Primeros auxilios en los casos de accidentes é indisposiciones repentinas/Primeros auxilios en general

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Primeros auxilios en los casos de accidentes é indisposiciones repentinas (1909) de Cecilia Grierson
Digitalizado por Biblioteca Feminaria.
Primeros auxilios en general



CAPÍTULO II
Primeros Auxilios en general

Para prestar primeros auxilios no basta la buena voluntad, es necesario saber qué hacer; sino, podemos hacer más mal que bien; mientras que, con algunas nociones fáciles, tendremos la satisfacción de salvar algunas veces la vida de un semejante y siempre podemos aliviarlo de sus sufrimientos. A las personas que no son indiferentes á estos llamados del deber, les podemos asegurar que con un poco de empeño, eficazmente realizarán sus humanitarios sentimientos.

Tengan presente los siguientes consejos para examinar una persona que encuentran caída sin conocimiento:

1º Fijarse en qué posición está el cuerpo; qué objetos le rodean y los datos sobre el accidente que rápidamente pueden dar los que rodean al caído ó el mismo accidentado si está con conocimiento.

2º Sacarlo rápidamente del sitio si corre mayor peligro (vía de tren, casa que se derrumba), ó quitarle los objetos que lo comprimen (piezas de artillería, caballo, trozos de madera); luego acostarlo cómodamente sobre el dorso ó costado; la cabeza inclinada á un lado, acercar y estirar suavemente las piernas y poner los brazos á lo largo del cuerpo; desabrochar la ropa que le comprime.

3º Buscar y prestar rápidamente los primeros auxilios en los accidentes que pueden causar una muerte rápida (hemorragia, síncope, congestión, asfixia, etc.), improvisando los medios que se tiene á mano para efectuarlos; reanimar al caído, y si tiene sed darle de beber agua ó algún excitante (café fuerte, alcohol con agua, etc).

La hemorragia arterial es á la que más urgentemente debe prestarse primeros auxilios; recién luego debe reconocerse si hay entorsis ó luxación ó fractura de las articulaciones y huesos para prepararlo para el transporte.

4º Si no fuera esta clase de accidente, debe observarse la respiración; si es penosa, superficial, soplante, etc.; tomar el olor del aliento; apreciar el pulso: si es rápido, lento, depresible, fuerte, etc.; porque son las funciones que indican la mayor ó menor vitalidad del enfermo y, por lo tanto, la gravedad del accidente.

Alzar los párpados y ver las pupilas, si están contraídas, dilatadas ó desiguales, que también indica el estado del paciente. Luego, cualquier otro signo que se halle en el cuerpo en casos de duda, si no bastan estos diversos exámenes, según el caso. Otras veces será tan claro el diagnóstico que no se requerirá todo este examen y por la clase de accidente se sospechará la lesión producida y que se irán explicando capítulo aparte.

5º Preparar al herido ó accidentado y colocarlo en las mejores condiciones para el transporte (inmovilizar una fractura, mojar la cabeza en caso de apoplegía). Luego buscar ó improvisar medios para efectuar este transporte cómodamente.

6º Sobre el campo de batalla, el objeto primordial es efectuar rápidamente el transporte y sólo prestar primeros auxilios para evitar la muerte ó la agravación del herido, sin detenerse en exámenes largos é inútiles. Así, sólo se intervendrá en caso de hemorragia arterial ó se le entablillará en caso de fractura, ó sacar al accidentado del sitio si hubiere peligro de ser aplastado (riel de tren, camino, etc.); en cambio es necesario ir provisto de agua pura ó una infusión de café, mate, etc., para aplacar la sed del caído que está casi siempre exhausto por la fatiga, calor ó frío, ó hemorragia, y para esto llevarán llenas las caramañolas.

7º Se procede, según los casos: cohibir la hemorragia en heridas, y para esto es útil ir provisto siempre de alguna faja elástica y un paquete individual de curación. Reanimar en casos de muerte aparente por asfixia ó síncope; transportar ó entablillar convenientemente habiendo fractura, entorsis ó luxación, cuyo procedimiento indicaremos en cada caso.

8º Hay que aprender á desvestir rápidamente á los accidentados, según cada caso; así, en heridas basta cortar la ropa á la altura del punto en que pasa superficialmente el tronco principal de la arteria para aplicar la compresión. Cuando es una fractura del brazo, debe sacarse la ropa del lado sano primero y si es de la pierna ambos simultáneamente ó cortar siguiendo la costura.

9º En caso de asfixia por sumersión, debe reemplazarse la ropa mojada por abrigos calientes. En caso de quemaduras, es de suma importancia saber desvestir á una persona sin causarle daño, rompiendo las flictenas; para esto siempre debe cortarse la ropa con tijeras ó con cuchillo grande y muy afilado, para no producir sacudidas ó tironeos, y si se hallara alguna parte de la ropa adherida, debe cortarse alrededor dejando el género pegado al sitio hasta el momento de hacer la primera cura; porque arrancándole las flictenas causan gran dolor y podría infectarse por la ancha superficie quemada.

10º Cuando se trata de una histérica, hay que usar de su influencia moral y alejar á los que rodean á la accidentada. Luego, hay casos en que hay que tener valor de hacer el salvataje antes de prestar los primeros auxilios como sucede en los incendios ó siniestros marítimos, etc.

