Sesiones de los Cuerpos Lejislativos de la República de Chile/1845/Sesión de la Cámara de Diputados, en 7 de julio de 1845

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CÁMARA DE DIPUTADOS
SESION 12.ª EN 7 DE JULIO DE 1845
PRESIDENCIA DE DON RAMON LUIS IRARRÁZAVAL


SUMARIO. — Nómina de los asistentes. — Aprobacion del acta precedente. — Cuenta. — Ordenanza de amos i sirvientes.- Solicitudes de don Juan Francisco Zegers i de doña María García viuda de Henríquez. —Establecimiento de mataderos públicos en Santiago. — Derechos de peajes. — Solicitud de don N. Jiménez. — Proyecto de lei sobre balcones. — Venta de unas piezas de artillería. — Los fallidos i la cesion de bienes. — Oficina de Estadística. — Acta. — Anexos.

CUENTA[editar]

Se da cuenta:

  1. De un oficio por el cual el Senado comunica que ha insistido en su anterior acuerdo sobre el proyecto de lei que autoriza al Gobierno para dictar una ordenanza de amos i sirvientes. (Anexo núm. 49. V. sesiones del 9 de Junio i 11 de Julio de 1845).
  2. De un informe de la Comision de Hacienda sobre el proyecto de lei que manda establecer mataderos públicos en Santiago. (Anexo núm. 50. V. sesiones del 30 de Agosto de 1844 i 9 de Julio de 1845).
  3. De otro informe de la misma Comision sobre el proyecto de lei que establece i modifica los derechos de peaje en los caminos públicos. (Anexo núm. 51. V. sesiones del 2 i el 21).
  4. De otro informe de la misma Comision sobre la solicitud entablada por don Nicólas Jiménez en demanda de que se le aumente su sueldo de empleado del resguardo del estanco. (V. sesiones del 30 de Agosto de 1844 i 13 de Octubre de 1845).
  5. De una solicitud entablada por don Juan Francisco Zegers en demanda de que se despache la que presentó en 1843. (Anexo núm. 52. V. sesion del 12 de Julio de 1844).
  6. De otra solicitud entablada por doña María García, viuda del teniente don Manuel Henríquez, en demanda de una pension. (Anexo núm. 53).

ACUERDOS[editar]

Se acuerda:

  1. Que la solicitud de don J. F. Zegers se agregue a sus antecedentes. (V. sesion del 27 de Julio de 1846)
  2. Que la Comision de Peticiones infor me sobre la de doña María García viuda de Henríquez. (V. sesion del 1.º de Julio de 1846).
  3. Aprobar en jeneral el proyecto de lei que deroga una lei recopilada relativa a los balcones. (V. sesiones del 16 de Agosto de 1844 i 9 de Julio de 1845).
  4. Dejar para segunda discusion el proyecto de lei que autoriza la enajenacion de piezas de artillería. (V. sesiones del 12 i el 9).
  5. Rechazar el artículo 1.º del proyecto de lei que declara reos de quiebra fraudulenta a los deudores que hagan cesion de bienes (V. sesiones del 4 i el 9).
  6. Aprobar el artículo 18 del proyecto de lei que crea la oficina de Estadística. (V. sesiones del 4 i el 9).

ACTA[editar]

SESION EN 7 DE JULIO DE 1845

Se abrió la sesion a las siete de la noche con asistencía de los señores Arteaga, Barra, Cifuentes, Covarrubias, Dávila, Eguigúren, Errázuriz don Javier, Gandarillas, Formas, García de le Huerta, Huidobro, Iñiguez, Irarrazaval, Lazcano, Lastarria, Lastra, Lopez, Montt, Necochea, Palacios, Palazuelos, Palma don Cipriano, Pérez, Pinto, Rosas, Sánchez, Seco, Sol, Toro don Santiago, Tagle don Ramon, Varas, Velásquez, Vial, Vidal i Renjifo.

Aprobada el acta de la anterior, se leyó un oficio del Presidente del Senado, comunicando que aquella Cámara, habiendo tomado nuevamente en consideracion el proyecto de autorizacion al Presidente de la República para que dicte una ordenanza que determine los deberes de amos i sirvientes, ha resuelto insistir en su anterior acuerdo por mayoría de diez votos contra uno; cuyo asunto quedó en tabla para ser considerado oportunamente.

En seguida se dió cuenta de dos solicitudes particulares: la una de don Juan Franciso Zegers en que pide por tercera vez se despache por esta Cámara la solicitud que tiene pendiente ante ella desde el año 43 i la otra de doña María García, viuda del teniente de ejército don Manuel Henríquez, pidiendo una pension. A la primera se acordó poner el siguiente decreto:

Téngase presente, agregándose a sus antecedentes, i la segunda se mandó pasar a la Comision de Peticiones. Despues de esto se leyeron tres informes de la Comision de Hacienda: el primero sobre el acuerdo del Senado, para el establecimiento de mataderos públicos en esta capital; el segundo a consecuencia del proyecto de lei presentado por el Ejecutivo para modificar i establecer los derechos de peajes de los caminos públicos, i el tercero en la solicitud de don Nicolas Jiménez, en que pide se le aumente el sueldo como teniente primero del resguardo de la Factoría Jeneral de Santiago, cuyos tres asuntos quedaron en tabla.

Se puso despues en discusion el proyecto sobre balcones, presentado por el señor Diputado Cifuentes, i se aprobó en jeneral por mayoría de veinticuatro votos contra nueve.

A continuacion se puso en dicusion particular el proyecto de enajenacion de piezas de artillería de bronce i se dejó para segunda discusion.

Despues de ésta se puso en segunda discusion el proyecto presentado por el señor Diputado Lazcano sobre fallidos, i puesto en votacion el artículo 1.º resultó desechado por mayoría de treinta i un votos contra cinco.

Como en el curso del prolongado debate que se tuvo sobre este artículo habia propuesto el señor Ministro Diputado Montt, que se modificase dicho artículo estableciendo la formacion de un sumario indagatorio de las causas ordinarias de las quiebras o falencias, el señor Presidente invitó al señor Montt a que presentase para la sesion inmediata redactada su indicacion en forma; en lo cual se convino.

Al tratar de los demas artículos del espresado proyecto, pidió el señor Lazcano que se suspendiese la discusion hasta que se presentase a la Cámara la indicacion ofrecida, en virtud de lo cual quedó la discusion reservada para la oportunidad conveniente.

Despues de esto se continuó la segunda discusion del artículo 18 del proyecto de Estadística, suspenso en la sesion anterior, en cuyo artículo se trata de la asignacion de sueldos a los empleados de la nueva oficina.

Se aprobaron los sueldos acordados por el Senado al jefe i al oficial primero i se desecharon las reducciones hechas por aquella Cámara a los sueldos de los oficiales segundos i archiveros, respecto de los propuestos en el proyecto orijinal del Gobierno, Despues de nueve votaciones sucesivas quedó el artículo aprobado en su forma orijinal del modo que a continuacion se espresa:

"Art. 18 La renta anual de los empleados que se espresan en el artículo 14 será:

El jefe, dos mil pesos.
El oficial primero, mil doscientos pesos.
Los oficiales segundos, mil pesos cada uno.
El primer archivero, mil doscientos pesos.
El segundo archivero, ochocientos pesos.
El portero, cien pesos."

En este estado se levantó la sesion a las nue ve i tres cuartos de la noche, quedando en tabla para la inmediata, el proyecto de nueva planta i dotacion de los individuos del cuerpo de injenieros civiles, el de venta de piezas de artillería, el de fallidos, la conclusion del de Estadística i el de balcones. — IRARRÁZAVAL. — R. Renjifo.

SESION EN 7 DE JULIO DE 1845[1]

Aprobada el acta de la anterior, se leyó un oficio del Presidente del Senado comunicando que aquella Cámara, habiendo tomado nuevamente en consideracion el proyecto de autorizacion al Presidente de la República para que dicte una ordenanza que determine los deberes de amos i sirvientes, ha resuelto insistir en su anterior acuerdo por mayoría de diez votos contra uno; cuyo asunto quedó en tabla para ser considerado oportunamente.

