Robinson Crusoe: 198

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Robinson Crusoe Daniel Defoe


En pocas palabras, les conté todos los detalles de mi historia y les dije que le pediría al capitán que les dejara otros dos barriles de pólvora y algunas semillas, las cuales en otro momento me habría gustado mucho tener. También les di la bolsa de guisantes que el capitán me había regalado y les aconsejé que los sembraran y los cultivaran.

Habiendo hecho todo esto, al día siguiente los abandoné y subí a bordo del barco. Nos preparamos inmediatamente para zarpar pero no levamos anclas esa noche. A la mañana siguiente, dos de los cinco hombres que se habían quedado llegaron a nado hasta el barco, quejándose lastimosamente de los otros tres y suplicando por Dios, que los lleváramos en el barco, pues, de lo contrario, serían asesinados. Le rogaron al capitán que los dejase subir a bordo aunque solo fuese para colgarlos inmediatamente.

El capitán dijo que no podía hacer nada sin mi consentimiento y después de algunos inconvenientes y solemnes promesas de enmienda, se les permitió subir a bordo y se les azotó fuertemente, después de lo cual se comportaron como hombres honestos y tranquilos.

Tras de esto, con la marea alta, una de las chalupas fue enviada a la orilla con las cosas que les había prometido a los hombres, a lo cual, por intercesión mía, el capitán agregó sus cofres y algunas ropas, que recibieron con sumo agrado. Además, para animarlos, les dije que, si en el camino encontraba algún navío que pudiera recogerlos, no me olvidaría de ellos.

Al abandonar la isla, traje conmigo algunas reliquias como el gran gorro de piel de cabra que me había confeccionado, la sombrilla y el loro. También traje el dinero, del que hablé al principio, que, como había estado guardado durante tanto tiempo, se había oxidado y ennegrecido y apenas habría podido pasar por plata, si antes no lo hubiese limpiado y pulido. Traje, además, el dinero que había encontrado en el naufragio del barco español.

Y fue así como abandoné la isla el 19 de diciembre de 1686, según los cálculos que hice en el barco, después de haber vivido en ella veintiocho años, dos meses y diecinueve días. De este segundo cautiverio fui liberado el mismo día del mes que había escapado por primera vez de los moros de Salé en una piragua.



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