Plenitud: LXV (La muerte de la sorpresa y la adaptación al milagro)

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda


LXV
La muerte de la sorpresa y la adaptación al milagro



Una de las pruebas indirectas y mediatas, si se quiere, pero prueba al fin, de que el alma humana está destinada a posibilidades infinitas, cada vez mayores, cada vez más bellas, es su adaptabilidad inmediata al milagro.
El asombro es un sentimiento más efímero todavía que el amor. El prodigio más estupendo no acierta a suspendernos muchos minutos el ánimo.
Recuerdo el caso de la Kati King, de William Crookes (y conste que ni afirmo ni niego su veracidad ).
Se trataba, al decir del ilustre profesor y de los sabios que lo acompañaban, en unión de los miembros de su familia, de un espíritu al que daba cuerpo la médium Florencia Cook, dormida sobre un diván a pocos pasos de la aparición.
Kati King iba y venía por la sala, sonreía, conversaba. En varias ocasiones mostró a los del círculo cómo los espíritus sabían tejer las telas blanquísimas y vaporosas de que se envuelven. Con un movimiento gracioso de las manos iba desenrollando una muselina fantástica que desaparecería, al fin, como había aparecido.
Antes de partir, después de tres años de frecuentes visitas, Kati obsequió a todos los presentes con rizos de su hermoso pelo rubio y trozos de tela de la blanca túnica en que se envolvía. Inmediatamente después de haber mutilado sus cabellos y cortado su traje, pasó simplemente sus manos por unos y otro, y ambos volvieron a su integridad... reconstruidos milagrosamente con el mágico toque de sus dedos.