En seguida se dió cuenta de dos solicitudes particulares: una de don Juan Francisco Zegers en que pide por tercera vez se despache por esta Cámara la solicitud que tiene pendiente ante ella del año 43, i la otra de doña María García, viuda del teniente de ejército don Manuel Henríquez, pidiendo una pension; a la primera se acordó poner el siguiente decreto:

"Téngase presente, agregandose a sus antecedentes; i la segunda se mandó pasar a la Comision de Peticiones. Despues de esto se leyeron tres informes de la Comision de Hacienda: el primero sobre el acuerdo del Senado para establecimientos de mataderos públicos en esta capital; el segundo a consecuencia del proyecto de lei presentado por el Ejecutivo para modificar i etablecer los derechos de peajes de los caminos públicos i el tercero, en la solicitud don Nicolas Jiménez en que pide se le aumente su sueldo como teniente primero del Resguardo de la Factoría Jeneral de Santiago; cuyos tres asuntos quedaron en tabla.

Se puso despues en discusion el proyecto sobre balcones, presentado por el señor Diputado Cifuentes, que se aprobó en jeneral por 24 votos contra 9. En seguida púsose en discusion particular el artículo 1.º del proyecto sobre enajenacion de algunas piezas de artillería.

El señor Arteaga. — La necesidad, señores, de poner nuestros puertos en estado de defensa no solamente para ataques consiguientes al estado de guerra sino tambien para impedir los desacatos no poco frecuentes de los buques estranjeros, es tan jeneralmente reconocida que parece incuestionable saber atenderse a esta exijencia sin pérdida de tiempo. Ella es tal, que a mi juicio no deberia esperarse la venta de cañones propuesta por el Gobierno, sino autorizarlo desde luego para que invirtiese la cantidad que hayan de producir en la compra de los que se necesitan de otros calibres, porque la realizacion de la venta propuesta está sujeta a retardos que podrian comprometer la seguridad del pais en caso de una guerra inesperada.

Contrayéndome al proyecto diré que lo hallo útil, económico: lo primero, porque los cañones que deben enajenarse no conviene conservarlos, porque la mayor parte son inútiles, unos i otros de calibres irregulares, cuyo servicio ofrece inconvenientes; económicos, porque se va a aprovechar un capital muerto, para llenar con él una necesidad indispensable i que la nacion no puede dispensarse del gasto que demandan. Ademas cada cañon de bronce de 24 que va a venderse debe producir aproximadamente 1,200 pesos, al paso que tres de fierro de sesenta i ocho sólo importan 1,033 pesos a razon de 345 cada uno.

Así habremos obtenido casi toda la artillería que necesitamos por ahora sin que el Erario desembolse cantidad alguna. Debe tenerse presente tambien en favor de la idea del Ejecutivo, la superioridad de los cañones a la pecsan, que son los que deben comprarse, pues los proyectiles que arrojan causan tal estrago, que puede decirse sin exajeracion, que uno solo producirá mayor efecto que el que puede esperarse de una batería de cañones comunes. Bajo cualquier aspecto que se considere el proyecto que se discute, se hallarán ventajas en su favor, siendo la principal para la nacion armarse de un modo igual a los enemigos que pueden combatirla; pues continuando con los actuales cañones de plaza que tenemos, cuando llegue el momento de servirnos de ellos, gastaremos mucho pólvora para hacer poco daño a los buques que ataquen. Soi, pues, de parecer que la Cámara debe aprobar el proyecto en atencion a las ventajas que de él resultan.

Quedó para segun la discusion.

Se puso en segunda discusion el artículo 1.º del proyecto del señor Lazcano.

El señor Palazuelos. — Yo, prescindiendo del mérito que tengan las razones alegadas en la sesion anterior en pro o en contra del proyecto que discutimos, me ha parecido que mui bien pudiera... o mas claro, que debemos dar otro jiro a nuestras ideas sobre la materia. No es lo que importa saber qué cosa han sido o cómo se han portado las personas que hasta ahora han hecho quiebras en Chile; digo que esto me es mui indiferente. Quiero suponer que hayan sido todos inocentes, porque para dictar una lei que ponga término a los males que proce len de la naturaleza peculiar del pais, sus costumbres; mas claro, atendido el destino particular a que ha consagrado su actividad; digo, pues, que para dictar una lei ceñida a todas estas consideraciones, que son las únicas que deben obrar a mi ver, para proceder con acierto, poco importa que las quiebras que han ocurrido hasta ahora hayan sido inocentes o criminales. Ciertamente, señores, tratando de saberse si convenía o nó adoptar medidas preventivas para esta clase de delitos, claro es que no iríamos a preguntar qué procedencia han tenido esas quiebras. Preguntaríamos principalmente cuáles son las tendencias del espíritu del pais, las tendencias de su estado moral, i todas las demas circunstancias del hombre i de la sociedad con relacion a este asunto. Para darme a entender mejor, es claro, señor, que cuando se trata de dictar una lei preventiva, represiva de ciertas acciones o de ciertos males, no se toman en cuenta circunstancias personales, de puro evento, pues no se trata de aflijir a aquellos que han causado estos males. No, señor, se trata de preservar al pais de los que puedan sobrevenir.

Ahora, pues, como el oríjen permanente de estos hechos no se encuentra en la voluntad de los hombres a quienes puede imputarse el mal que la lei castiga, sino que ese oríjen debe buscarse, como dije ántes, en la naturaleza del hombre i de la sociedad, claro es que es preciso remontar a otros hechos, hechos que yo quiero estudiar porque ántes no ha habido ocasion de fijarse en este asunto.

En la América del Norte, en donde el hombre se ha consagrado a una vida prodjiosa de actividad i en donde se sabria dictar una lei que refrenase esta misma actividad causando susto al atrevimiento de cada hombre, ser a hacer un grave daño a la sociedad. Pero yo pregunto ¿será justo tratar del mismo modo a un norte americano que no tiene padre, que no tiene casa, que no tiene patria i que está privado de estas ventajas por la casualidad, diré así, de haber adoptado esta carrera? ¿Será justo, repito, hacer responsable a este hombre del modo con que ha perdido su fortuna?

Ahora volvamos a un pueblo que en todas las cosas relativas a su bienestar consulta esclusivamente el bienestar del individuo en donde no hai en el hombre inclinaciones ni instintos que le hagan consagrarse supersticiosamente al servicio de la sociedad; en donde el hombre suma i resta con tanto reposo, con tanta frialdad, que me daria la gana de creer que seria capaz de vender a su propia madre cada vez que le conviniese i le hiciese cuenta. No tiene mi patria que agraviarse por esta verdad: lo mismo se ha dicho de Inglaterra. Yo pregunto ¿el hombre que con frialdad, con tanta pereza, por no moverse, no lo hace en un lugar donde parecen agotados todos los recursos que puede tocar el lejislador para mover la industria, i aun en caso de escasez, como lo vemos ahora que están desiertas, completamente arrasadas las campiñas del norte, la agricultura muerta, el combustible agotado, i con todo no se encuentra una alma dedicada a abrir las puertas de esta industria, sin embargo de que ahí está el sur ofreciendo sus bosques inagotables; ¿quién hasta ahora se ha movido para plantear esta industria?

En una palabra, Su Señoría, habiendo entre nosotros tantos recursos, tantos ausilios, tantos elementos, tantos estímulos, en fin, para protejer las especulaciones, debe considerarse al fallido reo i mui reo: el fallido es un criminal en el mayor número de casos.

Yo no niego que hayan muchas causas, que quizás no podremos enumerar, en que hayan caído en desgracia semejante, hombres que no lo han merecido. Pero, ¿qué importa a la sociedad que.... ¿cómo dice el artículo? ¿Cómo, señor?... que.... ¡Ah! que se tengan por reos de quiebras fraudulenta ínterin no prueben lo contrario? No dice ninguna novedad.

En todos los casos en que un hecho aparece en la sociedad comprometiendo su seguridad, el individuo que lo comete i aun el que se halla ligado a él como su ajente, es reputado reo de ese hecho; porque lo primero que hace la justicia cuando se comete un hecho que se presume criminal, es apoderarse de la persona que lo ha cometido i aun de la que cree sospechosa, i se toman todas las seguridades i precauciones necesarias, se hacen las averiguaciones convenientes a fin de saber si es o nó criminal.

¿Qué quiere decir, señor, se reputa, es reo de quiebra fraudulenta ínterin no pruebe lo contrario?

Quiere decir que la lei le obliga a probar su inocencia. La sociedad no se cree obligada a suponerla; a la sociedad no le conviene suponer ¡i qué bien dicho!

