Rimas (Bécquer, 1925)/Rima 70
Apariencia
LXX
¡Cuántas veces al pie de las musgosas
Paredes que la guardan,
Oi la esquila que al mediar la noche
A los maitines llama!
Paredes que la guardan,
Oi la esquila que al mediar la noche
A los maitines llama!
¡Cuántas veces trazó mi triste sombra
La luna plateada,
Junto a la del ciprés, que de su huerto
Se asoma por las tapias!
La luna plateada,
Junto a la del ciprés, que de su huerto
Se asoma por las tapias!
Cuando en sombras la iglesia se envolvía,
De su ojiva calada,
¡Cuántas veces temblar sobre los vidrios
Vi el fulgor de la lámpara!
De su ojiva calada,
¡Cuántas veces temblar sobre los vidrios
Vi el fulgor de la lámpara!
Aunque el viento en los ángulos oscuros
De la torre silbara,
Del coro entre las voces percibía
Su voz vibrante y clara.
De la torre silbara,
Del coro entre las voces percibía
Su voz vibrante y clara.
En las noches de invierno, si un medroso
Por la desierta plaza
Se atrevía a cruzar, al divisarme
El paso aceleraba.
Por la desierta plaza
Se atrevía a cruzar, al divisarme
El paso aceleraba.
Y no faltó una vieja que en el torno
Dijese a la mañana,
Que de algún sacristán muerto en pecado
Acaso era yo el alma.
Dijese a la mañana,
Que de algún sacristán muerto en pecado
Acaso era yo el alma.
A oscuras conocía los rincones
Del atrio y la portada;
De mis pies las ortigas que allí crecen
las huellas tal vez guardan.
Del atrio y la portada;
De mis pies las ortigas que allí crecen
las huellas tal vez guardan.
Los buhos que espantados me seguían
Con sus ojos de llamas,
Llegaron a mirarme con el tiempo
Como a un buen camarada.
Con sus ojos de llamas,
Llegaron a mirarme con el tiempo
Como a un buen camarada.
A mi lado sin miedo los reptiles
Se movían a rastras;
¡Hasta los mudos santos de granito
Vi que me saludaban!
Se movían a rastras;
¡Hasta los mudos santos de granito
Vi que me saludaban!