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Páginas de historia/Una carta

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Una carta


La bibiloteca de Barros Arann—El ostudio, la politica y el gobierun—fa enseñanza y la elenela—La vorded y la influencia clerical—La Geografiu Fisica, las razat, el hombre prohistórico y las lenguas—Estudios sobre Gay y sus procunsoves—La Revista Chilcua—Ignoranciu cientifica de la América, contingente de la Europa en su exploración y participación de los aurericanos cu cat.labor—La Bibliografías de la Revista Chilena—E descubrimiento d América por los normandos y so refutarlin—Episodios del Paraguay—D. Fiorentino González—Colección Lamas—La historia de Bolivar por Larrazábal—Antigiledades del Perú por llutchinson—Examen de las obras y teorias de Brazseur de Bourbourg—Las aRazpa Aryanas del l'erús, por lopez.

—«Fuzango ó la China en América—Sobre la Historic de Belgrano La historia de la Revolución Argentino, Dor Lúpez—Proyectos literarlos—Mortuiento literario en el Río de la Plata—El naturalista Morena—Pau do un catálogo de tres americanos.

BUENOS AIRES , OCTUBRE 20 DE 1875.

Sr. I). Diego Barros Arana...

4 Mi querido amigo: Su carta de 28 de agost no ha causado muy gratas emociones. Cuando ll gué á la parte de ella en que me habla de su—biblioteca de diez mil volúmenes, de los cuales seis mil americanos, y me bosqueja su local, en que los (1) In noviembro último reciblaras una extensisma oxrta familiar del general D. Rartolomé Mitre, en que, con motivo da ciertas publicaciones chilenas que él acababa drecibir, pos comunicaba noticias y observaciones muy inte instrumentos del hombre de ciência se lllun urezlados con los libros del hombre de letras, me lo imaginé, como usted lo dice, absorto en el estudiosin acordarso de otra cosa, como le sucede á todo liombre de labor intelectual en medio de esa cmbriaguez sagrada, que multiplica las fuerzas de concepción y producción del pensador. Mi desco en aquel momento fue poder volar hasta su biblic teea, interrumpirlo en medio de sus meditaciones, y después de abrazarlo como amigo, entablar una de aquellas interminables pláticas de otro tiempoquo sobre libros viejos y conocimientos nuevos T resantes. Tuvidos entonces el pensamiento de publica ea carta en las piginas de nuestra Reefste, no sólo por neferirse cu grau parto á esta publicación, completando los datos que sobre literatura americãuá ha dado é luzzino por importancia de los hechos y juicios Iforariou que contiene. Sin embargo, nos absturimos de publicarla Jasta no obtener la autorización del autor, que nos la la acordado bondadosporente. Al lasertarla aquí, suprimimax solo algunos pasajos de un caracter puramente familiary que, por referire personalmente á nosotros, no tenen interés para el público.

Advertiremos aquí que, en la mayor parte de los casos, lor juicios del señor Mitre no diferen eGancialmente de los 418 nosotras hemos dado en las secciones de bibliografie y de uecrologia de esty Revieta; pero nosotros hemos cutdado de suavizar nuestras criticas, baciéndolas tau justicleras como as era posible, aunque evitando las opiniones que no pudiéramos fundar sólidamente y la dureza sa las sprostones y eu,los conceptes. Huyendo sistematicemouto do los elogios desmedidos y de complazonela, no bomo querido tampoco caor en el extremo opuesto, y censurar erudamente lo que no juzgamos bueno. señor altrecaer en este extremo, y siendo siempre equitative y Aircumspecto, es slú embargo, más explfetto y terminante sms censuras, y eutra en pormenores que nosotros a podemos hacer entrar en nuestras rápidas resefes bibliocas y críticas. Esoe curiosos pormenores constituyea el mérito principal do su interesante y erudita carta.(NOTA DE BARROS ARANA ).

hemos tenido tantas veces, y que hoy, con la edad y las adquisiciones del tiempo y del trabajo, feridrían quizá uás substancia y más sabor que antes.

Mientras tanto, permítame le diga que me parece algo lastimado al hablar de las injusticias y de los desengaños de la política, en que usted ha militado como combatiente y como obrero. Sin duda que, para el hombre con vocación por las letras y las ciencias, la política en su acepción grosera de lucha por los goces materiales del poder, tiene mucho de bestial. También la labor fr cunda del gobierno de las sociedades, aun en medio de la paz, tiene algo de brutal, porque es condición inherente al roce de los hombres con sua pasiones. Si la lucha de los hombres y de las ideas encontradas sobreviene, interviniendo en ello la fuerza, los golpes que se dan y se recibeu en ella tienen que ser dolorosos. Las mismas ideas tienen que chocarse con cierta fuerza para que produzcan resultados eficientes, y el individuo, como combatiente ó como obrero, no puede aspirar a la inmunidad, ni quejarse después del combate de las heridas ó golpes que en él recibió, llevando sus manos a la parte dolorida como el gladiador cobarde, en vez de contestar virilmente los golpes. Aun cuando el nivel político descienda en un país, aun enando la ciencia del gobierno obedezca en él á móviles sórdidos y las acciones de la política se ncanallen, aun.entonces, no es permitido al combatiente desertar de la arena, ni al ciudadano renegar de la labor pública, ni á la mente libredesesperar del ideal, ni menos considerar la noble pasión política como una cufermedad ó nua debilidad humana, según usted lo insinúa al hablarme del estado indiferente ó sereno de su alma en el retiro y el estudio. "El gobierno, come lo ha dicho Cuizot, será siempre que de los más nobles empleos de la inteligencia humana, y el que requiere alias más elevadas". Como se ha observado, los graudes hombres que han gobernado para bien de los demás, hun aspirado siempre al rutin, porque para ellos la tarea era un sacrificio, su vida el trabajo, su única recompensa ia cosecha que otros recogerán, no siéndoles permitido el descanso ni el desaliento. Recuerde, amigo mío, aquel personajo histórico de que halla Maccaulay en sns Ensayos, que al dejar el ministerio se encerraba en su biblioteca, elvidando la politicu porque no teufa papel que desempeñar en ella, y cuando volvíau á lanarle á la vida de la acción. iuterrumpfa eu lectura y hacía una señal en el libro, pant volver á estualiarlo sin amurgura después de llenar an tarea do hombré y de ciudadano de un pueblo libre ó en vía de serlo, enseñando que la aeción es trabajo, y que pensar es también acción.

Tos detalles que usted me da respecto de su destitución de Rector del Iustituto, no los conocía en sus pornicuores. Me han interesado en alto grado, así por la simpatía que le profeso como por lo peregrino de alguno de ellos. Lo que me dice en suurta, juntamente con el folleto correlativo que luo leído con cierto asombro, ue hace creer que Ubike marcha muy despacio en el camino de los adelantos inorales. Hoy, que la ciencia ha ilumido la conciencia humana, y que sus verdades vulgarizadas son del dominio del sentido común; hoy, que el hombro la tomado posesión del univero, y que el nião, al abrir sus ojos á la razón, treba en el aire In demostración de los mundos que so crían en los espacios y que comprendemos todos, sin disentirlas—yn, las leyes eternas á que obedece la naturaleza humana; su destitución por la in fluencia clerical y por el hecho de propagar cas verdades sin tributar homenaje á la ignorancia, un hecho que me muestra que todavía tienen ustedes mucho quo trabajar y que luchar para ponerse en el recto sendero en que el mundo marcha. Cuando el mismo autor del Syllabus hace horrar del índico del cxpurgatorio romano la condenación que pesaba sobre la teoría de Galileo, admitiendo al fin que la tierra gira alrededor del sol, y cuando el P. Sechi, jefe del observatorio de Roma, demuestra en su libro sobre la unidad y sucesión de las fuerzas, que es la fuerza transmitida del sol el motor que hace vibrar la molécula que imprine sus latidos al corazón del hombre, el Rector de un Instituto de educación liberal, destituído en homenaje a Josué deteniendo la marcha del sol, y de la ballena do Jonás que la historia natural no reconoce, es algo que tendrín bastante de cómico si no tuviese mucho de triste para la dignidad de la razón humaua.

Como en ese incidente se encuentra usted del lado de la causa de la verdad, y sé bien que no cambiaría su derrota por el triunfo de los que pretenden negar la fuerza del sol, o le compadezco como víctima. Si me detengo sobre este punto es para mostrarle que le sigo, aunque de lejos, y que me intereso verdaderamente por usted, ast conio por todos los demás amigos que dejé en Chile, á los que recuerdo siempre, y en quienes reconozco siempre soldados de la misma idea y hermanos en la causa común de la verdad (1).

He leído con interés algunos de los libros que (1) Esta introducción no se publicó en la Revista Chtcua y es conda del original, futercalandose ntás adelante en el texto la parte que figuraba en notas. (N. del 2) me ha remitido, y he recorrido otros, reservándome estudiarlos más despacio después de satisfecha la primera curiosidlad. Los que, desde luego, han atraído mi atención y eusi ho agotado, son su trabajo de Geografia Física y la Revista Chilena.

La Geografia Fisica era un libro que faltaba cn América y en la lengua castellana. El plan cs bicu concebido y ha sido bien ejecutado, con claridad, con abundancia de ciencia condensada y con un sano criterio que domina toda la annteria.