Esto es mui conforme a la naturaleza del pais, al carárter de sus habitantes. I de nó, pregúntese ¿qué casos son aquéllos entre los muí frecuentes que hemos tenido en estos tiempos de quiebras fraudulentas a todas luces, en que algunas de sus víctimas hayan hecho una sola peticion contra el fallido?

Mas, diré: me ha sucedido a mí en una de las quiebras mas escandalosas que ha podido presenciar este pobre cuerpo, que sabiendo yo lo escandaloso de la quiebra, dije a los acreedores:

¿Qué hacen Uds? Nos hemos juntado. Pero, sin ir mas adelante, debe estar aquí en la Sala la misma persona a quien hice esta pregunta; sí; seguramente está aquí. ¿I qué contestacion ha dado a los acreedores, sabiendo que han entrado a su bolsillo, de un año a esta parte, capitales crecidos? Nada, hasta ahora entretanto. ¿Qué se han hecho los cien mil i tantos pesos? ¿Dice siquiera alguna cosa de quebrantos que haya tenido, de pagos que haya hecho? Nada absolutamente. ¿I Uds. qué hacen? Como nosotros somos así... que tal i cual... Pero, yo digo: cada uno es dueño de hacer de su capa un sayo.

¿Pueden ellos perdonar estos delitos? Esa fria indiferencia de los acreedores hace que se multipliquen i perpetúen estos delitos que afectan a la sociedad entera. Un deudor debe ser perseguido; es un ladron, comete un delito que a ningun particular no le es dado perdonarle. I bien, ¿qué hará la sociedad para prevenir esta especie de delitos que tanto importa reprimir a su jóven moral?, diré así. Porque, no cansemos, señor, una madre se horroriza, se despecha, cuando a la vista de su tierno niño se comete un crímen que puede acabar por corromper su corazon.

No hace mucho tiempo que hablamos de esos padres de la Patria, de esos que han sacado al pais del estado colonial. ¿Pero, a qué lo han sacado? ¿Para qué? Para gozar como dicen de ese derecho de incomodar a todo el mundo?

No, señor, el pais ha nacido para la humanidad. De otro modo yo quiero mas bien la esclavitud.

Juro i creo desde este asiento, que todos hacen enredos. i cuando la sociedad se sacrifica en mejorar la condicion de los hombres, ¿es posible que se permita a unos cuantos hombres menospreciar las leyes, pasearse todos los dias por las calles, haciendo alarde de su atrevimiento i haciendo un insulto tan grosero?

Ladrones públicos! Ladrones insolentes! que abusando de la confianza que han hecho de ellos unos cuantos inocentes, han derramado la muerte sobre sus infelices bienhechores!

Yo no digo por esto, que los quiero castigar: el cuadro que tenemos a la vista me llena de indignacion Dígolo solamente para hacer ver el carácter nacional, sus hábitos industriales, el estado moral del hombre, su actividad peculiar, o mas bien, diré el temperamento, sus hábitos comerciales, el jenio particular de los negocios que hace el hombre; ese jenio apático, ese jenio frío, que especula, que todo lo mira por diferente lado; un hombre que nada hace con jenerosidad, un hombre que nada hace en favor de sus semejantes. Hablo de mi tierra, hablo de mi pais; hombres buenos, excelentes, pero la naturaleza les ha dado estas peculiaridades, señor, que la lei debe prevenir.

En la sesion anterior se dijo que debia hacerse cargo al Tribunal del Consulado porque no ponia todo el cuidado en el exámen de los libros i en el órden que los comerciantes pongan en sus negocios: esto mismo creo que obra en favor del artículo en discusion, porque en donde es preciso que un tribunal o una autoridad vele sobre el comerciante, se infiere que los comerciantes están en jeneral, entregados a un desórden de que ellos sólo deben responder. Cuando no tuviesen otro oríjen que éste, las quiebras serian criminales. Ahora yo no sé qué arbitrio pueda adoptarse con mas prudencia, que el de hacer parecer a cada uno de estos hombres a quienes la fortuna les ha puesto, digámoslo así, la marca del crímen, a probar su inocencia.

¿Qué inconvenientes tendria la adopcion de esta medida sobre que se lleve a un hombre a la cárcel por algunos dias, a fin de que se descargue de lo que se le imputa? ¿No debemos jamas tomar preso a un hombre, cuando recaigan en éste sospechas de delito? ¿Será indispensable tener pruebas evidentes? Una muerte puede cometerse en miles de casos con inocencia. Pero si hemos de ser consecuentes, si hemos de tratar a los hombres que caen en esta desgracia particular del mismo modo que son tratados otros que caen en este quebrando por la razon única de que la sociedad está interesada en que se tomen estas seguridades, yo no sé cuál sea el temor que pueda haber para aprobar este artículo. Yo vuelvo a recordar a la Cámara, para concluir, que nosotros nos conocemos perfectamente bien, que sabemos que en el mayor número de casos por no hacer daño, dejamos escapar a un delincuente, aunque sepamos que en la casa vecina va a degollar a todos sus habitantes. Yo, así, señor, opino por la aprobacion del artículo.

El señor Ministro Montt. — Si la necesidad de evitar los fraudes que suelen cometerse en las quiebras obligar a tomar medidas tan severas, tales como las que propone el presente proyecto, es necesario al mismo tiempo no olvidarse de las consideraciones que debemos tener a la miseria. Se ha establecido por algunos señores que han hablado en esta materia, como un hecho casi averiguado, de que la mayor parte de las quiebras son fraudulentas: pero esto es para mí un error; muchas nacen de accidentes que no pueden reputarse verdaderamente como un delito; sino como una verdadera desgracia. I ¿cómo se procederá en semejantes circunstancias? Lo que, a mi modo de ver aconseja la prudencia en estos casos es investigar, examinar, averiguar los hechos, pero averiguarlos de manera que no se haga caer desde luego una nota ignominiosa sobre la persona que hasta aquél día no teníamos motivo para creerla criminal. El proyecto en discusion no adopta este temperamento, i léjos de proponer que se forme un proceso indagatorio para saber si lo era o nó, principia por declararlo delincuente, i lo obliga a probar su inocencia. Esta prueba es un gravamen, i la posicion en que lo constituye lo es todavía mucho mas. Segun este proyecto, debe demostrar que ha perdido sin culpa los intereses que administraba. Pero ¿qué clase de culpa es esta? ¿Define el proyecto en qué caso puede imputarse esta culpa? ¿El juez lo reputará culpable por qué no ha puesto todo el cuidado i dilijencia que un hombre industrioso i activo suele poner?

Esta culpabilidad no está bien definida en el proyecto; i sin embargo, el mismo proyecto obliga al individuo que quiebra a probar que no ha cometido tal culpabilidad. Cuando no tuviese otro defecto este artículo que el de pecar contra la máxima de moral, por este sólo principio bastaria para que fuese desechado. Pero yo creo que a mas de estas consideraciones, debe producir funestos resultados en el comercio. Porque si es verdad que se encuentra en mal estado el comercio ¿no va a poner este proyecto una traba mas? ¿No va a afinarlos mas en esta infamia? I sin duda que todo el que emprendiese una negociacion se veria espuesto a ir a una cárcel en donde lo mirase todo el mundo como un verdadero delincuente. Hai en nuestro carácter cierta indolencia, es verdad, para cuidar nuestros capitales, por lo que nos vemos muchas veces embarazados para ocurrir a la justicia. La lei debe venir en ausilio de esta especie de indolencia; pero cuando la lei por sí indica un medio bastante severo, léjos de producir su efecto, no hace mas que dejarlo sin ejecucion, i hacer que se desacredite, como sucede ordinariamente. Como en esta materia se han hecho observaciones anteriormente de suma importancia, i como las que he espuesto me parecen tambien de alguna consideracion, omito hablar mas sobre ella, reservándome para en caso de ser desecho el artículo, hacer alguna indicacion.

