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Teoría del traductor
E con paura i metto in metro.
(Canto XXXBV , verso 10).
Una traducción cuando buena,—es á su original lo que un cuadro copiado á la naturaleza animada, en que el pintor, por medio del artificio de las tintas de su paleta, procura darle el colorido de la vida, ya que no le es posible imprimirle au amovimiento. Cuando es mala, equivale á tro car en asador una espada de Toledo, sogún la expresión del fabulista, aunque se le ponga empuñadura de oro.
Las obras maestras de los grandes escritores—y sobre todo, las poéticas, deben traducirse al pie de la letra, para que sean al menos un reflejo (directo) del original, y no una bella infidel, como se ha dicho de algunas versiones bellamento ataviadas, que las disfrazau. Son textos bíblicos, que han entrado en la circulación universal como la buena monela, con su cuño y con su ley, y constituyen por su forma y por su fondo alementos esenciales incorporados al intelocto y á la concicurcia humana. Por eso decía Chateaubriand, á propósito de su traducción en prosa del Paraíso perdido de Milton, que las mejores traducciones de los textos consagrados son las interlineales.
Pretender mejorar una obra maestra, vaciada de un golpe cu su molde típico, y ya fijada en el bronco eterno de la inmortalidad; ampliar con frases & palabras parásitas un texto consagrado y encerrado con precisión en sus Hincas fundamentales; compendiarlo por demás hasta no presentar sino su esqueleto; arrastrarse servilmente tras sus Juellas, sin reproducir sn movimiento ritmico; lo nismo que reflejarlo con palidez ó no interpretarlo razonablemente según la índole de la lengua á que se vierta, os falsificarlo ó modificarlo, sin proyectar siquiera su sombra.
Cuando se trata de trasladar á otra lengua uno de esos textos que el mundo sabe de memorin, a necesario hacerlo con pulso, moviendo la pluma al compás de la música que lo inspiró. El traduc 1or no es sino el ejecutante que interpreta en su instrumento limitado las creaciones armónicas de los grandes maestros. Puede poner algo de lo suyo a la ejecución, pero es á condición de ajustarse á la pauta que dirige su mano y al pensamiento que gobierna su inteligencia.
Son condiciones esenciales de toda traducción fiel en verso por lo que respecta al proceder mecánico, tomar por base de la estructura el cor to de la estrofa en que la obra está tallada; ceñirse á la misma cantidad de versce, y ence rar dentro de sus líneas precisas las imágenes con todo su lieve, con claridad las ideas, y con toda su graia pristina los conceptos; adoptar un metro idénrico ó análogo por el número y acentuación, como cuando el instrumento acompaña la voz humana en su medida, y no omitir la inclusión de todas las palabras esenciales que imprimen su sello al texto, y que son on los idiomas lo que los equivalentes en química y geometría. En cuanto á la ordenación literaria, debe darse á los vuelos iniciales de la imaginación toda su amplitud ú limitarlos correctamonte con la concisión origivaria; imprimir los giros de la frase un nuovimiento propio, y al estilo su espontánea simplicidad la cualidad característica que lo distinga; y cuando se complemente con algún adjetivo ó explanación la frase, hacerlo dentro de los límites de la idea matriz. Por último, tomando en cuenta el ideal, el traductor, en su calidad de intérprete, debe penetrarse de su espíritu, como el artista que al modelar en arcilla una estatua, procura darle no sólo su forma externa, sino también la expresión reveladora de la vida interna.
Sólo por este método riguroso de reproducción y de interpretación mecánico á la vez que esté tico y psicológico,—puele acercarse en lo humanamente posible una traducción á la fuente primi:
tiva de que brotara la inspiración madre del autor en sus diversas y variadas fases.
Tratándose de la Divina Comedia, la tarea es más ardua. Esta epopeya, la más sublime de la era cristiana, fué pensada y escrita en un dialect:
tosco, que brotaba como un manantial turbio del raudal cristalino del latín, á la par del francés y del castellano y de las demás lenguas románicas, que después se han convertido en ríos. El poeta, al concebir au plan, modelo á la vez la materia prima en que la fijara perdurablemente. Esto, que constituye una de sus originalidades y hace el encanto de eu lectura en el original, es una de las mayores dificultades con que tropieza el traductor. Las lenguas hermanas de la lengua del Dan te, muy semejantes en su fuente originaria, se han modificado y pulido de tal manera, que traducir hoy á ellas la Divina Comedia es lo mismo que vestir un bronce antiguo con ropaje moderno; es como borrar de un cuadro de Rembrandt los toques fuertes que contrastan las luces y las sombras, ó en una estatua de Miguel Angel limar los golpes enérgicos del cincel que la acentúan. Todo lo que pueda ganar en corrección convencional, lo pierde en fuerza, fresoura y colorido. Si el lenguaje de la Divina Comedia ha envejecido, ha aido regenerándose, pues su letra y su espíritu se han rejuvenecido por la rica savia de su poesía y de su filosofia.
