Robinson Crusoe: 189

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Robinson Crusoe Daniel Defoe


El contramaestre cayó muerto en el acto; el segundo cayó muy mal herido cerca de él y murió al cabo de una o dos horas; el tercero pudo escapar.

Cuando sonaron los disparos, avancé enseguida con todo mi ejército, que ahora se componía de ocho hombres: yo, que era el generalísimo; Viernes, que era mi teniente general, el capitán con sus dos hombres y los tres prisioneros a los que les habíamos confiado armas.

Nos acercamos a ellos en la oscuridad, de modo que no pudiesen ver cuántos éramos. Al hombre que habíamos encontrado en la chalupa, que ahora era uno de los nuestros, le ordené llamarlos por sus nombres para intentar llegar a un acuerdo con ellos, lo cual ocurrió tal y como lo deseábamos, pues resulta fácil imaginar que, en la situación en la que se hallaban, no les quedaba otra alternativa que capitular. Así, pues, el marinero llamó a uno de ellos con todas sus fuerzas:

-¡Tom Smíth, Tom Smith!

Tom Smith respondió al instante.

-¿Eres tú, Robinson? -pues le había reconocido la voz.

-Sí, sí -respondió Robinson-. En nombre de Dios, Tom Smith, entregad las armas y rendíos porque si no, todos seréis hombres muertos.

-¿A quién debemos rendirnos? -preguntó Smith-. ¿Dónde están?

-Están aquí -dijo Robinson-. Aquí está nuestro capitán, acompañado de cincuenta hombres y os viene persiguiendo desde hace dos horas. El contramaestre está muerto, Will Frye está herido y yo estoy prisionero. Si no os rendís, estaréis todos perdidos.

-¿Se nos dará cuartel si nos rendimos? -preguntó Tom Smith.



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