Plenitud: LXI (Alégrate)

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LXI
Alégrate



Si eres pequeño, alégrate, porque tu pequeñez sirve de contraste a otros en el universo; porque esa pequeñez constituye la razón esencial de tu grandeza; porque para ser ellos grandes han necesitado que tú seas pequeño, como la montaña para culminar necesita alzarse entre colinas, lomas y cerros.
Si eres grande, alégrate, porque lo Invisible se manifestó en ti de manera más excelente; porque eres un éxito del Artista eterno. Si eres sano, alégrate, porque en ti las fuerzas de la naturaleza han llegado a la ponderación y a la armonía.
Si eres enfermo, alégrate, porque luchan en tu organismo fuerzas contrarias que acaso buscan una resultante de belleza; porque en ti se ensaya ese divino alquimista que se llama el Dolor.
Si eres rico, alégrate, por toda la fuerza que el Destino ha puesto en tus manos, para que la derrames ...
Si eres pobre, alégrate, porque tus alas serán más ligeras; porque la vida te sujetará menos; porque el Padre realizará en ti más directamente que en el rico el amable prodigio periódico del pan cotidiano
Alégrate si amas, porque eres más semejante a Dios que los otros.
Alégrate si eres amado, porque hay en esto una predestinación maravillosa.
Alégrate si eres pequeño; alégrate si eres grande;, alégrate si tienes salud; alégrate si la has perdido; alégrate si eres rico; si eres pobre, alégrate; alégrate si te aman; si amas, alégrate; alégrate siempre, siempre, siempre.



Los demófilos a ultranza; los que no creen o no quieren creer que la naturaleza es aristocrática, que contemplen una rosa, una camelia, una violeta; que miren bien un cisne, una golondrina, una gaviota.
No sólo es aristocrática la naturaleza, sino que la aristocracia constituye su excelencia misma.



¿Qué es, en suma, la evolución, sino una aristocracia perenne, móvil, ascendente, que va desde la amiba hasta el Dios?



Lo imprevisto constituye la nobleza de la vida.



Eso de invitar a comer a las gentes, bien visto, es un acto salvaje y primitivo. Se las invita a devorar cadáveres de animales, a nutrirse a un acto elemental, a una función fisiológica.
Los ingleses, que han comprendido antes que otros pueblos ciertas delicadezas, inventaron el té de las cinco... Una bebida casi inmaterial, en la hora crepuscular en que han cesado los afanes del día, los negocios, la tarea brutal de ganar el dinero, y en que, por lo tanto, el hombre es más humano, más elevado, y se atreve a hablar de cosas delicadas, que no significan negocio.
Día llegará en que se invite a los amigos a algo más inmaterial todavía que el té: a tomar alguna droga innocua y estimuladora al propio tiempo, que aristocratice los pensamientos y las conversaciones y ponga un fluido paréntesis entre nuestra animalidad anterior y subsecuente .. .



Si supieras esperar, nada te pasaría; llegaría todo mejor de lo que imaginas, y te ahorrarías el tormento del miedo. Eres como un niño, que, ante los fuegos artificiales, asustado de los primeros cohetes, se tapa los ojos y oídos ... y no ve las maravillosas combinaciones de luz que esos cohetes preparaban.



El clavo se queja del martillo, porque no ve la mano . .. ¡Cuántas quejas tenemos de los demás tan ilógicas como ésta!



Lo que nos hace sufrir, nunca es "una tontería" ... puesto que nos hace sufrir.



Muchos siglos o quizá milenios antes de que Colón descubriese la América, ya la habían descubierto los marcianos con sus telescopios ... dado que haya marcianos...



Señor, eres tú, pues, quien me miraba con los maravillosos ojos de Marta; eres tú quien me sonreía con la boca jugosa de Clemencia; eres tú quien me acariciaba con las santas manos diáfanas, casi inmateriales, de mi madre.
Y eras tú también el que me perfumaba con aquellas rosas; tú quien me iluminaba con la luz de luna de aquella noche, luz que no ha vuelto a repetirse en ninguna de las noches de luna.
Y tú, por último, quien me pinchó Con aquel aguijón .. . Ahora lo comprendo, Dios mío, ahora lo comprendo, a pesar de que ello era tan fácil de comprenderse...



Esa sensación que experimentáis en una pieza solitaria de una energía oculta, de un trabajo incesante y misterioso, que se manifiesta por el polvillo tenue depositado a diario sobre los objetos, especialmente sobre las superficies brillantes, y en la noche por los crujidos de los muebles, por algo como un rumor sordo que más bien adivináis que percibís, ¿sabéis lo que es, en suma? Es el deshacerse perpetuo de la materia en el éter.
Todo, todo va deshaciéndose; la FUERZA, la ENERGÍA, como invisible mano todopoderosa, coge el éter, y lo estruja, lo aprieta, y de este estrujamiento, de este: apretujen, mantenidos como por resortes por las leyes que nos parecen inmutables-surge el universo sensible ... Pero la materia, que está hecha de elementos inmateriales, tiende invenciblemente a volver a su origen, y rebelde a toda forma, va deshaciéndose, deshaciéndose lentamente...
Esto lo advertís en el perfume que vosotros mismos habéis condensado en los alambiques y que se volatiliza sin remedio. Sí, la materia se nos deshace... ¡quizás con dolor de las formas! Esta disgregación de sus entrañas mismas es dolorosa, y por eso en la noche, en nuestra estancia, percibimos como un ruido sordo; y hay algo trágico en el crujir de los muebles, y pasa por el ambiente un hálito de angustia.



¿Dices que soy un justo? Pues déjame pecar una vez, una vez sola. Caer de muy alto, de la aguja más audaz y eminente de los Alpes Espirituales a la más honda sima del océano del mal; ahí donde la presión de las atmósferas tuerce el acero de la voluntad como si fuese estaño.
Me perderé por una chiquilla loca, de carnes duras y piernas largas y ágiles.
¿Dices que soy un Hombre sereno? Pues déjame encolerizarme sólo una vez; rugir y aullar de ira, con la espuma en la boca; dar cachetes a mis enemigos; desgranar un rosario de insultos a quienes me ofendan.
¿Dices que soy caritativo? Pues déjame negar por una vez el pan al muerto de hambre, verle desvanecerse de inanición a mis pies mientras yo acaricio beatíficamente en mi escarcela los doblones, ¿Dices que soy un gran poeta? Pues déjame escribir un poema largo y soso, más vulgar que el papel de envolver, más dulzón que la regaliza y más ñoño que la mentalidad de un académico erudito.



Quiero caer muy hondo para probar la embriaguez de la ascensión. Quiero despeñarme para sentir la nostalgia de mis cúspides plateadas por la luz azul... Para que lo que hay de vil y de malvado en toda la naturaleza, en la mía no se traspore más, por extinción absoluta; para sentir, por último, toda la amargura del remordimiento, y después toda la gloria de la regeneración. Y El respondió al interrogante:
-Tu imaginación te engaña. Tu pecado no te produciría el goce que imaginas.
Cada gran pecado es como una cita de mujer; antes nos parece henchido de voluptuosidades maravillosas. Después comprendemos su estupidez, su vulgaridad Tu anhelo es puro diletantismo. El gusto de la perversión es más soso que el del arroz cocido. Sin embargo, si insistes, yo te dejaré caer, sosteniéndote cuidadosamente de la punta de tus alas. Mas en cuanto a hacer el poema ñoño de que hablas, vive Dios que no te permitiré escribirlo jamás: prefiero los mayores pecados a los malos versos.