. El capítulo fual sobre Chile es interesante como .descripción geográfica, en que todos los princípios generales contenidos en el libro, puede decirse qu se concretan. Encuentro, sin embargo, que el capitulo sobro El Hombre deja que desear. Sin entrar á dirimir la cuestión de los monogenistas y poligonistas, me parece vago lo que usted trac respecte de la unidad del género humano, cuya cuestión resuelve indirectamente por la unidad de la especie animal lamada genéricamento hombre. Las raza inoralmente inferiores que no pueden elevars hasta las regiones superiores de la inteligenciaalgunas de las cuales parecen el último eslabóu de la cadena de la vida entre cel hombre y la bestiu:

las facultades superiores do ciertas razas á las que están reservados el porvenir y el gobierno del mundo en los tiempos; la fusión de esas diversas razaque fatalmente y por una ley demostrada, la razi superior debe prevalecer, trayendo á la humanidad al fin á la unidad de un tipo perfeccionado físicamente con la nocióu de la perfectibilidad en su mente, son cuestiones filosóficas, fisiológicas é históricas, que interesan tauto á la ciencia antropológica y la etnología como á la sociabilidad, y de que no puede ai debe prescindirse en un libro de ee género. Lo relativo al hombre prehistórico lo encuentro poco desarrollado am ca los límites do nu compendio, siendo como es la materia tan interesante por sí,r ligándose, como naturalmente su liga, con la geografía fisica en sus relaciones con la historia del globo y de sus habitantes, compre badda con documentos paleontológicos. Otro tanto picnso respecto de laa lenguas, cuya importancia euuncia usted sin desarrollar el tema, y dejándolo apenas hosquejado en dos ligeros rasgos magistrales.

Será el gusto con que le leido su libro, ó mi predilección por el género de estudios á que se contrae, ello es que no he podido resistir al deseo de hacer un breve análisis de él, porque me parece que ambos vamos en la misma corriente de idlens.

He leído en estudio sobre Clay y. su obra, publicado en la Revista. Todo en él es nuevo y es juicioso.

La abundancia de detalles lo realza, y la imparcialidad fundada de los juicios hace agradable y útil su lectura. (tay queda definitivamente colocado on su puesto; más arriba del valor que se le daba en determinados puntos, y más abajo en otros, quedando su obra como un monumento al que se agregarán sin duda algunas piedras, pero que de seguro no será reemplazado ni en un siglo.

Veo que la obra ha costado 50.000 fuertes, á los que, agregando otros 50.000 fuertes por instrumentos, gastos de viaje, etc., suman 100.000 fuertes en el transcurso de 40 años de trabajo. Usted se empia en probar que no es cara. I bastaría haber computado lo que en 40 años la costado al tesoro público el sueldo de algún coronel elevado por el faror i la ensualidad (por no decir un canonigo), que recibió más que esa cantidad por ug hacer nada, y comparando la tarea con el resultado, dejar que cada cual formase su juicio.

A propósito de Gay introduce usted en su estu dio el boceto de algunos personajes, unos que le procedieron en la labor, y otros que colaboraron ásu obra. Entre los últimos son curiosos el de Martince López, cuyos areísmos hacen reir y rabinr, recordando sus polémicas con Salvá, y el guita rrista convertido en historiador, que, al fin, no lo kizo tan mal. Entre los primeros, es el más simpático el tipo de d'Albe, que figurará en mi Historic de Son Martin, pues fué, como su padre con Napo leon, confidcute y consejero de las grandes opera ciones del gran general americano, según el mismo lo ha declarado. Tengo un plano del sitio de Talenhuano, dibujado é iluminado á la aguada por él, que perteneciá á Sau. Martín, que es una preciosidad a la vez que un documenta útil. Lozier, muricud) entre los indios por seguir las inspirnciones de Rousseau, es otro tipo que se destaca.

Entre ellos también está Dauxión Iavaisse, euyas obras y carácter estinia usted en su justo valor y de quién, además, posco algunos manuscritos.

Te daré á usted un dato más sobre Lavaisstaunque el personajo no merezca la pena, y sólo por vía de apunte bibliográfico, por si casualmente no lo conocicae ya.

Hablando de la misión de Lavaisse á ilaití, cita usted solo las historias de Justin y de Regnault, refiriéndose al Moniteur. Toda la correspondencia de esta vergonzosa misión se cuenentra inserta en el apéndice de un libro, que sorín txtraño no conociese usted. Su título es: "Précis historique des negoliations entre la France et Saint—Dominique, suivi des piéces justificatives, etc., por M. Wallez, Parts 1826, 1. vol. 8". Además de una breve notíci:

en el texto sobre esa negociación, se encuentra allí la correspondencia de Lavaisse con Cristóbal y con Petion. que nunen fué publicada en Francia.

á excepción de la desautorización de la misión y reprobación de ella, publicada en el Moniteur, y jue usted trae. Entre la correspondencia se registran las instrucciones del ministro Malouet á J'avaisse, y la declaración de Medina en cuyo poder se encontraron, siendo todo el libro muy interesante para la historia de Haití.

Y yn que me he ocupado de paso de un trabajo suyo publicado es la Revista Chilena, hablemos algo de esta publicación hecha bajo su dirección y la de nuestro amigo Miguel Luis Anumátegui.

La Revista Chilena es interesante, contiono medula y está escrita generalmente con talento; pero carece (salvo excepciones), del sello original que debe marcar las producciones de este género en un mundo nuevo.

Todos los chilenos son discípulos de D. Andrés Bello, talento de asimilación, espíritu enciclopéco en el análisis, vulgarizador elegante y metóiico de tareas ajenas, que sólo ha sido original ou materia de lengua castellana, para reivindicar con Baralt la competencia de los americanes en una iengua que hablan incorrectamente, aunque cou más vigor que los españoles, y sobre la cual éstos han hecho hasta hoy muy poco.

Como discípulos de tan ilustre maestro (ante el cual siempre que le nombro me inclino como ante el verdadero sabio americana), el tipo de Revista de los chilenos, es siempre la Biblioteca Ameri rana y el Repertorio Americano de Londres, esperio de Magazine inglés, en que los conocimientos generales forman la tola y las materias americanas el bordado. En un tiempo fué muy bueno este mêtodo, para educar un mundo que nacín á una nueva vida, y desparramar en él ideas y nociones que debían germinar en su seno, circunstancia que ha dado á esas revistas de una época histórica una vida durable.

Le Revista de Santiago, como la Kerista da Bellas Letras, en que colaboró Bello, asi como In Revista Chilena, están calcadas sobre esos modelos, salvo accidentes de tiempo y de lugar.

Alga más que eso tiene hoy derecho el mund e exigir de las repúblicas americanas, que después de la declaratoria de su independencia han obicuido su carta de ciudadanía en la repúblien de las le—trac La América del Sur no se conoce á —í muisma eina par los estudios de los sabios entopeos, desde IT uinbollt husta Agassiz. Testigo de ello es Cay on Chile. Cuando no nos quejamos de que la Europa s conozen bien, y que sus escritoros con los más groseros errores al hablar de nosotros, olvidamos que sin los europeos 0 110 unoreríamos á nosotros mismos. Si por nuestra parte no cometemos respecto de la Europa los misos errores, es porque sus sabios ban coidado de hacerse conocer, y esto sin que nuestro contingente entre por un grano de arena en su incrsante labor.

Una revista americana que pretenda roflejar el movimiento intelectual de una de muestras repúblicas, debe alimentar y alimentarse de su propia substancia, para estudiarse á sí misma y hacerse Ponocer de los demás. Itoy, el que no da como contingente algo de su observación propia, uo da absolutamente nada al progreso Iuumano. [in rexista que nu de algo original, que no suministrealimenta á la ciencia, es un producto hibrido, sin el don fecundo de la reproducción..

Fa Revista Chilena es puramente histórica yb Interaria, con algunas diversiones en los dominios científicos, y esto dentro de límites circunscriptos.

Le falta todavía el nervio de este género de publieaciones. Las variadas aplicaciones do la ciencin con relación al suelo y al modo de ser del país 10 so reflejan en sus páginas; y emitiendo como un cuerpo opaco el pálido reflejo de una luz lejana, apenas emite un débil rayo de luz propia, Es que la América del Sur es todavía muy ignorante. Apenas tenemos un medio astrónomo; no tenemos un verdadero geómetra, ni un físico, i un químico; carecemos de naturalistas, de geńgrafos, de filólogos profundos (aun con relación á los idiomas indígenas), de pensadores verdaderamente profundos y originales, y hasta de ingenicros capaces de hacer los estudios y ejecutar un ferrocarril. Hablo en general, sin desconocer raras y honrosas excepciones.

La imaginación y el agrupamiento de los hechos á que ella preside á á que da colorido, es todo nuestro contingento literario. Las ciencias positivas no han colado todavía raíces entre nosotros Nada é muy poco hemos adelantado después del viajo de Ilumboldt, á principios de este siglo. Gay es el revelador del suelo chileno, que Pissis ha estudiado geológicamente trazando su carta top gráfica, ilustrándolo Domeyko y Philippi, extranjeros todos ellos. Codazzi, extranjero, auxiliad.por sus predecesores, establece las bases de la gegrafía do Venezuela, cuyos límites no se han ensanchado. D'Orbigny y otros viajeros europeospor la copia de sus datos, no del todo explotados aún, son todavía, no obstanto sus crrores y su deficiencias, nuestros oráculos. Fitz Roy ha hoch.la cartografía americana. Darwin ha estudiado geológicamente nuestro suelo, Pentland ha medid 201 las alturas de nuestras montañas, Joussinganelt ha examinado sus fenómenos físicos, Castelnau se lanza al través del continente para revelarnos su inisterios mediterráncos, sin que la labor ni la iniciativa sudamericana entre por algo. Los ingleses y los norteamericanos han levantano el velo de Isis, que cubría los misterios do los monumentos prehistóricos de la América. Maury nos ha reve lado la ley de las corrientes del agua y del aire en nuestro continente, y no hemos ido más allá.