El señor Lazcano. — Desde el principio de la discusion se ha dicho que esta lei no llena todos los objetos que debemos proponernos. Esta es una lei de circunstancias que seria mui mal recibida i aun mui injusta si se hubiese dado 20 años ántes a nuestra sociedad, i puede ser asi mismo injusta dentro de pocos años; pero en la actualidad, atendido nuestro carácter, atendido el órden de cosas, atendida la impunidad de los que quiebran, es una lei justa i urjente. Nadie desconocerá que en las quiebras hai casos fortuitos, hai razones que justifican al quebrado i lo hacen acreedor a toda consideracion. Es natural que nos pongamos siempre de parte de la desgracia, pero tambien es preciso que abandonemos esta jenerosidad mal entendida aplicando algun remedio oportuno. Mui equitativo seria averiguar la causa de la quiebra; mas si no es posible averiguarla, porque los acreedores mismos pierden en ello haciendo gastos i dando pasos inútiles ¿no pierde mas la sociedad con que el delito quede solapado? No se diga que el crédito del fallido permanece en el mismo buen lugar que ántes tenia porque no se le haya procesado el hecho de quebrar i de no poner a la vista del público causa fundada de su atraso, le imprime una nota degradante mui difícil de borrar. Cuando a un hombre pundonoroso le ocurre un lance de aquellos, que en ocasiones comunes son mirados como delincuentes, su delicadeza i su honor le compelen a vindicarse: miéntras mas inocente sea este hombre, mas bien quiere alejar toda sospecha que mengüe aunque levemente su reputacion. Harto frecuentes son los casos en que algunos se han presentado al juez pidiendo que se les abra un sumario, poniéndose en prision i representando todo el aparato de criminales, porque solo de este modo, porque solo pidiendo al público que todos los acusen, creen poder presentar en adelante su honra acrisolada i limpia de toda sospecha. ¿Se ha visto a algun quebrado pedir un juicio? ¿Se le ha visto representar papel de reo para su vindicacion? Nunca, a lo ménos yo no tengo noticia de que haya sucedido, no obstante que conozco quiebras verdaderamente fortuitas e inculpables. Si, pues, la conducta comun de los fallidos i la opinion pública da sobrados fundamentos para considerarlos como criminales, yo no sé por que se diga que es implorar la condicion de los que han tenido una desgracia en sus negocios, condenarlos a que sufran un juicio, cuando yo no veo que les quede otro medio de sincerarse i justificarse de toda mala sospecha. A nadie infama haber estado detenido por la justicia miéntras se averigua un delito i el que se tenia por autor de él gana mucho con poder presentar a todos una sentencia de absolucion, un salvo-conducto para merecer en adelante todo crédito i confianza. Diré tambien que no convengo en llevar a términos estremos la libertad que hoi tiene todo negociante para aventurar la fortuna ajena; i me parece mui moral, mui justo i mui equitativo que pierda parte de su reposo i de su libertad por algun tiempo, el que talvez lo ha quitado a sus acreedores i reducido a miseria, no a un solo individuo, sino a muchas familias.

Los grados de culpabilidad de un fallido creo que están al alcance del juez ménos esperto: no creo que estén indeterminados en el proyecto que discutimos cuando un artículo espreso da tanto ensanche en favor del que jira con caudal ajeno, que lo escusa de responsabilidad i lo declara libre de toda culpa, si prueba que las pérdidas fueron ocasionadas por especulaciones en que cualquiera puede arriesgar su fortuna prudentemente.

Encuentro en estas palabras cuánta libertad pudiera apetecerse para ser juzgado discrecionalmente. Quien se ocupa en un negocio bien meditado i calculado (porque la lei no se limita a las especulaciones atrevidas de un comerciante) i con pleno conocimiento de que no le dará mas de un ocho por ciento de ganancia, ¿tendrá escusa, quebrará sin culpa, cuando ha estado tomando para el mismo negocio capitales a intereses mas subidos? ¿Habrá quien llame prudente a esta especulacion? Todos somos testigos de sucesos de este jénero, todos vemos que hai quien venda sus productos por ménos precio de su costo de produccion ¿I quién dudará entónces de los resultados? Se hace este fraude, se comete este latrocinio, se agravan las quiebras por la impunldad. ¡Cuánto ganaria la riqueza pública, si se cortaran estos arbitrios escandalosos de disminuirla!

El señor Montt. — Creo no haber acertado a esplicar mi idea en la otra vez que hablé. Juzgo que el estado de impunidad en que están ahora los que quiebran con fraude, es un grave mal; pero pretender cortarlo de un modo tan sumamente severo, es pasar de un estremo a otro, i es dejar las cosas en el mismo estado en que se encuentran, porque la excesiva severidad conduce tambien a la impunidad. Desde el dia que veamos a un hombre honrado confundido en la cárcel con todos los criminales, se da motivo suficiente para creerlo tambien criminal, i desde que esta lei se sancionase, se presentarian muchos casos de esta naturaleza.

La accion, pues, de encarcelar a un hombre lo hace aparecer con el carácter de criminal, i esto por sí mismo en una pena tanto mas grave cuanto que recae sobre su crédito, que es de lo que vive.

Quiebra un comerciante, señor; se forma un proceso a presencia del fiscal; éste lo examina, indaga las causas que hayan motivado su quiebra, i en virtud de estos procedimientos se le declara delincuente, o al contrario. Pero, ¿porqué principiar por donde debe concluirse? ¿Se teme que se fugue el fallido? En ese caso lo haria ántes de presentarse en quiebra, o ántes de formársele concurso. No se trata, pues, de evitar la fuga; se trata de presentar a este hombre ante la sociedad con un carácter odioso que no habrá merecido. Por esto es que la lei va a conducir a resultados mui funestos.

El señor Presidente. — Tiene la palabra el señor Lastarria, que la habia pedido al mismo tiempo que el señor Montt.

El señor Lastarria. — Era mas o ménos, señor, para esponer que el autor de la mocion ha discurrido de una manera que ataca su propio proyecto: ha preguntado ¿qué inconveniente habria en que un comerciante se vindicara de las sospechas que puede sujerir con el acto de su falencia?

Esto es cosa diferente de lo que se propone en el proyecto, porque el artículo primero, que discutimos, declara fraudulenta a priori toda falencia i decreta la prision de todo fallido, esto es mui diverso, como se ve a primera vista, de lo que espone el señor Diputado, autor de la mocion para defenderla. Con todo, omitiré dilucidar esta materia tal como lo habia yo concebido, ya que el señor Diputado que acaba de hablar se ha fijado precisamente en el mismo punto, anunciando que presentará una modificacion del proyecto con el fin de exijir a los fallidos que justifiquen los motivos de su quiebra sin necesidad de recurrir a las severas i aun crueles medidas que se proponen en el artículo que consideramos.

Pero no concluiré sin espresar que me habria sido sensible que la Cámara hubiera votado este artículo dominada por la impresion del apasionado discurso que acabamos de oir al señor Diputado por Castro. El argumento capital que este señor ha presentado, se puede traducir de esta manera: "el chileno es de un carácter eminentemente apático, es excesivamente poltron i amigo de su comodidad; luego es necesario tapar, obstruir con tiempo el único canal por donde principia a desbordarse su actividad— la industria mercantil— por consiguiente, es necesario aprobar el proyecto en discusion".

Tal es, señores, lo que acabamos de oir: no creo preciso demorarme a refutar este error. Si para sostener el proyecto se necesita recurrir a tales argumentos, no perdamos mas tiempo; desechémoslo i habremos hecho algo bueno. Permítame la Cámara todavía una palabra: quiero decir que cuando se discurre sobre el carácter nacional no es posible dejar de cometer estos errores; el carácter de Chile es, en mi concepto, como en el de cualquiera que se fije en la fisiolojía de un pueblo nuevo, lo que es el carácter de un niño de 4 años: lineamientos vagos, rasgos indefinidos, que en ningun caso pueden suministrarle al lejislador luz alguna para proceder.

Sirva de ejemplo lo que se acaba de decir sobre que nuestro carácter bondadoso i apacible hace que los acreedores se retraigan comunmente de perseguir con la severidad que debieran a los deudores fraudulentos: ¿no es verdad que todos sentimos que esto es muí falso? Esa bondad que se nos atribuye no la tenemos: los acreedores no dejan de perseguir a sus deudores por jenerosidad. Cuando dejan de perseguirlos es porque no está en sus intereses el hacerlo porque no quieren incomodarse, porque no quieren gravarse con gastos superfluos, porque, en fin, nada sacarian de poner en los carros al que no puede darles dinero; esta es la verdad, señores, i esto es egoismo i no bondad.

