Robinson Crusoe: 128

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Robinson Crusoe Daniel Defoe


Me pareció evidente que sus visitas a la isla no eran muy frecuentes, pues transcurrieron más de quince meses antes de que regresaran; es decir, que durante todo ese tiempo, no volví a encontrar huellas ni señales de ellos, ya que, en la época de lluvias, no podían salir de sus moradas, o, al menos, alejarse tanto. Sin embargo, durante todo este tiempo viví inquieto a causa del constante miedo a ser tomado por sorpresa, por lo que puedo decir que temer al mal es mucho peor que padecerlo, en especial, cuando es imposible liberarse de ese temor.

Durante todo este tiempo, me sentía invadido por un sentimiento criminal y pasaba muchas horas, que pude haber empleado en mejores asuntos, imaginando cómo cercarlos y atacarlos la próxima vez que los viera, en especial, si venían en dos grupos como la vez anterior. No se me ocurrió en aquel momento, que si mataba a uno de los grupos, formado por diez o doce salvajes, según mis cálculos, al día siguiente, o a la semana o el mes siguiente, debía matar otro y así, ad infinitum, hasta convertirme en un asesino de la misma calaña que estos caníbales, si no peor.



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