Gillies en Chile, continuado por Moosta, y Gould en la República Argentina, son los únicos que han interrogado nuestro ciclo austral, enrique cido el catálogo de sus astros. Pauli (1), viajero cosmopolita, es el que ilustra nuestra climatología con observaciones propias, y Mantegazza, italiano, es el que estudia la República Argentina, desde el punto de vista médico, materia de que se ocupa actualmente nuestro doctor Rawson, aquí en sus lecciones de higiene. El español Azara, al principio del siglo, el inglés W. Parish después, el francés Martin de Moussy y últimamente el alemán Burmeister, son los únicos que estudian y describen Ja República Argentina bajo todos sus aspectos, suministrando conocimientos nuevos á la ciencia universal. En fiu, ipara qué seguir esta enumeración de los documentos de nuestra impotencía para estudiarnos á nosotros mismos y hacernos conocer de los extraños? Basta y sobra con lo dicho.

No se ane oculta que á este trabajo njeno está incorporada una labor propia representada por los (1) Véase lo que eobre el libro de éste dijimas en la bibliografia de la Revista Chilena del mes de agosto 30 155, Agina 096 y riguientes. (NOTA DE B. A.) gloriosos nombres americanos de Cablas, Clavijere, Molina, Gama, Velázquez de Leon, B. Ventura Suárez, Jarraga, Arenales, Paz—Soltán, Ungnue, Rivero, etc. A exeopción do Azara, el más original, aunque el menos científico de los exploradors del Nuevo Mundo meridional, todas las demás, incluso el mismo Ilumboldt. y Humboklt más que ningún otro, debe por lo menos una cuar ta parte de sus conocimientos á los estudios s observaciones más o menos completos á embri.narios de los americanos, así como la otra euarta parte á sus colaboradores de Europa (come usted lo hace notar), quedándole apenas una mitad de gloria y de trabajo propios, y así lo demás.

Pero por eso misuno creo podemos y deleinna exigir que la inteligencia americana de mayor tensión á su propio resorte, que se inspire en la contemplación razonada de su propia naturaleza, que explote los ricos materiales que tiene bajo su mano, y que, ya que la tendencia del mundo so ha manifestado en el sentido de los estudios americanos, deinos alicuto y dirección á esa tendencia, emitieudo la luz propia en vez de vefjar como u astro apagado la luz ajena, que con fre enenera es una luz de reflejo.

Una revista americana que no llene estas coniliciones y que no esté nutrida y templada por las ciencias físicas y exactas en sus múltiples aplicaciones, sira, cuando más, un campo de labor ilu aniundo por los fuegos fatuos de la imaginación, en que muy poco útil se coscchará al fin." Só bien que nada de esto puede ocultarse á su penetración; pero se lo digo para estimularlo en el trabajo, y para mostrarle que, siendo nuestras aspiraciones las mismas, nuestra taren es solidarin.

Una prueba de esto teugo en la reseña biblio gráfica de la Revista Chilena heela por usted, que llena en parte el programa de una revista como la que he indicado. Allí se refleja la luz emi tida por fa fuente originaria, haciéndole proyectar sobre nuestra propia conciencia; se sige: el novimieuto científico y literario del mude, y se lo hace obrar sobre nuestra inteligencia; sa vulgarizan nuevas ideas, se aplican á determinados objetos, y se espurcen nociones claras que reaccionan sobre nuestro propio ser, obrando sobe la masa que se educa.

En prueba de que he leído su revista bibliográfica con gusto y atención, voy á hacerle respecto de ella algunas ligeras observacioues, que quizá puedan serle de alguna utilidad en su estudios.

Sigo en mis anotaciones el orden de los múmeroe de la Revistala. Descubrimiento de América por los Rarmandos—Con motivo de un libro de M. Gravier, Decouverte de l'Amerique par les normands au N siécle, trata usted esta cuestión en una de sus primeras notas bibliográficas. El libro de Gravier, que nada abanlutamente utero contieno, sino lo que á él se le lua antojado suponer por su cuenta, poseido de una especie de mania acompañada de poca crudición propia y de ningún criterio, no es un trabajo serio ante la crítica, aunque muy bien impreso. Baste decir que reproduce en nua lámina, como prueba auténtica, la inscripción de la piedra llamada de Dighton en Norte América (Writing Rock) de que todos los arqueólogos norteamericanos se ríeu hoy á carcajadas, por más que el pro pietario del terreno en que se enenentra la hayo cedido con él á la Sociedad de anticuarios del norte de Copenhague. El sabio Raffn, inventor y | ropagador infatigable de la que llamaremos teoria anticolombina, pretendió descifrar esa inscrip vión, en su famoso libro Antiquaetates americanas que usted conoce, y esa piedra es uno de los cimientos de su edificio. Gravier no conoce más que este libro: de él saca hasta sus mapas y viñetas, y lo único que le agrega son sus exageraciones tan arbitrarias como falsas y sin consistencia. A este úmero pertenece la pretendida ciudad del Brasil (página 235). Esta última especie ha sido rectifirade después, como lo ha sido por el mismo, Lyell, supuesto hallazgo de restos humanos en una caverna del mismo pais, que ha declarado no pertenecer al terreno primitivo como lo creyó antes.

Sobre esta cuestión tengo mis ideas definitivauente formadas, y tanto más, cuanto que he sido hasta no ha muelio uno de sus más sinccros creyentes, Cuando esta noticia se vulgarizó, fuí uno de los incrédulos; pero, al fin, la adopté como indiscutible, ecdiendo a la gran autoridad de Humboldt, que, primero en su Eramen de la geografía det nuevo continente, y después en el Cosmos, la admitió como fuera de cuestión. Es mi creencia que, sin este poderoso auxilio, que es la prueba moral que más la abona, la teoría anticolombina, el descubrimiento do Greenland y de Vinland, no habría pasado de la Sagas interpretados por Raffn, ni hecho tanto camino.

Miembro yo mismo de la Sociedad de anticuarios del norte, he seguido su corriente, hasta que ini propía razón, despertada con las mismas prue has con que trataba de robustecer mi creenciala reaccionado espontáneamente, sublevándose abiertamente al leor el libro de Gravier.

Los últimos descubrimientos de los arqueólogos norteamericanes, Davis, Taphan, Squier, Shuulerafts y otros, que han déscripto los singulars monumentos de tierra y los restos de la Edact de piedra de las primitivas razas del norte de América, mo han afirmado en mis erceneia: ayudándome á estimar la debilidad y la inconsistencia en quo so fuuda la teoría anticolombing.

Si un movimiento de la razón no me hubiese lanzado en esta vía, un sentimiento de justicia me habría hecho protestar al fin contra las conseeuencias que de tal teoría pretenden deducirse.

Dice Raffn en su obra citada: "El descubrimiento de la América en el siglo X puede ser considerado como uno de los sucesos más notables de in historia del mundo, y la posteridad no puede defraudar á la escandinavos del honor que se han granjeado con este descubrimiento".

Dando el hecho por cierto y perfectamente comprobado, tal como se pretenale, un ignoto descbrimiento, hecho por casimulidad y perdido sin saberse cóuno (que esto es lo que pretende protar Raff), ni es el "suceso máis notablo del mund.ante el descubrimiento de Colón, ni es un honor" que pueda reivindicarso para obscurcer la gloridel grande hombre que, guiado por las inspiraciones de su genio y por nociones científicas, domostró prácticamente in redondez del mundo, creyendo.cueontrar la India al término de su viaje, buscando "el Oriente por el Poniente", según sus propiss palabras.

Tengo en mi biblioteca casi todas las obras que so cupan especialmente ó por incidente de esta cuestión, que puedo decirse agotada por parte de los anticolombinos, y he tamado todas las notas para escribir una Memoria históricocritica á su respecto, trayendo todas las pruebas á las conelusiones de un hecho geográficauiente posible y probable, de las cuales las oscritas están muy lejos de ser concluyentes y pueden interpretarse de divereo modo, aun dando por irreprochables los textos y la traducción de los Sagas, no siendo lifícil demostrar que Humboldt, acreditándola tan absolutamente, fué guiado más bien por sus impresiones que por un estudio atento de la cuestión.

Es increible la masa de hechos que pueden agloucrarse para fundar un sistema de pruebas sólidlas diametralmente opuesto, tomando por baso el territorio americano, en contraposición á las débiles pruchas (muchas de las cuales están anonadadas por sí) en que se funda la teoría anticolourbina de los anticuarios del norte, de que soy miembro, y cuyas publicaciones, que recibo periódicamente, pe afirmar cada día más en mi creencia.

Si mi obra no produjese el convencimiesto, ó por lo menos no disipara del todo las tinieblas de esta cuestión, que para la mayoría es artículo de fe, será al menos la manifestación de un espíritu independiente guiado por la luz de los hechos y de su razón, que busca seriamente la verdad, reaccionando contra libros del género de los de M. Gravier, que son la abdicación de la razón propia y la xageración mániática de un descendiente de los normandos que se considera por esta circunstancia ral rez superior á Colón.

Yo que le criticaba á usted el haber dado tan seria atención á Gravier, so la he dado mayor; pero ha sido para transmitirle mi modo de pensar sobre tan importante cuestión, llamando su atención accren do ella, y esperando encontrar en usted un aliado y hasta un colaborador, luego que refle xione nn poco sobre el particular.

2a. Ilarrisse (bibliógrafo norteamericanio)muy interesante y bastante completo sa articulo sobre eso valiente pioneer do la bibliografía aumerieana, que, no obstante eierias hevues que han comprometido su reputación, es sin duda el que la levautado este ramo de literatura á la categoría de ciencia. Es en su género un genio de paciencia trascendental.

Hecha la debida justicia, Iago mi anotación.

