Robinson Crusoe: 100

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 100 de 220
Robinson Crusoe Daniel Defoe


Apenas terminé de poner el mástil y la vela, el bote comenzó a deslizarse más de prisa. Advertí, por la transparencia del agua, que acababa de producirse un cambio en la corriente, porque cuando esta estaba fuerte, el agua era turbia y ahora, que estaba más clara, me parecía que su fuerza había disminuido. A media legua hacia el este, el mar rompía sobre unas rocas que dividían la corriente en dos brazos. Mientras el brazo principal fluía hacia el sur, dejando los escollos al noreste, el otro regresaba, después de romper en las rocas, y formaba una fuerte corriente que se dirigía hacia el noroeste.

Aquellos que hayan recibido un perdón al pie del cadalso, que hayan sido liberados de los asesinos en el último momento, o que se hayan visto en peligros tan extremos como estos, podrán adivinar mi alegría cuando pude dirigir mi piragua hacia esta corriente y desplegar mis velas al viento, que me impulsaba hacia delante, con una fuerte marea por debajo.

Esta corriente me llevó cerca de una legua en dirección a la isla pero cerca de dos leguas más hacia el norte que la primera que me arrastró a la deriva, de modo que, cuando me acerqué a la isla, estaba frente a la costa septentrional, es decir, en la ribera opuesta a aquella de donde había salido. Cuando había recorrido un poco más de una legua con la ayuda de esta corriente, advertí que se estaba agotando y ya no me servía de mucho. No obstante, descubrí que entre las dos corrientes, es decir, la que estaba al sur, que me había alejado de la isla, y la que estaba al norte, que estaba a una legua del otro lado, el agua estaba en calma y no me impulsaba en ninguna dirección. Mas gracias a una brisa, que me resultaba favorable, seguí avanzando hacia la costa, aunque no tan de prisa como antes.

Hacia las cuatro de la tarde, cuando estaba casi a una legua de la isla, divisé las rocas que causaron este desastre, que se extendían, como he dicho antes, hacia el sur. Evidente mente, habían formado otro remolino hacia el norte, que, según podía observar, era muy fuerte pero no estaba en mi rumbo, que era hacia el oeste. No obstante, con la ayuda del viento, crucé esta corriente hacia el noroeste, en dirección oblicua, y en una hora me hallaba a una milla de la costa. Allí, el agua estaba en calma y muy pronto llegué a la orilla.

Cuando puse los pies en tierra, caí de rodillas y di gracias a Dios por haberme salvado y decidí abandonar todas mis ideas de escapar. Me repuse con los alimentos que había traído y acerqué el bote hasta la playa, lo coloqué en una pequeña cala que descubrí bajo unos árboles y me eché a dormir porque estaba agotado a causa de los esfuerzos y fatigas del viaje.



<<<
>>>

Robinson Crusoe de Daniel Defoe

1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 - 13 - 14 - 15 - 16