Política de Dios, gobierno de Cristo: 156

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Política de Dios, gobierno de Cristo Francisco de Quevedo



¡Oh señor!, perdóneme vuestra majestad este grito, que más decentes son en los oídos de los reyes lamentos que alabanzas. Si lo que es precio de sangre en la venta que se llaman de otra manera, cuántas posesiones, cuándo Judas se llama Acheldemach, ¿cuántos edificios, cuántos patrimonios, cuántos estados, cuántas fiestas son Acheldemach, y se deben a los peregrinos por sepultura? Los arbitrios de Cristo rey para socorrer a los suyos, son a su costa, cargan sobre su carne y su sangre, sobre su vida y su muerte. Quien quita de todos los suyos con los arbitrios, para defenderlos del enemigo, hace por defensa lo que el contrario hiciera por despojo. De que se colige que el señor que tiene necesidad de los suyos, no es señor, sino necesitado. Por esto David rey exclama: «Dije al Señor, tú eres mi Dios, porque no tienes necesidad de mis bienes.»


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