Cita usted una obra de Jarrisse en español, publicada en Madrid on 1872, titulada Introdueción de la imprenta en América, etc., desde 1540 hasta 1600, que dice no haber podido procurarsc y á la que supone grande importancia y novedad.

Puede juzgarse de esta obra por la Bibliotheca Vetustissima do larrisse, eu enja página 374 y siguientes se inserta una lista de las obras impresas en América, desde el año 1540 hasta el 1600, después de disertar en las 10 páginas anteriores sobre la introducción de la imprenta en esto liemiferio. Todas las noticias allí contenidas le fueron:

suministradas, según lo declara él missio, por ci bibliografo mejicano Icazbalceta. Pienso que la obra á que usted se refiere no es sino una reproducción en castellano de las mismas pigimas, tal vez con algunas noticias más tomadas en España, utilizando el catálogo de la Biblioteca de Maximiliano (Andrade), por lo que respecta á Méjico, En cuanto a la introducción de la imprenta en Sud América, ni Harrisse ni lcazbaleota sabían la primera palabra, empezandó su cuenta desde 158)lo que muestra que ni el anual de Brunet había!

compulsado. Bruct diú en efecto un libro de 158 como el primero impreso en Sud América; pero, después, ac corrigió en artículo posterior, v las dos versiones se hau reproducilo fi la vez en su última edición. En la Berisla del Río de la Plata he ilustrado este punto en un artículo bibliográfich, icniendo a la vista un libro de 1584, impreso en Lima, quo pricbo ser el primero, el oua existe en mi biblioteca.

Alí tiene usted otra anotación pará su ejemplar de Harrisse.

Sa. Episodios, etc., del Paraguay, por Bermejo..

Vco que este libro le ha llamado la atención y que se ha detenido analizándolo. El autor, á quien conocí, cra, como usted lo juzga, una inteligeneia mediana, muy poco nutrida. Medio literato ro zarzuelas, vino al Paraguay á buscar fortuna, y allí es lo cucomendó la redacción del Semanario,irgano ciego y servil de la más bárbara tiranía le que haya memoria en el mundo. En su libro se la el autor los aires de un hombro independiente, que se atrowín á decir la verdad á López. La verdad es que no fué sino un instrumento dócil en manos de un poder brutal, ante el cual no so atrevia ni á respirar. Cuando, libre el Paraguay, vino i Buonos Aires, alzaba las manos al cielo, como un aclavo que ha roto su cadena. Por lo demás, su libro tiene su mérito: es una pintura real de las costumbres del país en tono de folletín, y da una idea exacta aunque ligera del modo como se gobernaba y se obedecía en aquella pobre tierra.

Pero no es eate el objeto de mi anotación, sino el poner en su conocimiento que Bermejo es autor de un libro publicado en la Asunción en 1862, que se relaciona' iudircetumante con Chile.

Su título es La iglesia católica en América ó refulación de la obra Intereses Católicos en América, del presbítero don Ignacio Eyzaguirre. Usted extrauerá saber que esta obra tiene una tendencia antivanista; pero se explicará el hecho cuando le diga que nuestro amigo Eyzaguirre se labia permitido hablar mal del Paraguay, de la ciudad de la Asunción, y de la condición de la religión católica y de su clero allí. Bermejo, como escritor oficial, salió a la palestra despedazando el libro de Eyzaguirre por cuenta del gobierno, y de pás por cuenta suya, el papado romano. Hasta el cbispo del Paraguay (Palacios) se unió á Bermejo contra Eyzaguirre, y de miedo y por complacer á López, escribió una carta inserta cu la obra:

protestando en tal sentido, lo que no le salvó de quo López le hiciese matar pocos años después.

Puede usted agregar esta anotación á los Intereses Católicos do mi amigo Eyzaguirre. El libro de Bermejo es un volumen cn 4°, y cometa de 241 púginas.

4a. Hulchinson (Antigüedades del Perú). No conozco esta obra, ni necesito conoreria para saber que ha de conteuer muchas noticias de interés; pero redactadas sin orden ni méodo científico.

Hutchinson es un original que tiene la pasión di los viajes, para escribir sobre ellos lit ros que han tenido poca aceptación cu Inglaterra, segan me hu informado el capitán Burtout, el famos viajero del Africa Central. Ha escrito sobre la expedición del Níger en Africa, de la que formó part. Aquí ha sido, por algunos años, cónsul de Inglaterra e ol Rosario, y ha escrito dos obras sobre la Repú blica Argentina, una de las cuales lleva mi retrato al frente. No obstante mi estimación por su personu, uni gratitud por su distinción y el lionor que hago á su infatigable actividad, debo declarar qu Bus libros, conteniendo algo útil, no responden á ninguna idea, ni tienen un carácter dorable. So mejor obra es sin duda un periódico estadístivconureial en inglés, que publicó aquí 5. Don Florentino González. — No menciona usted una traducción de Grimake hecha por él, impresa últimaraente en Europa y precedida por un estimable estudio suyo. En cuanto al Proyecto sobre juicio por jurados, no tiono el mérito que se le atribuye en las palabras que ha suministrado á usted D. José Victorino Lastarria; y el congreso argentino lo ha desechado últimamente con razón.

Antes de esto, había publicado nn librito en octavo sobre la misma materia, que no carece de mérito, aunque no sen sino a compilación sobre los liversos sistemas del juicio por jurados en los países en que existe.

Ga. Colección Lamus (bostoria de Lozano).Nada dice V. de la introducción de Lamas puestu al frente de la colección, limitáudose á señalar lo exiguo de sus noticias sobre el padre Lozano.

Por jui parte, al dar mi opinión confidencialmente, en contestación á una carta de Lamas que acom pañaba al trabajo en cuestión, lo hice con los debidos cumplimientos á la erudición del escritor; pero salvando mi responsabilidad moral y haciénJole en términos curteses algunas críticas explícitas ó impliciras. Eu honor de la sana critica y en descargo de mi conciencia, no pude dejar de decirlc á él mismo: 1° Que lo que principalmente pru baba en su introducción es que Lozano era un gran ignorante, aun para su tiempo; 2? Quo Lozi:no escribió sin documentos sobre los primeros riempos, copiando á los cronistas sus antecesores sin disceruimiento; 5° Que algunas partes de la introducción exceden la medida episódica en que lebieran encerrarse, como, por ejemplo, lo relativo á la geología'y & ln etnografía, siendo la primera de éstas por demás elemental (más adecuada para niños que aprenden, que para hombres que saben lo que dicen y lo que leen); 4° Que hace sopr tará las telas de araña de lozano el peso de cuestiones científicas, etnolográficas, fisiológicas y sociales, de que el autor ni idea tenía, mantenióndas en un equilibrio artificial, y haciéndoles atravesar como un acephata los abismos que las separan, sobs un hilo invisible, por no decir incanecbible; 5 (Que su revista cartógrafa sobre el Río de la Plata parte de un hecho inexacto, cuales que los mapas de 1527 y 1520 dan una idea bastente exacta de la cuenca del Plata, tal como se conoce loy, sefin él parece ercerlo, al anotar sobre el particular á Martiu de Moussy, el cual sin duda anduro ligero, bien que sin afirmar nada absolutamentese Por los demás, Lamas ha prostádo un verdadero servicio a la historia americana, siquiera sea para salvar las noticias utilizables que en esa ob encuentrau y demostrar que todo lo demás es inútil repetido, ó sin criterio, ó de todo punto falso, sin hablar de los milagros.

Generalizando V. un concepto de Lamas, asienta que picusa con él, "que hasta ahora la historia de stos países aio tiene páginas más llenas ni más auténticas que las del padre Lozano": Lemas dien esto refiriéndose únicamente á los libros cuarto y quinto, relativos á la historia de lo que se llamaba la Provincia de Tucumán, en que Lozano residió For muchos años, y que en efecto es la parte nás importante de su obra, pudiendo considerarse como una crónica original, que ha sido abundantemente explotada por el dean Funes en su Ensayo His tórico.

Con este motivo hacía notar, á Lamas que, par tiendo de ese prineipio, faltaba en sn crítica:

1 Mostrar el contingente que la obra de Lozan ha dado a la historia del Río de la Plata, can rándola con la del padre Guevara (que le es sup rior como historiador de criterio) y siguiendo con el deán Funes, que la copin en gran parte; 2° Es tablecer los fundamentos históricas do esa obra, para determinar el grado de autoridad que mtrezca: 3° Sintetizar ean parte de su obra, poniend de manifiesto su significado, ya que no su filosofia.

ó por lo menos sus tendencias morales; 4° Establ cer su criterio bajo esta triple faz, asignando su puesto i Lozano entre los cronistas originales del Río de la Plata, hasta donde le correspondioso.

Me parece que Lamas no se había preparado auticientemente para ilustrar la obra de Lozano. A—í me lo hacen creer las generalidades de la introduc ción y la falta de notas al texto, que ofrece dar en un tomo complementario. El texto mismo aduIcco de notables defectos, sobre todo en el primer volumen. Cuando un literato so encarga de publicar y de anotar obras antiguas, creo que debe hacerlo como V. lo ha hecho en su Proceso de Valdivia, trabajo de erudición, de crítica, de con cordancias históricas, de biografías y de compleprentos necesarios, bebidos en documentos contemporíuens y que considero un modelo en au género.

La publicación del libro de Lozano ha venido á comprobar que hasta hoy ningún escritor antiguo ni moderno ba reemplazado todavía á punestro priunitivo cronista Ruy Díaz de Guzmán, nacido e:

América, descendiento inmediato de los conquistalores, de los que tomó sus noticias, las cuales llevan el sello de autoridad que falta á los demás, cualesquiera que sean sus defectos y deficiencias.