Para prestar los primeros auxilios en cualquiera de estos casos, no necesita ir provisto de bagaje alguno, bastan los conocimientos, y cuando más, para las heridas en campo de batalla, llevar alguna faja ó tirador elástico, unos cuantos triángulos, un poco de gasa ó algodón y algunas tablillas, lo demás no tiene razón de ser, ni aún en la mochila ó bolsa un camillero; porque en el primer momento, ¿qué uso puede hacerse de pinzas, agujas, cepillos, etc.?, que deben reservarse para la ambulancia, en la que se efectúa, como es debido, la primera cura. En esto también tiene que modificarse la cirujía de la guerra, dejando que los primeros auxilios lo sean realmente y no desnaturalizarlos haciendo una primera cura mal hecha en vez de auxilios de urgencia.

Contusiones ó golpes

Se llama contusiones las desgarraduras internas de los tejidos, especialmente de los vasos capilares, pero sin hacer herida en la piel; producidas por objetos duros y obtusos al recibirse un golpe, sufrir un choque ó tener una caída.

Puede ser un accidente de los más insignificantes (chichón, ojo contuso, etc.); como uno de los más graves y puede ser acompañado de heridas contusas: entorsis, luxación, fractura, shock, conmoción, síncope, congestiones, hemorragias internas de diversos órganos, laceración de músculos y vísceras que también pueden ser dislocadas por contragolpe.

Por eso hay que buscar y averiguar si existen algunas de estas complicaciones para proceder con rapidez y conocimiento en caso de fractura, síncope, hemorragia, etc.

Cuando es una contusión muy superficial, se forma un derrame sanguíneo de la piel, llamada equimosis (chichón, sugilación), producida por el derrame de la sangre debajo el cutis. Esta hinchazón es dolorosa, y toma otro color que el del resto de la piel; primero un color lívido violáceo, que en los días siguientes se torna marrón, verde, y por fin, amarillo, hasta, confundirse con el color natural. Este cambio de coloración depende de la materia colorante de la sangre derramada por los vasos rotos, y que no es absorbida, sino lentamente por los vasos de nueva formación.

Cuanto más laxos son los tejidos, tanto más sangre se derrama (ojo contuso), y si la contusión es profunda puede haber escoriación y adhesión de la piel, ó formarse una bolsa sanguínea que puede ser más ó menos voluminosa, y en esos casos lo que se aplica debe ser aséptico.

Para impedir que siga en aumento este derrame se comprime sobre el sitio contundido para cerrar los extremos de los vasos; esta compresión debe ser prolongada, suave y uniforme, inmovilizando la parte golpeada para que tenga mayor reposo.

La aplicación de compresas de agua muy fría ó muy caliente, renovadas frecuentemente, ayuda también á contraer los vasos por acción refleja y contrarestar el derrame al mismo tiempo que el vendaje apropiado contiene mecánicamente; ambos deben continuarse por largo rato; así se calma también el dolor. De ahí nace la costumbre popular de aplicar metales fríos, como ser: un cobre, una llave ú hojas de plantas ó barro etc. que lo mantiene frío; lo mismo el uso de harina y agua vegeto-mineral que sería mejor reemplazar por agua pura.

Se curará fácilmente la contusión en pocos días si una masagista hábil sabe hacer el roce varias veces al día en dirección al corazón; así arrastrará más fácilmente la sangre estancada y bajará la hinchazón en poco rato, facilitando al médico el poder hacer el diagnóstico de una entorsis, luxación ó fractura.

Si á más de la piel, los órganos esenciales internos: cerebro, médula espinal, pulmón, hígado, intestino han sufrido una contusión, veremos aparecer instantáneamente fenómenos alarmantes de parte de estos órganos, y á veces un estado especial que se llama shock (sacudida brusca), y que se manifiesta por una indiferencia, insensibilidad, apatía, abatimiento, postración, etc.; causada por una conmoción cerebral ó medular, causada por el dolor, la hemorragia, el susto, etc.

La conmoción cerebral puede ser producida por un golpe ó caída. Cuando es leve, se distingue porque hay vértigo, obscurecimiento de la vista, hay síncope ó agitación, y por fin, vómitos al recuperar el conocimiento. En la conmoción grave hay pérdida completa del conocimiento, la piel pálida y fría; el pulso y la respiración débil.

Se debe estimular, abrigar y calentar al enfermo que se enfría.

La contusión cerebral produce agitación, pupilas contraídas, dificultad ó imposibilidad á menudo para hablar, la pérdida de conocimiento por congestión.

Si es contusión del cerebro, se transporta al enfermo á un sitio silencioso y se tiene á media luz; se friccionan los miembros inferiores para atraer allí la sangre y llamar pronto al médico.

La contusión del pulmón da lugar á los esputos de sangre espumosa y dolor de costado; la del vientre á vivos dolores abdominales, vómitos, palidez mortal, sudores fríos, desfallecimiento, y algunas veces la muerte súbita; el hígado, el bazo ó el intestino pueden ser desgarrados, lo cual hace que una gran cantidad de sangre ó el contenido del intestino, se viertan en la cavidad abdominal y una muerte rápida es la consecuencia de estas desgarraduras que producen shock, perforación, estrangulación y peritonitis si el médico no interviene.

En estos casos debe procederse á aflojar toda la ropa ajustada del enfermo suavemente, acostarlo cómodamente; si está pálido y sin conocimiento, la cabeza inclinada hacia abajo; quietud, compresas frías en la parte afectada y calor sobre lo demás del cuerpo si se enfría. Rociarle con agua fría y si el pulso no se deja sentir se dará fricciones á las extremidades. Llamar urgentemente al médico, ó, si está muy distante del lugar del accidente y no llega pronto al enfermo, trasportar á éste con precaución suma en la posición indicada.

