Sexto Libro de La Galatea: 37

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Sexto Libro de La Galatea Miguel de Cervantes


El canto de Damón acabó de confirmar en Timbrio y en Silerio la buena opinión que del raro ingenio de los pastores que allí estaban habían concebido; y más cuando, a persuasión de Tirsi y de Elicio, el ya libre y desdeñoso Lauso, al son de la flauta de Arsindo, soltó la voz en semejantes versos:



  
LAUSO

Rompió el desdén tus cadenas,
falso amor, y a mi memoria
el mesmo ha vuelto la gloria
de la ausencia de tus penas.
Llame mi fe quien quisiere 5
antojadiza, y no firme,
y en su opinión me confirme
como más le pareciere.
Diga que presto olvidé,
y que de un sotil cabello, 10
que un soplo pudo rompello,
colgada estaba mi fe.
Digan que fueron fingidos
mis llantos y mis sospiros,
y que del Amor los tiros 15
no pasaron mis vestidos.
Que no el ser llamado vano
y mudable me atormenta,
a trueco de ver esenta
mi cerviz del yugo insano. 20

Sé yo bien quién es Silena
y su condición estraña,
y que asegura y engaña
su apacible faz serena.
A su estraña gravedad 25
y a sus bajos bellos ojos,
no es mucho dar los despojos
de cualquiera voluntad.
Esto en la vista primera;
mas, después de conoscida, 30
por no verla, dar la vida,
y más, si más se pudiera.
Silena del cielo y mía,
muchas veces la llamaba
porque tan hermosa estaba 35
que del cielo parecía;
Mas ahora, sin recelo,
mejor la podré llamar
serena falsa del mar,
que no Silena del cielo. 40

Con los ojos, con la pluma,
con las veras y los juegos,
de amantes vanos y ciegos
prende innumerable suma.
Siempre es primero el postrero; 45
mas el más enamorado
al cabo es tan maltratado
cuanto querido primero.
¡Oh cuánto más se estimara
de Silena la hermosura, 50
si el proceder y cordura
a su belleza igualara!
No le falta discreción;
mas empléala tan mal,
que le sirve de dogal 55
que ahoga su presumpción.
Y no hablo de corrido,
pues sería apasionado,
pero hablo de engañado
y sin razón ofendido. 60
Ni me ciega la pasión,

ni el deseo de su mengua:
que siempre siguió mi lengua
los términos de razón.
Sus muchos antojos varios, 65
su mudable pensamiento,
le vuelven cada momento
los amigos en contrarios.
Y pues hay por tantos modos
enemigos de Silena, 70
o ella no es toda buena,
o son ellos malos todos.





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