Esa publicación demuestra además lo que ya sabíamos, y es que la historia del Rio de la Plata está por hacerse y rehacerse, como ya se lo misnifesté tira vez. Es indispensable para ello acudie á los dachmentos contemporáneos que no estudioron los cronistas, y fuudar nuestro edificio sobre lases nueras, para que no nos suceda lo que dice Gay: "que él escribió la historia de la conquista de un modo, según los cronistas, y los documentos originales la cuentan de otro"...

De este trabajo mo ocupo, y ya tengo acopiados Todos los materialés recogidos en el Archivo de Indias de Sevilla y Simancas.

Larrazábal (Historia de Bolicar).—Me parerece que hace V. á este autor más honor del que merece. Malísimo escritor, que siendo desordenado, raya en lo vulgar, carcce, como historiador y como ilustrador de documentos, de todo criterio, lanzónlose con frecuencia solo y por su cuenta, sin más bagaje que la declamación, á tratar con tono absoluto puntos históricos de la mayor trascendencia, que pugnar con los hechos averiguados, tal como la versión que da de la famosa conferencia de Chuayaquil entre San Martín y Bolívar, poniendo en boca de uno y otro conceptos y palabras tan inverosimiles, como notoriamente falsos, además del mal gusto literario con que está expuesta tan grande escena. Sensible fué la muerte del autor, así como la pérdida de los documentos originales Jac con él naufragaron, bien que, en los dos tomos que nos ha dejado, poco adelanta sobre la Colec ción de Documentos publicados en Caracas, que usted conoce, y que continuará siendo la fucute original á que acudirán los futuros historiadores.

8° Brasseur de Bourgbourg—Con motivo de la uuerte de este escritor hace usted un análisis de sus obras, Al leerlo, exclamé: "¡Gracias á Dios que encuentro un hombre que piense como yo sobre este pretendido sabio americanista" Su crítica, aunque severa, es muy mesurada, y trata al abato B. de Bourgbourg con was consideración tal vez de la que merece, omitiendo ocuparse de algunos puntos que probarían que, si no era absolutamento un charlatán ignorante, su erudición era escasa, su ciencia no iba muy lejos, sus teorías eran inconsistentes, sus juicios basados con frecuencia en documentos apócrifos ó falsos, sus conclusiones tan arbitrarias como desprovistas de cirterio, y todas sus obras una cosecha en gran parte ajena, acompañadas de un palabreo que irrita uando no fatiga al lector.

Este juicio es el resultado del estudio paciente de sus obras, que empecé á leer con gusto y simpatía, tomándolo á lo serio, hasta que, penetrado de su fondo, no convencí de que allí no había fondo, ni fornia artística siquiera.

Fundaré mi juicio examinando ligeramente algumas obras del abate.

El Popol Vuh ea la piedra angular del edificio imaginario de B. de Bourgbourg, suponiendo que, como la Biblia, es un libro anterior á la conquista.

Para esto tiene que suponer la existencia de un alfabeto fonético entre los americanos, en el cual supone que el tal libro se escribió. Todo esto podría pasar como pruebas gimnásticas del ingenio, si no se ciociesen el texto origiual y su origen. E::

efecto, sabemos que el padre Ximénez fué quien lo escribió en lengua quiché, tomando verbalmente sus relaciones de boca de los indios, y como él mismo lo dice: "se reduce esta mi obra á dar á luz y noticia de los errores que tuvieron en su "jentidad" (estos indios) y que todavía conservan entre si.

Obra histórica, emprendida con un fin declarado de propaganda fide á principios del siglo pasado, en que las antiguas traliciones y Buevas nociones del cristianismo estaban mezcladas; el autor pun sin duda de su parte algo (aun sin pensarlo), para hacer coincidir en lo posible la Biblia sagrada con las creencias de los indígenas. Por lo tantno es posible acordarle el carácter de libro sagrad trausmitido por la tradición oral que el abato le supone pudiendo, cuando mais, conceder (dando de barato), que fué la obra de algún neófito educado en el cristianiamo bajo la dirección de algún antiguo misionero. B. de Bourgbourg supone que Ximénez descubrió este libro, cuando el mien Ximénez dice terminantemente que él lo escribió y declara con qué tin.

El texto español de Ximénez fué publicado en Viena en 1857 por el Dr. Schener, quien dier expressamente en el estudio con que lo precede, que B. de Bourgbourg no lo conocía entonces. Eu.dice Ximénez: "esto escribiremos ya en la ley de Dios en la Cristiandad, porque ya no hay librn común, original donde verlo".

13. do Bourgbourg, publicando en 1861 su Popal Vuh (que és el mismo de Ximénez publicado en Viena), se sirvió de su texto para la inteligencia lel original quiché y do la traducción francesadeduciendo de las anteriores palabras, que no se prostan á tergiversaciones, que el libro del común significaba libro nacional, arguyendo de ignoraucia á Ximénez, á quien por otra parte reconoce profundo en las lenguas indígenas de Centro Ainérica, como que después se vistió de sus trabajos filológicos apropiándoselos hasta cierto punto, como lo diré después.

No so necesita decir más para juzgar de la se riedad y la profundidad del nuevo traductor de esta pretendida Biblia americana, y del comentario que de su Génesis huce, embrollando los mitos americanos.

La Gramática quiché, que se supone escrita por el mismo Brasseur de Bourgbourg y propicia con la estimación de filólogos distinguidos, os In uisma del padre Ximénez, completada con otras posteriores. El mismo abate lo declare. "La gra mática (dice él) no es tanto obra mía, como de Ximénez, Basseta, Flores y otros, puesta simultáneamente en castellano y en francés" Esto lo liee en la dedicatoria al obispo García Peláez, á quien no podía ocultarlo, usando del idioma castelano. En el Avant propos, escrito en francés, oculta el nombre de los autores y dice: "La Grammaire n'est pas entierement notre oeuvre", debiendo decir: "n'est pas du tout mon oeuvre". No necesitaba decirlo, por otra parte, pues no hizo otra Posa que copiar el original español, sin tomarec el trabajo de traducirlo. Un verdadero sabio habría publicado el original de Ximénez anotáudolo ó corrigiéndolo, si era capaz de ello. Lejos de esto, reproducc, sin declararlo, el viejo texto, con tierra y todo, adulterándolo groseramente donde pone la mano pretendiendo corregirlo. Ejemplo: En la época en que escribió Ximénez la c unida á la l sonaba como q (como usted sabe), que es como se pronuncia en langua maya; así, hoy mismo los mayistas centroamericanos escriben v. g. Cisteily pronuncian Quisteil, como puede verse en el Dicrionario de Yucatán, por Castillo. Puen bien!

El abate pone esta nuotación en francés: "C seguila de la h se pronuncia tch, como en español, Ex: Chabal, lenguaje, idioma, pronúneiese tchabal" Aquí so prucha que el abate no sabe lo que dice.

¡Qué diremos del drama Rabinal Achi, que sigue á la gramática? B. de Bourgbourg sup que es un monumento del arte dramático de los autignos americanos". No es extraño esto cuando Marken y otros sabios, europeos y no europeosdan por producción original del tiempo de los Jucas el drama cn quechua, titulado Ollanta, cuyo autor se conoce, y que no es sino unu traducción ó una imitación de una comedia española de ca y espada, en que ni el gracioso falta.

En cuanto al vocabulario de raíces de los dialectos guatemaltecos, no puede considerarse con seriedad, aun poniendo la mejor voluntad, cuando se nota lo violento y arbitrario de sus etimologías, la falta de encadenamiento lógico y geográfico en las palabras, y el espíritu sistemático y preconeobido que todo lo falsea. En esto mismo defecto ha incurrido el Dr. Vicente Fidel López cn su obra sobre las Razas aryanas en el Perú, la cual, aparte de lo falso de su teoría y lo inconsisterte de sus pruebas, ticne. su, mérito.

En ella ae pretende probar que los antiguos peruanos eran nada menos que descendientes de los griegos ó de sus progenitores los pelasgos, y por lo tanto de los aryos. Como Brasseur de Bourgbourg.

López pretende reaccionar también contra la escuela filológica alemana, que ha establecido la filiación de las lenguas por la analogía de las formas gramaticales, y no por el sonido aislado de las sílabas radicales, ni aun de las misinas palabras. Incurre además López, como su modelo, en el error de tomar por raíces partículas inertes unidas á vocablos serviles, que no representan sino una modificación accidental del caso ó una mera Gufonía, naando para el efecto á discreción de todos los alfabetos y de todas las ortografías, según más cuadra á su teorfa, cuando no corrige las diferentes letras fundándose en una hipótesis. En ultimo grado abusa por demás de la permutación de las letras (que sólo es permitido cuando puede es tablecerse la filiación histórien), para encontrar al fin una nueva relación inetafórica fundada en ideas abstractas que los indios del Perú no podían concebir, y que su idioma no ha expresado ni podrá expresar jamás, lo que prueba concluyentemente por el método induetivo, que ni contenía el germen le la inteligencia aryana, ni fué ni podía ser jamás el instrumento de una civilización progresiva.

Veo que usted no nace mención de una obra del abate, lo que me haco creer no la conozen: es su Bibliotheca—México—finatemalienne, que contiene indice razonado de sus libros, precedido de nun ojcada sobre sus estudios americanos, París 1871.

Allí es donde B. de Bourgbourg: se desata contra la escuela filológica alemana, que trata de absurda, dondo sostiene abiertamente que la cuna de la hnmanidad es el Occidente. y no cl Oricate, como so creía hasta hoy; que de América partió por cl camino de la Atlántida el movimiento civilizadar que atestiguan sus monumentos, y que estos monumentos son los que explican ó han de explicar le otro modo que hasta aquí los monumentos egip ios, etc. Allí verá ustod, salvo algunos manuscrizos, raros y de verdadera importancia, y uno que otro libro fundamental, lo exiguo de su biblioteen, que él considera única, en presencia de los catálogos mejicanos publicados últimamente en Londres, que usted debe conocer, En sus notas no muestra ucho saber bibliográfico, incurriendo eu errores, omisiones y falsas apreciaciones, que á la simple leeturn.se advierten ser el resultado de un hombre que no domina la materia.

