Robinson Crusoe: 085

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Robinson Crusoe Daniel Defoe


No obstante, aguantaba esto y me conformaba con hacer el trabajo pacientemente y tolerar sus imperfecciones. Cuando terminé de sembrar el grano, me hacía falta un ras trillo y no me quedó más remedio que utilizar una rama gruesa con la cual conseguí arañar la tierra, más que rastrillarla.

Mientras crecía el grano, observé todo lo que necesitaba hacer: cercarlo, protegerlo, segarlo o cosecharlo, secarlo, transportarlo a casa, trillarlo, limpiarlo y guardarlo. Necesitaba también un molino para convertirlo en harina, un tamiz para cernirla, sal y levadura para hacer el pan y un horno para cocerlo. Sin embargo, como se verá, logré arreglármelas sin ninguna de estas cosas y el grano me proporcionó un inestimable placer y provecho. Todo lo que he mencionado anteriormente, hacía el trabajo más tedioso y difícil pero no había mucho que hacer al respecto, como tampoco respecto al tiempo que perdía pues, según lo había dividido, utilizaba sólo una parte del día para realizar estas labores. Como había decidido no usar el grano para pan hasta que tuviera una cantidad mayor, empleé todo mi tiempo y mi ingenio durante los seis meses siguientes en hacer los utensilios adecuados para ejecutar todas las operaciones relacionadas al procesamiento del grano, cuando lo tuviera.

Primeramente, tenía que preparar un terreno mayor ya que ahora tenía suficientes semillas para sembrar un acre de tierra. Antes de hacer esto, dediqué por lo menos una se mana a fabricar una azada, que resultó deplorable y pesada y requería un esfuerzo doble trabajar con ella. No obstante, obvié esto y sembré mi semilla en dos grandes extensiones de tierra llana, situadas tan cerca de casa como fue posible y las cerqué con una fuerte empalizada, cuyas estacas corté de los árboles que había utilizado anteriormente. Sabía que en un año tendría un seto de plantas vivas que no requeriría mucho mantenimiento. Esta tarea era lo suficientemente complicada como para que me tomara casi tres meses finalizarla, ya que buena parte de este tiempo coincidió con la estación de lluvia, durante la cual, no pude salir.

Sin poder salir, esto es, mientras llovía, me ocupaba de los siguientes asuntos. Siempre que trabajaba, me entretenía hablándole al loro y enseñándole a hablar, de modo que pronto aprendió su propio nombre y a decirlo fuertemente: POLL, que fue la primera palabra que se pronunció en la isla por boca que no fuera la mía. Pero, esta no era mi labor principal, sino, más bien, un pasatiempo que me divertía mientras ocupaba mis manos en otras tareas, como la siguiente. Había estudiado durante mucho tiempo la forma de hacer unas vasijas de barro, que tanto necesitaba, pero aún no sabía cómo. Mas, teniendo en cuenta que el clima era caluroso, no dudaba que, si podía encontrar un buen barro, podría fabricar algún cacharro que, secado al sol, fuera lo suficientemente fuerte para manejarlo y conservar en su interior cualquier cosa que quisiera preservar de la humedad. Como necesitaba algunos cacharros de este tipo para el grano y la harina, que era lo que me preocupaba en ese momento, decidí hacerlos tan grandes como pudiera, a fin de que sirvieran exclusivamente como tarros para conservar lo que guardara en ellos.



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