En los casos de contusiones, no debe fiarse del aspecto exterior que presenta el enfermo, ni de su estado en el primer momento (especialmente en los niños), porque quedando la piel del abdomen, sin siquiera estar descolorida, puede sin embargo haberse producido enormes desgarraduras internas, hemorragias que á veces el médico puede diagnosticar y remediar si es llamado al momento.

Otro tanto sucede con las contusiones de la cabeza y médula, en que puede haber fractura de los huesos que cubren estos órganos tan delicados como el cerebro y la médula que pueden ser sitio de una sacudida mortal (shock), de congestión ó hemorragias de las membranas que los cubren que traerá parálisis ó locuras en proporción á las lesiones producidas; también puede dar lugar más tarde á inflamaciones que producen variadas complicaciones.

Por eso veremos que el transporte de estos enfermos tiene que ser hecho con arte para no agravar al enfermo ó causarle dolor y sufrimiento; así, en las contusiones de la médula y del cuerpo en que debe conducirse estirado y sin sacudidas; cuando es una contusión de la cabeza se le llevará medio sentado; cuando es una articulación de los miembros superiores, el miembro contuso debe mantenerse un poco separado del cuerpo y elevado para favorecer la circulación venosa; en las del brazo, éste doblado y apoyado contra el pecho con un cabestrillo.

En todos los casos de contusión hay que buscar las otras lesiones que pueda haber para saber bien hacer los vendajes y efectuar con arte el transporte.

Entorsis o torcedura

Se llama entorsis la contusión de las extremidades articulares con la distensión ó desgarraduras de los ligamentos que las une. También pueden lesionarse al mismo tiempo las cápsulas que las rodea, las vainas sinoviales, los tendones de los músculos, aponeuras, etc., derramándose sangre en los alrededores de la articulación.

Las entorsis pueden ser causadas por una flexión brusca: un mal paso, tropezón, caída, choque, golpe, sobre el sitio de una articulación ó por contragolpe cuando se ha efectuado en otra parte del cuerpo. Las más expuestas son aquellas articulaciones que son formadas por la reunión de muchos huesos articulares y movibles, como ser las de la muñeca y tobillo; ó las movibles que trabajan mucho, como el codo y la rodilla; se tuercen también las articulaciones muy movibles en todas direcciones, que tienen una cabeza articular semi-esférica, como el hombro, cadera, que hacen movimientos extensos y fuertes.

Se distingue una entorsis, porque la articulación no presenta cambio real en su forma comparado con el otro lado, porque los huesos no han salido de su lugar. Se pone tumefacto y coloreado como en toda contusión por la extravasación sanguínea; está doloroso y los movimientos de la articulación están disminuidos, pero no imposibilitados.

Esta lesión puede ser tan benigna como una simple contusión superficial y puede ser de las lesiones más graves y de difícil curación, por la extensión de las lesiones y ser acompañada de heridas contusas, fractura de las cabezas articuladas, etc.

Se cura, como la contusión, por aplicación del frío, compresión y reposo; y si hay que trasportar debe hacerse un vendaje, como en caso de luxación ó fractura. Si se tiene á mano una masajista hábil en las manipulaciones del roce y las fricciones, se abreviará la curación, haciéndolo dos ó tres veces al día; lo mismo cuando después de curado quedan rigideces, que sólo con el masaje bien hecho se curan. Deben librarse de los fregones que no saben su profesión y la ejercen sin indicación ó dirección médica; pues con sus torpezas ó groserías agravan al paciente por su inhabilidad, produciendo desgarraduras, fracturas, etc.

Así, hoy día hay dos métodos de curación: una por el masaje y ejercicio y otra por quietud y reposo; el primero es el más moderno, pero ambos tienen sus partidarios.

Luxación, dislocación o recaldacura

Se llama luxación de las articulaciones cuando los huesos que las forman han salido brusca y persistentemente de su sitio con rasgadura de los ligamentos articulares perdiendo sus relaciones naturales (lámina 32). Esto es causado por movimientos forzados, tracción violenta, caídas, golpes, etc., en que se ponen las extremidades articulares de los huesos en una situación contraria á la natural y se lesiona directamente é indirectamente la articulación; produciéndose contusiones, heridas ó fracturas de las cabezas articulares; hay roto ligamentos, cápsulas articulares, etc., con derrame de sangre, como en la entorsis y á más dislocación de los huesos; producidos por las mismas causas; pero más violentas que las que han producido la entorsis, de la cual es un grado más violento y grave.

Lámina 32 — Luxación del hombro izquierdo y codo derecho

Se llama luxación completa (lámina 32) cuando han salido totalmente de su sitio, é incompleta cuando se han conservado algunas de las relaciones de las superficies articulares entre sí.

La dislocación puede ser en cualquier sentido, especialmente en las articulaciones muy movibles, que se luxan para arriba, abajo, al lado, etc.. Se distinguen las luxaciones por el cambio de forma de la articulación comparada con el lado opuesto; no en tamaño por la hinchazón, sino completamente diferentes; por imposibilidad, disminución ó anormalidad del movimiento de la articulación, no sólo por el dolor y tumefacción, sino porque ya las superficies articulares no deslizan unas sobre las otras; esto distingue la luxación de la entorsis.

Debe tratarse la luxación en primer momento como una contusión, una entorsis y fractura; es decir, estirar suavemente el miembro á su posición natural, vendar y entablillar; reposo; aplicar frío y transportar con cuidado y luego usar alguno de los métodos aconsejados en las entorsis.