Para acabar con el abate B. de Bourgbourg, hablemos del Munuscrit Troand, que usted se limi ta á trafar con reserva, contando de paso la historia del cliuseo del abate Domenech, que su editor suponía ser un manuserito pictográficoamericano, cuya clave daba con la aprobación de B. in Bourgbourg, y resultó ser el euadernoborrador de mamarachos de un muchacho alemán.

Parece que usted no supiese que algo parecido ha sucedido con el Manuscrit Troano, impreso com gran lujo tipográfico y cromolitográfico.

En una nota de su Bibliotheca dice el mismo abato B. de Bourgbourg lo que sigue: "No teme "volver sobre lo que he avanzando á propósito del "Manuscrit Troano. Los ensayos de traducción "interliniaria que ho dado a las inscripciones ma"sas, no crá, como lo dije entonces, sino simples "ensayos, y nada: más. Yo había creído que la na"rración comenzaba á mano derecha, es decir, "per el último folio, como en los libros orientales.

"La traducción del Codex Chimalpopoca, y el exa"men que he podido hacer en las ruinas de In"lenque, me han convencido de que la narración "lebe empezar á mano izquierda; como los libros "enropeos". No bastando esto para explicar las abiertas contradicciones en que había incurrido, haciendo decir al texto lo que no decía, el abate recurre además á otro expediente muy singular.

Inventa, interpretando á su manera un pasaje del padre Sahagun (de quien ha tomado casi todo lo Inreino que trae on sus cartas sobre Méjico), un sistema que él denomina de las anfibologías, según el cual, las palabras expresan & pueden expresar cosas opuestas á su sentido recto y genuino, de mos que en un texto idéntico pueden leerse las muismas palabras con un signifiendo completamente diferente. No es broma. He aquí las palabras textuales del abate: "Eu depit de mes tatonements "qui contient l'exposition que j'ai publéc des hic"rogliphes mexicains, evec le Manuscrit Troano, "je no dois pas moius á co document l'explication "d'une foule des choses que m'ont servi dans l'in"tarpretation du Codex Chimalpopoca, et qui m'on "fait comprendre les amphibologies. C'est en "comparant ces deux documents, que j'ai appris "comme on pouvait lire dans les mémes lignes, "deux recita, non pas contradictoires mais con"pletement differents." Es el suicidio del pretendido sabio, siendo éstn su última confesión sobre su última obra. Para qué seguir? Dejémoslo en paz.

Por estas pruebas comprenderá usted que tengo razón de hablar, en honor de la seriedad de la eiencia y en homenaje á la verdad, con la severidad que he empleado respecto del abate Brasseur de Bourgbourg, á quien usted aprecia bien, aunque con ciertos miramientos, quizá por no conocer todos los documentos que lo condenan como un sabio que vivió poseído de una manía, aun concerdiéndole el honor de la buena fe, de la que á veces he llegado á dudar.

Tal vez be empleado á su respecto palabras demasiado erudas, que son admisibles en una carta de confidencias literarias escritas al correr de la pluma.

Sa. Fussang (Los chinos en América).—Vea que usted no se atreve á pronunciarse sobre esta cuestión, y que equivoca (tal vez por no haber leído con toda atención el libro de que se ocupa) las conclusiones á que han llegado los sinólogos que la han tratado.

Dice usted que un periódico inglés que se imprime en Hong—Kong, ba discutido esta mestión in un sentido favorable. Si no hay error do imprenta, y si en vez de favorable usted no ha querido decir desfavorable, es lo contrario lo que resulta de la citada discusión.

Termina usted diciendo que el libro de Leland es sin duda " lo más completo que se linya publi"cado sobre el viaje de los chinos á América en "ol siglo V, y que se encuentra embarazado para "dar una opinión acerca de su verdad." Permítame usted decirle que ha andado por emás tímido al formular esto juicio negativo sobre una base equivocada, si es que no hay crror de imprenta, repito.

El libro de Leland, titulado Fussang, es sin duda lo más completo sobre el particular; pero sólo en el sentido de que compila todo lo que sobre la cuestión se había eserito, sin agregar más quo algunas argucias, á fin de ligar entre sí las diversas narraciones ó especulacioucs que contiene. Es difícil darse cuenta de esto no leyendo de segnido todo el libro, del que la memoria del sabio orientalista Newman forma el fondo, dejando arrumbado el primtivo trabajo de Deguingues.

Leland, discípulo do Newmau, ha reunido en ese volumen todo cuanto sobre la cuestión se había escrito en pro, y algo de lo dicho en contra.

La más notable que se encuentra es la carta del coronel norteamericano Barclay Keunou, que demuestra que, dadas las corrientes marítimas que existen entre la China y California, el descubri miento de la América por los chinos es posible y au probable, hasta por medio de los juncos chinos, lo que, como usted sabe, tampoco es nuevo.

Así, el libro de Lelaud no trae ningún contia—gente nuevo á la cuestión, y se halla ésta, más ó nenos, como la dejó Deguingues en el siglo pasa—, do, con la diferencia de que hoy se han aglomerado mejores pruebas en contra, robusteciendo las negaciones que eu tal sentido formuló Klaproth.

El hcchó no es imposible, y parcce probable, como lo es el descubrimiento de la Groenlandia, y aun de lo que propiamente se llama el continent:

unericano por los normandos; pero tiene á su favor pruebas mucho más débiles que, por ote parte, se destruyon á sí mismas.

Lejos de ser favorable la discusión de esta cuestión en China á las conclusiones de Lelaud, les fué adversa, y puede decirse que las enterró para siempro.

El Dr. Bretschneider, residente en Pekin, y Simson, residente en Cantón, ambos entendidos sinólogos, respondierou á la invitación del Notes and queries on China and Japon, periódico publicado en Hong—Kong, á que usted alude, pronanciándose en un sentido desfavorable á las conclusiones de Newman, robusleciendo su exposición con demostraciones y argumentos que no han podido ser refutados por Leland sino con argucias sin sa lidez.

Si usted quiere recorrer el capítulo XIV del libro de Lelaud, allí encontrará comprobado lo que dejo dicho.

Toda la argumentación de los chinoamericanos se funda casi exclusivamente en una prueba de inferencia, á saber: que la palabra Fussang, bajo la cual se designa el pretendido país descubierto por los chinos en el siglo V, y que se supone ser Méjico, es el nombre que los descubridores dicron á una planta que crecía en él, y que, según su descripción, se supone ser el muuguey ó áloe antericano; en lo cual, unido á otras particularidades que se mencionan en la redacción china que se atribuye á un sacerdote budhista Haizdo fociShin, se basa todo el edificio chinoamericano.

Simson dico que la palabra fussang designa una planta malváeca de la China, que ninguna analogia tiene con el maguey, el cual se introdujo en este país llevándolo de las islas. Filipinas. A isto argumento, que echa por tierra su armazón nada seria, nada contesta Iland, sino rearguyendo sobre las palabras.

La conclusión de Simson es la misma de Klaproth, más o menos, í saber, que el país de Fussang, descubierto por los chinos en el siglo V (dado que sea auténtico el relato), debe ser el Japón al enal corresponden (dados los límites de la f'bina en esa época), las palabras de "pnís dondeo se levanta el sol. A esto nada contesta Leland.

Bretschneider, con más abundancia de agumentos y más copia de datos, trae todos los antecedentes históricos y geográficos de la cuestión, exhibiendo sut bibliografía.

Haciendo cómputos de tiempo y distancius, difiere de Simson en que sea el Japón, aseverandocon el testimonio de la historia china, que cra ya conocido por los budhistas. Su opinión es que puede haber sido una provincia de Siberia. ('onfirma que, según las descripciones del árbol llainado fussang por los chinos, no puede caber duda do que es una malvácea, extendiéndose sobre este punto en noticias muy curiosas, que denotan saber y conocimiento del país.

Como en la narración china sobre el pretundido descubrimiento de América en el siglo V se habla de la existencia de caballos en el país que se supone sor Méjico, fácil. le es al sinólogo de Pekíu probar que en América no existían caballos antes de la época colombina. Concluye calificando la narración de "consumado" combusto atrihuído á un falso sacerdote de Budha, admitiendo que puede ser, cuando más, una narración referento á otro paíe, adornada por la imaginación de algún poeta.

La réplica de Leland no destruye esos argumentos, y extendiéndose mucho en defender á los mormones (de los que el doctor Bretschneider se ocupa do paso), se limita á redargüir sobre painbras, cantando el triunfo por el hecho de encon trar contradicciones entre los dos sinólogos que refuta.

Como usted ve, si la cuestión ha sido discutida rn China, lo ha sido en un sentido desfavorable á la hipótesis que se pretende acreditar por Lcland, y aparte de la pobreza de las pruebas en quo reposa, hay los datos suficientes para formar una opinión, ya que no para rechazar un examen.

Y cono veo que esto sería asunto de nunca acabar, termino aquí mis anotaciones á su revista bibliográfica publicada en la Revista Chilena.

Muchas otras cosas se me ocurren que decirle sobre nuestros comunes estudios; pero ya esta carta so va convirtiendo en folleto, y tengo que ponerle fin respondiendo á sus últimas preguntas y hablámlole de mis trabajos y proyectos lite rarios.

