Socialismo y ciencia positiva/V
V.
El socialismo y las creencias religiosas.
Ninguna, pues, de las tres pretendidas contradicciones entre el darvinismo y el socialismo, afirmadas por Haeckel y repetidas por tantos otros, resiste el examen sereno y sincero de las leyes naturales que llevan el nombre de Carlos Darwin.
Mas, he de añadir además que, no sólo el darvinismo no está en contradicción con el socialismo, sino antes bien constituye una de sus fundamentales premisas científicas, de tal modo que, como perspicazmente veía Virchow, el socialismo no es, de una parte, sino la lógica y vital filiación del darvinismo, como de otra parte lo es del evolucionismo spenceriano.
La teoría de Darwin, quiérase ó no, al demostrar la descendencia del hombre de los animales, ha asestado un terrible golpe á la crencia en Dios, creador del universo y del hombre por un milagroso fiat. Y por esto las más encarnizadas resistencias y las únicas que han sobrevivido contra su inducción fundamental fueron y son hechas en nombre de la religión.
Verdad es que Darwin no se llamaba ateo[1], y no lo es Spencer y, en rigor, tanto la teoría de Darwin como la de Spencer pueden todavía conciliarse con la creencia en Dios puesto que puede admitirse que Dios haya creado la materia y la fuerza y después estos elementos se hayan desenvuelto en formas sucesivas siguiendo el impulso creador inicial[2]; pero, con todo, es innegable que esas teorías habiendo hecho cada vez más inflexible y universal la idea de la causalidad natural, conducen inevitablemente á la negación de Dios, porque contra esa idea. cabe siempre preguntar: «¿Y á Dios quién le ha creado?» Y á la capciosa respuesta de que Dios siempre ha existido se contrapone la misma respuesta, diciendo que el Universo siempre ha existido. Según la observación de Ardigó, el pensamiento humano no puede concebir que la cadena que sube de los efectos á las causas pueda interrumpirse en un dado punto convencional[3].
Dios, como decía Laplace, es una hipótesis innecesaria á la ciencia positiva y, todo lo más, según Herzen, una X que comprende en sí, no ya lo incognoscible —como dicen Spencer y Duboys-Reimond— sino todo lo que aún no es conocido por la Humanidad; por tanto es una X móvil que tanto se aleja y empequeñece cuanto más avanzan los descubrimientos de la Ciencia[4].
Y he aquí por qué Ciencia y Religión proceden en razón inversa, pues tanto se debilita y atrofia la una cuanto la otra se extiende y fortifica en la lucha contra lo desconocido.
Ahora bien, si tal es uno de los efectos del darvinismo su repercusión en el desarrollo del socialismo es evidentísima.
Arrancada la fe en ultratumba —en que los pobres serán los elegidos del Señor y las miserias de este «valle de lágrimas», encontrarán eterna recompensa en el Paraíso— es natural se despierte el deseo de un poco de «paraíso terrestre» aun para los miserables y los menos afortunados, que son los más en esta tierra.
Aun fuera del socialismo, Hartmann y Guyau[5] notaban cómo la evolución de las creencias religiosas se verifica en el sentido de que teniendo todas las religiones por contenido la promesa de la felicidad, las religiones primitivas admiten la realización de tal felicidad en la misma vida del individuo, de donde las religiones sucesivas la transportaron, por exceso de reacción, fuera del mundo humano, en ultratumba; mientras que en su fase definitiva la realización de la felicidad se pone de nuevo en la vida humana, mas no ya en el fugaz momento de la existencia individual, sino antes bien en la permanente evolución de la Humanidad entera. De tal modo, el socialismo, también por esta parte, se une á la evolución religiosa y tiende á sustituirla, pues precisamente desea que la Humanidad tenga en sí misma su propio «paraíso terrestre», sin esperarlo de un más allá, que por lo menos es muy problemático.
Y he aquí por qué todos han indicado cómo el movimento socialista tiene muchos caracteres semejantes á los del primitivo Cristianismo —por ejemplo, el ardor de la fe en el ideal, desaparecido al presente del árido campo del escepticismo burgués— de tal modo, que muchos científicos, aun no socialistas como Wallace, Laveleye, De Roberty, etc., admiten que el socialismo puede sustituir perfectamente con su fe humanitaria la fe ultramundana de las viejas religiones.
