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Sobre los sueños (Aristóteles)

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Sobre los sueños
de Aristóteles
traducción de Wikisource

Parte 1

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Nuestro siguiente objeto a investigar es todo aquello que concierne al sueño; y primero investigar a cuál de las facultades del alma pertenece la capacidad de soñar, o en otras palabras, hallar si esta afección pertenece a la facultad intelectiva o a la sensitiva, pues esas son las únicas facultades que tiene el hombre mediante las cuales puede construir conocimiento.

Ahora, si el ejercicio de la vista es ver, y el ejercicio del oído es oír, y generalmente el ejercicio de la percepción sensorial es percibir; y si hay algunas percepciones comunes a todos los sentidos, como la forma, el tamaño o el movimiento, etc., mientras que hay otras, como el color, el sonido, el sabor, específicas [para cada sentido]; y además, si todos los seres, cuando cierran sus ojos al dormir, son incapaces de ver, y tal es cierto para los otros sentidos análogamente, de modo que es evidente que mientras dormimos no percibimos nada; entonces se concluye que no es mediante la percepción sensitiva que se perciben los sueños.

Tampoco lo es por la opinión. Pues no solo se enuncia [en los sueños], por ejemplo, que el objeto que se aproxima es un hombre o un caballo, sino también que tal objeto es blanco o bello, aspectos sobre los cuales la opinión sin percepción sensitiva no podría pronunciarse ni verdadera ni falsamente. No obstante, es un hecho el que el alma realice tales enunciados en los sueños. Parece que se ve bien que la figura que se aproxima es un hombre y que es blanco. Del mismo modo, también pensamos en algo aparte de lo que se percibe [en los sueños], tal y como se hace en la vigilia cuando se percibe algo, y con frecuencia también se razona sobre eso que se percibe. Así, en sueños también a veces se tienen pensamientos ajenos a las apariencias. Esto debería ser evidente para todos aquellos que hagan el esfuerzo mental de recordar al despertar [su sueño]. Existen casos de personas que han experimentado sueños como esos, como aquellas que creen estar organizando un conjunto de elementos en acorde a una regla mnemotécnica. A veces se encuentran ocupadas en algo distinto al sueño propiamente dicho, verbigracia, en situar una apariencia que visualizan en su debida posición mnemotécnica. Es evidente, entonces, que no todas las apariencias en los sueños son imágenes oníricas, y que la actividad reflexiva que se realiza en ese caso es debido al ejercicio de la facultad de la opinión.

Al menos es evidente a partir de estos hallazgos que la facultad por la cual uno se somete a ilusiones cuando se ve afectado por una enfermedad en vigilia es idéntica a la que produce estos efectos ilusorios en los sueños. Así es como el Sol parece medir solo un pie de ancho, incluso para las personas que están en excelente estado de salud, y para aquellas que saben que no es así. Ahora bien, si son idénticas o diferentes las partes imaginativas y perceptivas, en cualquier caso la ilusión no ocurre si antes no se ve o se percibe algo. Incluso para ver mal o escuchar mal debe haberse primero visto o escuchado algo real, aunque no fuera exactamente lo que debía [haber visto o escuchado]. Pero se ha asumido que en los sueños uno ni ve, ni escucha, ni ejercita ningún sentido. Quizá puede considerarse que es cierto que el que sueña no ve nada, pero falso que su facultad de percepción sensorial permanezca inalterada. Es posible que tanto la vista como otros sentidos sean afectados de alguna manera, y que estos [sentidos] afecten de alguna forma a la percepción, al igual que ocurre cuando está despierto, transmitiendo un impulso de algún modo a su facultad sensorial [primaria], aunque no idénticamente a como ocurre en la vigilia. A veces, también, puede la opinión declarar que la apariencia es una ilusión, y otras veces que no, siguiendo a la apariencia.