Me pregunta usted si la nueva edición de mi Historia de Belgrano comprenderá la vida del héroe hasta, su muerte, porque le interesa conocer á fondo la revolución de Arequito (1820). No altcraré el texto de la parte publicada, limitándome á ligeras correcciones y adiciones de detalle, salvo una nueva Introducción histórica que lleva rá á su frente. Pensaba cornplementarla simplemente con un epílogo en que se bosquejase la <—335 vida de Belgrano, desde el congreso de Tucumán en que lo deje, hasta su muerte; sin dar á la historia del país el desarrollo que tiene en la parte publicada, porque, como lo digo allí, el papel histórico do Belgrano termina en 1816, y alli puede decirse que propiamente termina su vida pública.

La masa de documentos inéditos y de un gran interés histórico que he encontrado en los archivos públicos sobre los sucesos de los años transeurritos entre 1816 y 1821, ne ha aconsejado moditicar ese plan, iluminando con noticias descono cidas esta parte de imi obra. Le agregaré, pues, ho extensos capítulos (1), que comprenderán los siguientes puntos: 1° Sipe—Sipe, de 1815 á 1816, que, conteniendo una ajeada retrospectiva le los sucesos militares bien ligados á los de l vida de Belgrano, la abrace desde la batalla de se nombre hasta que Belgrano e recibe del inando del ejército allí derrotado, historiando los hochos que forman su cadena sucesiva. 2° El 1aca, año de 1816. Contendrá todo lo relativo al proyecto de constituir una monarquía en estas provincias de América, elevaudo al trono á un príncipe heredero ó descendiente de la familia de los antiguos señores del Perú. Belgrano ca ol protagonista de estas negociaciones, según se vo por los nuevos documentos que le encontrado en el archivo secreto del congreso de Tucumán.

3 Salta y Güemes, 1816—1817. Narraré la famosa resistencia de Salta, históricanaente Feada á la lel Alto Perú, hasta la memorable retirada del En vez de ocho, son diez y nueve los uueros cap!tulos agregados a esta obra en su tercera edicién.—(Neta det ditor).

ejercito de la Serna, después de la victoria de Chacabuco. He utilizado para ello muchos docu mentos nuevos. 4° Las Republiquetus, 1816—1817.

Forma un edadro nuevo en que la bosquejo, ú nás bien dicho, en que está referida la resistencia det Alto Perú en sus relaciones con la revolución argentina, comprendienilo la muerte de Padilla y la expedición de La Madrid, hasta la invasión de Olañcta á Salta. 5° La Anarquia, 1816—1817.

Refiéruse la descomposición política y la guerra civil bajo sus amúltiples aspectos. Además, las relaciones internacionales desde el paso de l Andes hasta el armistieio del Rosario, que pus un paréntesis á la guerra del litoral, para desen cadenarse con más furia al año siguiente. ó Arc quito, 1820. Historia de esta revolución que separó á Belgrano de la escena púhlien, sus causas y sus efectos, consumuando la disolución política de interior de la república. 7° El Año Veinte. Expli earáse su fisonomía, sus tendencias, sus acciones encontradas, la descomposición natural y la recomposición orgánica que se opera, el papel de Buenos Aires en esa époen y el carácter dramá tico de la escena histórica que se desenvuelre en el momento en quo Belgrano llega moribundo á Buenos Aires. 8° Epilogo. Refiere la agonía de Belgrano hasta su muerte, en medio de aquellos sucesos, su resurrección histórica, su apoteosis y el juicio definitivo de la posteridad á su respecto.

Tal es el plan complementario que espero poder lesempeñar mereed á unos 8000 documentos inéditos que he encontrado, de los cuales he extractado como 4000, que le de utilizar en su mayor parte. Tal vez encuentre usted en esas páginas lo que desea respecto de la revolución de Arequito Puesto que usted se interesa en adelantar zus cas acerca de ese punto historie, pule consultar por lo pronto lo que sobre el particular dien el doctor Jon Vicente Fidel López en sus Estudios Históricos de la Revolución Argentinapublicados en la Revista del Rio de la Plata.

Aunque an versión lleva cierto sullo do parcialidad preconcebida, debido quizá á impresiones propias.

á las fuentes en que ha bebilo, hay allí bastantes noticias nuevas tomadas oralmente, que pu:den utilizarse ligándolas á otras más auténticas y comprobadas. Excusa decirle que se escritor debe tomarse con cautela, porque escribe la historia con tendencias filosóficas, más bien según un teoría basada en hipótesis, que con arreglo á un sistem metádico de comprobación. Fuera de los documentos impresos en los periódicos (que mehe tomado el trabajo de emparar con los originales que existen, los cuales muchas veces los corriguu), el. bagaje histórico de Lopez es muy liviano. Guiándose por la brújula de su teoríailuminándose en su camino por ideas preconeobidas, afirmando dogmáticamente en consecuencia (puede decirse en cada página) lo contrariu de in que dicen los documentos inéditos que un ha consultado, incurre en errores gravísimos, no obs tante la belleza literaria de muchas de sus pági nas, lo animado de algunos de sus cuadros y lo acabado de varios de sus retratos, bien que no siempre ajustados á la verdad historien. Asitodo lo que se refiere a San Martín es falso arbitrario (como puede comprobarse por documenttos), como lo es parte de lo que se relacioua cor el paso de los Andes (en que hace merecidos elogios de la historia de usted), lo mismo que cuanto con vierne al negro del Ejército de los Andes d.

Chile, al pretendido proyecto de entregar Pury.

<—258rredón el mando á San Martín, y á la acción de la Logia de Lautaro en todo ello. Otro tanto digo de las relaciones diplomáticas del Río de la Platy con la corte del Brasil, desde 1816 hasta 1819, y las relaciones del Director supremo con el congreso de Tucumán en esa época, según he podido convencerme. estudiando los documentos originales.

En el plan de mis trabajos históricos había pensado prescindir en la Historia de Belgrano del período de la guerra civil comprendido entre 1816 y 1820, para hacerlo entrar en otro libro que tengo en borrador y enyo título es Arligas. He visto después, estudiando los documentos, que ese período puede y debe complementarse en ambos libros. Así, según lo que le expongo, el libro de Artigas será la historia revolucionaria interna y de la descomposición social y del régimen colonial, simbolizada por el caudillaje y explicada por la anarquía y la guerra civil, desde 1810, en que las masas se despiertan al soplo revolucionario hasta que el sistema colonial se descompone y se disuelve, siendo reemplazado por una república orgánica en embrión, con las fuerzas sociales casi aniquiladas, en que el instinto popular, obedeciende á su indole, resuelve de hecho los problemas políticos con más ncierto que los sabios, aunque comprometiendo en otro sentido la existoncia de la comunidad, mientras la revolución americana (es decir la independencia) triunfa por las armas y por las ideas en otro campo y por otros medios.

Será un libro mucro, y aun pienso que también original por su significado y por su alcance, stando fundado en documentos completamente inéditos, estudiados á la luz del criterio histórico que he indicado en mis Estudios sobre la revolu rión argentina.

Antes de emprenderla con Artigas ea mi ánimo terminar la Historia del general San Martin. Es cuestión de tiempo y de rodacción, pues todo el plan cetá bosquejado, los estudios cacritos están hechos según esc plan, y los documentos clasificados en el orden en que sucesivamento los ho de usar. Estimo en diez inil, por lo menos, el número de los documentos manuscritos extractados ó consultados para la confección de este libro. Formarí dos tomos, como la Historia de Relgrano, de 500 á 600 páginas cada uno.

Al mismo tiempo, y por vía de solaz, catoyreuniendo los materiales para un libro nuevo de antropología y etnografía, ensanchando el plan de otro que tenía en bosquejo sobre las lenguas indígenas del Río de la Plata, considerándolas como base de los estudios históricos y geográficos.

Su título será El hombre salvaje de la cuenca del Plata. Allí trataró la cuestión de las razas indígenas, determinaré su geografíu y sus migraciones, estudiaré sus lenguas bajo diversos punts de vista conexos con el asunto, ocupándomo de otros que creo han de ilustrar la materia, dando un contingente nuevo. Para este trabajo cuento con el auxilio de mi biblioteca glóticoamericanaque se compone como de 200 volúmeues sobre las lenguas indígenas de ambus Américas, en que están incluídas las primitivas edicionca de las gramáticas y diccionarios de los misioneros. Adeinfis de esto, todo cuanto sobre antropologia, etnología y arqueología americana se ha publicado.

Ile dicho á usted antes que en el Archivo de Iudias he encontrado los materiales para otra obra, á fiu de hacer y rehacer la historia antigua de esta parte de América. Será la última que emprenda, dándome tiempo para recoger más matemales y esperando que tal vez pueda realizar un viaje hasta Sevilla y Simancas para completarlos.

Su título será Historia del descubrimiento, com:

quista y población del Río de la Plata; precedida de una introducción sobre el suelo y sus respec tivos habitantes. La obra se dividirá naturalmente en cuatro partes: 1a. Goneralidades; 20. Descubrimiento; 3a. Conquista; 40. Población. Toda ella será fundada sobre documentos nuevos y auténticos, que ya tengo extractados según esteplan, y ordenados del mismo modo. Como la, historia de la conquista del Río de la Plata es la única que no ha sido escrita, tal vez por ser menos dramática que la de Méjico, Perú y Chile, es un libro que falta en la literatura americana. Si no presenta el interés romancesco de las que he recordado, no carecerá de grandes caracteres y notables empresas, mostrando cómo se colonizú este país sin el aliciente de las minas de oro y plata, cómo se afirmó la colonización por el trabajo; cómo se constituyó su vida municipal y como la prosperidad se desenvolvió comercialmen te. Será la solución histórica de un problema veonómico y social, único en la América del Sur.

II e abi el programa de mais trabajos literarios esperando que la fuerza no me falte, y que la vida in aleance para llenarlo.