El médico debe ser llamado inmediatamente para reducir la luxación (volver las superficies articuladas de los huesos á su sitio), y tratarla como una entorsis. Para esto el médico se hace ayudar por otros para estirar suavemente los dos huesos de la articulación (extensión y contra-extensión) y por presiones hacerlos entrar en su sitio (reducir). El masaje ayudará á bajar la hinchazón, así será fácil el diagnóstico, y es uno de los mejores métodos de curación, como para las entorsis.

Lámina 33.—Luxación de la mandíbula inferior

¡Cuidado con los curanderos componedores de huesos, que han hecho siempre más mal que bien!

Los legos en medicina no pueden distinguir si al mismo tiempo hay fractura de la cabeza del hueso ó si al volverla á su sitio no ha llevado y comprimido algún nervio, vaso sanguíneo ú otro tejido que producirá más tarde la atrofia, la parálisis ó la gangrena del miembro.

Sólo puede aconsejarse que suavemente pongan el miembro en su posición natural, siguiendo la dirección que llevó el hueso al dislocarse y estirar suavemente las extremidades de los huesos. Así, pueden á veces conseguir reducir las luxaciones del tobillo y de la muñeca; pero nunca deben intentar hacer el de las demás articulaciones: codo, hombro, rodilla y muslo. Hoy día sólo se permite que intenten poner en su sitio la mandíbula dislocada, introduciendo los pulgares resguardados (con pañuelo, tela, cuero, etc.) hasta los últimos molares y comprimiendo hacia abajo y adelante con los dedos hacia afuera (lámina 33).

Fractura

La rotura de un hueso se llama fractura.

Los huesos son duros, pero frágiles y se rompen como el vidrio ó la porcelana bajo la acción de violencias exteriores sobre los huesos, como ser: bala de fusil, choque, golpe, caída, salto, etc., más fácil en los viejos, que tienen los huesos más calcáreos (fosfato de cal), que en los niños cuyos huesos más bien se doblan, porque son más elásticos. También, según su forma, los huesos tienen mayor ó menor facilidad para romperse; los huesos largos (clavícula, humero, cúbito, radio, femur, tibia) son los más frágiles; siguen los planos (costillas, omóplato), y los que más difícilmente se rompen son los cortos (vértebras, carpo, tarso). Así casi siempre bastará buscar sobre los miembros (huesos largos) para encontrar una fractura á un caído.

Distinguimos las fracturas en simples y en expuestas.

Una fractura es simple cuando la piel que cubre el hueso queda intacta (lámina 34), éstas pueden ser completas ó incompletas, compuestas de varias partes y conminutiva cuando el hueso se rompe en muchos pedazos. Estas como las expuestas, pueden ser complicadas por diversos accidentes, tal como perforación de vasos, rotura de músculos ó nervios, etc.

Lámina 34.—Fractura simple de la tibia
Lámina 35.—Fractura, expuesta de la tibia

Expuesta es una fractura complicada con herida sobre el sitio mismo de la fractura. A veces se produce por una causa exterior, como por una bala de fusil; otras veces los fragmentos óseos puntiagudos agujerean la piel de dentro afuera (lámina 35), como por ejemplo: un hombre cae de una casa, se rompe la pierna (fractura simple) y al querer levantarse y apoyar en el suelo el hueso fracturado atraviesa la piel (fractura expuesta), y por esto debe examinarse al caído antes de levantarlo y no hacerle apoyar sobre la fractura ó luxación.

Las fracturas expuestas son incomparablemente más peligrosas que las fracturas simples, porque hay siempre una fuerte contusión de la piel, de los demás tejidos, vasos sanguíneos, etc., y porque, á menudo, las sustancias sucias (sépticas) penetran en la herida y son difícilmente extraídas, causando estragos la infección, lo cual es una de las complicaciones tardías más gravez de la fractura (lámina 35).

Entre las complicaciones de la fractura, es la entorsis ó luxación de las articulaciones vecinas y del cual no se puede distinguir. En las fracturas de los huesos de la cabeza y tronco puede haber conmoción ó laceración de los órganos subyacentes, como en las grandes contusiones; como sucede en las fracturas de los huesos del cráneo, puede lesionarse el cerebro; en la de las costillas: los pulmones, corazón, hígado, etc. Muy difícil es distinguir una fractura que está situada cerca de una articulación, en que se confunde con una luxación ó es concomitante; por eso, debe tratarse de igual manera.

La naturaleza cura la fractura por la formación de nueva sustancia ósea (cal, callo), en los fragmentos óseos puestos en contacto y que acaba por unirlos (lámina 36) al cabo de quince, veinte o veinticinco días por lo general. Esta sustancia de nueva formación es al principio muy blanda; pero, poco á poco adquiere la dureza del hueso, según la longitud y el espesor del hueso y según la edad del individuo, en el espacio de dos, cuatro y seis semanas.

Si durante este tiempo, las extremidades óseas han sido constantemente mantenidas en su posición normal, la una frente á la otra, la curación tiene lugar sin dejar después deformaciones (lámina 36-a); pero, si esta inmovilidad no ha sido convenientemente guardada, el miembro fracturado se cura con una deformación oblícua (lámina 36-b) ó acortada, ó la producción en el sitio de la fractura de una movilidad persistente (pseudo-artrosis); esta última terminación forma lo que se llama una falsa articulación (lámina 36-c).

El cirujano tiene que colocar el hueso en buena posición, como en la luxación, y para esto el médico reduce la fractura, es decir; vuelve á colocar por tracción y presión los fragmentos óseos á su posición natural, haciéndose la tracción, extensión y contra-extensión por ayudantes y la coaptación la hace el cirujano, como en la luxación.

