octubro de 1821.

In folletinista italiano, que la puesto en novela la vida de Jesucristo, ha escrito en una biografia de Fío IX la historia de su permanencia en Chile, quo ha sido reproducida por la prensa de aquel país, y en la cual so icon detalles picantes sobre sus costumbres, Chile ha guardado del canónigo Mastai Ferreti el más simpático recuerdo, y el papa en medio de su grandeza lo ha retribuído con el más curdini caziño, De los amigos que dejó en aquel país, el más popular era un pardo llamado por sobrenombre Peluca.

Era este su agente para distribuir entre las famillas del pueblo su factura de escapularios y reliquias, y en cambio de estos buenos oficios, puso el leo sagrado en la frente de uno de los hijos de Peluco, Hamándole desde entonces compadre. Años despusé, siendo Peluca partero de la cámara &: liputados de Chile, el glorioso papa, cuyo nombre llenaba el mundo, no desdeñó escribir, de su puño .—192y letra, al antiguo amigo del pueblo, dándole sizepre el mismo título y euviándole su bendición apostólien desde el Vaticano.

Dejando atrás estos recuerdos, la expedición apostólica se embarcó en el puerto de Valparaíso) y dobló el Cabo de Hornos, gozando del maravilloso espectáculo de días con 22 horas de sol y dos horas de crepúsculos de la región circumpolat.

Vir El 2 de diciembre de 1824 avistaron el culo de San Antonio, y como si fuesc sú destino ser sicalpre recibidos por las tempestades del Río de la Plata, los vientos argentinos desencadenaron sus furias, al extremo de hacer peligar la nave que lo conducía. Il mismo nuncio, acompañado del can nigo Mastai Ferreti, lubo de acudir a la m niobra, ayudando a los marineros á cargar las velas.

El 3 de diciembre amaneció sereno, y al día siguiente entró al puerto do Montevideo la nav que conducía á su bordo al canónigo Mastai y futuro Pío IX .

En Montevideo pasó el futuro papa como dos meses y medio, gozando de la sociedad del célebr..sacerdote y sabio oriental, el Dr. Dámaso Larrainga, micreciendo muchas atenciones del barón de la Laguna, que en aquella época gobernaba la Banda Oriental en nombre del Brasil.

Aquí tuvo lugar una aventura, que fue la últina del viaje del canónigo Mastai Ferreti en ul Río de la Plata.

Con ocasión do la fiesta de San Juan Apóstol, fueron los viajeros invitados á un paseo de campo en una de las pintorescas quiutas del Miguelete.

El vicario apostólico fué sentado á la cabecera le la mesa del banquete, y el canónigo Mastai fo colocado entre una prima donna italiana y una bailarina francesa, que, juntamente con un tenor milanés y un bufo napolitano, que unidos á dos compañías de teatro, canto y baile, y gran númer de serdbtes y seglars, formaban parte de lo invitados, encontrándose allí el inolvidable Vacanui, ereador del Barbero de Sevilla en el R de la Plata. Algunos, de los artistas habían sido expresamento llevados de Buenos Aires para obscquiar á los distinguidos huéspedes. He aquí el retrato que de las damas hace el P. Sallusti: "Ja cautatrix italiana y la bailarina francesa unían á au brío y vivacidad natural una belleza afectada, un elegante traje y un fantástico tocado dispuesto con caprichosa macstría".

A los postres se cantaron las más bellas composiciones de Rossini, cuyas armonías llenaban el mundo, terminando con el Di tanti palpiti di tant pene, ejecutado por la prima donna y el tenor, que fueron estrepitoaamuote aplandidos, incluso por im frailo español que hacía de bajo.

Los viajeros creyeron ver en esta fiesta una es cena premeditada para comprometer su carácter sacerdotal, pero, hombre social y de carácter amenu, el canónigo Mastai no lo tomó á mal.

Años después, la Italia primero y el muud después, entonaban un himno de Rossini que Jacka palpitar todos los corazones:

Pace, pare risuoni ogul Ildo,.

Gioja, gloja rispondi cgni ecte; Benedetto 11 aorrisso d'amore Che schlude a salute it sontler.