Mas las relaciones más directas y eficaces siempre son aquellas que existen entre el socialismo y la creencia en Dios.
Verdad es que el socialismo marxista, desde el Congreso socialista de Erfurt (1891), declara justamente que las creencias religiosas son un asunto de conciencia privada[6] y, por tanto, el Partido socialista combate toda forma de intolerancia religiosa sea contra los católicos, sea contra los judíos —como yo decía en un artículo contra el antisemitismo[7]— pero esta elevación de miras, en suma, no es mas que efecto de la seguridad en la victoria final.
Precisamente porque el socialismo sabe y prevé que las creencias religiosas —sino como fenómenos patológicos de la psicología humana, cual los calificó Sergi[8], ciertamente como inútiles fenómenos de incrustación moral— están destinados á atrofiarse ante la divulgación de la cultura naturalista, aunque sólo sea elemental; precisamente por esto, el socialismo no siente la necesidad de combatir de un modo especial esas mismas creencias religiosas destinadas indefectiblemente á perecer. Y esto, aun cuando sepa que uno de los resortes más potentes en favor suyo es la carente ó disminuída creencia en Dios, merced á la cual los sacerdotes de todas las religiones han sido, en todas las fases históricas, los aliados más poderosos de las clases dominantes para mantener inclinadas bajo el yugo á las muchedumbres por la fascinación religiosa como las fieras ante el látigo del domador.
Y he aquí por que los conservadores más clarividentes, aun cuando en su fuero interno sean ateos, se lamentan de que el sentimiento religioso —este preciosísimo narcótico— vaya decayendo entre las masas; entendiéndolo, utilitaria y farisáicamente, aun que no lo dicen, como un instrumento de dominación política[9].
Sin embargo, desgraciada ó afortunadamente, el sentimiento religioso no puede restablecerse por decreto de un rey ó de un presidente de la República, y va desapareciendo —no por culpa de éste ó aquél— sin necesidad de una propaganda especial, porque está en el aire que respiramos —preñado de inducciones científicas experimentales— y ya no encuentra las condiciones de existencia, que tan favorables le eran, en cambio, en la mística ignorancia de los pasados siglos.
Y he aquí demostrada la influencia directa de la ciencia positiva moderna- —sustituyendo con el concepto de causalidad natural, el del milagro y el de la divinidad— en el desarrollo rapidísimo y en el fundamento experimental del socialismo contemporáneo[10].
- ↑ Digo que Darwin no se llamaba ateo, pero en realidad lo fué.
En tanto que Haeckel, preocupado grandemente con eliminar las oposiciones al darvinismo, decía en el Congreso de Eisenach (1882) que Darwin no era ateo, Buchner, por lo contrario, publicó poco después una carta dirigida á él por Darwin, en la que éste confesaba que «después de sus cuarenta años, los estudios científicos le habian llevado á ser ateo.» De igual manera, Stuart Mill nunca dijo ser socialista, pero se vió después que lo era en su autobiografía y en sus fragmentos póstumos sobre el socialismo, publicados en la Revue philosophique, Enero, 1879.
- ↑ Tal es la idea sobre la cual vuelve recientemente Fogazzaro (Per la belleza di un'idea, Padua 1892) y que recuerda el recurso intentado por el abate Stoppani y otros, de conciliar el relato bíblico de la creación del mundo en siete días con los datos de la Ciencia, diciendo que cada dia debe entenderse como una época de centenares de miles de años, como han demostrado la Geologia y la Paleontología de un modo irrefutable, dando con esto otro terrible golpe á las leyendas religiosas acerca de la creación del mundo.
- ↑ Ardigó, La formazione naturale en su Opere filosofique, vol. II y en el reciente vol. VI sobre la Ragione. Padua 1894.
- ↑ Sin embargo, domina tanto la parte hereditaria ó tradicional del sentimiento en las creencias religiosas, que por eso se hacen respetables y aun simpáticas con frecuencia cuando se profesan de buena fe, precisamente por el sentimentalismo, ingenuo ó refinado, de las personas que tienen más viva y sincera fe religiosa.
