Política de Dios, gobierno de Cristo: 135

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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



Prefación a los hombres mortales que por el gran Dios de los Ejércitos tienen la tutela de las gentes desde el solio de la majestad Pontífice, emperador, reyes, príncipes: a vuestro cuidado, no a vuestro albedrío, encomendó las gentes Dios nuestro Señor; y en los estados, reinos y monarquías os dio trabajo y afán honroso, no vanidad ni descanso. Si el que os encomendó los pueblos os ha de tomar estrecha cuenta de ellos; si os hacéis dueños, con resabios de lobos; si os puso por padre, y os introducís en señores, -lo que pudo ser oficio y mérito hacéis culpa, y vuestra dignidad es vuestro crimen. Con las almas de Cristo os levantáis; a su sangre, a su ejemplo y a su doctrina hacéis desprecio: procesaros han por amotinados contra Dios, y seréis castigados por rebeldes. Adelantarse ha el castigo a vuestro fin; y despierta y prevenida en vuestra presunción la indignación de Dios, fabricará en vuestro castigo escarmiento a los porvenir.

Y con nombre de tiranía irá vuestra memoria disfamando por las edades vuestros huesos, y en las historias serviréis de ejemplo escandaloso.

Obedeced a la Sabiduría, que en abriendo la boca por Salomón, empezó a hablar con vosotros a gritos: Diligite justitiam, qui judicatis terram. Imitad a Cristo, y leyéndome a mí, oídle a él: pues hablo en este libro, y hablé en el pasado, con las plumas que le sirven de lenguas para sus alabanzas.


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