Es evidente entonces que esta afección, a la que llamamos "soñar", no es solo un ejercicio de la opinión o del intelecto, pero tampoco es un aspecto de la facultad perceptiva en el sentido habitual. Si fuera este último el caso entonces sería posible oír y ver en el sentido habitual [mientras se duerme]. Entonces ¿cómo y de qué manera tiene lugar [el sueño]? Eso es lo que se debe examinar. Asumamos lo que ya ha quedado suficientemente claro, que la afección [de soñar] es obra de la facultad de la percepción sensorial tomando que dormir también lo es. Pues dormir no pertenece a un órgano del animal y soñar a otro; ambos pertenecen al mismo órgano.

Y ya que hemos examinado en nuestra obra sobre el alma la imaginación, y además que la facultad imaginativa es la misma que la perceptiva, aunque el aspecto esencial de la facultad imaginativa es diferente al de la facultad perceptiva; y ya que la imaginación es el movimiento producido por un sentido en el transcurso de su funcionamiento, mientras que en un sueño parece ser algún tipo de apariencia (pues una apariencia que ocurre mientras se duerme, sea simple o de algún modo particular, es lo que llamamos "sueño"), es evidente que el sueño es una actividad de la facultad perceptiva, pero que pertenece a esta facultad en su capacidad imaginativa.

Parte 2

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Qué es un sueño y cómo ocurre es mejor estudiarlo atendiendo a las circunstancias que ocurren al dormir. Los objetos de la percepción sensorial correspondientes a cada órgano sensorial producen percepción en nosotros, y la afección producida por ellos persiste en los órganos sensoriales, no solo cuando mientras las percepciones se actualizan, sino también cuando estas ya se han desvanecido.

Lo que sucede en cada caso puede compararse con lo que ocurre cuando un proyectil se mueve por el aire. En este caso también hay movimiento, incluso cuando el agente que originó el movimiento ya no está en contacto [con los objetos en movimiento]. Pues el agente mueve una cierta porción de aire, que, a su vez, al ser movido, mueve a otra porción [de aire]. Y de esa manera el movimiento continúa siendo producido, tanto en aire como en líquidos de forma similar, hasta detenerse.

Esto, debemos asumir, se aplica en el caso del cambio accidental similarmente. Pues lo que ha sido calentado por algo caliente calienta a su vecino, y así se pasa el calor sucesivamente, hasta que el punto inicial es alcanzado de vuelta. Esto debe ocurrir en el órgano en el que el ejercicio de la percepción sensorial tiene lugar, pues la percepción es una forma de cambio accidental. Esto explica por qué la afección persiste en los órganos sensoriales, tanto en las partes profundas como en las superficiales, no solo cuando perciben en acto, sino cuando ya han dejado de hacerlo. Esto es evidente cuando nosotros participamos en el acto de percibir algo en particular continuamente; pues cuando cambiamos el escenario de nuestra actividad perceptiva, desde por ejemplo la luz solar a la oscuridad, nuestra previa afección [la de la luz] continúa. El resultado es que no se ve nada, debido a la excitación provocada por la luz que aún perdura en los ojos. De nuevo, si miramos durante un tiempo extendido a un solo color, sea este blanco o verde, entonces cualquier objeto al cual cambiemos nuestra mirada parecerá ser de ese mismo color. Y de nuevo, si decidimos cerrar los ojos tras mirar al Sol o a algún otro objeto luminoso, entonces si vemos atentamente, parece directamente en la línea de nuestra visión anterior, cual fuera, primero en su propio color, luego cambia a carmesí, después a morado, hasta que finalmente se oscurece y desaparece. Además, cuando las personas apartan su mirada de objetos en movimiento, como ríos, particularmente aquellos que fluyen rápidamente, las cosas en reposo de alrededor les parece que se mueven: las personas se vuelven sordas tras escuchar sonidos estruendosos, y tras oler fragancias fuertes su capacidad olfativa se debilita; y similarmente en otros casos. Evidentemente, estos fenómenos se manifiestan de la forma descrita.

