Teatro español burlesco/X
CAPÍTULO X.
Empero yo, que deseaba tener una buena aprobacion de mi empresa, y para solicitarla con mejor éxito, hice sacar otra copia de las comedias elegidas, sin incluir las malditas notas, que no me parecía conveniente presentar ante quien desearía yo que me elogiase la obra; dió la desgracia que el sujeto que me indicaron no estaba á la sazon en la Córte, y era menester entenderse por cartas; pero de tal manera me informaron de D. Sincero Veraz (esta era su gracia), que no dudé más, y no me detuve en escribirle luégo que estuvo hecha la copia.
Era mi D. Sincero, segun los informes, un hombre á medio traer, como suele decirse, ni bien viejo, ni bien mozo, de genio, aunque retirado, muy complaciente, y en extremo trabajador y aplicado á las letras; que en cuanto á si es ó no es instruido, él se lo sabrá allá, ó lo sabrán los que hayan visto sus obras, que yo no entiendo de eso, y no sé hacer juicios de las cosas ocultas. Pero lo que más me llamaba la atencion es el saber que ha sido aficionado y promovedor de las cosas teatrales, y quizá la persona que, entre — los que viven, ha compuesto mayor número de ellas; aunque he de confesar que no me agradó mucho el saber que ha quemado á dos y á tres docenas los originales de muchas comedias suyas, y entre ellas algúnas que yo mismo había visto representar con aplauso y con gusto; mas estas cosas consisten en opiniones, y no es cosa de que nos paremos en esto, que las opiniones y pareceres son como los vestidos, y cada cual puede hacer de su capa un sayo.
Temblando estaba yo que no hubiese hecho giras el mio y reprobado enteramente mi intencion y mi proyecto, aunque de todos modos estaba resuelto á seguir adelante con mi empresa, que aunque mi grande prudencia me estimule á tomar consejo, pero mi gran sabiduria me ha puesto en estado de no hacer caso, cuando el consejo es contrario á lo que mi experiencia y notable talento conoce ser lo mejor; pero cuando me hallaba en este estado medio entre el temor y la determinacion, apénas habían pasado unos doce ó trece dias, me hallé con la carta siguiente: » «Muy señor mio: No eran necesarias todas las » protestas con que V. me honra, para que yo me tu»viese por muy favorecido con la suya: siempre lo es »cualquiera á quien consultan; la confianza que se »muestra tener en él. recompensa sobradamente toda »molestia, si algúna se le pudiera ocasionar. Mas áun »esto no se verifica en mi; porque lejos de molestar»me, tengo especial complacencia en servir á quien » confía en mi parecer, y mayor es esta complacencia »cuando se trata de materias de mi gusto, como todas »las literarias, de cuya clase son tambien las teatra»les; pero mucho mayor, cuando veo un proyecto »que de cualquier modo puede contribuir á una re»forma deseada y necesaria. Tal es la reimpresion que »usted proyecta, y por tanto no puedo yo dejar de »aprobarla de todo corazon.
» En ninguna materia soy ni he sido jamás cóm»plice de los injustos detractores de la España de »nuestros padres y abuelos, ni de la España de nues»tros dias. Amo y he amado siempre este grato nom»bre, áun en las cosas que suelen pensarse que lo »merecen menos: y una de éstas es el teatro. Guár»deme Dios de disminuir ó disimular el verdadero mé»rito de los excelentes ingenios que se han empleado »en el nuestro, y de creer que sus producciones, aun»que defectuosas, ó no tienen muchas excelentes »prendas, ó son incapaces de presentarse ante el tri»bunal del buen gusto, con sólo pasar de antemano »por una ligera pero juiciosa correccion; muy al con»trario, creo firmemente, y lo creo despues de muy »prolijo exámen, que son tantas las obras teatrales »que tenemos, capaces de parecer excelentes á los pojos de tódos, áun de los más rígidos extranjeros, »como pasen ántes per una prudente correccion; que »no dudo que si se aplicasen á ésta algunos de nues»tros sabios, podríamos tener, dentro de poco tiem»po, una coleccion de dramas igual á lo menos en »bondad, y muy superior en número á los teatros »más celebrados y bien provistos de Europa. Aún »paso á más, y no tengo duda en que esta deseada »coleccion de obras dramáticas de nuestros mayores, »libres ya de los grandes y principales defectos que »nos echan en cara, no está léjos de presentarse al »público, y quizá mirará á su obra de V. como á su »precursora. Pero no obstante todo esto, conozco y »no se puede negar, sin cerrar los ojos y los oidos á la »razon, que todas las obras de nuestros grandes in»genios, llenas de poesía, de imaginacion y de muV.
»chas otras gracias, lo están tambien de monstruosi»dades y defectos no ménos grandes; y lo están en » tanto grado, que creo poder asegurar sin riesgo.
