Robinson Crusoe: 199

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

16. FORTUNA DE ROBINSON
Pág. 199 de 220
Robinson Crusoe Daniel Defoe


Al cabo de un largo viaje, llegamos a Inglaterra el 11 de junio de 1687, después de treinta y cinco años de ausencia. Cuando llegue a Inglaterra era un perfecto desconocido, como si nunca hubiese vivido allí. Mi benefactora y fiel tesorera, a quien había encomendado todo mi dinero, estaba viva pero había padecido muchas desgracias. Había enviudado por segunda vez y vivía en la pobreza. La tranquilice respecto a lo que me debía y le aseguré que no le causaría ninguna molestia, sino al contrario, en agradecimiento por sus pasadas atenciones y su lealtad, la ayudaría en la medida que me lo permitiera mi pequeña fortuna, lo cual no implicaba que pudiese hacer gran cosa por ella. No obstante, le juré que nunca olvidaría su antiguo afecto por mí y así lo hice cuando estuve en condiciones de ayudarla, cómo se verá en su momento.

Me dirigí a Yorkshire; pero mi padre, mi madre y el resto de mi familia había muerto, excepto dos hermanas y dos hijos de uno de mis hermanos. Cómo no habían tenido noticias mías, después de tantos años, me, creían muerto y no me habían guardado nada de la herencia. En pocas palabras, no encontré apoyo ni auxilio y el pequeño capital que tenía, no era suficiente para establecerme,

No obstante, recibí una muestra de agradecimiento que no esperaba. El capitán del barco, al que había salvado felizmente junto con el navío y todo su cargamento, les contó a sus propietarios, con lujo de detalles, la extraordinaria forma en que yo había salvado sus bienes. Estos. me invitaron á reunirme con ellos y con otros mercaderes interesados y, después de muchos agradecimientos por lo que había hecho, me obsequiaron con casi doscientas libras esterlinas.

Me puse a reflexionar en las circunstancias de mi vida y en lo poco que tenía para establecerme en el mundo. Entonces decidí viajar a Lisboa para ver si podía obtener alguna información sobre mi plantación en Brasil y enterarme de lo que había sido de mi socio, que al cabo de tantos años, me habría dado por muerto.

Con esta idea, me embarqué rumbo a Lisboa, a donde llegué en abril del año siguiente. Mi siervo Viernes me acompañaba fielmente en todas estas andanzas y demostró ser el servidor más leal del mundo en todo momento.

Cuando llegué a Lisboa, y después de hacer algunas averiguaciones, encontré a mi viejo amigo, el capitán del barco que me rescató la primera vez en las costas de África. Ahora era un anciano y había abandonado el mar, dejando a su hijo, que ya no era un jovenzuelo, a cargo del barco con el que aún traficaba en Brasil. El viejo no me reconoció y en verdad, tampoco yo pude reconocerlo pero inmediatamente lo recordé, así como él me recordó a mí cuándo le dije quién era.



1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8 - 9 - 10 - 11 - 12 - 13 - 14 - 15 - 16