Lámina 36 a), b), c). — Cicatrización de las fracturas

Si hay herida, la cura con todas las precauciones de asepsia ó antisepsia, y arregla de manera de poder renovarla, sin mover la fractura. Entonces éste inmoviliza los fragmentos óseos, teniendo cuidado de mantenerlos hasta la curación completa en su posición normal, en contacto los unos con los otros, y poniéndolos en un reposo absoluto. Este reposo absoluto se obtiene sosteniendo el miembro inmóvil, en el eje de su longitud por medio de tablillas ó férulas de madera, de lata, alambre tejido, cartón, etc., ó inmovilizando los músculos y las articulaciones adyacentes por medio de vendajes y tablillas que se fijan por medio de vendas ó de pañuelos.

También después de algunos días puede inmovilizar, aplicando un vendaje que se endurezca con yeso, cola, almidón, sobre uno de algodón ó gasa para hacer una presión uniforme y que forma al miembro un casco ó estuche persistente (aparato inamovible) hasta el momento de la curación.

El primer método es el más sencillo y usado hoy día, porque tiene la ventaja de poderse cambiar la curación en los casos de heridas ó aplicar dos ó tres veces al día un masaje en casos de fractura simple.

Sabiendo esto, debe el lego al prestar primeros auxilios, imitar en lo posible al cirujano; aprendiendo primero á distinguir una fractura y luego á auxiliar al fracturado.

1º Se distingue la fractura por la alteración de la forma de la parte fracturada, que no sólo es hinchada y rojiza, sino que recorriendo el dedo á lo largo del hueso, se siente la parte rota y aún se siente un chasquido que se llama crepitación; otras veces el hueso es notablemente desviado de su dirección natural.

2º Imposibilidad de mover por sí el miembro fracturado, que se siente pesado como un plomo y muy doloroso al ser movido, llegando á ser intenso el dolor cuando los extremos de los huesos tocan nervios, vasos ó músculos que se contraen enérgicamente; porque han perdido sus relaciones de inserción y por lo tanto, de longitud y se contraen por acción refleja para inmovilizar el hueso fracturado; á causa de esto se acorta por cabalgamiento, formación angular, etc.

3º Se conoce por una movilidad anormal en una parte donde no hay articulación; esto se observa cuando el paciente aún conserva poder de acción y por ignorancia ó torpeza se apoya sobre la pierna ó el brazo, ó cuando se le levanta para examinar el miembro fracturado, ó es conducido sin arte.

Los síntomas son más ó menos visibles según el sitio, la gravedad y movilidad de los huesos fracturados; así, en una caída, siempre se sospecha de que la fractura está localizada en los miembros que se componen de huesos largos: clavícula, brazo, muslo, pierna, pie; mientras que es muy difícil distinguir ó sospechar que están fracturados, los huesos planos: cráneo, pelvis, costillas.

También, según la violencia exterior, puede sospecharse la clase de fractura; el golpe de un bastón, palo, etc. ó la simple acción de los miembros, en los que se produce generalmente una fractura simple; el efecto de una rueda que pasa sobre un hueso producirá una fractura compuesta y aun conminutiva; la que es producida por una caída de una altura, producirá generalmente una fractura complicada, ya sea por trituración de los tejidos internos ó herida de la piel; es decir, será fractura expuesta, cuando no otras complicaciones consecutivas: shock, infección, etc.

Muy difícil es distinguir entre una fractura de la cabeza, del hueso ó cerca la articulación, de una entorsis ó luxación; pero en caso de duda debe ser muy prudente en el examen y no debe afanarse en cerciorarse; sino que debe tratarse como luxación ó fractura, que más valen que investigaciones largas que fatigan y perjudican al enfermo.

Puesto el miembro en reposo quince, veinte ó veinticinco días, cicatriza más ó menos bien, según la posición, quietud y edad de la persona (lámina 36 a, b y c).

Primeros auxilios en casos de fracturas

1º Cuando se sospecha una fractura, no debe afanarse por levantar al caído, puesto que tirando de las extremidades superiores dislocarían las extremidades de los huesos fracturados, y haciendo apoyar sobre los inferiores harían salir las extremidades, que agravaría la fractura de cualquier parte del cuerpo.

2º Si hay herida con hemorragia debe auxiliarse de urgencia y luego limpiar en lo posible la herida poniendo una compresa encima.

3º Luego, su papel se reducirá á tomar la extremidad inferior de la parte fracturada y volverla suavemente á su dirección normal, haciéndola rotar sobre su eje y nunca tratando de obtener una coaptación exacta, que en manos inexpertas produce grandes males por las lesiones que causan en los extremos de los huesos.

4º Para mover una corta distancia debe uno tomar el miembro fracturado, agarrándolo para inmovilizarlo por arriba y abajo del punto fracturado y seguir sin sacudidas la marcha de los portadores, y mejor aún es improvisar medios para inmovilizar la fractura por medio de vendas, tablillas, ó poner en posición sobre la camilla para levantar con arte y efectuar el transporte cómodamente.

5º Efectuar el transporte con arte, como ponerlo en la cama y prepara un lecho adecuado, debiendo recordarles que una tabla debajo es necesaria en algunos casos; otras veces el enfermo está muy cómodo con los miembros levantados.

Debe aplicarse un vendaje provisorio, con objeto de que la fractura simple (lám. 34), no se convierta en una fractura expuesta (lám. 35) por el transporte (perforación de la piel por los fragmentos óseos puntiagudos) y también con el fin de disminuir los sufrimientos del enfermo.

