Tercer Libro de La galatea: 08

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Tercer Libro de La galatea Miguel de Cervantes




Nadie por fe te tuvo merescida
mejor que yo; mas veo que es fe muerta
la que con obras no se manifiesta.
Si se estimara el entregar la vida

al dolor cierto y a la gloria incierta, 70
pudiera yo esperar alegre fiesta;
mas no se admite en esta
cruda ley que amor usa el buen deseo,
pues es proverbio antiguo entre amadores,
que son obras amores; 75
y yo, que por mi mal sólo poseo
la voluntad de hacellas,
¿qué no m’ha de faltar faltando en ellas?



En ti pensaba yo que se rompiera
esta ley del avaro amor usada, 80
pastora, y que los ojos levantaras
a una alma de la tuya prisionera,
y a tu proprio querer tan ajustada,
que si la conoscieras, la estimaras.
Pensé que no trocaras 85
una fe que dio muestras de tan buena
por una que quilata sus deseos
con los vanos arreos
de la riqueza, de cuidados llena:
entregástete al oro, 90
por entregarme a mí contino al lloro.





Abatida pobreza, causadora
deste dolor que me atormenta el alma,
aquel te loa que jamás te mira.
Turbóse en ver tu rostro mi pastora, 95
a su amor tu aspereza puso en calma;
y así, por no encontrarte, el pie retira.
Mal contigo se aspira
a conseguir intentos amorosos:
tú derribas las altas esperanzas, 100
y siembras mil mudanzas
en mujeriles pechos codiciosos;
tú jamás perfecionas
con amor el valor de las personas.



Sol es el oro cuyos rayos ciegan 105
la vista más aguda, si se ceba
en la vana apariencia del provecho.
A liberales manos no se niegan
las que gustan de hacer notoria prueba
de un blando, codicioso, hermoso pecho. 110
Oro tuerce el derecho
de la limpia intención y fe sincera,
y más que la firmeza de un amante,
 

acaba un diamante,
pues su dureza vuelve un pecho cera, 115
por más duro que sea,
pues se le da con él lo que desea.



De ti me pesa, dulce mi enemiga,
que tantas tuyas puras perfectiones
con una avara muestra has afeado. 120
Tanto del oro te mostraste amiga,
que echaste a las espaldas mis pasiones
y al olvido entregaste mi cuidado.
En fin, ¡que te has casado!
¡Casado te has, pastora! El cielo haga 125
tan buena tu electión como querrías,
y de las penas mías
injustas no rescibas justa paga;
mas, ¡ay!, que el cielo amigo
da premio a la virtud, y al mal, castigo. 130


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