Quinto Libro de La Galatea: 20

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Quinto Libro de La Galatea Miguel de Cervantes




LAUSO


Alzo la vista a la más noble parte
que puede imaginar el pensamiento,
donde miro el valor, admiro el arte
que suspende el más alto entendimiento.
Mas, si queréis saber quién fue la parte 5
que puso fiero yugo al cuello esento,
quién me entregó, quién lleva mis despojos,
mis ojos son, Silena, y son tus ojos.


Tus ojos son, de cuya luz serena
me viene la que al cielo me encamina: 10
luz de cualquiera escuridad ajena,
segura muestra de la luz divina.
Por ella el fuego, el yugo y la cadena
que me consume, carga y desatina,
es refrigerio, alivio, es gloria, es palma 15
al alma, y vida que te ha dado el alma.



¡Divinos ojos, bien del alma mía,
término y fin de todo mi deseo;
ojos que serenáis el turbio día,
ojos por quien yo veo si algo veo! 20
En vuestra luz mi pena y mi alegría
ha puesto amor; en vos contemplo y leo
la dulce, amarga, verdadera historia
del cierto infierno, de mi incierta gloria.


En ciega escuridad andaba cuando 25
vuestra luz me faltaba, ¡oh bellos ojos!;
acá y allá, sin ver el cielo, errando
  entre agudas espinas y entre abrojos;
mas luego, en el momento que tocando
fueron al alma mía los manojos 30
de vuestros rayos claros, vi a la clara
la senda de mi bien abierta y clara.


Vi que sois y seréis, ojos serenos,
quien me levanta y puede levantarme
a que entre el corto número de buenos 35
venga como mejor a señalarme.
Esto podréis hacer no siendo ajenos
y con pequeño acuerdo de mirarme,
que el gusto del más bien enamorado
consiste en el mirar y ser mirado. 40


Si esto es verdad, Silena, ¿quién ha sido,
es ni será que, con firmeza pura,
cual yo te quiera ni te habrá querido,
por más que amor le ayude y la ventura?
La gloria de tu vista he merescido 45
por mi inviolable fe; mas es locura
pensar que pueda merecerse aquello
que apenas puede contemplarse en ello.


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