Tercer Libro de La galatea: 15

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Pág. 15 de 37
Tercer Libro de La galatea Miguel de Cervantes




     Estas memorias suaves
al fin me dan más tormento,
pues tus palabras el viento
llevó, y las obras, quien sabes.
    ¿Eras tú la que jurabas
que se acabasen tus días
si a Mireno no querías
sobre todo cuanto amabas?
    ¿Eres tú, Silveria, quien
hizo de mí tal caudal,
que siendo todo tu mal,
me tenías por tu bien?
    ¡Oh, qué títulos te diera
de ingrata, como mereces,
si como tú me aborreces,
también yo te aborreciera!
    Mas no puedo aprovecharme
del medio de aborrecerte,
que estimo más el quererte
que tú has hecho el olvidarme.
    Triste gemido a mi canto
ha dado tu mano fiera;
invierno a mi primavera,
y a mi risa amargo llanto.
    Mi gasajo ha vuelto en luto,
y de mis blandos amores
cambio en abrojos las flores
y en veneno el dulce fruto.
    Y aun dirás -y esto me daña-
que es el haberte casado
y el haberme así olvidado
una honesta honrosa hazaña.
    ¡Disculpa fuera admitida,
si no te fuera notorio
que estaba en tu desposorio
el fin de mi triste vida!
    Mas, en fin, tu gusto fue
gusto; pero no fue justo,
pues con premio tan injusto
pagó mi inviolable fe;
    la cual, por ver que se ofrece
de mostrar la fe que alcanza,
ni la muda tu mudanza,
ni mi mal la desfallece.
    Quien esto vendrá a entender
cierto estoy que no se asombre,
viendo al fin que yo soy hombre,
y tú, Silveria, mujer,
    adonde la ligereza
hace de contino asiento,
y adonde en mí el sufrimiento
es otra naturaleza.
    Ya te contemplo casada,
y de serlo arrepentida,
porque ya es cosa sabida
que no estarás firme en nada.
    Procura alegre llevallo
el yugo que echaste al cuello,
que podrás aborrecello
y no podrás desechallo.
    Mas eres tan inhumana
y de tan mudable ser,
que lo que quisiste ayer
has de aborrecer mañana.
    Y así, por estraña cosa,
dirá aquél que de ti hable:
«Hermosa, pero mudable;
mudable, pero hermosa».


La Galatea
Libro ILibro IILibro IIILibro IVLibro VLibro VI