Que los órganos sensitivos son altamente sensibles a hasta pequeñas diferencias cualitativas [de sus objetos] es mostrada por lo que ocurre en el caso de los espejos; un tema al que, incluso tomándolo independientemente, uno podría dedicar consideración e indagación atenta. Al mismo tiempo, es evidente a partir de este caso que el órgano de la vista [al ver] no solo se ve afectado por el objeto [visto], sino que también actúa sobre él. Si una mujer se mira durante su periodo menstrual en un espejo muy pulido, la superficie de este se empañará con una nube de color sangriento. De hecho, si el espejo es uno nuevo, no será fácil borrar la mancha, aunque será más fácil hacerlo en un espejo antiguo. Como ya hemos dicho antes, la causa de esto se halla en el hecho de que en el acto de ver no solo ocurre una afección en el órgano sensorial, sino que el órgano además, como agente, genera movimiento, como es propio de los objetos brillantes. Pues la vista es propia de un órgano que posee luminosidad y color [De hecho, el órgano de la vista es precisamente un objeto de esa índole, uno que posee color]. Los ojos, por tanto, tiene una acción propia al igual que otras partes del cuerpo. Porque es natural para el ojo el estar lleno de vasos sanguíneos; y los ojos de una mujer, durante su periodo menstrual de flujo e inflamación, también pasarán por alteraciones, aunque su marido no notará esto, ya que su semilla es de la misma naturaleza que la de su mujer. El aire de los alrededores, sobre el cual opera la acción de la vista, y también sobre el que rodea al espejo, sufrirá una alteración similar a la que ocurrió poco antes en los ojos de la mujer, y así la superficie del espejo es afectado similarmente. Y en el caso de las prendas de ropa, cuanto más limpias estén más rápido se manchan, así que lo mismo es cierto en el caso de los espejos. Pues cualquier cosa limpia mostrará con gran claridad cualquier mancha que se le llegue a presentar, y el objeto más limpio deja ver hasta la mancha más pequeña. Como ocurre con los espejos de bronce, que debido a su lisura es altamente sensible a cualquier impacto (y uno debería reconocer al impacto del aire como una forma de fricción, como una pasada, un frote o una presión que se le da al lavarlo). Y es porque está tan limpio que mostrará cualquier impacto que reciba sobre él. La razón por la que la mancha no se borra con facilidad en los espejos nuevos es la limpieza y la lisura de su superficie. La mancha penetra profundamente y se impregna por todas partes: profundamente debido a que la superficie está limpia, y por todas partes porque está lisa; mientras que en espejos antiguos esto no persiste, porque la mancha no penetra tanto, pero sí es más superficial.

De esto es evidente que el movimiento estimulante es generado por incluso las más sutiles diferencias, y que la percepción sensorial es rápida en responder; y que el órgano que percibe los colores no solo es afectado por ellos sino que reacciona recíprocamente. Mayor evidencia de tales hechos es dada por lo que ocurre en el vino y en la preparación de pomadas. Pues cuando el aceite está preparado, este rápidamente absorbe el olor de las cosas de su alrededor. El vino también es afectado de forma similar: ambos absorben el olor no solo de las cosas que se les aplican o se mezclan con ellos, sino también de las cosas situadas o que crecen cerca.