Por fin, se ha dicho que esta leí salvará al comercio de la concurrencia de hombres sin responsabilidad i sin honor, i lo cierto es que sucederá al contrario, porque el hombre honrado se apartará de una industria cuyos menores azares van a poner en conflicto su crédito i a producir una desgracia, i sólo se harán comerciantes los que tengan bastante sangre fria para arrostrar esos peligros, i aquellos que pueden contar con bastante resolucion para fugarse i burlar a sus acreedores en el momento que se quiera sujetarlos a esta lei. He dicho.

Despues de esto se continuó la segunda discusion del artículo 13 del Proyecto de Estadística suspenso en la sesion anterior, en cuyo artículo se trata de la asignacion de sueldos a los empleados de la nueva oficina.

El señor Irarrázaval. — (Presidente de la Cámara). Al concluir la sesion anterior dije que tenia que hacer algunas reflexiones sobre el artículo que se acaba de poner en discusion: voi, pues, a someterlas al ilustrado juicio de la Cámara. De todas las modificaciones que la de Senadores tuvo a bien hacer en el proyecto de que nos ocupamos, a ninguna he dado mas importancia que a la reduccion de los sueldos propuestos ordinariamente por el Gobierno para los empleados de la oficina de Estadística, que se trata de establecer: semejante reduccion, a mi juicio, desvirtúa infinitamente, talvez puedo decir destruye por su base uno de los proyectos mas importantes que se han presentado a la Lejislatura desde muchos años atras, a cuyo pié me complazco mucho, por lo mismo de haber estampado mi firma.

Cualquiera que fije su atencion en lo que es la Estadística de un pais, o mas directamente a nuestro propósito,cualquiera que recuerde el vastísimo plan trazado para organizar la de Chile en el artículo primero ya aprobado por ámbas Cámaras del proyecto a que ha aludido, se penetrará de la inmensa importancia de la multitud de trabajos que va a llevar a cabo esa oficina, de lo complicado que son por su naturaleza, del delicado tino que se necesita para realizarlo, por lo trascendental que seria cualquiera error de su ejecucion. Para que sirva de recuerdo, la Cámara se servirá permitir la lectura del artículo.

(Se leyó i continuó el señor Irarrázaval). He aquí en bosquejo, el gran programa que vamos a llenar.

Todas las naciones que marchan hoi al frente de la civilizacion, de los progresos sociales, de la cultura, la Francia, la Inglaterra, la Béljica i los Estados Unidos, de América, han dirijido de preferencia sus conatos a la adquisicion de datos estadísticos i a desenvolver los hechos que ellos revelan: porque, señores, en dos grandes fracciones pueden dividirse las operaciones de este juicio; a saber, la adquisicion de datos, i la deduccion de importantísimas consecuencias, sin que yo alcance a penetrar cómo ha podido asentarse que una oficina de Estadística no es mas que un gran archivo, una copilacion indijesta de documentos de diversas clases.

Centenares de individuos i millares de millares de pesos se emplean anualmente en cada uno de esos paises con solo el ramo de Estadística, atendiéndolo con un interes mui preferente al que se dirije a otras de las primeras necesidades públicas. La Francia no se ha dado por satisfecha con que se consignen en luminosísimos escritos los resultados de los trabajos estadísticos comprendidos i acabados allí con tanta constancia; ha querido materializar i por esplicarme así, tales trabajos, haciendo formar una Francia pequeña, una Francia modelo, especie de edificio que algunos de los señores que me escuchan habrán probablemente visto, en que están diseñados todos los departamentos en que se divide el territorio frances; marcadas las poblaciones que cada uno uno encierra; designadas las tierras de cultivo, señalados los rios que las bañan, con otra multitud de pormenores que seria largo detallar. Pero, en un asunto que tanto se presta al raciocinio no creo del caso seguir presentando ejemplos, especie de argumentacion viciosa de ordinario, porque no se aprecian bien las circunstancias que se asimilan para sacar los mismos resultados, cuando talvez aquellas tienen entre sí poca analojía, o son del todo diversas. No me place, pues, tomar en el caso actual este camino, ni quiero tampoco seguir considerando el asunto en jeneral, sino que voi a contraerme distintamente a nuestra oficina de Estadística; i espero que la Cámara consentirá en que algo me estienda por la importancia de la materia que ventilamos aunque sea en sí seca i estéril.

En cuatro secciones se van a dividir los trabajos de la dicha oficina, que tomarán su denominacion de la de cada uno de los Ministerios del despacho, siendo su objeto los diversos ramos en que por la lei incumbe tambien entender a cada Ministerio. La primera de esas secciones, por tanto, se ocupará de cuanto concierne a los ramos del Interior i Relaciones Esteriores, la 2.a de los ramos de Justicia Culto e Instruccion Pública, la 3.a de lo que toca a la Guerra i Marina i la 4.a de lo que pertenece a la Hacienda Pública.

Por haber desempeñado en distintas épocas o simultáneamente todos los departamentos del despacho he tenido ocasion de conocer lo que a cada cual ocupan los negocios de su instituto; i me parece, que si bien el de Hacienda tiene a veces que consagrar su atencion a negocios de vital interes, que demandan complicados cálculos una séria i concienzuda circunspeccion, es el que, de ordinario ménos recargado de tareas se haya. Por lo mismo voi a discurrir, con respecto a la oficina de Estadística, sobre las labores de la incumbencia de este último departamento que la ocuparán i entre ellas elijiré la que parece ménos complicada, mas sencilla: será la parte comercial.

Pues bien, para organizar su estadística, habrá que averiguar cuáles son los productos de nuestro suelo, cuáles los puntos en que se recojen, cuáles los métodos u operaciones con que se obtienen, cuál su valor en sus diversos estados, cuál su proporcion comparatva tomando en cuenta los de diversas provincias, cuáles son los medios de sacar las posibles ventajas de ellos, cuáles son necesarios i hasta qué punto para el consumo interior i qué transacciones se hacen sobre éstos, cuáles los que es posible o conviene esportar, i en tal caso, los caminos por donde se han de conducir, a los puertos por donde se han de estraer, los gastos de su conduccion i trasporte, los puntos del globo a que será útil llevarlos, el valor que en cada uno tendrán los artículos que interesará recibir en retorno, teniendo que practicar respecto a cada uno de estos casi las mismas operaciones indicadas con relacion a los que se van a cambiar. En fin, infinitas mas quedan por especificar en órden sólo a la estadística comercial, sin que la mas insignificante de ellas pueda reputarse inútil o innecesaria para el conocimiento de nuestro comercio, por nosotros mismos i por los estranjeros, sin cuyo conocimiento, aquél apénas tendrá vida, apénas podrán emprenderse bajo seguras bases las grandes especulaciones mercantiles. Podria temerse que la misma magnitud de los procederes que he bosquejado los hiciese en Chile inejecutables. Para prevenirme tambien contra la manifestacion de semejante temor, he preferido el referirme a un ramo en que los trabajos insinuados están ya esencialmente hechos i consignados, en los papeles que tengo en mis manos i que en cada señor Diputado puede examinar.

Consisten en una serie de cuadros en que se manifiestan con relacion al año de 1844 las mercaderías estranjeras importadas a Chile para el consumo nacional, con designacion de su calidad, cantidad, peso o medida, valor, etc., etc., los frutos i artefactos nacionales esportados al estranjero, i las mercaderías naturalizadas que se han igualmente esportado con la misma prolija designacion; el comercio de importacion i esportacion que ha tenido la República con las naciones siguientes: Francia i sus colonias, Béljica, Holanda, Alemania, Inglaterra i sus colonias, Dinamarca, Suecia i Noruega, España i sus colonias, Portugal, Cerdeña, Rusia, China, Norte América, Méjico, Centro América, Nueva Granada, Ecuador, Brasil, Perú, Bolivia, provincias del Plata i Polinesia; lo que importa una cuenta corriente, que así puede llamarse, con cada una de las naciones espresadas; i no basada, como podria presumirse, en la procedencia de los buques que traen a nuestros puertos mercaderías estranjeras, pues que alguno Norte Americano, verbigracia puede traer un cargamento compuesto de artículos que son produccion de diez partes del globo; sino en las mas prolijas investigaciones sobre el comercio de importacion.

