Registro Nacional: Libro II, Número 15

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Registro Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata

Libro II — Número 15 — Año: 1826


227[editar]

Buenos Aires, 22 de agosto de 1826.

DEPARTAMENTO DE GOBIERNO.

DESPACHO INTERINO DEL MINISTERIO DE GUERRA Y MARINA.

DECRETO.


En consecuencia del decreto de 14 del corriente, y a fin de proveer el despacho del ministerio de guerra y marina, el Presidente de la República ha acordado y decreta.

Art. 1. Durante la ausencia del ministro secretario de guerra y marina, nombrado general en jefe del ejército de operaciones, el ministerio de guerra y marina será servido por el ministro secretario en el departamento de negocios extranjeros.

2. Comuníquese según corresponde y dese al Registro Nacional.

Rivadavia.
Julián S. de Agüero.


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Libro II — Número 15 — Año: 1826


228[editar]

Buenos Aires, 18 de agosto de 1826.

MINISTERIO DE GUERRA.

UNIFORME DEL EJÉRCITO NACIONAL.

DECRETO.


El Presidente de la República, en consecuencia del decreto de 5 de julio último, ha acordado y decreta.

Art. 1. El Ejército Nacional usará el uniforme siguiente.

ARTILLERÍA LIGERA.

Casaca corta azul sin solapa; vivos encarnados, collarín y vuelta azul; dos granadas en el cuello; centro blanco y azul con botas; casco con guarniciones doradas.

CABALLERÍA.

Casaca corta azul; vivos encarnados; granadas en los faldones; collarín, vuelta y solapa azul, centro azul y blanco con botas; casco con guarniciones doradas y chapa con el número de regimiento.

CAZADORES.

Casaca corta azul, vivos carmesíes; collarín, vuelta y solapa verde; cornetas en los faldones; centro blanco y azul con botines y zapatos; casco con guarniciones doradas, cordones verdes y chapa con el número de batallón.

ESTADO MAYOR.

El uniforme que la caballería con una palma de oro en cada lado del cuello en forma de ojales; faja colorada; espuela dorada.


Art. 2. El Ministro secretario de guerra y marina queda encargado de la ejecución de este decreto, que se comunicará a quienes corresponde y se insertará en el Registro Nacional.

Rivadavia.
Carlos de Alvear.


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229[editar]

Buenos Aires, 14 de agosto de 1826.

MINISTERIO DE HACIENDA.

APROBANDO EL PRESUPUESTO DE GASTOS DE LA COMISIÓN DE CUENTAS.

DECRETO.


El C. G. C. de las Provincias Unidas del Río de la Plata, ha acordado y decreta lo siguiente: Se asigna la cantidad de 1,930 pesos a que asciende el presupuesto fecha 2 del corriente, presentado por la comisión de cuentas, nombrada en este año con arreglo a la ley de la provincia de Buenos Aires, de 4 de diciembre de 1822, para el reconocimiento de las generales del año próximo pasado de 1825, en los contadores, auxiliares y demás gastos que dicha comisión necesita para expedirse en sus trabajos, según lo dispone aquella ley: lo que se comunicará al P. E. N. para los efectos consiguientes.

Y de orden del mismo se comunica a V. E. para su cumplimiento.

Sala de sesiones en Buenos Aires, agosto 14 de 1826.

José María Roxas, presidente.
Alejo Villegas, secretario.


Exmo. señor Presidente de la República.

Buenos Aires, agosto 13 de 1826.

Acúsese recibo, comuníquese donde corresponda, e insértese en el Registro Nacional.

Rivadavia.
Salvador M. del Carril.


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230[editar]

Buenos Aires, 17 de agosto de 1826.

AUTORIZANDO AL BANCO PARA EMITIR VALES DE DIEZ V VEINTE DÉCIMOS.
DECRETO.


Desde que fue sensible al Presidente de la República la escasez de moneda menor, y que se comenzaron a tocar dificultades en los cambios frecuentes de detalle, se tomaron medidas con la actividad posible para establecer la casa de moneda, que facilitase acuñar macuquino [1], más viendo ahora que la necesidad crece, y que no da treguas a pesar de la diligencia con que se prepara la maquinaria para la amonedación, se hace preciso arbitrar entretanto otro temperamento que al mismo tiempo que corte el mal, consulte la brevedad que es indispensable para sacar a la clase menesterosa de las aflicciones y embarazos en que se encuentra, y como el mas pronto que se ofrece, es emitir vales de pequeñas cantidades, en esta virtud, el Presidente de la República acuerda y decreta:

Art 1. Se autoriza ni Banco Nacional para que emita a la circulación vales del valor de diez, y veinte décimos.

2. Con la primera moneda macuquina que se selle en la casa de amonedación, se recogerán dichos vales.

3. Se prohíbe la emisión de vales por particulares, dando el término de ocho días para que se recojan los que haya en circulación.

4. Queda encargada al ministro de hacienda la ejecución de este decreto, que se comunicará al Banco Nacional, e insertará en el Registro Nacional.