En cuanto á mis Arengas, de que le hablé antes, ya está terminada su impresión en un volumen de más de 600 páginas. Irá con esta carta.

El tomo de Poesías está todavía en prensa; pero irá en la primera oportunidad.

En cuanto a los pisadios de la Revolución, que formarán dos volúmenes, me falta completar la seric, dándoles un encadenamienta cronológico.

2 Ja abra se dividirá en dos parles: 1a. Revolución de la Independencia; 2a. Revolución social. Empezaré con la invención de la bandera nacional y la muerte de Liniers en 1810 y 1811, y torminaré con la tragedia de Barranca l'aco y la salvación del cadáver de lavalle, marcando cada año con una especie de medallón histórico, por el estilo de los que usted conoce, como Falucho, la Esmeralda, el Crucero de la Argentina, ctc. Siendo todos ellos rigurosamente históricos y fundados en documentos, tendrá sin embargo cada uno la munidad de un drama, y se leerán como una novela popularizando así la historia patria, á la vez que adelantándola.

Tengo en cartera, y parte en el tintero, otros los trabajos, que es cuestión de algunos días do buen humor terminar.

El uno es un estudio sobre Azara, considerado como geógrafo, etnólogo, naturalista á historiador lel Río de la Plata. Es el Humboldt modesto de esta parte de América, que solo, sin estímulos, on medio de las desiertos, sin conocer más ciencias que las matemáticas, y guiado por su genio observador, creó un sistema nuevo de clasificación zoológica, midió y describió geográficamente su territorio, estudió sus razas indígenas, revelando, por decirlo así, un mundo desconocido, y siendo el precursor de los que después han continuado su 1area.

El otro es un estudio sobre las misiones jesuíficas del Paraná y Uruguay, hecho en el cuadro : la vida del padre Antonio Ruiz de Montoya, su verdadero fundador. Es una figura notable como misionero, escritor y filólogo, autor de la Conquista espiritual del Paraguay y de las gramá ticas y diccionarios guaraníes que existen. Monto9 <—242ya mació en Lima, y es, como el padre Santo Tomás en el Perú, y Ruiz Blanco en Cumaná, la reproducción del tipo de Las Casas entre nosotros.

Y con esto he vaciado mi saco literario.

Por aquí las únicas novedades literarias que tengo que anunciarle, son las siguientes: 1a. Lo descripción de la República Argentina por Bururister, director del Museo de Buenos Aires. (El primer volumen acaba de publicarse aquí, en alemán, y se está haciendo otra traducción fraucesa en París). 2a. Ja Patagonia y las tierras australes del continente americano por don Vicente G. Quesada, director de la Biblioteca de Buenos Aires. (Esta obra de discusión y de historin al mismo tiempo, con muchos documentos nuevos, interes igualmente á Chile). Se. Luz de!

dia. (que pasa por impresa aquí siéndolo c Francia). Usted la ha juzgado literariamente muy bien. Poen inventiva, algunos chistes, verdades iugeniosas unas y traqueadas otras, cxageradl falsedad, pasiones veuenosas y exposición sofistien, tales son los elementos que componen, esten libro). 4a. Gaceta de Buenos Aires por A. Zinnyinspector de instrucción pública. Es un indier analítico de este importante periódico, desde 1810 á 1821, muy útil para los coleccionistas ó historiadores, aunque difuso como todos los trabajos de este antor. 5a. Efemeridografia Argiroparquéfica, ele., por el mismo. (Es una bibliografía de la prensu periódica de las provincias argentinas lasta 1850, que complesmenta la bibliografía Argirometropolitana que usted debe tener). 6a. Uu roroua literaria con un grabada en honor de nuestra novelista nacional doña Juana Manuela Gorriti (que á la fecha debe estar en Lima).

<—243T. Un librito niscelanico de la baronesa de Wild1, escritora en varias revistas ilustradas d Europa, que hoy se encuentra en Buenos Aires.

Sa. In libro sobre distribución de las tierras públicas, por el coronel don Alvaro Barros. Da.

Aquí se publican varias revistas, fuera de la histó ricoliteraria del Rio de la Plata que cesó. Las lay emedicina y cirugía. de agricultura con lámiums, de bibliotecas populares, de farmacia, materins rurales, instrucción pública, le música, de nursisuática, militar con láminas, del museo con id, del archivo (documentos antiguos), una alemana sotre materias económicas, historia y grati Tísica y estadística nacional, y varios anales de sociedades científicas. Entre éstas. In de la Serie ad de ciencius acaba de publicar un artiendo sobre el caballo fósil argentino, escrito por w von naturalista nestro. Luis Fontana, de que he adjunto un recorte con una breve introducción incha por mí. 10. Terrilorio argentino y cuestiones internacionales de limites, por Nicolás Gronlona. Es un cuaderno con un maga y leyendiexplicativas, publicado en el Rosurio.

A propósito del caballo fósil argentine .reuerda que se me iba pasando hablarle de otro joven naturalista que es nuestra esperanza. Muy joven au se ha hecho ya conocer en Europa por un trabajo suyo publicado en la Revue d'Antropologie de Broca, subre los cementerios prehistóricos de la Patagonia, que ha estudiado por si misio. En el Boletin de ciencias exactas de Córdola ha publi eado otro trabajo sobre las antigüedades de los indios en la provincia de Buenos Aires. Amlog sou completamente originales, y suministaan uevas luces: Pero su obra mejor es an museo autropologico, arqueológico y paleontológico, que ha formade.

en su casa con objetos reunidos por él, cutre las cuales se cuentan más de 400 cráneos de razas indígenas que es, sin duda, la colección craneológica americana más completa que exista. Es inteligente, instruído, posee una vasta biblioteci americana, y sobre todo, la pasión de los viajes y el coraje de afrontar todos los peligros y fatigas para explorar regiones desconocidas, estudiando el terreno geológicamente y recogiendo objetos do historia natural. Su nombre es Francisco l'.

Moreno y pronto lo tendrán ustedes por Chile.

Se lo recomiendo á usted y demás amigos muy especialmentc.

El joven Moreno va á hacer un viaje de exploración. Récorriendo las pampas y atravesando la Cordillera, seguirá desde el fuerte del Carmen en Patagones, más o menos el itinerario. (en sentido inverso) del viaje de Cox, pasando por Nahuel Huapí. De allí pasará probablemente hasta el Perú para enriquecer su colección de cráncos, que complementará y aun corregirá en parte los estudios de Tschudi y de Morton.

Tengo á la vista la primera carta—relación de su viaje, con un eroquís de su itinerario. Al presento se encuentra explorando el río Colorado, y espera estar en Chile, según dice, de febrero á marzo.

Se me ocurre ahora que nada le he dicho del catálogo de mi biblioteca americana, á que usted se refiere en su carta, y de que le hablaba en mi anterior. Me va saliendo tan vasto, aun sin salir de los límites rigurosamente bibliográficos, que veces temo quo nunca lo terminaré. Por eso he adoptado el sistema de consignar mis notas bibliográficas en las hojas, blancas de los mismos libros, quando no exceden de una ó cuatro páginas, escribiéndolas aparte cuando forman un artículo niss ' bien que una nota. A este número pertenece el estudio sobre el primer libro impreso en Sud 'América, de que le hablé antes, y que usted debe conocer. Según este plan, aun sin repetir noticias que se encuentren en otros catálogos, tomando las notas exclusivamente de los ruismos libros, apreciarlos y compararlos entre sí desde el punto de vista de su originalidad y de su utilidad para determinar las verdaderas fuentes de estudio sin entrar en la crítica literaria, sacando do ellas mismas las noticias históricas correlativas y las biografías ignoradas de una gran parte de surs autores, y otros detalles de que usted, como hombre del oficio, se hará cargo, bien comprenderá que este trabajo, que emprendí por mucro entretenimiento, vaya creciendo entre mis manos como la bola de nieve.

Mi plan es metódico, según un sistema de claficación que he adoptado, teniendo en vista las munterias que constituyen mi colección de libros. La materia general son la historia, la geografía y la etnografía. Las diversas secciones que la forman se suceden y encadenan en el orden de los estudios de un americanista, ya geográfica, ya científicamente. He aquí una idea de mi trabajo. Introducción, la formará Bibliografia Americana, ó sea el conocimiento de los libros que van á estudiarac.

Sección 1a. América anticolombina, razas y lenguas indígenas, geografía fisica (aspecto del suelo, botánica, estudio de determinadas plantas y cultivos americanos, ctc.) Sección 2a. Descubrimiento de América. Antecedentes geográficos. Colón y Vespuci. Escritores primitivos del descubrimiento.

Poemas épicos sobre el descubrimiento. Sección 3a.

América en general, historia y geografia, viajes y descubrimientos, etc. Sección ta. Río de la Plata. en general y particular, que formuara nueve diez capítulos. Sección 5a. Américu española subdividida geográficamento por repúblicas. Sección 6a. América portuguesa. Sección Ta. América del Norte. Sección 8a. Cuestiones americanas eu que las cuestiones de límites forman el fondo.

Sección 9a. España y América. Sección 10a. Derecho, cedularios, códigos—constituciones; coleccio nes de tratados, y obras especiales sobre lo mismo.

Sección 11a. Mfanuscritos sobre el Río de la Plata en particular y sobre América en general, inclusu mi propio archivo histórico, sección que componIrá varios capítulos que todavía no he precisado.

Sección 12a. Mapas y láminas, sumando los primeros más de mil númoros. Nada digo del mone tario americano, que usted conoció en embrión, porque, con lo dicho, ya ve que tengo en qué entretenerme.

Sin más literatura por ahora, se despide de us ted hasta otra carta su invariable amigo BARTOLOME MINE