Sexto Libro de La Galatea: 08

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Sexto Libro de La Galatea Miguel de Cervantes




ELICIO

Y de su casta y amorosa llama
ejemplo tome el más lascivo pecho
y el que en ardor menos cabal se inflama. 105




LAUSO

¡Venturoso Meliso, que a despecho
de mil contrastes fieros de fortuna,
vives ahora alegre y satisfecho!




TIRSI

Poco te cansa, poco te importuna
esta mortal bajeza que dejaste, 110
llena de más mudanzas que la luna.




DAMÓN

Por firme alteza la humildad trocaste,
por bien el mal, la muerte por la vida
tan seguro temiste y esperaste.




ELICIO

Desta mortal, al parecer, caída, 115
quien vive bien, al cabo se levanta,
cual tú, Meliso, a la región florida,
donde por más de una inmortal garganta
se despide la voz, que gloria suena,
gloria repite, dulce gloria canta; 120
donde la hermosa clara faz serena
se ve, en cuya visión se goza y mira
la summa gloria más perfecta y buena.
Mi flaca voz a tu alabanza aspira,
y tanto cuanto más cresce el deseo, 125

tanto, Meliso, el miedo le retira.
Que aquello que contemplo agora, y veo
con el entendimiento levantado,
del sacro tuyo sobrehumano arreo,
tiene mi entendimiento acobardado, 130
y sólo paro en levantar las cejas
y en recoger los labios de admirado.




LAUSO

Con tu partida, en triste llanto dejas
cuantos con tu presencia se alegraban,
y el mal se acerca porque tú te alejas. 135




TIRSI

En tu sabiduría se enseñaban
los rústicos pastores, y en un punto,
con nuevo ingenio y discreción quedaban.
Pero llegóse aquel forzoso punto
donde tú te partiste y do quedamos 140
con poco ingenio y corazón difunto.
Esta amarga memoria celebramos
los que en la vida te quisimos tanto,
cuanto ahora en la muerte te lloramos.
Por esto, al son de tan confuso llanto, 145
cobrando de contino nuevo aliento,
pastores, entonad el triste canto.
Lleguen do llega el duro sentimiento

las lágrimas vertidas y sospiros,
con quien se augmenta el presuroso viento. 150
Poco os encargo, poco sé pediros;
más habéis de sentir que cuanto ahora
puede mi atada lengua referiros.
Mas, pues Febo se ausenta, y descolora
la tierra, que se cubre en negro manto, 155
hasta que venga la esperada aurora,
pastores, cesad ya del triste canto.


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