Ante todo debe tratar de examinar si realmente la fractura existe, lo que en la mayoría de los casos se puede ya ver por la deformación del miembro á través de los vestidos. Cuando esto no es posible, se recortan los vestidos y el calzado, que nunca deben quitarse por tracción.

Habiendo encontrado que están, en efecto, los huesos rotos, se tomará el miembro por arriba y por debajo de la fractura y se estira suavemente á su posición natural y se va en busca de las telas y vendas con que se pueda inmovilizar y los objetos que puedan servir para hacer las tablillas ó férulas provisorias (láminas 37 al 56) y hacer los vendajes que puedan fijar estas tablillas é inmovilizar el miembro. Debe procurarse improvisar con calma é inteligencia, porque sólo así encontrarán los objetos indispensables en cualquiera parte y sabrán aplicarlos con la destreza que da la instrucción y práctica.

Para realizar esto, la primera cuestión es darse cuenta del lugar del accidente y los medios á mano: los pañuelos, tohallas, sábanas, son las telas que pueden servir para improvisar vendajes, dobladas en cuadrilongo, triángulo y éste en corbata.

Lámina 37 a).—Entablillado de la pierna con tablitas
Lámina 37 b).—Entablillado de la pierna con tablitas

Las tablillas también las hay en todas partes. En una población (ciudad, villa) ó en la proximidad de sitios habitados, trata de procurarse las tablillas, de tablas de madera, etc. (lám. 37, 40, 43, 44 al 56), y las correas de piola, soga y de cuero, de los zapateros, de los tapiceros; las cajas de cigarros (que se cortan á lo largo por medio de un cuchillo ó de una sierra), las latas, los mangos de escobas ó de los plumeros, los tallos de las plantas, las varas ó los metros de comercio, el cartón, tapas de libros, periódicos, cajas de sombreros (láminas 37 á 56), el fieltro (sombrero viejo), el esparto, las cestas, las esteras, las alpargatas, las cubiertas de madera de las macetas de flores (lámina 38), las persianas de madera (fanones), en fin, mil cosas que se encuentran en los almacenes, tiendas, etc. Las cocinas nos proporcionan: los cucharones, las tenazas de cocina, las palitas, etc. Las personas de la proximidad pueden prestarnos los bastones, los paraguas ó las sombrillas (láminas 39, 41, 46, 47 al 56).

Lámina 38 a).—Entablillado de la pierna con cubremacetas
Lámina. 38 b.)—Entablillado de la pierna con manojos de juncos, etc.
En campo raso ó en el bosque nos podemos procurar las ramas ó las cortezas de los árboles, el junco ó la paja (láminas 38, 39, 45, 48, 50 al 56), que se reune en fascículos alargados que se atan con hilo, piolín ó soga; las maderas de las empalizadas, el alambre de los cercos; se hacen almohadillas de las mangas de los trajes y vestidos, de la ropa interna y los pantalones y las medias (láminas 46 y 47) se pueden rellenar de hierba, de heno, de paja ó de arena para hacer un sostén (láminas 37 á 56).
Lámina 39 a).—Entablillado de la pierna con palos, sables, vaina, etc.
Lámina. 39 b).—Entablillado de la pierna con palos, sables, vaina, etc.
Lámina. 39 c).—Entablillado de la pierna con bastón y paraguas
Sobre el campo de batalla se puede utilizar los sables, las bayonetas, sus vainas, las lanzas, los fusiles, las carabinas, el cuero y el fieltro ó los arreos de los caballos, las cinchas y los hilos telegráficos, etc., para hacer tablillas y asegurarlas (láminas 39, 50 al 56).
Lámina 40 a).—Entablillado del antebrazo
Lámina 40 b).—Tablitas para el antebrazo
Lámina. 41.—Entablillado del antebrazo con cartón, tejido, lata, etc.
Se acolchan las tablillas con lana, algodón, franela, estopa, lino, yute, heno, musgo, y se las ata por medio de vueltas de pañuelos de bolsillo, pañales
Lámina. 42.—Entablillado del brazo y antebrazo con cartón, tejido, lata, etc.
Lámina 43 a).—Férulas de tablitas
Lámina 43 b).—Férulas de tablitas
de niño, corbatas, tohallas, servilletas, manteles, sábanas, cuerdas, hilos, ligas, bandas, camisas, pantalones ó vestidos que se cortan en tiras, piola, cuerda, etc. (láminas 37 al 56).
  • Lámina 44 a).—Férulas de tablitas articuladas
  • Lámina 44 b).—Férulas de tablitas articuladas
Se puede también hacer uso de la ropa del mimo herido, por ejemplo, de su calzado cortado para sostener los pies (lámina 47). Las numerosas correas que se encuentran en el campo de batalla (correas de las mochilas, del fusil, del estribo, cinturones, etc.) pueden ser empleadas para este uso, (láminas 37 al 56).
Lámina 45 a).—Férula de manojos tejidos de varillas, paja, junco, pasto, etc.
Lámina 45 b).—Férula de manojos unidos de varillas, paja, junco, pasto, etc.
Para prestar primeros auxilios aconsejamos el uso del pañuelo triangular de Mayor, que puede improvisarse con la ropa del mismo enfermo y se presta á hacer todos los vendajes provisorios, y puede usarse, desplegado ó doblado en corbata ancha, angosta ó muy angosta. Dejando los demás vendajes para la primera cura y que en realidad es parte del arte del enfermero y del cirujano.
  • Lámina 46 a).—Férulas de mangas de saco rellenas (arena, harina, etc.)
  • Lámina 46 b).—Férulas de medias rellenas (arena, harina, etc.)
Lámina 47.—Férulas de un zapato y varillas

Se aplican los vendajes con toda suavidad para inmovilizar el hueso fracturado, ya sea poniendo la parte fracturada contra el cuerpo mismo; poniendo los músculos en reposo ó aplicando y vendajes, y trataremos después con telas de diversas formas y tamaños.