Con el fin de contestar a la cuestión original, permitámonos asumir, como es evidente a partir de lo dicho, que incluso cuando la percepción de un objeto externo se ha desvanecido, las impresiones que ha creado el mismo persisten, y que estas mismas son objetos de la percepción: y [asumamos] que uno es fácilmente engañado con respecto a las operaciones de la percepción sensitiva cuando estamos excitados emocionalmente, y diferentes personas en diferentes estados; por ejemplo, el cobarde excitado por el miedo, el enamorado excitado por el enamoramiento; y así, con únicamente pequeña semejanza en la que basarse, aquel cree que ve a sus enemigos aproximarse; este, al objeto de su deseo; y cuanto más profundamente influido por la emoción esté uno, menor semejanza será requerida para que aparezcan dichas ilusiones. De la misma manera, todos aquellos tanto envueltos en la ira como en cualquier estado de apetito son fácilmente engañados, y más cuanto más excitados emocionalmente estén. Esta es también la razón por la que la gente, sumida en los delirios de la fiebre, cree ver animales en sus paredes, una ilusión que surge a partir de la leve semejanza a los animales de los patrones de las paredes de sus habitaciones. A veces, estas apariencias se corresponden al estado de los afligidos tal que, si no están seriamente enfermos, son conscientes de que lo que ven es una ilusión; mientras que aquellos que tienen una condición más grave comienzan a moverse según las apariencias. La causa de estas ocurrencias es que la facultad mediante la cual juzga el sentido rector no es idéntica a aquella mediante la cual las apariencias se manifiestan ante la mente. Una prueba de esto es, que el Sol se presenta a sí mismo con una figura de apenas un pie de diámetro, aunque a veces otra cosa contradice esta apariencia. De nuevo, cuando los dedos son cruzados, el objeto que se sitúe entre estos será percibido [por el tacto] doblemente; y sin embargo nosotros negamos que el objeto sean dos, pues la vista posee una autoridad mayor que el tacto. Sin embargo, si solo hubiéramos tenido el tacto, entonces deberíamos haber juzgado que el objeto único eran dos. La raíz de tales juicios falsos es que cualquiera de estas apariencias puede surgir, no solo cuando un objeto estimula un sentido, sino también cuando el sentido por sí mismo es estimulado, provisto que dicha estimulación ocurra de la misma manera que si hubiera sido provocada por un objeto. Por ejemplo, a las personas que navegan les parece que la tierra se mueve, cuando es en realidad el ojo el que está siendo movido [por el navío que navega].

