Sueños y discursos: 058

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Sueño del infierno Francisco de Quevedo



-¿Ciento y sastres? No pueden ser tan pocos. La menor partida que hemos recibido ha sido de mil ochocientos. En verdad que estamos por no recibirles.
Afligiéronse ellos, mas al fin entraron. Ved cuáles son los sastres, que es para ellos amenaza el no dejarlos entrar en el infierno. Entró el primero un negro, chiquito, rubio de mal pelo; dio un salto en viéndose allá y dijo:
-Ahora acá estamos todos.
Salió de un lugar donde estaba aposentado un diablo de marca mayor, corcovado y cojo, y arrojándolos en una hondura muy grande dijo:
-Allá va leña.
Por curiosidad me llegué a él y le pregunté de qué estaba corcovado y cojo, y me dijo (que era diablo de pocas palabras):
-Yo era recuero de sastres; iba por ellos al mundo; de traerlos a cuestas me hice corcovado y cojo. He dado en la cuenta y halo que se vienen ellos mucho más aprisa que yo los puedo traer.
En esto hizo otro vómito de sastres el mundo, y hube de entrarme porque no había dónde estar ya allí, y el monstruo infernal a traspalar, y dice que es la mejor leña que se quema en el infierno sastres.
Pasé adelante por un pasadizo muy oscuro, cuando por mi nombre me llamaron. Volví a la voz los ojos, casi tan medrosa como ellos, y hablome un hombre que por las tinieblas no pude divisar más de lo que la llama que le atormentaba me permitía.


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