Lámina 48 a).—Aparato improvisado para fractura de pierna ó antebrazo con mazos de paja y cuerdas
Lámina 48 b).—Aparato para fractura de pierna ó antebrazo
Lámina 48 c).—Aparato para fractura de pierna ó antebrazo

Las tablillas provisorias se aplican sobre los huesos suavemente para no causar dolor, de manera de no comprimir los principales troncos arteriales; así, en el brazo se pondrán una tablilla abajo y otra arriba (láminas 42 y 51); se usan tres tablillas, una se pondrá afuera, dejando libre la arteria humeral que pasa por dentro; en la pierna se ponen solo afuera, libre la arteria femoral (láminas 53 y 54) que pasa por delante y así sucesivamente.

Lámina. 49 a).—Aparato para fractura de muslo, de lata, cuero etc.
Lámina. 49 b).—Aparato para fractura de muslo, de lata, cuero etc.

Las tablillas deben ser más largas que el hueso fracturado para que sobrepasen las articulaciones adyacentes y puedan ser así inmovilizadas, evitando que continúen los músculos ejerciendo tracción sobre los fragmentos del hueso fracturado, evitar el dolor y asegurar el reposo absoluto. Así, en las fracturas del miembro superior, hay que poner siempre un cabestrillo (láminas 42, 50, 51 y 55) para que descanse el antebrazo doblado (brazo al cuello y pierna sobre la cama; es decir, brazo doblado, pierna estirada) por ser más cómodo.

Lámina 50.—Vendaje para fractura del antebrazo
Lámina 51.—Vendaje para fractura del brazo

Se asegura siempre arriba y debajo de la parte fracturada, á más de los vendajes que se aplican para inmovilizar las articulaciones adyacentes y asegurar el reposo. Al hacer esta inmovilización hay que proceder con toda suavidad y recordar que el frío aplicado localmente y el reposo alivian al enfermo.

En el miembro superior hay que considerar las fracturas del hombro, brazo, antebrazo, muñeca y mano.

Lámina 52.—Vendaje para fractura de la pierna

Las fracturas de la clavícula (hombro) se producen por golpes directos ó de una manera indirecta (ejemplo: cuando se cae apoyándose sobre el codo, la mano, etc.); se distingue la fractura pasando el dedo por sobre el hueso ó porque el caído no puede levantar su brazo hasta la altura del hombro, y generalmente se encarga él mismo de sostener su brazo fracturado á la altura del codo con la mano sana.

Para inmovilizar se coloca en el hueco axilar (sobaco) una pelota ó almohadilla hecha con un pañuelo, venda, etc., para que aleje el brazo y estire la clavícula, luego se fija en ese sitio comprimiendo con un vendaje que inmoviliza y sostiene el brazo (láminas 50 y 55).

Hay diversos modos de inmovilizar con los vendajes; así, con el pañuelo triangular se hace un cabestrillo grande y luego se comprime el
Lámina 53 a). - Vendaje para fractura de la pierna
Lámina 53 b). - Vendaje para fractura de la pierna
brazo al costado pasando sobre el cabestrillo una corbata ancha (lámina 55); también de otra manera se hace, atando la muñeca á la cintura, después de haber fijado la almolhadilla con una venda en 8 sobre la espalda que lleva la clavícula hacia atrás. Puede hacerse estos vendajes con pañuelos triangulares, cuyas puntas se dividen en dos ó con telas rectangulares, etc. Las fracturas del omóplato se tratan del mismo modo.
Lámina 54 a).—Vendaje para la fractura del muslo
Lámina 54 b).—Vendaje para la fractura del muslo
Las fracturas del húmero (brazo) se tratan, como ya hemos dicho para las clavículas, poniendo el antebrazo en un cabestrillo, y mejor aún con tablillas, que inmovilizan más esta parte del miembro superior (láminas 51 y 55).

Para una fractura del radio ó cúbito (antebrazo) se dobla suavemente el antebrazo y se apoya sobre algo (mesa, tabla, suelo), dejando el pulgar hacia arriba, y se aplican dos tablillas, la de adentro desde la flexura del codo hasta la punta de los dedos, y la de afuera sobrepasa el codo y llega hasta más abajo de la muñeca; luego se atan, principiando por el más cercano al codo que se inmoviliza, y luego se pone un cabestrillo (láminas 40, 41, 42, 50 y 55).

Lámina. 55.—Vendajes para fractura de la clavicula

No debe preocuparse saber si es uno ó dos los huesos fracturados, sino tratar siempre del mismo modo.

En las fracturas de los dedos, falanges, falanginas y falangitas, se pone una tablita bien forrada, debajo el dedo y se venda, debiendo inmovilizar mano y antebrazo con un cabestrillo. Si son varios dedos los fracturados, se toma una tablilla ancha bien acolchada y se apoya la mano, vendando á todos juntos y luego aplicando un cabestrillo para inmovilizar, puesto que los músculos del antebrazo terminan por tendones en los dedos (láminas 40 y 55).