Y al mismo tiempo que el himno de Pio IX

resonaba en el muudko, la Cerrito hacía las delicias de Roma en el teatro de la Argentina, y el papa, aludiendo a las coronas que su pueblo ofrecín á la celcbro baitarina, deín con xa habitual y encantadora sonrisa: "Son los pies los que debieron coroJars".

Entonces el papa, en medio de su gloria, debi acordarse de aquel obscuro canónigo que se llama ba Mastai Ferreti, que veinte y dos años atrás oía las armonías do Rossini y conía al lado de una bailarina francesa, á orillas do uno de los más pintorescos arroyos del Río de la Plata.

VIII

Como lo hemos observado al tiempo de dar la noticia de su fallecimiento, Pío IX es el único papa que haya visitado el Nuevo Mundo, negado por los teólogos de la antigua iglesia católica, que condenaron á Capérnico y Calileo, refutando con el texto de la escritura las teorías de Colón que equilibraban el mundo.

    • El viaje do Pío IX ha sido uno de los prestigios de su pontificado. Un mundo entero lo aclamó de este lado del Océano, como si fuera un ciudadano de sus repúblicas; y hasta los protestantes norteamericanos le ofrecieron sus simpatías y su dinero para combatir al Austria, cuando desplegó en lo alto del Capitolio la antigua bandera gibeliua, símbolo do independeucia y libertad.

El filósofo cristiano Jaime Balmes, en un paifleto políticorreligioso que publicó en 1818, decía en sn magnífico estilo, hablando del viaje á Amé rica: "Agrada ver al joven misionero destinado i sentar en la cátedra de San Pedro surear la inuensidad del Océano; admirar los magnificu ríos, las soberbias cordilleras de América, atmaver aquellos bostes, aquellas llanuras, dond mua naturaleza rica, fecunda, abandonada á sí mismus, ostenta con lujosa profusión los tesoros d su seno en la abundancia, variedad y hermosura de sus plantas y auimales; correr peligros entre sus salvajes, dormir cu pobres chozas ó acostarse á campa raso, y pasar la noche bajo aquel esplen dente horizonte que sorprende al viajero en las regiones australes".

El hombre que había recorrido tantos y tan reinotos países, afrontal tantos peligros, debía estar preparado para la acción. He ahí la iden instintiva del pueblo nudo se agrupaba como el mar que había azotado los costados de su nave de viajero, al pie del balcón del Quirinal y le gritaba: "Aniuto Pío IX . Mandad y seréis obedecido!" Y Thiers hacía ceo al gran clamor, dieiéndole desde lo alto de la tribuna francesa:

"Courage Saint Pére!" Las misuns ideas debieron cruzar entonces [HIT

su cabeza y las mismas generosas palpitaciones agitaron su corazón abierto á la esperanza del bien. Así como hubo un momento en que la Itali le creyó su apóstol y su campeón, él debió conside rarse el ser predestinado para dar á la iglesia por patrimonio uun. nación granda y libre. En 1847visitando el convento de Santa Croce, las monjas le mostraban una carta de la Italin, haciéndole notar su conocida forma de bota. Su santidad, con tono intencional, dijo: " Bella! pero á la bota le falta una espuelu." Y hablando de Julio 11, el enemigo de los güclfos, decía: "Fué un gran papa!" agrogando con voz acentuada: "Pulveri zó á sus enemigos!" Para afirnar esta bandera redentora, dar vuelo á estas esperanzas y forma visible y tangible â estos instintos y aspiraciones, se abrazó con Renzi, el tribuno de la revolución de Romagnola, nombrá u ministro al liberal Mamiani y lasta mereció el aplauso caluroso del republicano Mazzini.

La espucka se convirtió en freno, y cuando en la plenitud de la reacción el antiguo papa libertador, liberal, reformador y progresista, sellaba con el anillo del Pescador los labios de un concilio cuménico, la América le pagaba su visita, enviándole sus obispos, y dándole la mayoría que necesitaba para declarar dogmn su infalibilidad en la tierra. Sólo el obispo de Mendoza, donde años antes había sido recibido en triunfo, hubo de negarlo su voto, pronunciando un discurso on latín, que no le causaría mucnos sorpresa que los versos en el mismo idioma que había oído al pic de la cordillera de los Andes.