— El problema á resolver, según estos principios elementales, y tratándose de la Divina Oomedia, considerada desde el punto de vista lingüístico y literario, es una traducción fiel y una interpretación racional, matemática á la vez que poética, que sin alterar su carácter típico, la acerque en lo posible al original al vestirla con un ropaje análogo, si no idéntico, y que refleje, aunque sea pålidamente, sus luces y sus sombras, discretamente ponderadas dentro de otro cuadro de tonos igualmente armónicos, representados por la selección de las palabras, que son las tintas en la paleta do los idomas que, según se mezclen, dan distintos colores.
El sabio Littré —que á posur de ser sabio, ó por lo mismo, era también poeta,—dándose cuenta de este arduo problema, se propuso traducir la Divina Comedia en el lenguaje contemporáneo del Dante, tal como si un poeta de la lengua del ost, hermana de la lengua del oc, la hubiese concebido en ella & traducido en su tiempo con modismos análogos. Esta es la única traducción del Dante que se acerque al original, por cuanto el idioma en que está hecha, lo mismo que el dialecto florenti no, aun no emancipado del todo del latín, ni muy divergentes entre sí, se asemejaban más. el uno al otro, y dentro de sus elémentos constitutivas podían y pueden amalgamarse mejor.
Según este método de interpretación retros pectiva, me ha parecido que una versión castellana calcada sobre el habla de los poetas custellanos del siglo XV —para tornar un término medio correlativo, como Juan de Moua, Manrique ó el marqués de Santillana, cuando la lengua romance, libre de sus primeras ataduras, empezó á fijarse, mareando la transición entre el período anteclásico, y el clásico de la literatura españolx, sería quizá la mejor traducción que pudiera hacerse, por su estructura y su fisonomía idiomática, acercándose más al tipo del original. Es una obra que probablemente se hará, porque el castellano, por su fonética y su prosodia, tiene mucha más analogía que el viejo francés con el italiano antiguo y moderno, y puede reproducir en su compás la melopea dantesca, con sus sonidos llenos y su combinación métrica de sílabas hasta cierto punto largas y breves, como en el latín de que amboa derivan.
Aplicando estas reglas á la práctica; he procurado ajustarme al original, estrofa por estrofa y vereo por verso, como la vela se ciñe al viento, en cuanto da; y reproducido sus formas y sus giros, sin omitir las palabras que dominan el conjunto de cada parte, cuidando de conservar al estilo su espontánea sencillez á la par de su nota tónica y de su carácter propio. A fiu de acercar en cierto modo la copia interpretativa del modelo, le he dado parcialmente un ligero tinte arcaico, de manera que, sin retrotraer au lenguaje á los tiempos anteclásicos del castellano, no resulte de una afectación pedantesca y bastarda, ni por demás pulimentado su fraseo según el clasicismo actual, <—840que lo desfiguraría. La introducción de algunos términos y modismoe anticuados, que se armonisan con el tono de la composición original, tiene simplemente por objeto darle cierto aspecto nativo, para producir al menos la ilusión en perspectiva, como en un retrato se busca la semejanza en las líneas generatrices acentuadas por sus accidentes.
Tal es la teoría que me ha guiado en esta traducción.
El Dante ha sido por más de cuarenta años uno de mis libros de cabecera, con la idea desde muy temprano de traducirlo; pero sin poner mano á la obra, por considerarlo intraducible en toda su intuición, bien que creyese haberme impregnado bien de su espíritu. Pensaba que las obras clásicas de este género, que hacen época y que nutren el intelecto humano, debieran asimilarse á todas las lenguas, cono, variando su cultivo, se aclimatan las plantas útiles ó bellas en todas las latitudes del globo. La Divina Comedia es uno de esos libros que no pueden faltar en ninguna lengua del mundo cristiano, y muy especialmente en la castellana, que bablan setenta millones de seres, y que á la par de la inglesa—como que se dilatan en vas tos territorios será una de las que prevalezcan en ambos mundos. Esto, que explica la elección de la tarea, no la justificaría empero, si existiese en castellano alguna traducción que reflejase siquiera débilmente las inspiraciones del gran poeta, pues entonces sería inútil, cuando no perjudicial.