En las fracturas del fémur (muslo) se aplica una tablilla larga por el lado de afuera del cuerpo desde la axila hasta pasar los talones (taco de billar, apuntador, fusil, etc.), donde se asegura, para luego atar arriba y abajo de la parte fracturada, y á más una venda alrededor de la pelvis y otra sobre el tórax, porque en el abdomen (vientre) no hay donde afirmar la venda; para mayor seguridad se puede atar las dos piernas juntas (láminas 54 y 80); así se obtiene una inmovilidad completa.

Para una fractura de la tibia ó peroné (pierna), se aplican dos tablillas, una dentro y otra fuera que se atan arriba y abajo de la parte fracturada y se aseguran con una venda arriba de la rodilla y otra alrededor de la planta del pie ó de los dos pies para inmovilizarlos en extensión (láminas 37, 38, 39, 52 y 53).

Lámina. 56.—Vendaje para fractura de la mandíbula

La fractura de la rótula se reconoce por la imposibilidad de apoyar la pierna y la movilidad anormal hacia adelante. Se debe extender la pierna y entablillar poniendo una tablilla debajo de la rodilla que se extienda desde las asentaderas á los talones y acercando entre sí los fragmentos de la rótula, poniendo una venda en 8 hasta su curación completa.

Cuando hay fractura de alguna costilla, el enfermo se queja generalmente de un dolor agudo (puntada) en un costado del tórax, especialmente cuando inspira fuertemente ó tose, á más de los signos de contusión del pulmón. El fracturado generalmente se comprime él mismo con ambas manos el punto doloroso para ayudarse á respirar superficialmente (corto y poco profundo); y en ese punto se sentirá la crepitación de los huesos, cada vez que respira. Así, hay que hacer un vendaje ancho que comprima las costillas en su parte anterior movible y que haga la respiración sea poco extensa. Para esto se toma dos pañuelos triangulares plegados en corbata ancha y se aplican fuertemente alrededor del tórax, haciendo que la mitad inferior de uno de los triángulos, sea cubierto por la mitad superior del otro en el punto mismo de la fractura.

Si el paciente escupiera sangre (lo que indica lesión del pulmón), no se le pone el vendaje; porque empujaría las costillas fracturadas hacia adentro y lastimaría más el pulmón (láminas 80 á 94).

La fractura de la mandíbula inferior, se distingue, porque la persona permanece con la boca abierta, la mandíbula caída, no puede hablar bien y si se pasa el dedo por encima las encías se notan irregularidades y á veces sangra. Se levanta suavemente y se aplica un triángulo plegado en corbata angosta por debajo la mandíbula, se le da una vuelta cerca la barba y se da una vuelta hacia arriba de la cabeza y á veces se cruza las puntas sobre una oreja y se ata en el lado opuesto, procedimiento parecido á lo que se usa para comprimir la arteria temporal (lámina 56).

Las fracturas de los huesos del cráneo ó cara (cabeza) necesitan, para producirse, un golpe enorme (por ser hueso plano en forma de bóveda) y se distinguen por los signos de contusión cerebral (página 62) y á veces por la salida de serosidad ó sangre por la boca, nariz y oído; otras veces se nota hundimiento del hueso y á veces nada se nota. Es un accidente gravísimo, hay que llamar en seguida al médico y aplicar mientras tanto agua fría, levantar un poco la cabeza, tener el herido quieto y á media luz; se aplicarán las compresas con un triángulo plegado en corbata angosta ó desplegado en capelina según el sitio y extensión de la lesión (láminas 80 á 94).

Las fracturas de la columna vertebral se producen por la caída de grandes pesos sobre la espina dorsal (espinazo), ó, indirectamente, cayendo sobre los pies, las rodillas, etc. Generalmente hay insensibilidad y parálisis de los miembros inferiores; así, no podrá moverse, y nunca deben sentarlo. Se traslada, poniendo al caído estirado sobre una camilla dura (postigo, tabla, etc.); debiendo llamar al médico en seguida, porque es una fractura gravísima.

Las fracturas del sacro y de la pelvis suceden rarísima vez y se distinguen por el intenso dolor localizado en estas regiones. Debe hacerse un vendaje alrededor de la cadera; inmovilizar las piernas y transportarse horizontalmente, y mantener en reposo al paciente, como en las fracturas de la columna vertebral.

Enseñanza práctica y cuestionario

Desde el primer momento se enseñará á vendar las contusiones, entorsis, luxaciones y fracturas con un pañuelo triangular, que es la venda más fácil de conseguir.

Se estudiará nuevamente en este capítulo los huesos y articulaciones para saber proceder en los casos de entorsis, luxaciones y fracturas.

Se harán estos ejercicios prácticos sobre los mismos alumnos, y éstos entre sí, hasta poder hacer vendajes, rápida y correctamente.

Estimular la inventiva para improvisar auxilios en las situaciones más variadas y poder contestar á las preguntas siguientes:—¿Cómo se procede á examinar una persona caída?—¿Cuáles son los auxilios más urgentes?—¿Cómo se interpretan los diversos signos?—¿Qué signos y peligros tienen las contusiones y qué auxilios se prestan según los casos?—¿Cómo se distingue la entorsis de la luxación y qhace en cada caso?—¿Cómo se procede en general y en particular?—¿Causas y clases de fracturas?—¿Dónde se buscan las fracturas y cómo se procede en cada caso?—¿Cómo evitar causar daño?—¿Cómo improvisar tablillas y vendas en la ciudad, campiña y campo de batalla?—¿Cuáles son las reglas generales para tratar una fractura?—¿Qué vendajes se hacen en cada caso de fracturas: clavícula, húmero, tibia, fémur, mandíbula, etc.?



————————————————
Grierson 92 Vignette flame shaped.jpg