Dejo al buen criterio de cada señor Diputado, el dar a éstos i otros muchos datos que contienen los papeles de que me estoi sirviendo, la estimacion que en sí tienen; i advierto que hasta aquí sólo se ha llenado una parte de nuestra estadística comercial, estando la otra (la deduccion de consecuencias) todavía apénas comenzada. Pero se le ha dado principio ya, i algunos de los resultados que se han obtenido, son que la participacion de cada chileno en el valor a que asciende el conjunto del comercio de Chile con el estranjero, es de nueve pesos 3/8 de real; que la importancia de nuestras transacciones mercantiles es en sí misma mayor de lo que jeneralmente se piensa; que tal importancia, tomando por base una época dada, la poblacion respectiva i el total valor representativo del comercio chileno i del de muchos paises de Europa, es igual o superior a la importancia del comercio de no pocos de éstos, aun de primer órden, como el de la Rusia, la Prusia, la España, Dinamarca, Suecia i Noruega i aun la misma Francia.

Omito por abreviar el detalle de otros resultados de la misma especie obtenidos cuando sólo se ha principiado ha esplotar esta rica mina.

Hasta aquí únicamente he hecho alusion a uno sólo de los objetos a que se encaminan nuestros trabajos estadísticos i no al mas difícil de alcanzar.

Si me propusiera entrar en iguales pormenores sobre cada uno de los demas i principalmente si intentase dar una una idea siquiera de lo que nuestra oficina de Estadística, a medio organizar como está, con tres funcionarios tomados prestados de otras varias, ha realizado hasta hoi, ocuparia por muchas noches la atencion de la Cámara.

Sus trabajos van a ver en breve la luz pública: mas, consiéntase en que, por muestra, me detenga algunos instantes en algunos de ellos: será concerniente a la estadística territorial; i elijiré tambien la parte que ménos dificultades presenta a la investigacion: la hidrográfica. Me referiré a una provincia; sea la de Maule. La hidrografía de ésta, segun el plan ya desenvuelto, no se ciñe meramente, como pudiera suponerse, a investigar el nacimiento de cada uno de sus grandes rios, el curso que llevan, el otro rio o punto de costa en que desembocan: especifica en todos sus pormenores hasta los pequeños esteros tributarios de cada rio, señalando las Subdelegactones i aun los Distritos que cada cual atraviesa, las tierras que baña, los puntos en que principia i concluye, con otras innumerables menudencias, bastantes para que cualquiera forme concepto de la fertilidad de aquella provincia i aun de la importancia de los fundos rústicos en que está dividida, sin haberla visto jamas. ¿Se habla, por ejemplo, del rio Ñube? Inmediatamente se hace la mas prolija descripcion que puede apetecerse de los esteros llamados Monte Blanco, Concha o Bolutavo, Ninquen, Changaral i diez o doce mas que engrosan su caudal.

Vuelvo a dejar a la ilustracion de los señores Diputados el graduar el interes de tan preciosos datos.

He procurado demostrar a la lijera la incalculable importancia que tiene la Estadística para cualquier pais, i mui especial para el que es del todo desconocido i nuevo; he hecho ver que por imperfectos que sean los medios con que contamos para organizar la del nuestro, bastante se ha conseguido ya, i que debemos tener mas que fundadas esperanzas de conseguir mucho mas, si no en este año, si no en el siguiente, si no en el otro, no tampoco cuando la presente jeneracion se haya estinguido; he patentízado cuán delicados son por su naturaleza los trabajos estadísticos, en los que un solo error podria producir fatales consecuencias. Acometerlos a millones estamos tambien nosotros espuestos por no tener punto de partida para llenar nuestras funciones lejislativas i ya lo hemos cometidos, señores, ya los hemos cometido; voi a citar el caso. Para subrogar el impuesto de alcabalas i otros, decretó la Lejislatura la contribucion llamada catastro, esto es, que se gravase la renta de los predios rústicos con un cuatro i despues, con un tres por ciento. No se logró así reponer lo que el Fisco perdia, porque el producido del catastro no alcanza a la mitad del que daban los impuestos a que se subrogó, i por la absoluta falta de datos estadísticos, se apreció pésimamente la indicada renta, que es ocho veces mayor que la calculada, segun hechos de notoria exactitud de que el público estará pronto en posesion. Nuestro error en el caso espuesto fué mas bien favorable que adverso para el pueblo; si, como pudo suceder, lo hubiésemos cometido en contrario sentido ¿no habríamos ocasionado males sin cuento? ¿No es posible que un Congreso, marchando a ciegas, con la mejor intencion ocasione la ruina misma de los pueblos que propenden a engrandecer?

Otro de los poderes del Estado, el Ejecutivo, ¿qué podrá hacer sin la necesaria ilustracion que suministra la Estadística, i sólo la Estadística? Casi nada de gran valor, a mi juicio: podrá dar órdenes aisladas, podrá dictar providencias superficiales, podrá remediar pequeñas necesidades, podrá administrar por rutina; pero concebir i desenvolver los grandes proyectos que cambian la faz de las naciones, que las enriquecen, que las hacen fuertes, poderosas, grandes, no sin engalanar sus gabinetes con cuadros estadísticos, eso no lo podrá jamas; no lo podrá, sin aventurarse temerariamente a producir enormes males en lugar del bien a que propende. Por todo lo dicho, un famoso escritor ha colocado en el número de los primeros bienhechores de la humanidad a los hombres que se ocupan en los trabajos de estadística.

La falta de ésta hace que los gravámenes públicos se gradúen sólo por las públicas necesidades, i que se arranque a bulto, sin discernimiento, lo preciso para satisfacerlas, de lo que quizá no se debiera tocar; que se sofoquen en su jérmen los ramos de industrias; que una vez grabados no medrarán jamas; que se despoje al ciudadano activo hasta de su diario alimento, hasta del pan cuotidiano de sus hijos. No exajero, señores, no recargo los colores del cuadro de miseria a que está espuesto el pueblo que es desconocido de sus gobernantes, cuyos lejisladores, cuyos jefes se ven constituidos en la fatal necesidad de obrar como un imprudente i temerario capitalista que manejase grandes caudales sin llevar libros, sin hacer apuntes siquiera, sin curarse del resultado de sus especulaciones, sin comparar las ventajas que le han producido o los embarazos con que han tropezado, sin investigar las causas de los efectos favorables o contrarios que tiene ante sus ojos. Ese capitalista se arruinaria de seguro; el pueblo que cual él proceda, se arruinará tambien.

Resulta de lo que procede, que los trabajos estadísticos, ya se atienda a su importancia, ya a su naturaleza, ya a su complicidad, ya a la exactitud rigorosa que debe reinar en ellos, exijen hombres de una capacidad mas que mediana, de intelijencia despejada, de actividad no comun, de constancia a toda prueba, i dotados de aquel jenio de detalle, me esplicaré así, que tan pocos poseen. De hombres que tengan todas estas dotes necesitamos para nuestra oficina de Estadística; o al ménos, de hombres adornados con algunas de ellas, i tales hombres no ofrecen sus servicios por la mezquina suma de 700 pesos en cada año que es la que el Senado ha tenido a bien designar a cada uno de los cuatro únicos oficiales que hade tener la oficina, en la que cada cual será, respecto a su seccion, el jefe, el ausiliar, el amanuense, todo lo que puede ser. Con 700 pesos anuales, se podrá pagar, no lo dudo, un escribiente, un buen escribiente si se quiere, pero nada mas que mero escribiente; i a llenar así la plaza de una oficina de Estadística, vale mas que no la haya, pues mui poco se podrá esperar de los trabajos aislados i exclusivos de un Director, que en nuestro caso va a dirijir tambien las operaciones de otro establecimiento importantísimo, cual es el Archivo Nacional, del que no hablo por no fatigar mas la atencion de los señores Diputados, i que sentiria mucho que se organizase, si, como lo ha querido la Cámara de Senadores, los documentoscon que se puede decidir de nuestra vida, de nuestra propiedad, de nuestro honor, se confiasen a manos de personas que se considerasen suficientemente remunerados con 800 i hasta con 600 pesos por año.

Desengañémonos, señores, depongamos el indiscreto espíritu de ruin economía que, a mi entender, en grave perjuicio del país, se ha apoderado de muchos.

Seamos circunspectos para no gastar mas de lo que tenemos; pero no nos escudemos en exajeradas penurias para desatender las necesidades que por todas partes aparecen i deben aparecer en un pais que principia su carrera política.

