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Rimas (Bécquer, 1925)/Rima 48

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XLVIII

Como se arranca el hierro de una herida,
Su amor de las entrañas me arranqué,
Aunque sentí, al hacerlo, que la vida.
   Me arrancaba con él.

Del altar que la alcé en el alma mía
La voluntad su imagen arrojó,
Y la luz de la fe que én ella ardía
   Ante el ara desierta se apagó.

Aun para combatir mi firme empeño
Viene a mi mente. su visión tenaz...
¡Cuándo podré dormir con ese sueño
   En que acaba el soñar!