- ↑ Guyau, L'irreligion de l'avenir, París, 1887.
- ↑ V. Nitti, Le socialisme catholique, Paris, 1894, p. 27 y 393.
- ↑ En la Nuova Rassegna de Agosto 1894.
- ↑ Sergi, L'origine del fenomeni psichici e loro significazione biologica, Milán, 1885, ps, 334 y siguientes.
- ↑ Véase, entre los más recientes trabajos, Durkheim, De la división du travail social, París 1893.
En cuanto á la pretendida influencia de la religión sobre la moralidad personal, he documentado su inexactitud en mis estudios de psicología criminal y más especialmente en el Omicidio nell'antropología criminale: Turin 1894, parte II, cap. IV; Il sentimento religioso negli omicide.
- ↑ Por esto el socialismo democrático no ve con malos ojos ni teme al «socialismo católico», del cual se adquirirá noticias completas en el citado libro de Nitti, (reciente traducción francesa. París, Guillaumin, 1894.)
En efecto, el socialismo católico mientras facilita la propagan- da de las ideas socialistas, especialmente en el campo donde son más vivas la fe y las prácticas religiosas, con todo no podrá alcanzar la palma de la victoria, ad majorem Dei gloriam, no sólo por el desarrollo antagónico, ya notado, entre la religión y la ciencia, que el barniz socialista no podrá ciertamente evitar al catolicismo; sino también porque el socialismo «terrestre» tiene una fuerza de atracción infinitamente mayor.
Habituados los campesinos á los ideales del socialismo católico ó cristiano, será muy fácil después al socialismo democrático convertirlos á su propia bandera... si es que antes no se convierten ellos por sí solos.
Es esta una situación análoga á la del socialismo respecto del republicanismo. Asi como el ateismo es un asunto privado de la. conciencia individual, la República es un asunto privado entre unas y otras fracciones de la burguesía. Ciertamente cuando el socialismo esté maduro, el ateismo habrá progresado mucho y la República se habrá establecido en muchos paises regidos hoy por monarquías. Pero ni el ateísmo es un producto del socialismo ni la República se hará por el socialismo. El ateísmo es un producto de la ciencia darviniana y spenceriana de la actual civilización burguesa, la República fué y será, en los diversos países, obra de una parte de la burguesía capitalista, cuando, como ha podido leerse recientemente en los periódicos conservadores de Milán (Corriere della Sera é Idea liberale), «la monarquía no sirva ya los intereses del país», esto es, de la clase que tiene el poder.
Es una ley histórica evidente la evolución de la monarquía absoluta á la monarquía constitucional y de ésta á la república, formas de gobierno que, en la fase de civilización presente, difieren tan sólo por el carácter electivo ó hereditario del Jefe del Estado. Y el paso de la monarquía á la república se hará en los diversos países por la misma burguesía para retardar un tanto el advenimiento del socialismo. En efecto, con suma frecuencia se ven en Italia como en Francia, en Inglaterra como en España, republicanos ó «radicales,» que en las cuestiones sociales son más burgueses y conservadores que los conservadores más modernos y más inteligentes. En Montecitorio, por ejemplo, M. R. Imbriani es más conservador en las cuestiones sociales y religiosas que Rudini. Imbriani, que tantas cualidades personales simpáticas tiene, jamás ha atacado á un sacerdote ó á un fraile —él, que ataca al Universo entero, y con mucha frecuencia con razón, pero con poco fruto por su equivocado método— y fué el único que se opuso à la simple «toma en consideración» de un proyecto de ley, del diputado L. Ferrari, para aumentar el impuesto de las herencias indirectas.....!
Por tanto, así como el socialismo no tiene un interés especial en propagar el ateismo, tampoco le tiene en predicar la República. A cada cual, por ley de división del trabajo, corresponde su tarea propia: La Ciencia provee al ateísmo, la burguesía conservadora ó radical, ha provisto ó proveerá á la República. Y todo esto no es mas que la Historia caminando hacia el advenimiento del socialismo, sin que sea dado á los individuos impedir ó retardar la sucesión de las fases de la evolución moral, política y social.