Sueños y discursos: 155

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Sueño de la muerte Francisco de Quevedo



-Señor nigromántico -repliqué yo-, aunque esto es así, han dado en adolecer de caballeros en teniendo caudal, úntanse de señores y enferman de príncipes, y con esto y los gastos y empréstitos, se apolilla la mercancía y se viene todo a repartir en deudas y locuras, y ordena el demonio que las putas vendan las rentas reales de ellos, porque los engañan, los enferman, los enamoran, los roban, y después los hereda el Consejo de Hacienda. La verdad adelgaza y no quiebra: en esto se conoce que los genoveses no son verdad, porque adelgazan y quiebran.
-Animado me has -dijo- con eso. Dispondreme a salir de esta vasija como primero me digas en qué estado está la honra en el mundo.
-Mucho hay que decir en esto -le respondí yo-; tocado has una tecla del diablo. Todos tienen honra y todos son honrados y todos lo hacen todo caso de honra. Hay honra en todos estos estados, y la honra se está cayendo de su estado y parece que está ya siete estados debajo de tierra. Si hurtan dicen que por conservar esta nueva honra, y que quieren más hurtar que pedir. Si piden dicen que por conservar esta nueva honra, y que es mejor pedir que no hurtar. Si levantan un testimonio, si matan a uno, lo mismo dicen, que un hombre honrado antes se ha de dejar morir entre dos paredes que sujetarse a nadie, y todo lo hacen al revés. Y al fin, en el mundo todos han dado en la cuenta, y llaman honra a la comodidad, y con presumir de honrados y no serlo, se ríen del mundo.


Sueños y discursos de Quevedo

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