Rivadavia.
Salvador M. del Carril.


  1. Nota de WS - Macuquino: Moneda cortada de oro o plata común de esta época.


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231[editar]

Buenos Aires, 24 de agosto de 1826.

PROHIBIENDO LAS COMPAÑÍAS CONSOLIDADAS SIN AUTORIZACIÓN DE LA LEGISLATURA.
DECRETO.


Los medios que han subministrado los establecimientos de crédito para efectuar mayores empresas, y hacer cuantiosos pagos con regularidad, han servido favorablemente para aumentar las transacciones comerciales del país y dar más amplitud al giro de los particulares. Pero estos mismos medios han creado en el comercio nuevas necesidades, y la actividad comparativamente mayor que han producido, debiendo convertirse en diferentes direcciones, cuando su acción ha sido distraída de su corriente natural por la guerra que sostiene la República, y el bloqueo que sufre el puerto de la capital, se denota adherirse a la formación de compañías o sociedades de comercio y bancos de giro. Han sido remitidos al conocimiento del Presidente de la República varios incidentes que le hacen juzgar así. Los diferentes establecimientos de esta naturaleza muy propios para unir diversos créditos y capitales con una conveniencia recíproca, aumentan siempre los medios de producción, acrecientan el movimiento mercantil, y por fin acaban por facilitar mayor comodidad a todos, dejando a la sociedad con la opulencia, la unión y muchos vínculos que robustecen los demás estímulos sociales del hombre civil. Al lado, sin embargo, de los prodigiosos resultados que han producido por lo regular estos establecimientos, se registran excepciones con bastante frecuencia de los enormes daños a que han dado lugar en las naciones que preceden a la nuestra con la experiencia del comercio, precisamente porque han sido víctimas de sus errores. Como la naturaleza de tales establecimientos es de aumentar las transacciones, facilitando capitales y crédito, si su organización es pésima o su administración abusiva, naturalmente sus inconvenientes afectarán a todas las malas confianzas que se hicieren y al número de las acreencias que las transacciones del comercio efectuó por el intermedio de un agente que las vicia. Así pues, siendo la posibilidad de los males que por medio de dichas asociaciones pueden producirse de una esfera mayor, reclama la atención de la autoridad más seriamente, y su intervención de un modo más explicito que la improbidad o mala fe de un negociante aislado, contra la cual las leyes han suficientemente provisto, para cuando el interés individual ha podido ser sorprendido. Una sociedad no está en el mismo caso si sus individuos no pueden ser tocados de la infamia y los bienes de cada uno de ellos, responsables a todos sus empeños; las seguridades no corresponderían al crédito, ni la confianza a la hipoteca. Si a estas consideraciones se añade la de que en una sociedad en donde las leyes son débilmente respetadas, y el sentimiento de lo justo, sin vigor no puede hacerse mucho uso del crédito, se comprenderá fácilmente la razón porque el primer ensayo que se hizo en el país de esta clase de negocios, sin dejar de ser provechoso, no fue feliz, y al mismo tiempo porque se exige que en este país en donde concurre lo expuesto y además el que los nombres de lo más respetable del comercio no estén unidos a fortunas considerablemente correspondientes a la confianza que pueden inspirar, se proceda en la empresa de dichos establecimientos con la circunspección demandada.

Por tanto el Presidente de la República ha determinado no dejar pasar la ocasión de hacer la declaración de los principios que deben reglarlo, ellos son simples y aplicables a las actuales circunstancias de la Nación, inmediatamente deducidos de las leyes vigentes y favorables en todo tiempo al comercio y al crédito, por lo que la experiencia ha enseñado en otros países y especialmente en la Inglaterra, donde siempre han sido mantenidos por la autoridad, advertida por las fatales consecuencias que se han dejado sentir en aquel reino toda vez que las combinaciones de los intereses particulares han podido atacarlos mas o menos encubiertamente. Por tanto el Presidente de la República declara.

Art. 1. Ningún número de comerciantes o individuos asociados, pueden formar Bancos o compañías consolidadas, sin autorización de la legislatura por una ley especial.

2. Por compañía consolidada se entiende toda sociedad que obligue a los consocios, y a cada uno de ellos de mancomún e in solidum, con todos sus bienes a la responsabilidad de sus contratos y obligaciones.

3. Si alguna sociedad consolidada hubiere de establecerse en buena forma con el plan de emitir un papel especial como agente de sus transacciones, bajo de su garantía, el gobierno se creerá en el deber de oponerse por ahora a su autorización en las legislatura por razones de conveniencia pública que en el caso deducirá.

4. El Ministro secretario de hacienda advertirá con respecto a las sociedades no consolidadas al Tribunal de comercio, que guarde y haga escrupulosamente guardar en su formación, las leyes vigentes en la materia. Comunicará esta declaratoria a los demás que corresponda, y la hará insertar en el Registro Nacional.

Rivadavia.
Salvador M. del Carril.




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