No tengo ya el honor de ocupar un puesto en el Gobierno; no temo, por consiguiente, que mis palabras hoi se tachen de calculadas o apasionadas. Inspira lo sólo por el bien de la República, declaro con toda franqueza i libertad, que mas bien quisiera ver apoderado del ánimo de sus hombres de influencia el espíritu de prodigalidad, que el de una mala entendida economía, tratándose de llenar ciertos vacíos, de proveer a ciertas exijencias i de remunerar los talentos, la honradez, el celo i contraccion de los servidores públicos;que no sé cómo ha podido decirse que hasta ahora se ha propendido a enriquecerlos, cuando yo los veo, hablo en jeneral, pero tampoco admito muchas escepciones, cuando yo los veo reducidos a triste condicion, ganando para comer, mas no para satisfacer la propension natural de todo hombre, así del comerciante como del agricultor, así del literato como del que alquila sus servicios, a proporcionarse una mediana comodidad, a medio asegurar siquiera la subsistencia de su familia cuando cierre los ojos; cuando yo los veo, en fin, casi obligados a buscar fuera de sus puestos, como de hecho ordinariamente sucede, lo que no encuentran en ellos i a lo que tienen justa razon de aspirar.

En semejante órden de cosas hallo jo, señores, un gran mal, por parecerme que él espone a que los peores servidores sean siempre los del Estado i a que éste sea tambien siempre, siempre mal i sólo a medias servido. Paso a contestar brevemente las tres únicas observaciones que se hicieron en la anterior sesion contra la módica asignacion que el Gobierno ha prepuesto para los empleados que compongan la oficina de Estadística, pretendiendo reducirla aun todavía mas que lo que por el Senado ha sido reducida.

Fué a primera: que esa oficina no es hoi ni será en muchos años mas que un casi inútil archivo.

Poco tengo que decir sobre esta observacion, considerándola mas que suficientemente desvanecida i refutada con cuanto hasta el presente instante he espuesto, i en particular con los hechos citados, que tan a las claras la contradicen.

Por lo mismo que son tan escasos e imperfectos los medios que la oficina de Estadística tendrá para adquirir el caudal de datos que han de servir de base a sus labores, por lo mismo es necesario componerla de hombres intelijentes i espertos que analicen con tino i sagacidad los buenos o malos informes que se les den, que adviertan i suplan los vacíos que tengan i que ilustren con convenientes instrucciones a los funcionarios i particulares que han de suministralos.

¿Se da, v. g., por producto obtenido en un departamento, una cierta cantidad de granos que a primera vista parece diminuta?

La oficina de Estadística para investigar si lo es o nó. tiene que apreciar el consumo de tal especie que, segun la poblacion, hábitos de sus habitantes, etc., es natural que haya habido en el mismo departamento; que estimar la cantidad de los productos de un año, que es de presumir se reserve para arrojarlos de nuevo a la tierra en otros; que averiguar si del mismo departamento se ha estraido alguna parte de la produccion sobre que recaen sus observaciones; tiene que hacer comparaciones de épocas a épocas tomando en cuenta aun los cambios de temperaturas; tiene en una palabra, que descender a los mas menudos cálculos para suplir así la impericia o o el descuido hasta del último de sus cooperadores.

En suma, la oficina de Estadística tiene infinito que trabajar, pero sin duda hemos recojido ya algunos frutos de sus tareas, i mucho mas abundantemente los recojeremos en adelante.

La segunda de las observaciones que estoi refutando i a la que no puedo dar ni el nombre de objecion, consistió en decir que se intentaba dar a algunos de los empleados de la oficina en cuestion, superiores dotaciones a las que tienen otros de mucha mas categoría, i se puso por ejemplo al Auditor Jeneral de Guerra, equiparado por la Ordenanza Jeneral del Ejército para ciertos actos de honor, con los Ministros de la llustrísima Corte de Apelaciones, i que sólo disfruta de mil pesos de renta anual. Trabajando aquel señor, como él mismo ha dicho que trabaja desde su asiento de Diputados, pienso, no obstante su propia esposicton, que no se le recompensa debidamente con el sueldo que le está señalado; i así lo ha creido tambien esta Cámara, cuando tratándose de mejorar las dotaciones de los militares en jereral, acordó por unanimidad o por una gran mayoria que con mucho gusto concurria a formar con mi voto que se aumentase tambien la del señor Auditor de Guerra. Pero lo débil de la observacion que me ocupa, consiste principalmente en ser del todo inexacto que se gradúe el rango de un empleado por el sueldo que se le paga. Si esto fuese cierto, i sin abandonar el ejemplo que se puso, resultaria que algunos de los oficiales de los Ministerios, sin contar los oficiales mayores, que algun secretario de Intendencia, que algunos empleados, los subalternos del Cuerpo de Injenieros civiles, que el Director de la Quinta Normal de Agricultura, que ocho empleados subalternos de la Contaduría Mayor i uno de la Tesorería Jeneral, que cuatro empleados subalternos de la Moneda i seis o siete de la Factoría Jereral, que el oficial de la Caja del Crédito Público, que cerca de treinta de la Aduana de Valpaiaiso, con otros muchos, eran iguales o superiores en rango al señor Auditor de Guerra, siendo cierto que todos ellos tienen igual o superior renta, pues gozan anualmente desde mil hasta tres mil pesos, i lo serian tambien en la escala militar, algunos oficiales no de órden superior, como los Tenientes coroneles. He dicho demasiado sobre la segunda observacion, me contraeré a la tercera.

No hai cómo decretar las dotaciones propuestas para la oficina de Estadística: faltan fondos.

Si la pobreza del erario público no es tal, que no permita satisfacer las mas imperiosas necesidades de la nacion, ninguna fuerza tendrá para mí aquel argumento. Si algunas de las tales necesidades pueden llenarse, debe figurar entre ellas la de organizar nuestra Estadística; la Estadística que, segun creo haberlo hecho ver, es la piedra angular de todo progreso, de todo adelantamiento, de toda ventura social: es el cooperador e indispensable ausiliar de todo Gobierno.

Al nuestro, a la Administracion a que re cientemente pertenecí a falta, me complazco en decirlo, de cargos graves, positivos, ménos vagos i de mas importancia, se le ha tachado de inercia, de poca actividad, para promover el engrandecimiento de la República; imputacion fácil de hacer, que se hará tambien a la presente Administracion, a la que la suceda i a otra i otra, cualesquiera que sean los hombres que las compongan, miéntras los medios de accion con que cuenta el Gobierno no sean mas eficaces, mas espeditos, ménos nulos; no sean otros, en fin, que los que son hoi. Muchos se constituyen lijeramente en ecos de un cargo aparente e injusto; pero pocos, poquísimos son los que se toman el trabajo de escudriñar si se ha podido hacer lo que todos deseamos; si se han podido humanamente vencer los infinitos obstáculos que traban la marcha administrativa; si se han podido superar las fatales causas que desvirtúan las mejores providencias, i si habria sido prudente acometer sin bases sólidas aquellas grandes empresas, dar sin guia aquellos jigantescos pasos que deciden para siempre entre el brillo i el aniquilamiento de los Estados.

Algo he dicho ántes; inmensamente mas me queda por decir acerca de esta gravísima materia: no lo permite el tiempo.

Pero hasta aquí he discurrido en una hipótesis que no existe. No es cierto que el tesoro chileno se halle en las pobres circunstancias que se pretende: no es cierto, señores. Tengo dos hechos irrecusables con que patentizar lo contrario.

A fines de 1844 dispuso el Congreso, bien informado, que se diese a interes una mui considerable suma que existía sin objeto en las arcas públicas: en ellas debe estar todavía, porque el funcionario que por la respectiva lei fué designado para distribuirla no aceptó semejante comision, luego es evidente que no nos hallamos en el caso de no hacer un bien de primer órden por penuria, por escases de recursos. A esto se agrega (es el segundo de los hechos a que se ha aludido poco hace) que en el año anterior ha tenido la República 200,000 pesos mas de entradas que en el que precedió, i esto, no obstante, que habian causas previstas i esplicadas de antemano para que así no sucediera aunque accidentalmente; i repito que debo dar tales hechos como irrecusables, siendo el uno constante a todos los señores que me oyen, i habiendo llegado a mi noticia el otro por boca de uno de los mismos miembros del Gabinete. ¿Dónde está, pues, dónde está la miseria que tanto se decanta? ¿Dónde está el escudo con que se quiere defender una economía ruinosa? ¿No es verdad que es tan imajinaria esa miseria como mal entendida ésta economía?