Parte 3

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De esto es evidente que los movimientos estimulantes basados en impresiones sensoriales, ya sean estos derivados de objetos externos o de causas del interior del cuerpo, aparecen no solo cuando las personas están despiertos, sino también cuando esta afección llamada "dormir" les envuelve con impresiones más vívidas. Pues en el día, cuando los sentidos y el intelecto trabajan en conjunto, estas [apariencias] son expulsadas o apartadas de la conciencia, tal como le ocurre a una llama pequeña al lado de un gran incendio, o a pequeños dolores o placeres al lado de otros mayores, aunque en este caso cuando los primeros se hacen notar cuando los últimos desaparecen. Pero en la noche, en cambio, debido a la inactividad de los sentidos y a su incapacidad para funcionar, causada por el reflujo del calor desde las partes externas a las internas, dichos "movimientos" se desplazan interiormente hacia el punto inicial de la percepción sensorial, y allí se manifiestan a medida que se calma la agitación propia de la vigilia. Debemos suponer que, como los pequeños remolinos que se forman en los ríos, también son los movimientos sensoriales cada uno un proceso continuo, con frecuencia quedando como empezaron, pero otras veces, también, se dividen en diferentes formas al chocar con obstáculos. Esta es la razón por la que los sueños no ocurren al dormir inmediatamente tras comer, o a aquellos que son muy jóvenes, como a los infantes. El movimiento interno en estos casos es excesivo, debido al calor generado por la comida. Así, al igual que en un líquido, si uno lo agita violentamente, a veces no se refleja ni una imagen, mientras que otras veces aparece, sí, pero muy distorsionada, tanto que no se parece al original en absoluto; y una vez que el movimiento ha parado, las imágenes reflejadas son claras y evidentes; de la misma manera que durante el sueño las apariencias, o los movimientos residuales, que están basados en impresiones sensoriales, a veces se destruyen debido al movimiento anteriormente descrito, cuando este es muy violento; mientras que otras ocasiones las imágenes sí se ven, pero se ven confusa y extrañamente, y en los sueños aparecen incoherentes, como aquellas personas que son atrabiliarias, o febriles, o intoxicadas. Pues todas estas afecciones, siendo estas del espíritu, causan mucha commoción y molestia. En los animales sanguíneos, a medida que la sangre se calma y sus elementos puros se separan de los otros menos puros, el hecho de que el movimiento, basado en impresiones derivadas de cada uno de los órganos sensitivos, preservado íntegramente, hace que los sueños sean saludables, lo cual causa que aparezca una imagen [clara], y provoca que el que sueña piense; debido a los efectos transmitidos por el órgano de la vista, [el que sueña] ve; y debido a aquellos que provienen del órgano de la audición, [el que sueña] oye; y así sucesivamente con aquellos que provienen de otros órganos sensoriales. Pues se debe al hecho de que el movimiento que proviene de estos [órganos sensitivos] llega al punto inicial que uno, incluso cuando despierto, cree que él juzga, ve, oye, y de otras maneras percibe; al igual que cree que el órgano de la vista puede estar siendo estimulado, cuando en realidad no, que a veces declara erróneamente que ve, o que, a partir del hecho de que el tacto enuncia dos movimientos, creemos que un objeto son dos. Pues en general, el punto inicial ratifica el informe de cada sentido, provisto de que ningún otro con una autoridad mayor lo contradiga. En cualquier caso, entonces, algo se aparece, y sin embargo lo que aparece no se afirma en todos los casos que sea real, a no ser que la parte crítica se incapacite, o no se mueva según su movimiento propio. Asimismo, como ya hemos dicho que diferentes hombres están sujetos al engaño ilusorio según sus diferentes estados emocionales, también ocurre lo mismo con quien duerme, debido al sueño y a los movimientos que entonces tienen lugar en sus órganos sensoriales, así como a otros factores del proceso sensorial, [es propenso el que duerme a la ilusión], y así la aparición onírica, aunque no se parezca mucho [a la realidad], aparece como algo real. Pues cuando uno está dormido, a medida que la mayoría de la sangre se precipita hacia su punto inicial [el corazón], sus movimientos sensoriales internos (algunos en potencia, otros en acto), se precipian junto a esta. Están tan relacionados que, si algo se mueve con la sangre, algún otro movimiento sensorial emergerá a la superficie, y si este se destruye entonces otro tomará su lugar; mientras que entre ellos también están relacionados de la misma manera que aquellas ranas artificiales que flotan [en una sucesión fija] hacia la superficie a medida que la sal [que las mantenía sumergidas] se disuelve. Los movimientos residuales son como estos: están dentro del alma en potencia, pero se actualizan a sí mismos solo cuando el impedimento de hacerlo se ha relajado; y en acorde a cómo son, son puestos en libertad, y comienzan a moverse en la sangre que queda en los órganos sensoriales, la cual es ya escasa, mientras que poseen una apariencia semejante a las formas de las nubes, las cuales en sus rápidas metamorfosis uno las compara con los hombres o con los centauros de un momento a otro. Cada uno es, como ya se ha mencionado, un residuo de una impresión sensorial tomada cuando el sentido se estaba actualizando a sí mismo; y cuando esta, la impresión verdadera, se ha desvanecido, el residuo sigue inmanente, y es correcto decir, que aunque este [residuo] no sea realmente Corisco, se parece a Corisco. Cuando la persona estaba percibiendo en acto, su facultad sensorial crítica y rectora no lo llamó Corisco, pero, motivado por esta [impresión], denominó Corisco a la persona real que estaba allí. Consecuentemente, este impulso sensorial, que dicha facultad describe cuando percibe en acto (a menos que la sangre lo inhiba completamente), lo recibe ahora [en el sueño], al percibir de forma aparente, a partir de movimientos que persisten en los órganos sensoriales, y confunde a tal impulso, aquel que es como la verdadera [objetiva] impresión, con la verdadera impresión; y debido a que el efecto del sueño es tan poderoso la confusión es ignorada. Por tanto, así como si un dedo que se inserta bajo el globo ocular sin que sea observado, un objeto no solo aparecerá doble, sino que también creará un enunciado [una opinión] de que son dos objetos; mientras que si se observa [el dedo] entonces la aparición será la misma, pero la opinión cambiará; y exactamente ocurre cuando se sueña: si el que sueña se da cuenta que está soñando, y es consciente del estado onírico durante el cual la percepción se aparece delante suya, esta aparición seguirá ahí, pero algo dentro suya le hará juzgar sobre este efecto, diciendo "la imagen de Corisco está presente; pero el Corisco real no está aquí"; pues a menudo, cuando dormimos, hay algo en la conciencia que declara que lo que se aparece entonces es en realidad un sueño. Si, sin embargo, el que sueña no es consciente de que sueña, entonces no habrá nada que contradiga el testimonio de esta apariencia.

