Robinson Crusoe: 171

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 171 de 220
Robinson Crusoe Daniel Defoe


Le pedí que me dijera cómo recibirían una propuesta de huida por mi parte y si esta sería realizable. Le dije con franqueza que mi mayor preocupación era alguna traición o abusos por su parte si ponía mi vida en sus manos, ya que la gratitud no suele ser una virtud inherente a la naturaleza humana y los hombres suelen velar más por sus propios intereses que por sus obligaciones. Le dije que sería intolerable que, después de salvarles la vida, me llevasen prisionero a la Nueva España, donde cualquier inglés sería ajusticiado, independientemente de las circunstancias o necesidades que le hubiesen llevado hasta allí; y que prefería ser entregado a los salvajes y devorado vivo antes de caer en las garras de sacerdotes despiadados y ser llevado ante la Inquisición. Añadí que, aparte de eso, estaba convencido de que, siendo todos los que éramos, podríamos construir una embarcación con nuestras propias manos, lo suficientemente grande para llegar a Brasil, a las islas, o a la costa española que estaba al norte. Mas, si en recompensa, puesto que les daría armas, me llevaban por la fuerza a su patria, estarían abusando de mi generosidad y yo me vería peor que antes.

Me contestó con mucha honradez y sinceridad que su situación era tan miserable como la mía y que habían sufrido tanto, que no podrían menos que aborrecer la mera idea de perjudicar a nadie que les ayudara a escapar. Si me parecía bien, él iría con el viejo a hablar con ellos sobre el asunto y regresaría con una respuesta; que obtendría su compromiso solemne de ponerse bajo mis órdenes como capitán y comandante y les haría jurar sobre los Santos Sacramentos y el Evangelio, que serían leales, que iríamos al país cristiano que yo quisiera y a ningún otro; que se someterían total y absolutamente a mis órdenes hasta que hubiésemos desembarcado sanos y salvos en el país que yo quisiera; y que me darían un contrato firmado a estos efectos.

Entonces me dijo que, antes que nada, él, por su parte, me juraba que no se separaría nunca de mí hasta que yo se lo ordenase y que estaría de mi lado, hasta derramar la última gota de sangre, si sus compañeros faltaban a su promesa.

Me dijo que todos eran hombres civilizados y honestos, que se hallaban en la peor situación imaginable, sin armas ni ropa, sin otro alimento que el que los salvajes les cedían generosamente y sin esperanzas de regresar a su patria. Si yo los ayudaba, podía estar seguro de que estarían dispuestos a dar la vida por mí.

Con estas garantías, decidí enviar al viejo salvaje y al español para tratar con ellos. Mas cuando todo estaba listo para su partida, el español hizo una observación, tan prudente y sincera que no pude menos que aceptarla con agrado. Siguiendo su consejo, decidí postergar medio año el rescate de sus compañeros por la razón que sigue.



1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 - 13 - 14 - 15 - 16