Sobre la Naturaleza

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Sobre la Naturaleza
de Parménides


Fragmento 1[editar]

Sexto Empírico, Adversus mathematicos VII, 3 111ss (v. 1-30) y Simplicio de Cilicia, de Caelo 557, 25 ss (v. 28-32)



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Las yeguas me arrastran tan lejos como el ánimo anhela 
me llevaron. Y una vez que en el afamado camino 
de la Diosa me hubieron puesto, que lleva rectamente al hombre que sabe, 
por allí me condujeron. Por allí me llevaban las hábiles yeguas 
tirando del carruaje; las doncellas indicaban el camino.
 
En los cubos del eje con estridente sonido rechinaban 
ardiendo (acelerado por dos vertiginosas 
ruedas, de ambos lados) cuando se apresuraban a escoltar 
las doncellas Helíades, abandonadas ya las moradas de la noche 
hacia la luz, habiendo con sus manos los velos de la cabeza retirado.
 
Allí [están] las puestas de los senderos de la noche y del día 
y en torno a ellas, dintel y umbral de piedra, 
y ellas mismas, etéreas, cerradas por inmensas batientes hojas 
de las que Dice, la de los múltiples castigos, las llaves guarda de doble uso. 
Le hablaron las doncellas con blandas palabras 

y sabiamente persuadieron a que el enclavijado cerrojo 
prontamente de las puertas les quitase. Y éstas de la entrada 
el inmenso abismo produjeron al abrirse. Los broncíneos 
postes en sus goznes uno tras otro giraron 
de clavijas y pernos guarnecidos. Y a través de las puertas, 

derecho por el camino, carro y caballos las doncellas condujeron. 
Y la diosa benevolente me recibió; con su mano 
mi mano derecha cogiendo, con estas palabras a mí se dirigió:  
Mancebo, de auriga inmortales compañero, 
que con sus yeguas que te traen, a nuestra morada llegas, 

¡alégrate!, que no una mala moira te envió a seguir 
este camino (pues fuera del sendero de los mortales está), 
sino Temis y Dice. Y así tendrás todo que averiguar, 
tanto de la persuasiva verdad el corazón imperturbable  
como de los mortales los pareceres en los que verdadera convicción no hay, 

y aprenderás también esto: cómo lo múltiple pareciente 
tenía que hacerse aceptable, penetrándolo todo por todas partes. 

Fragmento 2[editar]

Proclo, in Tim. I, 345, 18 - Simplicio de Cilicia, in Phys. 116 (vv. 3 - 8)

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Pues bien, yo te diré -cuida tú de la palabra escuchada- 
las únicas vías de indagación que se echan de ver. 
La primera, que es y que no es posible no ser, 
de persuasión es sendero (pues a la verdad sigue). 
La otra, que no es y que es necesario no ser, 

un sendero, te digo, enteramente impracticable. 
Pues no conocerías lo no ente (no es hacedero) 
ni decirlo podrías en palabras.

Fragmento 3[editar]


...pues lo mismo es inteligir y ser. 

Fragmento 4[editar]



Pero mira: lo ausente está a la vez firmemente presente para la inteligencia,  
porque no separará lo ente de su conexión con lo ente, 
ni dispersándolo por todas partes y de todos lo modos según un orden, 
ni reunido en sólida consistencia. 

Fragmento 5[editar]


Indiferente es para mí por dónde empiece, pues allá retornaré de nuevo.

Fragmento 6[editar]

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Necesario es decir e inteligir que lo ente es. Pues es ser 
pero nada no es. Te intimo a que todo esto pienses. 
Y primero de esta vía de indagación yo te aparto, 
pero luego también de aquella por donde los mortales que nada saben 
van errantes, bicéfalos: pues el desconcierto en sus 

pechos dirige el errabundo pensamiento. Arrastrados, 
sordos a a la vez que ciegos, estupefactos, masas indecisas 
para quienes ser y no ser son lo mismo 
y no lo mismo, y el sendero de todo vuelve sobre sí. 

Fragmento 7[editar]

Pues nunca esto dominarás: ser los no entes. 
Aparta tú el pensamiento de esta vía de indagación; 
ni la costumbre multiexperta te fuerce por ella 
a agitar el ojo sin vista y el oído retumbante

Fragmento 8[editar]

Un sólo decir aun como vía 
queda: que es. Por esta vía hay signos distintivos 
muchos: que lo ente ingénito e imperecedero es. 
porque es único, imperturbable y perfecto. 
No era alguna vez, ni será, pues ahora es, todo a la vez. 

uno solo, compacto. Pues ¿qué nacimiento le buscarás, 
cómo, de dónde ha crecido? No te dejo "de lo no ente" 
decir ni inteligir, pues ni decible ni inteligible 
es que no es. ¿Y que necesidad lo habría impelido 
después o entes, si empezó de la nada, a llegar a ser? 

Y así o el todo ser es necesario o no [ser]. 
Ni jamás de lo no ente permitirá la fuerza de la persuasión 
que llegué a ser algo junto a él. Por lo cual ni llegar a ser 
ni dejar de ser permitió Dice, soltando cadenas 
sino que las retiene. La decisión sobre esto consiste en lo siguiente: 

es o no es. Pero ya está decidido, como [es] necesidad, 
que una [de las vías] es impensable, sin nombre (porque no es verdadero 
camino), en cambio, la otra es y es genuina. 
¿Cómo podría después dejar de ser los entes? ¿Cómo llegaría ser? 
Si llegó a ser, no es, ni tampoco si va a ser alguna vez. 