Que lo que precisamos es cierto, y que hay tales movimientos aparentes en los órganos sensoriales, será evidente para aquel que preste atención e intente recordar las afecciones que experimenta cuando va a dormir o cuando se despierta. Él a veces, en el momento de despertar, sorprenderá a las imágenes que se le aparecieron mientras dormía, y encontrará que estas eran realmente movimientos que permanecían rezagados en sus órganos sensoriales. Y algunos muy jóvenes, si está oscuro, aunque miren con sus ojos bien abiertos, verá multitud de figuras fantasmagóricas moviéndose a su alrededor, y así es como con frecuencia se cubren y gritan del terror.

De todo esto, entonces, la conclusion que debe aducirse es, que el sueño es una especie de apariencia, y, en particular, una que ocurre mientras se duerme; pues las figuras fantasmagóricas que se mencionaron antes no son sueños, ni son sueños tampoco todas aquellas que se aparezcan mientras los órganos perceptivos está en libertad. Ni tampoco es toda aparición que ocurre mientras se duerme necesariamente un sueño. En primer lugar, algunas personas [cuando duermen] en realidad perciben de alguna forma sonidos, luz, sabor y contacto, aunque lo hagan débilmente, y como si fueran remotos. Pues han habido casos de personas que mientras dormían, pero con sus ojos parcialmente abiertos, vieron ligeramente en su sueño la luz de una lámpara (o eso creían), y después, al despertar, inmediatamente reconocieron a aquella luz como la de una lámpara real; en otros casos, hubieron personas que ligeramente escucharon el canto de los gallos o el ladrido de los perros los identificaron inmediatamente al despertar como sonidos reales. Algunos otros responden a preguntas que se les hacen mientras duermen. Pues es algo possible que, entre el despertar y el dormir, mientras que uno está presente en el sentido ordinario, el otro puede también estar presente de alguna forma. Pero ninguna de estas ocurrencias debería ser llamado un "sueño". Y tampoco deberían de llamarse ["sueños"] a los pensamientos verdaderos, distintos de las apariencias oníricas, que ocurren mientras soñamos. Un sueño propiamente dicho es una apariencia fundamentada en el movimiento de las impresiones sensitivas que aparecen mientras dormimos, tomando "dormir" en el sentido estricto del término.

Han habido casos de personas que en todas sus vidas nunca han tenido un sueño, mientras que otras sueñan cuando han avanzado considerablemente en edad sin haber soñado antes. La causa de que estos no sueñen parece ser una parecida a la causa tras la cual los infantes no sueñan, y tras la cual no se sueña inmediatamente tras comer. Es suficientemente comprensible que no se produzcan estas apariciones oníricas en aquellos cuya constitución natural hace que asciendan abundantes vapores que, al descender de nuevo, generan un intenso movimiento. Sin embargo, no es de extrañar que, al avanzar la edad, finalmente lleguen a tener sueños. De hecho, es inevitable que, a medida que experimentan los cambios propios de la edad o de las experiencias emocionales, se produzca también esta transición [del estado de no sonar al de soñar].