Tercer Libro de La galatea: 21

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Tercer Libro de La galatea Miguel de Cervantes


Ni espero en fortuna, ni espero en el hado,

ni espero en el tiempo, ni espero en el cielo,
ni tengo de quién espere consuelo,
ni es bien que se espere en mal tan sobrado.
¡Oh vos, que sentís qué cosa es dolores!, 65
venid y tomad consuelo en los míos;
que en viendo su ahínco, sus fuerzas, sus bríos,
veréis que los vuestros son mucho menores.
¿Dó estáis agora, gallardos pastores?
Crisio, Marsilo y Orfenio, ¿qué hacéis? 70
¿Por qué no venís? ¿Por qué no tenéis
por más que los vuestros mis daños mayores?
Mas, ¿quién es aquel que asoma y que quiebra
por la encrucijada de aqueste sendero?
Marsilo es, sin duda, de amor prisionero: 75
Belisa es la causa, a quien siempre celebra.
A éste le roe la fiera culebra
del crudo desdén el pecho y el alma,
y pasa su vida en tormenta sin calma,
y aun no es, cual la mía, su suerte tan negra. 80
Él piensa qu’el mal qu’el alma le aqueja
es más que el dolor de mi desventura.
Aquí será bien que entre esta espesura
me esconda, por ver si acaso se queja.
Mas, ¡ay!, que a la pena que nunca me deja 85
pensar igualarla es gran desatino,
  pues abre la senda y cierra el camino
al mal que se acerca y al bien que se aleja.


MARSILO

¡Pasos que al de la muerte
me lleváis paso a paso, 90
forzoso he de acusar vuestra pereza!
Seguid tan dulce suerte,
que en este amargo paso
está mi bien y en vuestra ligereza.
Mirad que la dureza 95
de la enemiga mía
en el airado pecho,
contrario a mi provecho,
en su entereza está cual ser solía;
huigamos, si es posible, 100
del áspero rigor suyo terrible.
¿A qué apartado clima,
a qué región incierta
iré a vivir, que pueda asegurarme
del mal que me lastima, 105
del ansia triste y cierta
que no se ha de acabar hasta acabarme?
Ni estar quedo, o mudarme
a la arenosa Libia,
o al lugar donde habita 110
el fiero y blanco scita,
un solo punto mi dolor alivia:
que no está mi contento
en hacer de lugares mudamiento.
Aquí y allí me alcanza 115
el desdén riguroso
de la sin par cruel pastora mía,
sin que amor ni esperanza
un término dichoso
me puedan prometer en tal porfía.120


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