Cuando por primera vez me ensayé por vía de solaz en la traducción de algunos cantos del Infierno del Dante, con el objeto de pagar una deuda de honor á la Academia de los Arcades de Roma, no conocía sino de mala fama la versión en verso castellano del general Pezuela, más conocido con el glorioso título del conde de Cheste. Después, vino por acaso á mis manos este libro. Su lectura me alentó á completar mi trabajo, con el objeto de propender, en la medida de rois fuerzas, á la labor de una traducción que verdaderamente falta en castellano. La del general Pezuela, elogiada por sus amigos, ha sido justamente criticada en la misma España, por inarmónica como obra métrica, anrevesada por au fraseo, y bastarda por an lenguaje. Sin ser absolutamente infiel, es una versión contraheoba, cuando no remendona, cuya lectura ea ingrata, y ofende con frecuencia el buen gusto y el buen sentido. Es como la escoria de un oro puro primorosamente cincelado, que se ha derretido en un crisol grosero. Esto justifica por lo menos la tentativa de una nueva traducción en verso. La mía, puede ser tan mala ó peor que la de Pezuela; pero es otra cosasegún otro plan y con otro objetivo. Si se comparan ambas traducciones, se verá que, a pesar de la analogía de las dos lenguas, difiere tanto la una de la otra, que solo por acaso coinciden aún en las palabras. Diríace que los traductores han tenido á la vista diversos modelos. Quizá dependerá esto del punto de vista ó del temperamento literario de cada uno.
El único poeta español moderno que pudiera haber emprendido con éxito la traducción del Dante, ca Núñez de Arca. En su poema Selva obscura ha mostrado hallarse penetrado de su genio poétien; pero tan sólo se ha limitado á imitarlo.
Es lástima; pues, queda siempre este vacío en la literatura castellana, que la traducción de Pezuela no ha llenado.
He aquí los motivos que me han impulsado á llevar á término esta tarea, emprendida por vía de solaz y continuada con un propósito serio. Una vez puesto á ella, pensé que no sería completa si no la acompañaba con un comentario que ilustrase su teoría y explicara la versión ejecutada con arreglo á ella. Tal es el origen de las anotaciones complementarias, todas ellas motivadas por la traducción misma, dentro de su plan, que pueden clasificarse en tres géneros: 1° Notas justificati vas de la traducción, en puntos literarios que pudieran ser materia de duda ó controversia. 9° Notas filológicas y gramaticales con relación á la traducción misma. 3° Notas ilustrativas respecto de la interpretación del texto adoptado en la traducción. No entro en citas históricas, sino cuando la interpretación del texto. lo exige, ni repito lo que otros han dicho ya—Si alguna vez me pongo en contradicción con las lecciones de los comentadores italianos del Dante, que con tants penetración han ilustrado el texto en muchas partes obscuras de la Divina Comedia, es tributándolcs el homenaje á su paciente labor debido, pues con frecuencia me han alumbrado en medio de las tinieblas dantescas que los siglos han ido acla rando condensando.
Apenas habían transcurrido veinte años después de publicada la primera edición del Dante (ed. de 1342), y ya el texto dantesto era casi ininteligi ble, aun para los mismos florentinoe (on 1378).
Fué entonces necesario que el gobierno municipai de la república de Florencia encomendase al Bocencio la tarea de explicarlo, y éste fué el primer comentario de la Divina Comedia. Han transcurrido más de cuatrccientos años, y los comentarios continúan. No pasa día sin que se descubran cosaa nnevas en el "insondable poema", como ha sido llamado, se susciten nuevas dudas acerca de su sentido místico, histórico ó moral, ó se corrijan con nuevos documentos las erradas interpretaciones de sus comentadores. No es de extrañar, pues, la variedad de lecciones contradictorias. Por ini parte, al separarme algunas veces do los comentadores italianos más acreditados. he cuidado de dar las razones de mi interpretación en las notas complementarias, que siendo un modesto contingente para el comento del texto original, pueden quizá ser de alguna utilidad como estudios para una correcta traducción del Dante en castellano, de que la mía no es sino un ensayo.
El objetivo que me he marcado, es más fácil de señalar que de alcanzar; pero pienso que él debe ser el punto de mira de todo traductor concienzudo, así como de todos los extraños á la lengua itsliana, que se apliquen con amor á la lectura del Dante, repitiendo sua palabras:
O degli altri poeti onore e lume.
Vagliami jungo studio e il grande amore Che m'han fatto cercar la tuo volume.
Dante es el poeta de los poetas y el inspirador de los sabios y de los pensadores modernos, & la vez que el pasta moral de la conciencia humana en sus ideales. Carlyle ha dicho que la Divina Comedia es el fondo el más sincero de todos los poemas, que salido profundamente del corazón y de la conciencia del autor, ha penetrado al través de muchas generaciones en nuestros corazones y nuestras conciencias. Humboldt lo roodnoec coino al creador sublime de un nundo nuevo, que ha mostrado una inteligencia profunda de la vida de la tierra, y que la extremada concisión de su estilo aumenta la profundidad y la gravedad de la impresión. Su espíritu flota en el aire vital y lo respiran hasta los que no lo han leído.
Buenos Aires, enero de 1889.