Y así se extingue la génesis e ignota [es] la ruina. 
Ni tampoco es divisible, porque es entero igual. 
Ni es algo más por aquí, que le impediría ser compacto, 
ni menos, pues está enteramente pleno de lo ente. 
Y así es entero compacto. Pues lo ente confina con lo ente. 

Pero inmóvil en los límites de ingentes vínculos 
es, sin principio, sin cesación, pues génesis y ruina 
muy lejos fueron apartados; expulsólos la convicción verdadera. 
El mismo en lo mismo permaneciendo en si mismo yace, 
y así firmemente ahí mismo queda. Pues la poderosa Ananke 

Lo retiene en vínculos del límite, que lo cierra en torno: 
por lo cual, es divina disposición que lo ente no es inconsumado, 
porque no es indigente; en cambio, si fuera lo no ente, de todo carecería. 
Lo mismo es el inteligir y aquello y aquello por lo cual el inteligir es. 
Pues no sin lo ente, del que depende, una vez expresado, 

encontrarás el inteligir. Pues nada es ni será 
fuera de los entes; puesto que Moira lo ató 
a ser entero e inmóvil. Y así todo será nombre 
cuando los mortales establecieron, confiando ser verdadero: 
llegar a ser y dejar de ser, ser y no [ser], 

y cambiar de lugar y variar el color esplendente. 
Pero por ser límite extremo, es perfecto 
de todas partes, semejante a la masa de bien redonda esfera, 
equilibrado del centro a todas partes. Pues nada mayor 
ni nada menor puede ser por aquí y por allí, 

pues ni lo no ente es, que pudiera impedirle alcanzar 
la igualdad, ni lo ente, para que fuese de ente 
más aquí y menos allí, pues todo entero es incólume. 
Y siendo por todas parte a si mismo igual, comparece igualmente en sus límites. 
Con esto termino para ti el discurso fiable y el pensar 

en torno a la verdad. desde aquí los pareceres mortales 
aprende, escuchando el orden engañosos de mis palabras. 
Acordaron dar forma a dos formas, 
para ambas una sola no es necesario, en lo que errados están. 
Separen los contrarios por su hechura y pusieron señales 

que los apartan entre sí, aquí de la llama fuego etéreo, 
benigno, livianísimo, a sí mismo en todas partes idéntico, 
a lo otro no idéntico. Más también aquello 
que se le opone: oscura noche, de espesos y pesados trazos. 
Toda esta aparente ordenación te expongo 
para que ningún juicio de mortales te sobrepase. 

Fragmento 9[editar]

Pero ya que todo fue luz y noche nombrado 
y éstas, Según sus virtualidades [fueron atribuidas] a tales o cuales cosas 
todo lleno está, a la vez, de luz y de noche invisible, 
ambas iguales, porque nada hay allende estas dos. 

Fragmento 10[editar]

Conocerás la naturaleza etérea y en el éter todos 
los signos, y del resplandeciente sol, pura 
antorcha, las obras devastadoras, y de dónde llegó a ser. 
Y las circulantes obras averiguarás de la luna de redondo eje 
y su origen. Conocerás el cielo que retiene [todo] en torno, 
de dónde emergió y cómo lo forzó impelente 
Ananke a retener los límites de los astros. 

Fragmento 11[editar]

Cómo tierra, sol y luna 
y éter común y celestial Vía Láctea y Olimpo 
extremo y fuerza ardiente de los astros, fueron impelidos 
a llegar a ser. 

Fragmento 12 |





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Los [anillos] más estrechos se llenaron de fuego sin mezcla, 
los siguientes, de noche; y entre ambos se lanza una porción de llama. 
Y en medio de estos, la diosa que todo lo conduce, 
pues en todas partes rige el doloroso nacimiento y la mezcla, 
enviando a lo masculino lo femenino para mezclarse y, a su vez, contrariamente, 
lo masculino a lo femenino. 

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Fragmento 13[editar]

Primero de todos los dioses a Eros engendró. 

Fragmento 14[editar]

Noctiluciente, en torno a la tierra, errante, ajena luz. 

Fragmento 15[editar]

Siempre inquisidora mirando hacia los rayos del sol.

Fragmento 15a[editar]

[La tierra es] acuarraigada 

Fragmento 16[editar]

Pues al modo como cada cual tiene la mezcla de muy extraviados miembros 
así el pensamiento está a disposición de los hombres. Pues lo mismo 
es lo que reflexiona, la naturaleza de miembros para los hombres, 
para todos y para todo. Pues lo más es el pensamiento. 

Fragmento 17[editar]

A la derecha los jóvenes, a la izquierda las doncellas... 

Fragmento 18[editar]

Cuando la mujer y el hombre mezclan juntos simientes de Venus, 
en las venas la conformadora fuerza, de sangres diversas procedente, 
guardando un justo equilibrio, plasma cuerpos bien dispuestos. 
Pero si, al mezclarse los simientes, las fuerzas pugnan 
sin hacer una sola, mezclados los cuerpos, funestas 
resultarán por su doble simiente el naciente sexo. 

Fragmento 19[editar]

Así, pues, emergieron, según el parecer, estas cosas y ahora son, 
y, a partir de aquí, habiendo madurado, acabarán. 
A ellos los hombres nombre impusieron acuñado para cada cual.