Empero, la revolución proclamada desde lo alto do la cátedra de San Pedro, siguió su camino, sin necesidad de nueva espuela y sin obedecer al freno le la reacción, y ha recorrido la tierra en el pálido raballo del Apocalipsis, impulsado por el soplo de fuego de aquel apóstol, que anatematizó en la isla de Samas la tiranía de Nerón.

IX

De Maistre, escritor de lucha ultracatólico, de cía: "Esto no es un acontecimiento, es una época".

Tales palabras pueden aplicarse al pontificado de Pío IX con zelación al desenvolvimiento de la idea del progreso en la atmósfera sana de las conriencias libres.

El movimiento de que Pío IX dió la señal, inició una nueva época, y á pesar de haberse contenido él en los primeros pasos de su gloriosa carrera, cambiando la espuela por el freno, a posar del Syllabus, que condena las grandes conquistas de la civilización lumana, el pontificado que acaba de terminar, es el acontecimiento, y es la libertad lo que formará época.

Esta época ha sido señalada por otro gran acontecimiento, que ha venido á salvar el papado como institución espiritual, que impera sobre las conciencias: nos referimos á la abolición del poder uporal del antiguo obispo de Roma.

El papado es la institución más antigua, que ha deafia do las vicisitudes de los tiempos, pero ondición de marchar con el movimiento de las ideas.

El mundo lubía marchado, y el papado había quedado en la Edad Media, muchas jornadas atrás, en el camino del progreso, con sus poderes absolutos, su ciencia incompleta y su amalgama de los in toreses tomporales y etornos, que dieron á lus reyes crigou divino, y dieron á los papas poder temporal.

La abolición del poder temporal del papa es la purificación del papado, klesprendido de intereses mundancs.

Balnes, á quien hemos citado autos, decía á propósito de la exaltación de Pío IX á la cátedra de San Pedro: "Entre las formas humanas que raducan y se arrumban, no debe ser contada la religión católica, y ella, con sus dogmas, su moral, su jerarquía, su autoridad, puctie permanecer ikesa en medio de las vicisitudes de los imperios; que puede plantar la cruz sobre el nabicio de los <—198Cisares como sobre las asambleas populares; que puede ungir á un rey bajo las bóvedas de un templo gótico ó bendecir un camino de hierro; que puedo ser heroica bajo la coraza de ta eruzado ó la humilde toca de una hermana de caridad; que puede defender á un rey contra las huestes de Napoleón ó la libertad republicana en las bande mas del Sonderband." Si en 1848, cuando Baluies escribía esto, luibieso podido leer á través de los tiempos hasta la página 1878 de nuestro siglo, habría podido agregar: "Y vivirá, porque desprendida de la carne perecedera del reino temporal, ha bendecido en su lecho do agonía al rey unificador de la Italia que lestruyó el poder temporal de los papas en nombre* y honor de la libertad humana, y porque el pap Pío IX al morir, no es el rey de Roma, sino Padre Santo de los cristianos".

A medida que adelautanos en la senda del tiempo y volvemos á la fuente de los principios de la iglesia primitiva, se abren nuevos horizontes para la humanidad y se comprueban las verdades de la predicción evangélica.

Tal es la última pakabra del mismo Remán, cuando al dejar en la penumbra la divinidad de Jesucristo, afirma que la última palabra del progreso moral hasta el presente es el sublime sermón de la Montaña, á cuyo pie se agrupó el pueblo de los pobres y los humildes que inauguraron el reino de la democracia moderna en el mundo.

El soplo profético que dió vida a la inauguración del pontificalo de Pío IX y que dió muerte al poder temporal, que se enterró para siempi en su sepulcro, ha pasado por el continente ain ricano, cuya existencia negaron los papas en nonbre de la religión, y que Pio IX recorrió cuando los papas condenaban la revolución de su independeneia, que hoy bendicen.

En nombre de estos recuerdos, de estas conquistas y de estas esperanzas, inclinémonos como oristianos ante la tumba do Pío IX , y ropitamos con el pokemista católico: "Esto no es un aconteci miento, es una época!"