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Rimas (Bécquer, 1925)/Rima 34

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XXXIV

Cruza callada, y son sus movimientos
  Silenciosa armonía;
Suenan sus pasos, y al sonar, recuerdan
Del himno alado la cadencia rítmica.

Los ojos entreabre, aquellos ojos
  Tan claros como el día;
Y la tierra y el cielo, cuanto abarcan,
Arden con nueva luz en sus pupilas.

Ríe, y su carcajada tiene notas
  Del agua fugitiva;
Llora, y es cada lágrima un poema
  De ternura infinita.

Ella tiene la luz, tiene el perfume,
  El color y la línea,
La forma, engendradora de deseos,
La expresión, fuente eterna de poesía.

¿Qué es estúpida?... ¡Bah! mientras callando
  Guarde oscuro el enigma,
Siempre valdrá, a mi ver, lo que ella calla
Más que lo que cualquiera otro me diga.