Sueños y discursos: 126

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Sueño de la muerte
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Sueño de la muerte Francisco de Quevedo



A doña Mirena Riqueza
Harto es que me haya quedado algún discurso después que veo a v. m., y creo que me dejó esto por ser de la muerte. No se lo dedico porque me lo ampare; llévosele yo, porque el mayor designio desinteresado es el mío, para la enmienda de lo que puede estar escrito con algún desaliño o imaginado con poca felicidad. No me atrevo yo a encarecer la invención por no acreditarme de invencionero. Procurado he pedir el estilo y sazonar la pluma con curiosidad. Ni entre la risa me he olvidado de la doctrina. Si me han aprovechado el estilo y la diligencia he remitido a la censura que v. m. hiciere de él si llega a merecer que le mire, y podré yo decir entonces que soy dichoso por sueños. Guarde Dios a v. m., que lo mismo hiciera yo. En la prisión y en la Torre, a 6 de abril 1622.
A quien leyere
He querido que la muerte acabe mis discursos como las demás cosas; querrá Dios que tenga buena suerte. Este es el quinto tratado al «Sueño del Juicio», al «Alguacil endemoniado», al «Infierno» y al «Mundo por de dentro»; no me queda ya que soñar, y si en la visita de la muerte no despierto, no hay que aguardarme. Si te pareciere que ya es mucho sueño, perdona algo a la modorra que padezco, y si no, guárdame el sueño, que yo seré siete durmiente de las postrimerías. Vale.


Sueños y discursos de Quevedo

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