Robinson Crusoe: 190

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Robinson Crusoe Daniel Defoe


-Voy a preguntarlo, pero si prometéis rendiros -respondió Robinson.

Se dirigió al capitán que les gritó:

-Tú, Smith, ya conocéis mi voz. Si os rendís inmediatamente y entregáis las armas, os aseguro las vidas a todos, excepto a Will Atkins.

En seguida, Will Atkins gritó:

-En el nombre de Dios, capitán, concededme cuartel. ¿Qué he hecho yo? Todos son tan culpables como yo.

Mentía a este respecto pues, al parecer, Will Atkins había sido el primero en tomar prisionero al capitán cuando se amotinaron y lo había tratado injuriosamente, amarrándole las manos e insultándolo. No obstante, el capitán le dijo que se rindiese a su propia discreción y confiara en la misericordia del gobernador. Se refería a mí, pues todos me llamaban gobernador.

Acto seguido, depusieron sus armas y rogaron por sus vidas. Envié al hombre que les había hablado primero con otros dos compañeros para que los atasen. Entonces, mi formidable ejército de cincuenta hombres, que con aquellos tres, sumaba ocho, avanzó hacia ellos y se apoderó de la chalupa. Yo me mantuve alejado con uno de ellos, por razones de estado.

Nuestra siguiente tarea era reparar la chalupa y tomar el barco. El capitán, que ahora tenía tranquilidad para hablar con ellos, les recriminó su villanía y las posibles consecuencias funestas de su proyecto, pues, con toda certeza, los habría podido llevar a la miseria y, a la larga, a la horca. Todos ellos se mostraron sumamente arrepentidos y suplicaron que se les perdonase la vida. Mas el capitán les dijo que no eran sus prisioneros sino del gobernador de la isla; que había pensado que los abandonarían en una isla desierta pero, con la ayuda de Dios, la isla estaba habitada y su gobernador era un hombre inglés; que este podía hacerlos ahorcar si le parecía, pero, como les había dado cuartel, suponía que los enviaría a Inglaterra para que fuesen juzgados como lo exigía la ley, con la excepción de Atkins, a quien el gobernador había dado órdenes de ahorcar a la mañana siguiente.



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