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Primer discurso en la Fiesta del Ser Supremo del 8 de junio de 1794 (20 de pradial, año II)

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Primer discurso en la Fiesta del Ser Supremo del 8 de junio de 1794 (20 de pradial, año II) (1794)
de Maximilien Robespierre
Nota: Traducción del usuario @Repub73 desde una fuente digitalizada de las Obras completas de Maximilien Robespierre en la página The ARTFL Project - Universidad de Chicago.

Franceses republicanos, por fin ha llegado este día, por siempre afortunado, que el pueblo francés consagra al Ser Supremo: jamás el mundo, que Él ha creado, le ofreció un espectáculo tan digno de su mirada. Ha visto reinar sobre la tierra la tiranía, el crimen y la impostura; ve en este momento a una nación entera enfrentada a todos los opresores del género humano, suspender sus trabajos heroicos, para elevar su pensamiento y sus votos hacia el gran Ser que le dio la misión de emprenderlos y la fuerza para ejecutarlos.

¿No ha sido él con su mano inmortal, que grabó en el corazón del hombre el código de la justicia y de la igualdad, el que trazó la sentencia de muerte de los tiranos? ¿No ha sido él quien, desde el comienzo de los tiempos, decretó la República, y puso en el orden del día para todos los siglos y para todos los pueblos, la libertad, la buena fe y la justicia?

Él no creó a los reyes para devorar a la especie humana; no creó a los sacerdotes para uncirnos como viles animales al carro de los reyes, y para dar al mundo el ejemplo de la bajeza, del orgullo, de la perfidia, de la avaricia, del libertinaje y de la mentira; sino que creó el mundo para proclamar su poder; ha creado a los hombres para ayudarse, para amarse mutuamente y para alcanzar la felicidad por el camino de la virtud.

Es él quien puso en el seno del opresor triunfante el remordimiento y el espanto, y en el corazón del inocente oprimido la calma y la dignidad: es él quien obliga al hombre justo a odiar al malvado, y al malvado a respetar al hombre justo; es él quien adorna de pudor la frente de la belleza para embellecerla aun más; es él quien hace palpitar las entrañas maternas de ternura y alegría; es él quien baña de lágrimas deliciosas los ojos del hijo estrechado contra el seno de su madre; es él quien hace callar las pasiones más imperiosas y las más tiernas ante el amor sublime de la patria; es él quien ha cubierto la naturaleza de encantos, de riquezas y de majestad: todo lo que es bueno es obra suya o es él mismo; el mal pertenece al hombre depravado que oprime o que permite oprimir a sus semejantes.

El autor de la naturaleza había ligado a todos los mortales por una cadena inmensa de amor y de felicidad; ¡perezcan los tiranos que osaron romperla!

Franceses republicanos, a vosotros os corresponde purificar la tierra que ellos han mancillado, y devolverle la justicia que de ella desterraron. La libertad y la virtud nacieron juntas del seno de la divinidad, la una no puede morar sin la otra entre los hombres.

Pueblo generoso, ¿quieres triunfar sobre tus enemigos? Practica la justicia y rinde a la divinidad el único culto digno de ella. Pueblo, entreguémonos hoy, bajo sus auspicios, a los transportes de una alegría pura; mañana volveremos a combatir los vicios y a los tiranos: daremos al mundo un ejemplo de las virtudes republicanas, y con ello le honraremos una vez más.