En conclusion, opino no sólo ya porque se desestime la indicacion hecha a la Cámara por un señor Diputado para que se reduzcan a despreciables cuotas los sueldos de los que han de trabajar en nuestra Estadística, sino porque no se aprueben tampoco las rebajas acordadas por el Senado respecto a la mayor parte de dichos sueldos, i porque se decreten al ménos los mui módicos i escasos que el Gobierno ordinariamente propuso. He dicho.

Se aprobaron los sueldos acordados por el Senado al jefe i al oficial primero, i se desecharon las reducciones hechas por aquella Cámara a los sueldos de los oficiales segundos i archiveros respecto de los propuestos en el proyecto orijinal dei Gobierno. Despues de nueve votaciones sucesivas, quedó el artículo aprobado en su forma orijinal del modo que a continuacion se copia:

ART... La renta anual de los empleados que se espresan en el artículo será:

El jefe $ 2,500
El oficial primero 1,200
Los oficiales segundos, cada uno 1,000
El primer archivero 1,200
El segundo archivero 800
El portero 100

En este estado se levantó la sesion quedando en tabla para la inmediata el proyecto de nueva planta i dotacion de los individuos del cuerpo de injenieros civiles, el de venta de piezas de artillería, el de fallidos, la conclusion del de estadística i el de balcones.


ANEXOS[editar]

Núm. 49[editar]

Esta Cámara, habiendo tomado en consideracion el oficio de V. E. en que anuncia haber sido desechado por 18 votos contra 17, en esa Honorable Cámara, el proyecto de leí aprobado ya por el Senado, sobre autorizacion al Supremo Gobierno para dictar una ordenanza que determine los deberes mutuos entre amos i sirvientes; despues del mas detenido exámen, i considerando la grande utilidad pública de la aprobacion de esta lei, ha tenido a bien insistir en su acuerdo anterior por una mayoría de diez votos contra uno.

Dios guarde a V. E. — Santiago, Julio 5 de 1845. — D. J. Benavente. - Ventura Blanco Encalada, Secretario. A S. E. el Presidente de la Cámara de Diputados.


Núm. 50[editar]

La Comision de Hacienda ha eximinado el proyecto de lei sobre mataderos públicos en la capital de Santiago, que la Cámara de Senadores remite con su aprobacion a la de Diputados, i atendida la urjente necesidad que reclama la pronta adopcion de un establecimiento donde se provea la poblacion del primer artículo de consumo, sin oponerse a los graves inconvenientes con que se hace en el dia su distribucion en los mercados, opina que debe la Cámara igualmente su aprobacion a aquel proyecto en los mismos términos que lo ha aprobado la de Senadores.

Sala de la Comision, Santiago, Julio 5 de 1845. — Santiago Gandarillas. - P. Palazuelos. — José N. Sánchez. — P. García de la Huerta.


Núm. 51[editar]

La Comision de Hacienda, teniendo a la vista la necesidad que hai de reformar el peaje existente en el camino de Valparaiso i de establecer otro nuevo en los caminos cuya construccion i conservacion no pueda costearse sin el ausilio de la espresada contribucion, no ha vacilado en proponer a la Cámara la aprobacion del proyecto de lei que somete a su deliberacion el Presidente de la República.

Sala de la Comision, Santiago, 5 de Julio de 1845. — V. García de la Huerta. - José N. Sánchez. — Pedro Palazuelos. — Santiago Gandarillas.


Núm. 52[editar]

Soberano Señor:

Juan Francisco Zegers, con el mas alto respeto ante Vuestra Soberanía me presento, por tercera vez, para implorar de su justicia i magnanimidad el despacho de la solicitud que presenté en el año de 1843 i que aun se halla sin resolver.

Como nada tengo que agregar a lo espuesto en ella, i juntamente con la segunda que dirijí a Vuestra Soberanía el año próximo pasado, me limitaré a reclamar la atencion de Vuestra Soberanía acerca de mi triste situacion despues de catorce años largos de verme privado de mi destino de oficial mayor del Ministerio de Relaciones Esteriores sin motivo alguno i sin que se me haya dado otro destino, a pesar de repetidas slicitudes i promesas formales de hacerlo.

Por lo tanto, a Vuestra Soberanía humildemente suplico se digne hacerse cargo de mis circunstancias i la justicia que me asiste para en su consecuencia resolver acerca de mi precitada solicitud lo que en su rectitud i conciencia estime por mas conveniente.

Es gracia que imploro. — Juan Francisco de Zegers.


Núm. 53[editar]

Soberano Congreso:

Doña María García, viuda del teniente de ejército don Manuel Henríquez, ante Vuestra Soberanía, con la mayor sumision i respeto digo: que, colocada en el dia en la mayor miseria, i lo que es mas, rodeada de familia sin tener con qué sostener ésta del alimento diario i preciso para subsistir. En situacion tan lamentable no me queda mas amparo que ocurrir a Vuestra Soberanía a fin de que, tomando en consideracion los motivos que llevo espuestos, se digne concederme alguna pequeña pension para remedio de mis desdichas.

Mi esposo, Soberano Corgreso, sirvió a la patria con la honradez propia de un buen soldado, como lo acreditan los documentos que reverentemente acompaño, por los cuales se manifiesta que aquel hijo de la nacion, sirvió en la campaña restauradora del Perú, i por la cual Chile goza en el día un lugar distinguido entre las naciones civilizadas; i no es justo que la viuda e hijos del teniente Henríquez pertzca en la miseria i tenga por precision que mendigar el pan de que necesita para vivir.

En esta virtud, a Vuestra Soberanía suplico se digne declararme acreedora a la pension que sea del grado i como gracia que espero alcanzar de Vuestra Soberanía. A ruego de doña María García, José P. Muñoz.


Núm. 54[2][editar]

Las sesiones parlamentarias que publicamos en nuestras columnas toman cada dia un interes mayor, i dan a la administracion presente un brillo i solidez de que carecieron las pasadas, ya porque faltase publicidad a los trabajos de nuestros cuerpos lejislativos, ya porque rara vez se han hallado tantos i tan buenos oradores reunidos en la lejislatura.


El discurso del señor Irarrázaval que inserta mos en nuestro número de anteayer, es una produccion digna de aquel noble ex Ministro, i las razones aducidas por tantos otros oradores para rechazar la mocion del señor Lazcano sobre quiebras, muestran el espíritu de que está animada nuestra sociedad.

Debemos hacer notar como un carácter distintivo de la época que alcanzamos, el espíritu organizador i reglamentario de que se hallan poseidos nuestros primeros hombres, ya formen o no parte de la Administracion. Muchas veces nos hemos quejado de la poca actividad de los trabajos lejislativos, pero sin de jar de insistir en jeneral sobre esle punto, debemos reconocer que ajénas se encontrará en toda la estension de la América española, una lejislatura mas contraida a lejislar sobre los verdaderos intereses nacionales i sobre todo aquello que afecta al progreso i bienestar de los individuos. Las Cortes de Apelaciones, la lei sobte prelacion de créditos i la multitud de proyectos de este jénero que ocupan a la lejislatura, dirán mas que todas las declamaciones, cuanto se prepara hoi para afianzar la libertad, el órden i la seguridad. Porque toda vez que se reglamenta una materia que permanecía sin tramitacion fija, cada vez que se dictan leyes que alejan el arbitrio del juez, del empleado civil o del Gobierno, se da un paso inmenso hácia la libertad, que consiste en asegurar a los gobernados derechos precisos, i quitar a los gobernantes, jueces, etc., toda ocasion de ocurrir a su decision personal a falta de estatutos que determinen los derechos i las obligaciones.

Compárese el espíritu que reina en los paises anarquizados o despotizados que tenemos en nuestras inmediaciones, con el que predomina en nuestras Cámaras, i se comprenderá fácilmente la diferencia que existe entre el despotismo i la libertad, i sólo así podrá apreciarse en su debido valor la futileza de las declamaciones sobre tiranía con que nos tienen atosigados los diarios de la oposicion que reconocen, sin embargo, que gozan de indisputable libertad.


  1. Esta sesion ha sido tomada de El Progreso del 15 de Julio de 1845, núm. 834. — (Nota del Recopilador.)
  2. Este artículo ha sido tomado de El Progreso del 17 de Julio de 1845, núm. 836. — (Nota del Recopilador)