»que no me señalarán úna siquiera que no tenga al»gúnos. Mas no es esto lo peor, respecto de que, como »acabo de decir, no sólo son capaces de correccion »muchas de ellas, pero se espera verlas presto corre»gidas; lo peor y lo más dificultoso de enmendar no »está en ellas mismas. Aquel depravado gusto del »vulgacho que, complaciéndose de cosas estrafala»rias, no aplaude sino las extravagancias, fué sin »duda el que hizo que nuestros grandes talentos se »prostituyesen al interes de la vanagloria presente.
»contra su propia conciencia y conocimiento, hasta »lisonjear la necia ignorancia del vulgo: ellos mis»mos lo confiesan así, y la verdad de su confesion no » necesitaba su testimonio para conocerse el vulgo de » toda clase. Fortificado con no ver otra cosa, y con » una larga costumbre y pasion de aplaudir lo más vi»tuperable, atrajo á su modo de pensar múchos que »no son individuos del populacho: la ignorancia y el »provecho de los comediantes; el interes de cuantos le »tienen en el teatro; el de los que, por otra parte, son »partidarios de algunos de éstos; y la mania de va»rios que piensan que es defender á su nacion ó á sus » autores el patrocinar y alabar sus defectos; todos es»tos motivos juntos han hecho que haya siempre y »subsista aún un gran número de gentes tan tenaz»mente preocupadas, que no son capaces de ver ni »conocer la extravagancia de las cosas que aplauden.
» Mas ¿cómo se curará esta grave y antigua enferme»dad que es necesario desarraigar? Dar las reglas, »clamar, criticar, hacer patentes las extravagan»cias: todo esto y mucho más se ha hecho. y ha sido »en vano; su obra de V. me parece que puede con»seguirlo.
»Esas comedias burlescas son, en efecto, una cla»ra burla de los despropósitos de que están tejidas las »más de las comedias; los escondites, las escapadas, »los dichos, los lances, las inoportunas introduccio»nes de los graciosos, y no más oportunas mezclas de »personas altas y bajas, el pundonor quijotesco, los »desafíos, el recibimiento que las damas hacen á los »galanes, todo está en estas comedias imitado de las »comedias vulgares. y éstas ridiculizadas con la » imitacion.
»No ha faltado sabio que se ha persuadido que Cer»vántes, el inmortal Cervantes, escribió con este fin »una porcion de comedias llenas de los mismos desa»tinos que las demás. Si acaso las compuso aquel »hombre inimitable con este fin, y no fué su obra »efecto de flaqueza más bien que de reflexion, podrá »decirse que no logró el fin, porque el intento estaba »demasiado paliado; mas en las comedias burlescas »no puede estar más manifiesto; y siendo así ¿qué » cosa más á propósito para convencer sin réplica que »un lance que se celebra es un despropósito, que »presentar otro tal, que siendo en todo como aquél, »no puede ningúno dejar de confesar que es extrava»gante y ridículo? ¿Quién negará que son tambien » ridículas y extravagantes tales ó tales expresiones »de una comedia vulgar, si ve que no puede oir otras »semejantes en úna burlesca sin reirse á carcajadas?
»Es, pues, excelente su pensamiento de V.
»A la manera que en el D. Quijote procuró y con»siguió Cervantes purgar la Nacion de las historias »caballerescas que amaba, con una historia caba»lleresca, así V. va á purgar el teatro y la Nacion de »los dramas desatinados que ama, con otros dramas »desatinados: se prepara así el camino para que, » viendo despues aquellos mismos dramas con todo lo »que sus autores inventaron bueno, despues de ha»ber apartado lo que para dar gusto al vulgo introdu»jeron malo, se acostumbren las gentes que con tan»ta razon veneran sus nombres, á no venerar tam» bien sus defectos, á dirigir su amor á sólo lo que tie»nen bueno, y á desear, por amor á los mismos auto»res, que se aparte de los ojos del público todo lo que »puede contribuir á desacreditarlos. Este es el medio »de que nuestro teatro ascienda á toda la altura á que » puede subir: todo me gusta en su proyecto de V.
» Teatro Español burlesco! ¡Qué titulo pudiera bus»carse más á propósito para hacer ver, desde la pri»mera palabra, que se publica una obra dirigida »para burlarse de los defectos del teatro? Risum te»neatis, amici: ¿Que tema más oportuno para el pro»pio fin? Como quien dice: ¿Es posible que veais sin »reiros una cosa tan monstruosa como las más de »nuestras vulgares comedias? Conoced su ridiculez: »en esta obra la teneis de bulto. En fin. ¿para qué »cansar más á V.? Su obra me gusta en todas sus »partes, y le ruego que la publique al instante; y si »acaso fuere por suscricion, cuente V. con mi parte »y las de mis amigos.
» Por efecto de mi complacencia hice algunas ob»servaciones ligeras, y pocas sobre algunos pasajes »de estas comedias burlescas, que más notoriamente »ridiculizan á las ótras, y me he tomado la licencia »de apuntarlas en sus lugares como notas. Ruego á »»usted que lo tenga á bien, y que no deje de man»dar ne como á su apasionado y servidor que su mano »besa. D. SINCERO VERAZ.