Sueños y discursos: 190

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Sueño de la muerte Francisco de Quevedo



-¿Para qué son esas humildades -dije yo-, si fuiste el primer hombre que endureció de cabeza los matrimonios, el primero que crió desde el sombrero vidrieras de linternas, el primero que ingirió los casamientos sin montera? Al mundo voy solo a escribir de día y de noche entremeses de tu vida.
-No irás esta vez -dijo.
Y asímonos a bocados, y a la grita y ruido que traíamos después de un vuelco que di en la cama, diciendo: «¡Válgate el diablo, ¿ahora te enojas?» (propia condición de cornudos, enojarse después de muertos). Con esto me hallé en mi aposento tan cansado y tan colérico como si la pendencia hubiera sido verdad y la peregrinación no hubiera sido sueño.
Con todo eso, me pareció no despreciar del todo esta visión y darle algún crédito, pareciéndome que los muertos pocas veces se burlan, y que gente sin pretensión y desengañada, más atiende a enseñar que a entretener.

FIN DEL SUEÑO DE LA MUERTE

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Sueños y discursos de Quevedo

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